Kazajistán: las raíces del levantamiento

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Por Ivan Loh y nuestro corresponsal en Kazajistán

El levantamiento de enero en Kazajistán, y particularmente en Almaty, fue el suceso más notable en la memoria viva de la mayoría de los kazajos. En su discurso ante la sesión extraordinaria de la CSTO [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva], el presidente, Kasim-Yomart Tokayev, la describió como “la crisis más grave en los 30 años de historia de la independencia”.

Esta fue la primera vez que el régimen burgués del Kazajistán moderno se ha enfrentado a tal amenaza.

En cuestión de días, todo el país se vio envuelto en protestas de una escala verdaderamente revolucionaria y, lo que es más importante, a nivel nacional. Esto sacudió el suelo debajo de los pies de ambos ‘presidentes’, sus oligarcas y sus perros guardianes. Es cierto que este poderoso movimiento ha sido ahogado (temporalmente) en sangre. Pero incluso esto requirió la convocatoria de fuerzas extranjeras de intervención.

El antecesor del actual presidente ganó la infamia como ‘el carnicero de Yanaozen’. Su sucesor debería ser conocido a partir de ahora como “el carnicero de la República”. Kazajistán nunca será lo mismo. Junto a los acontecimientos de 2011 en Yanaozen; las ‘manifestaciones de la tierra’ de 2016; y las protestas de 2019, los acontecimientos de enero de este año representan una etapa más en el estallido de las contradicciones fundamentales de Kazajistán y del capitalismo mundial. Estos acontecimientos están preparando progresivamente el terreno para el desarrollo de un movimiento de masas organizado, que finalmente derribará todo el edificio capitalista podrido y construirá una nueva sociedad sobre sus ruinas.

Crónicas del levantamiento

Las protestas masivas contra el aumento de los precios del combustible en Kazajistán comenzaron en la parte occidental del país, en la región de Mangistau, luego de que se anunciara la liberalización de los precios del gas licuado de petróleo (GLP). Esto condujo a un aumento del precio de 50-60 tenge [moneda de Kazajistán] por litro a 120 tenge y más. En esta región productora de petróleo, el GLP, o ‘autogás’, se usa ampliamente como combustible para vehículos, así como para cocinar y calentar. El 2 de enero en Yanaozen –una ciudad con una rica tradición de movimiento obrero y sindical– los vecinos salieron a las calles para protestar por la subida de precios. El mismo día, las protestas se extendieron por toda la región, incluido su centro administrativo Atirau, donde los manifestantes comenzaron a instalar tiendas de campaña y yurtas en la plaza central.

El 3 de enero estallaron huelgas en los yacimientos petrolíferos. En un intento por detener la expansión del movimiento, la dirección de las empresas petroleras se negó a transportar a los trabajadores de regreso a sus hogares, obligándolos a caminar decenas de kilómetros a través de un desierto helado. Los trabajadores petroleros exigieron un aumento del 100 por ciento en sus salarios y mejoras en sus condiciones de trabajo. Los trabajadores no solo plantearon reivindicaciones económicas, sino que también plantearon reivindicaciones políticas, específicamente por la legalización de los partidos políticos y de los sindicatos independientes. Piquetes de solidaridad con los manifestantes de Mangistau comenzaron a reunirse en todo el país. Por la mañana, la huelga en la región de Mangistau se había generalizado, y también se sumaron los trabajadores petroleros de Tengizchevroil de la región de Atyrau.

Es revelador que, inicialmente, el ministerio responsable afirmara, con bastante razón, que ni la administración local ni el gobierno determinan los precios, sino que el aumento de precios fue el resultado de las fuerzas del mercado. Pero pronto el gobierno dio marcha atrás y anunció que regularía los precios del autogás e investigaría la posible fijación de precios por parte de los dueños de las gasolineras. En un acuerdo con el gobierno, éste acordó reducir temporalmente los precios a 85-90 tenge por litro, que aún era significativamente más alto que los 50 tenge por litro exigidos por los manifestantes.

Pero las mínimas concesiones del gobierno no surtieron el efecto deseado. El 4 de enero, las protestas se extendieron por todo el país. En las zonas industriales de la región de Karaganda, en el centro de Kazajistán, estallaron huelgas entre los mineros de ArcelorMittal Temirtau y entre los trabajadores metalúrgicos y mineros de la corporación Kazajmis. Los trabajadores de la planta de fundición y construcción de maquinaria de Karaganda, al igual que los trabajadores del petróleo, exigieron un aumento del 100 por ciento en los salarios, un aumento en las vacaciones pagadas, comidas gratis en el trabajo y beneficios adicionales de pago y pluses para quienes trabajan en condiciones peligrosas. Además, los huelguistas exigieron la destitución del director de la planta.

En casi todos los centros administrativos regionales, grupos de cientos a decenas de miles de personas fluyeron hacia las principales plazas de la ciudad. Los ciudadanos que vinieron a expresar su solidaridad con Yanaozen, y unidos por un descontento común con el estado de cosas en el país, rápidamente comenzaron a formular colectivamente sus reivindicaciones. La mayoría de ellos se inspiraron en las reivindicaciones planteadas en Mangistau, tanto económicas (acabar con la inflación y la subida de precios, aumento de salarios, amnistía de préstamos) como políticas (reformas democráticas, destitución del gobierno y del presidente, disolución del parlamento, nuevas elecciones, liberación de prisioneros políticos).

Para la mayoría de los participantes, esta fue su primera experiencia de lucha política; pero la práctica es una gran maestra, y el hecho de que una agenda tan clara, saludable, social y democrática se forme tan rápido es una prueba contundente de ello. Los manifestantes no solo mostraron una gran conciencia y disciplina, reprimiendo activamente las acciones de los provocadores policiales, sino también una determinación impresionante de resistir hasta el final, negándose a aceptar las excusas de los burócratas asustados y negándose a abandonar las plazas de la ciudad.

Para la noche del 4 de enero, decenas de miles de personas se habían reunido en las calles de Yanaozen y Aktau. Pero en ese momento, los acontecimientos habían alcanzado su máxima intensidad en las calles de Almaty. En los primeros días de la protesta, la policía de Almaty y de la capital había actuado con éxito de forma preventiva: se acordonaron las plazas de la ciudad, se bloqueó la conexión a Internet móvil en los centros de las ciudades y muchos activistas fueron detenidos justo cuando salían de sus casas. Pero en la tarde del 4 de enero, las plazas de Almaty, en particular la Plaza de la República, donde se encuentra la administración de la ciudad, comenzaron a llenarse de multitudes de manifestantes.

De manera decisiva, además de las habituales capas politizadas de la antigua capital, entraron en escena trabajadores y jóvenes de las afueras y suburbios de Almaty. Su principal punto de reunión fue el estadio Almaty Arena, ubicado en el oeste de la ciudad, donde se concentran las zonas sureñas más pobres de la capital. Estos a menudo se comparan con los guetos y las favelas sudamericanas. Una multitud de decenas de miles de personas avanzó hacia la Plaza de la República, llena de nuevos participantes a lo largo de su camino de una hora y media.

La policía de Almaty inició una feroz lucha callejera. Escenas similares envolvieron varias ciudades de todo el país durante varios días. Las fuerzas de seguridad se encontraron con el flujo de personas que se acercaban a la plaza con garrotes, granadas de destello y gases lacrimógenos. Las mismas armas se utilizaron luego contra los manifestantes en la plaza donde se encuentran los edificios de la administración de la ciudad. Pronto, también se dispararon balas de goma. El Estado, después de haber declarado la guerra a sus propios ciudadanos, se encontró con una feroz resistencia, que rápidamente se convirtió en una contraofensiva. Durante varios días, la ciudad se llenó con el sonido de explosiones y disparos. El olor acre del gas lacrimógeno envolvió el centro histórico de Almaty, y la plaza estaba iluminada por vehículos policiales en llamas y un incendio en el edificio principal de la administración, que los rebeldes enfurecidos habían logrado tomar.

En la noche del 4 al 5 de enero, quedó claro que la policía y la Guardia Nacional no podían reprimir la protesta. Muchos miembros de las fuerzas de seguridad habían sido golpeados y desarmados. Al darse cuenta de que el terreno se estaba resbalando bajo los pies de todo el régimen, Tokayev anunció la destitución del gobierno y declaró el estado de emergencia y el toque de queda en Almaty y la región de Mangistau, ampliándolo luego a todo el país. Ni las concesiones ni la intensificación de la represión pudieron ayudar al régimen. A última hora de la tarde del 4 de enero, la noticia de la matanza en Almaty se había extendido por todo el país. Los enfrentamientos masivos con las fuerzas de seguridad (con el uso de armas de fuego en ambos bandos) y el derribo de edificios administrativos (comisarías, administraciones locales, oficinas del partido gobernante) se extendieron a ciudades de todo el país en mayor o menor grado.

Los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía continuaron los días 5, 6 y 7 de enero en Almaty, así como en varias ciudades del sur y oeste de Kazajistán, incluidas Kizilorda, Taraz, Shimkent, Aktobe y Taldikorgan, donde los rebeldes lograron destrozar una enorme estatua de Nazarbayev bajada de su pedestal. Los días 5 y 6 de enero, la policía y la Guardia Nacional se mostraron pasivas y cedieron claramente la iniciativa en las calles a los manifestantes. En Almaty, la policía estuvo completamente ausente de las calles en la mayor parte de la ciudad en esos días. En otras ciudades, algunos miembros de las fuerzas del orden y de las fuerzas armadas se negaron a cumplir las órdenes de reprimir las protestas; y hubo casos de confraternización. El KNB (Comité de Seguridad Nacional) se había abstenido claramente de cualquier participación en el enfrentamiento; todo indicaba que se trataba de una decisión consciente por parte de su dirección, ¡aunque claramente no por solidaridad con las protestas!

A pesar de que el levantamiento inicial había sido reprimido con éxito en la capital, el 5 de enero parecía que el fin del régimen era inminente y que la toma casi completa de Almaty por parte de los rebeldes era solo un paso hacia el derrocamiento completo del gobierno actual. En un discurso televisado, el presidente Tokayev se declaró a sí mismo presidente del Consejo de Seguridad sin ninguna explicación, ¡un puesto reservado de por vida para Nazarbayev!

Luego desató una brutal represión contra el movimiento de protesta, a cuyos participantes calificó de “conspiradores pagados”. Sin embargo, las calles todavía estaban bajo el control total de los rebeldes. Un pequeño número de miembros de las fuerzas de seguridad que seguían siendo fiables se concentraron en la jefatura de policía sitiada y en la residencia presidencial de Almaty. A diferencia de otras ciudades, Almaty experimentó una ola de saqueos relativamente grande, que asustó a los sectores acomodados y a los moralistas liberales, quienes, como era de esperar, se apresuraron a defender la propiedad privada, las ventanas de los centros comerciales y las tiendas de electrónica, y a distanciarse de los “salvajes” y la “chusma”.

En la noche del 5 al 6 de enero, después de levantar el apagón de Internet en todo el país durante unas horas, el gobierno anunció su decisión de convocar a “fuerzas de paz” de la CSTO, predominantemente tropas rusas. Su retórica con respecto al movimiento de protesta se volvió aún más dura: declararon terroristas a los rebeldes y anunciaron el inicio de una “operación antiterrorista”. Solo después de que el régimen redistribuyó las fuerzas militares de otras regiones al área de Almaty, y después de que el contingente de la CSTO asegurara varios lugares estratégicos, Tokayev pudo reprimir la resistencia de las masas. Un punto de quiebre en el drama revolucionario se produjo con el ametrallamiento de varios cientos de manifestantes pacíficos que permanecían en la Plaza de la República la noche del 6 de enero. Los enfrentamientos y tiroteos menores continuaron en Almaty y la región circundante durante los días siguientes, pero gradualmente la gente comenzó a abandonar las calles y plazas de todo el país. Algunos de ellos se fueron a casa; otros se escondieron; y varios cientos de civiles fueron asesinados en esos días (se desconoce el número exacto).

Casi desde el principio, el régimen ha tratado de enmarcar a los rebeldes como “terroristas extranjeros” o, en el mejor de los casos, como peones en algún tipo de conspiración. La lógica policial-burocrática del Estado suele ser incapaz de comprender tales hechos de otra manera. Por supuesto, hay divisiones en la clase dominante kazaja. Y una vez que las masas entraron en la escena, algunos individuos y grupos dentro de la clase dominante vieron la oportunidad de utilizar el movimiento para promover sus propios intereses.

Pero reducir todo a las luchas de facciones dentro de la clase dominante –como han hecho los medios de comunicación– es ignorar el hecho de que fue el movimiento de las masas en la calle la fuerza motriz de los acontecimientos. Los diversos ‘expertos’ y comentaristas políticos están tratando de descarrilar la conversación sobre la naturaleza social de las protestas precisamente centrándose por completo en la cuestión de las intrigas palaciegas y las disputas entre facciones dentro de la élite, reduciendo a las masas a una posición de insignificancia en comparación.

Tal visión de la historia que se enfoca exclusivamente en las maniobras de los individuos, o peor aún en una conspiración de actores oscuros que manipulan a las masas como un titiritero, es peor que inútil para explicar estos hechos revolucionarios. Lo que se necesita es un análisis materialista que extraiga las raíces del proceso que ahora se desarrolla: raíces que se encuentran en las condiciones históricas y socioeconómicas del Kazajistán moderno.

La historia de Kazajistán

El Kazajistán moderno es la parte sur de la región conocida como la ‘Gran Estepa’: una amplia franja de llanuras de pastizales entre la taiga siberiana y los desiertos de Asia Central. Durante muchos siglos, las tribus turcas migraban anualmente hacia el norte a través de esta área, cruzando la estepa y la estepa forestal en primavera y regresando en otoño e invierno al borde del desierto y las colinas.

El kanato kazajo surgió aquí como resultado de la desintegración de la Horda de Oro (un ejército tártaro y mongol, dirigido por descendientes de Genghis Khan) y el kanato uzbeko a mediados del siglo XV. Al norte, en la estepa forestal, estaba el Kanato siberiano; al sur, más allá del desierto y las montañas, el Kanato de Bujara; al este, el kanato de Dzungar, con el que los kazajos libraron interminables y agotadoras guerras en los siglos XVII-XVIII. Casi al mismo tiempo, surgieron tres grandes asociaciones de clanes kazajos: los Yuz Mayor, Medio y Menor en el sureste, noreste y oeste de Kazajistán, respectivamente.

Mientras tanto, a mediados del siglo XVI, el zar Iván IV el Terrible, después de un período de guerra, anexó los kanatos de Kazan y Astracán al Gran Ducado de Moscú. A fines del mismo siglo, después de la campaña de Yermak (llamada así por Yermak Timofeyevich, el atamán cosaco, o comandante militar, que lideró la conquista de Siberia por parte de Rusia), cayó el kanato siberiano y comenzó la colonización rusa de Siberia.

Usando tácticas típicas de colonización rusa, a mediados del siglo XVIII, el gobierno imperial ruso decidió construir las fronteras de Oremburgo, Uisk y Siberia, que consistían en fortalezas y asentamientos poblados por cosacos. Estas líneas luego se desplazaron gradualmente hacia el sur, desplazando a los kazajos nómadas de sus pastos de verano. Una de las consecuencias de la política colonial zarista fue el apoyo de la mayoría de las tribus del Yuz Menor a una revuelta campesina dirigida por el atamán cosaco Yaik Yemelian Pugachev en 1773-1775.

En ese momento, los campesinos rusos y ucranianos evitaban establecerse en las áridas estepas, que se consideraban peligrosas para la agricultura. Así, se trazó la frontera norte del moderno Kazajistán. La anexión final de Kazajistán al Imperio Ruso fue el resultado de la guerra ruso-kokand de 1850-1868, en la que el imperialismo ruso se apoderó de la mayor parte de las regiones fértiles y densamente pobladas de Asia Central: Bujara y Corasmia.

Las estepas kazajas se encontraron dentro del Imperio y, a pesar de la feroz resistencia de los habitantes de la estepa, liderados principalmente por Sizdik Sultán, se incorporaron a él. La excepción fue Yetysu en el sureste, donde las estribaciones disfrutaban de suficiente lluvia para la agricultura intensiva. La población kirguisa y kazaja que se dedicaba a la agricultura aquí, fue desplazada por los colonos inmigrantes rusos: primero los cosacos y luego los campesinos. Fue aquí donde se fundó la fortaleza de Verny en 1854. Después de la revolución pasó a llamarse Alma-Atá [ahora Almaty].

La página más brillante en la lucha del pueblo kazajo contra el zarismo se escribió en 1916, cuando estalló una revuelta por la requisa de ganado y la movilización de kazajos para obras relacionadas con la Primera Guerra Mundial. El levantamiento fue más violento en Semirechye (Yetysu). Su líder era Tokash Bokín, intérprete en el Departamento Regional de Reasentamiento de Semirechye, y más tarde uno de los organizadores del poder soviético y secretario del Comité Militar Revolucionario de los Soviets.

El levantamiento también abarcó la región de Turgai, donde el levantamiento fue dirigido por Amangeldi Imanov, quien infligió una serie de derrotas a las tropas rusas enviadas para llevar a cabo acciones punitivas. El levantamiento en Turgai duró desde el verano de 1916 hasta la captura de Turgai a fines de 1917, cuando se estableció la autoridad soviética en la región. Al igual que Tokash Bokín, Imanov fue asesinado en 1918 por miembros del Partido Alash, los Cadetes Kazajos.

La década de 1920 vio la aplicación de la política nacional de Lenin por parte del poder soviético, un poder que había sido establecido por la lucha conjunta de los campesinos kazajos y los trabajadores rusos contra los cosacos blancos y los nacionalistas burgueses del gobierno de Alash-Orda. En julio de 1919, se estableció la región de Kirghiz (como se conocía generalmente a los kazajos hasta mediados de la década de 1920), más tarde República Autónoma Socialista Soviética (RASS) de Kirghizistán, con su capital en Oremburgo, luego en Kizilorda. En 1925, se transformó en la RASS kazaja con Alma-Atá como capital (a partir de 1927).

Aunque las autoridades soviéticas siguieron una política general de adaptar a los kazajos a un modo de vida sedentario, lo que debería haber llevado a un aumento de la cultura y la calidad de vida, también se tomó en cuenta el hecho de que era imposible alimentar al ganado solo con pastos de invierno. En 1928, la mayoría de los kazajos eran seminómadas. La política de colectivización de Stalin, que fue llevada a cabo por Filipp Goloshchekin, fue acompañada por la ‘sedentarización’, es decir, forzando a los kazajos a una forma de vida sedentaria de agricultura colectiva. En su mayor parte, esta política se llevó a cabo debido a las dificultades a las que se enfrentó el régimen para controlar a los nómadas. En 1930-31, el agotamiento de los pastos provocó la muerte masiva del ganado. Para 1933 no quedaban más de 4 millones de ganado de los 40 millones que existían anteriormente.

La hambruna masiva fue el resultado. Según diversas estimaciones, entre 1 millón y 1,75 millones de personas, entre un tercio y un cuarto de la población kazaja de la república, murieron de hambre. Además, al menos 1,38 millones de personas emigraron de la república, principalmente a China. La palabra Asharshilik, que significa hambruna, se volvió proverbial. Cabe señalar que la tasa de mortalidad habría sido aún mayor si no se hubieran asignado 31,4 millones de toneladas de grano de las reservas estatales para los nómadas como ayuda alimentaria desde septiembre de 1932 hasta 1934.

Durante décadas, los nacionalistas burgueses han intentado retratar la Asharshilik como un crimen cuidadosamente planeado del régimen de Stalin. Pero en realidad, la frase de Boulez de la Merta no podría aplicarse mejor aquí: “Fue peor que un crimen. Fue un error”. Al planificar la colectivización entre los pueblos nómadas, la burocracia cometió una serie de errores garrafales que, ante la falta de oportunidad para que los comunistas comunes criticaran las decisiones del ‘centro’, condujeron a una terrible tragedia.

Al mismo tiempo, se establecieron varios campos de trabajo de Gulag en las desoladas estepas y semidesiertos de Kazajistán. Primero fue el gigantesco Karlag cerca de Karaganda en el centro de Kazajistán, donde se habían descubierto grandes depósitos de carbón y mineral de hierro. Uno de ellos era el campamento de mujeres más grande de la URSS, el “ALZhIR” (Campamento de Akmolinsk para esposas de traidores a la patria). Allí fueron encarceladas las esposas de los revolucionarios ejecutados: dirigentes de la URSS en la década de 1920 (Bujarin, Krestinsky y muchos otros), así como las de los miembros del gobierno en funciones, incluida la del jefe formal de la URSS, Kalinin.

Kazajistán siempre fue visto por Stalin como un lugar de exilio, comenzando por los miembros de la Oposición de Izquierda y, sobre todo, por el propio León Trotsky, que pasó todo 1928 exiliado en Almaty. Más tarde, se exiliaron los kulaks allí durante el período de colectivización. Después de cumplir su condena, los prisioneros de Karlag, que no tenían derecho a salir de Kazajistán, permanecieron allí. Sin embargo, la mayor migración forzada a Asia Central fue consecuencia de las políticas étnicas de Stalin. Esto comenzó en 1937, cuando la población coreana fue expulsada del Lejano Oriente. Posteriormente, millones de ciudadanos soviéticos fueron expulsados de sus hogares y trasladados a zonas menos adecuadas, principalmente a Kazajistán, durante un período de más de 10 años. Estos incluían chechenos, ingushes, tártaros de Crimea, finlandeses ingrios, pero sobre todo alemanes.

La mayoría del casi un millón de alemanes rusos vivía en la República Autónoma de los Alemanes de la región del Volga cuando fue liquidada a finales de agosto de 1941. A diferencia de la mayoría de los otros inmigrantes, los alemanes, con su experiencia en la agricultura en las áridas estepas de la región del Volga, comenzaron a arar la tierra negra kazaja. Esta experiencia influyó en la decisión de Jruschov de comenzar la arada masiva de las estepas del norte de Kazajistán en 1954: la campaña de las ‘Tierras Vírgenes’. En total, al menos dos millones de rusos y ucranianos se trasladaron a las Tierras Vírgenes. Para 1960, la mitad de todo el grano cosechado en la URSS se cultivaba allí.

Independencia

Al comienzo de la Perestroika, la República Socialista Soviética de Kazajistán era la única república soviética donde la nación titular era una minoría étnica. En ese momento, la población de la república estaba compuesta por un 40 por ciento de kazajos, un 40 por ciento de rusos y un 6 por ciento de ucranianos y alemanes. Había una tradición tácita en la URSS: el primer secretario del comité republicano del PCUS tenía que pertenecer a la nación titular de la república dada, mientras que el segundo secretario sería ruso o ucraniano. Después de llegar al poder en 1985, Gorbachov comenzó inmediatamente su ‘rejuvenecimiento’ del Politburó del Comité Central del PCUS, reemplazando a los viejos cuadros con sus protegidos.

A fines de 1986, fue el turno de Dinmujamed Kunaev, quien era el jefe del partido de Kazajistán. El principal candidato considerado para su reemplazo fue el joven presidente del Consejo de Ministros republicano, Nursultán Nazarbayev, patrocinado por Kunaev. En un movimiento sorpresivo, Kunaev se opuso rotundamente a su candidatura. En lugar de Nazarbayev, propuso al primer secretario del Comité Regional de Ulyanovsk, Gennady Kolbin, como candidato temporal. Este era un hombre que no solo no tenía conocimiento del idioma kazajo, sino que nunca había trabajado en Kazajistán.

Tal elección por parte de Moscú indignó no solo a la burocracia local del partido, sino también y especialmente a la intelligentsia kazaja y a la juventud estudiantil kazaja, que salieron a protestar para exigir la renuncia de Kolbin. Una manifestación de miles de personas se llevó a cabo en la Plaza Breznev (ahora Plaza de la República) el 16 y 17 de diciembre de 1986. Las organizaciones del Partido Comunista de las fábricas más grandes de la ciudad formaron milicias obreras, un miembro de las cuales murió durante los enfrentamientos con los manifestantes. Solo en la tarde del 18 de diciembre se dispersó la manifestación, principalmente por unidades del ejército enviadas desde la parte europea de la URSS.

Estos acontecimientos (conocidos como ‘Yeltoksan’, kazajo para ‘diciembre’) indudablemente llevaron a Nazarbayev a sacar conclusiones que resultarían muy útiles para ayudarlo a mantenerse en el poder durante muchos años. Cabe destacar que en febrero de 1986, en el 16º Congreso del Partido Comunista de la República, Nazarbayev criticó encubiertamente a Kunaev por nepotismo, despilfarro de fondos estatales y fracasos económicos. Unos 36 años después, su propio sucesor lo trataría de manera asombrosamente similar.

Después de convertirse en jefe de la organización del partido en junio de 1989, Nazarbayev se convirtió más tarde en presidente de Kazajistán. A diferencia de muchos otros líderes de la República, siempre apoyó a Gorbachov y, de una forma u otra, defendió la preservación de la URSS, al igual que los líderes de las otras repúblicas de Asia Central. En el referéndum de toda la Unión sobre la cuestión de la preservación de la URSS en marzo de 1991, solo el 5,2 por ciento de los habitantes de la república votó en contra. Esta es una quinta parte de los que votaron por la disolución de la RSFSR [República Socialista Federativa Soviética de Rusia]. La decisión de los tres líderes de las repúblicas eslavas de liquidar la URSS, adoptada en el Bosque Beloveya en diciembre de 1991, puso a los líderes de las ahora independientes repúblicas de Asia Central en una posición económica y política muy difícil.

La perspectiva de crear un Estado-nación en Kazajistán parecía particularmente incierta. El país estaba claramente dividido en líneas étnicas en un norte “ruso” (más precisamente, de habla rusa), donde se concentraba la mayor parte de la economía nacional, y un sur kazajo, cuyo centro cultural y administrativo era, nuevamente la capital Almaty donde se habla ruso principalmente. La mayoría de la nomenklatura (burócratas) del partido kazajo procedían de las aldeas, y entre ellos abundaban el nepotismo y la corrupción. Además, la división del pueblo kazajo en tres Yuz (asociaciones tribales históricas) fue y sigue siendo no solo un elemento de autoidentificación, sino también un factor de faccionalismo ‘basado en clanes’ dentro de la élite.

El Kazajistán independiente, al igual que las demás repúblicas de la antigua URSS, comenzó su historia en condiciones de colapso económico. La ruptura de los lazos económicos, la falta de capital operativo y la dificultad de convertir la industria de defensa para usos civiles se vieron exacerbados por la emigración masiva de especialistas cualificados. Durante la década de 1990, aproximadamente 100.000 personas de etnia alemana se repatriaron a Alemania cada año. Más de 200.000 rusos se fueron a Rusia cada año. La migración de la población de habla rusa se debió en gran medida al colapso de las industrias de construcción de maquinaria y al aumento del desempleo en los centros industriales. La salida de la población fue parcialmente compensada por el programa estatal para repatriar a alrededor de un millón de kazajos étnicos, los llamados ‘oralmans’, de Uzbekistán, Mongolia, Turkmenistán, China, Rusia y otros países.

Petroestado

Sin embargo, Nazarbayev también tenía grandes ventajas, particularmente la riqueza mineral de Kazajistán y los campos de petróleo y gas en la costa este del Mar Caspio. Varios campos en la región de Mangistau se desarrollaron en los días de la URSS. Mientras tanto, el yacimiento petrolífero de Tengiz, descubierto en vísperas de la Perestroika en la región de Atirau, en el oeste de Kazajistán, está siendo desarrollado por la empresa estadounidense Chevron. En 2000, se exploró el campo marino de Kashagan, aún más grande, y un consorcio de empresas europeas lo está explotando.

El petróleo, el gas y las materias primas representan aproximadamente el 70 por ciento de las exportaciones de Kazajistán. Otro 15-20 por ciento consiste en minerales de metales ferrosos, cobre, zinc, vanadio y uranio. Los únicos productos con un valor agregado relativamente alto son los cereales y los cultivos oleaginosos del norte de Kazajistán. La industria textil y de la confección en Kazajistán prácticamente ha desaparecido, incapaz de competir con los salarios extremadamente bajos de Uzbekistán; y la industria de la ingeniería no ha sido capaz de adaptarse al mercado mundial. Esto se vio agravado por el hecho de que Kazajistán ha aplicado sistemáticamente una política económica liberal desde mediados de la década de 1990, con el Estado absteniéndose de intervenir en el sector.

Kazajistán tradicionalmente lidera la llamada Comunidad de Estados Independientes (CEI, que agrupa a la mayoría de las exrepúblicas soviéticas) en términos de inversión extranjera per cápita, pero el dinero se concentra en la producción de petróleo del oeste de Kazajistán y, en cierta medida, en la metalurgia de las regiones centrales, dominada por ArcelorMittal Temirtau. Mientras tanto, la población del país ha crecido más rápidamente en las zonas rurales del sur de Kazajistán, cuyo potencial industrial y agrícola sigue estando subdesarrollado en las condiciones de un modelo económico liberal.

Un dato curioso: las estribaciones de Alatau son un lugar ideal para el cultivo de manzanas. Aquí, el manzano Sievers crece de forma silvestre, el antepasado de todas las variedades modernas de manzanas. De hecho, el nombre de la ciudad de Almaty proviene de la palabra kazaja ‘alma’, que significa manzano o manzano. En la década de 1970, en la región de Alma-Atá había más de 3 millones de árboles solo de la variedad Aport. Sin embargo, el Kazajistán moderno solo exporta manzanas en los años en que la cosecha es más abundante.

Como es común en los Estados exportadores de materias primas (o ‘Petroestados’, como se los llama ahora a la moda), las ganancias inesperadas del petróleo (y el correspondiente gasto en infraestructura) han servido para suprimir los sectores manufactureros de la economía nacional. Por lo tanto, el producto interno bruto de Kazajistán en 2020 ascendió a $ 163.230 millones de dólares, u $ 8.800 por persona. Eso es solo un poco menos, per cápita, que Rusia. Sin embargo, al mismo tiempo, el salario medio (tomamos específicamente el período anterior al coronavirus) es inferior a $300 por mes ($282 en el cuarto trimestre de 2018), mientras que en Rusia era de $528 en abril de 2019. Comparar los salarios promedio con Rusia es particularmente significativo dado que los países son miembros de la Unión Económica Euroasiática (Unión Aduanera) y comparten más de 6.000 kilómetros de frontera común, lo que lleva a una tendencia general hacia la igualación de los precios de las materias primas.

Pero, en conjunto, el auge petrolero transformó por completo a Kazajistán. Después del colapso de la década de 1990, los altos precios del petróleo a principios de la década de 2000 impulsaron niveles asombrosos de crecimiento del PIB. Las cifras de crecimiento del 9-10% se registraron constantemente año tras año. Luego, el crecimiento cayó en 2008-09, sin llevar a Kazajistán a la recesión, antes de recuperarse a niveles de 5-7% anual hasta el colapso de los precios del petróleo alrededor de 2014. Aunque la mayor parte de esta espectacular riqueza extraída en este período fue desviada por el capital extranjero y la élite kazaja, que son efectivamente sus agentes locales, hubo, no obstante, una mejora espectacular en los ingresos familiares de la clase trabajadora. El ingreso familiar anual per cápita aumentó de poco más de $ 500 en 2000 a un pico de poco menos de $ 4.500 USD en 2014. Este fue un puntal clave de la estabilidad a largo plazo del régimen.

Pero esta dependencia de los ingresos del petróleo ha tenido un precio. La moneda nacional de Kazajistán, el tenge, depende aún más de los precios del petróleo que el rublo ruso. Si bien la depreciación del rublo ruso generalmente conduce a la sustitución de exportaciones y al crecimiento compensatorio en la industria manufacturera, seguido de un aumento de los salarios, nada como esto ha sucedido en Kazajistán desde 2014. Desde la caída de los precios del petróleo en ese año, el ingreso per cápita de los hogares ha caído desde su máximo de $4.500 a menos de $3.500 en 2019. Y eso fue antes de la pandemia. Sin embargo, mientras los salarios se estancaron o retrocedieron, los precios continuaron aumentando.

La debilidad del impresionante comportamiento económico de Kazajistán ha quedado al descubierto. Hasta 2014, la renta petrolera permitió a la clase dominante otorgar ciertas concesiones a la clase trabajadora, que ha tenido que cubrir desde entonces consumiendo las reservas estatales. El gasto público ha aumentado año tras año en un promedio del 20% en términos nominales, y ha habido una disminución correspondiente en los recursos del Fondo Nacional de la República de Kazajistán, cuyos activos han disminuido en un 26% desde 2014. Antes de la pandemia, el gasto de estas cuantiosas reservas acumuladas en los años del boom petrolero disfrazó la profunda crisis que enfrentaba el país. Todo eso cambió con la crisis que acompañó a la pandemia en 2020.

El aumento de los precios y las condiciones de vida de las masas

En 2020, EE.UU., China y los países de la UE realizaron enormes inyecciones de dinero en sus economías nacionales para rescatarlas del impacto de la pandemia. Esto condujo inevitablemente a una depreciación de sus monedas nacionales y a la inflación. Al mismo tiempo, la caída de los rendimientos de los bonos del gobierno provocó un aumento en la demanda de contratos futuros sobre materias primas y alimentos, lo que hizo subir los precios de estos bienes.

Pero, como suele ser el caso, las primeras víctimas de esta política monetaria de los países capitalistas avanzados no fueron en absoluto sus propios ciudadanos. El aumento del precio del combustóleo, los cereales y el aceite de girasol, que exporta Kazajistán, también ha afectado al mercado interno de estos productos. El aumento de los precios de las verduras en el verano de 2021 osciló entre el 30 y el 80 por ciento en toda la Unión Económica Euroasiática. Pero la posición de Kazajistán era aún peor debido a la depreciación del 12 por ciento del tenge frente al rublo. Junto con una inflación del 9 por ciento, esto se sumó a un aumento en los precios de las exportaciones rusas en un 20 por ciento, siendo Kazajistán el mayor importador de productos manufacturados rusos.

Otro factor que impulsa la inflación es la reciente ley que permite a los ciudadanos kazajos retirar parte de sus ahorros de pensiones para comprar bienes raíces, lo que provocó un fuerte aumento en los precios de las propiedades y un aumento del 30 por ciento en los alquileres en las grandes ciudades, a pesar de que los salarios de los inquilinos han disminuido o se quedó igual. Esto ha sido un gran golpe para los migrantes rurales, que tienden a ser arrendatarios.

Pero el catalizador inmediato de la crisis política fue el alza de los precios del gas licuado (GLP: una mezcla de propano y butano). El GLP es ampliamente utilizado en muchos países para cocinar. El propano y el butano se encuentran en grandes cantidades en el gas de petróleo asociado, que se libera durante la producción de petróleo. En Rusia y Kazajistán, todavía se quema a veces durante la producción de petróleo debido a las dificultades para transportarlo. Su asequibilidad relativa en los países de la UEEA ha llevado a que se utilice ampliamente como combustible para motores en varias regiones, especialmente en vehículos comerciales ligeros e incluso para calefacción. En medio de los cierres en el verano de 2020, la demanda interna de GLP cayó y su mayor productor, Sibur, aumentó significativamente las exportaciones. En el verano de 2021, la demanda interna se recuperó y hubo escasez de gas de carbono licuado, que se agravó a raíz de un accidente el 5 de agosto en la planta de Gazprom cerca de Novi Urengoi.

Como resultado, el precio de un litro de GLP en las estaciones de servicio en Rusia se duplicó por un corto tiempo, mientras que el precio del GLP en Kazajistán es fijo y significativamente más bajo que en Rusia. Naturalmente, esto condujo a una escasez de gas licuado, especialmente cerca de la frontera rusa, ya que se podían obtener mayores ganancias exportándolo que vendiéndolo a precios locales. Al mismo tiempo, el gobierno de Kazajistán, preocupado por el déficit presupuestario, no estaba dispuesto a reducir las exportaciones de GLP a China y Ucrania. Optó, por tanto, por liberalizar los precios, lo que supuso subirlos a 120 tenge (unos 30 céntimos el litro). Este precio puede no parecer alto, pero debe tenerse en cuenta que para los propietarios de vehículos que funcionan con GLP, esto significó duplicar el costo de operación de su vehículo. Peor aún fue para quienes usaban gas licuado para calefacción. En medio de un duro invierno, sus costos también se duplicaron. Además, los trabajadores petroleros de la región de Mangistau estaban naturalmente resentidos por tener que pagar precios exorbitantes por el mismo gas que ellos mismos habían extraído.

La riqueza y la pobreza

Kazajistán tiene una composición demográfica compleja. En las regiones del Caspio, donde se reasentaron muchos oralman (kazajos que han vuelto de la URSS), y en el sur agrícola de pequeña escala del país, la tasa total de natalidad es de más de tres hijos por pareja, mientras que en el norte es de menos de dos, y aun así, esta se concentra principalmente en la capital del país, Astaná. El resultado natural de esto es el desempleo. Las cifras oficiales lo ubican en un 5 por ciento, pero con un salario mínimo de solo 42.500 tenge ($110), el nivel real de desempleo y subempleo es más alto.

Por un lado, el ejército laboral de reserva ejerce presión sobre el mercado laboral. Esto se ve facilitado por la legislación laboral de Kazajistán, que está completamente estructurada en interés de los patrones. En lugar de volver a capacitar y reubicar a los trabajadores, las empresas transnacionales llevan a cabo despidos masivos. Por ejemplo, en el oeste del país, en la región de Atirau, una región con un alto nivel de desempleo, en diciembre se anunciaron planes para despedir a 40.000 trabajadores de Tengizchevroil en 2022. Todo esto conduce al estancamiento de los salarios en un contexto de aumento de los precios. Atirau ya era la ciudad más cara de Kazajistán para vivir.

La migración masiva también está aumentando la población de las capitales del país: Almaty y Astaná. Alrededor de Almaty, especialmente en las afueras occidentales de la ciudad y las áreas adyacentes de la región de Almaty, se ha formado un cinturón de guetos e incluso barrios marginales en los que viven alrededor de un millón de personas. Los repetidos intentos de las autoridades de demoler las casas construidas ilegalmente en la zona se vieron acompañados de una resistencia desesperada por parte de sus habitantes. Sus residentes, ante la falta de una educación de buena calidad y con bajos niveles de dominio del idioma ruso, se ven obligados a aceptar los trabajos peor pagados. Se emplean principalmente en trabajos auxiliares en la construcción y en pequeñas empresas. La gente de los barrios marginales se encuentra construyendo casas que ellos mismos nunca pueden pagar; cargando cajas de juguetes que no pueden comprar para sus hijos; y custodiando establecimientos de ocio que jamás utilizarán.

El potencial revolucionario de este pueblo es evidente. Pero sería ingenuo esperar que surja espontáneamente una disciplina revolucionaria perfecta. Desde el primer momento en que se rompieron los escaparates, nos hemos visto obligados a escuchar los gemidos de los liberales de corazón sangrante, los escrupulosos ‘residentes nativos de Almaty’ y los filisteos adinerados acerca de que su ‘amada ciudad’ estaba siendo ‘destruida’ a manos de ‘orcos’ y ‘migrantes’, es decir, aquellas personas que activamente saqueaban tiendas y centros comerciales. Pero esta revuelta es el lenguaje de los más desfavorecidos. ¿Cómo sorprenderse o lamentarse de estos hechos, cuando tanto el Estado como la empresa privada llevan ya 30 años saqueando el país a escala nacional? Dejemos a los reformistas y pacifistas con sus lamentos.

Sin embargo, nada de esto quiere decir que los saqueos de tiendas acompañen inevitablemente a las revoluciones, ni que sean deseables o que hagan avanzar el movimiento. Pero es obvio que la composición social de los participantes en las protestas en Almaty, junto con décadas de dura supresión de todas las oportunidades abiertas para la autoorganización política o de clase, allanaron el camino para este curso de los acontecimientos.

Incapaces de hacer frente a lo que dicen estas protestas sobre la sociedad kazaja, las agencias de inteligencia han hecho todos los esfuerzos posibles para encontrar una ‘influencia extranjera’ en las protestas. Por ejemplo, los medios kazajos publicaron un video de un hombre detenido con signos evidentes de haber sido golpeado en la cara, quien confesó ante la cámara que le pagaron 90.000 tenge (200 dólares estadounidenses) para participar en los disturbios. El hombre declaró que estaba desempleado y que llegó de Kirguistán. Sin embargo, la audiencia rápidamente lo reconoció como a Vikram Ruzajunov, el líder de una orquesta de jazz de Bishkek. Cerca de la embajada de Kazajistán en Bishkek, se llevó a cabo una manifestación en apoyo del músico de jazz incriminado. Lo absurdo de lo que estaba pasando era tan obvio que Vikram fue liberado.

Desafortunadamente, no todos los kirguises detenidos por la policía en Almaty la semana pasada son músicos famosos. La verdad es que no hay una diferencia significativa entre la juventud kirguisa de los suburbios de Bishkek, que ha derrocado a los gobernantes de Kirguistán una y otra vez, y la juventud kazaja de los suburbios de Almaty. El régimen de Tokayev sobrevivió solo porque Kazajistán es más grande y más heterogénea que Kirguistán.

La naturaleza del régimen

Se requieren algunos comentarios sobre la naturaleza del régimen en Kazajistán. A pesar de la similitud superficial entre los regímenes autocráticos de Putin en Rusia y Nazarbayev-Tokayev en Kazajistán, existen diferencias significativas entre ellos. Putin llegó al poder en medio del colapso económico y político del régimen oligárquico de Yeltsin. Ante una amenaza real de perder sus fortunas, los oligarcas permitieron el establecimiento de un régimen bonapartista, perdiendo así su control político inmediato sobre el Estado. Putin se ha elevado por encima de las clases, incluida la clase burguesa que se estableció en el período anterior de la contrarrevolución burguesa. Por supuesto, este proceso procedió con la participación del Estado, pero la privatización de mediados de la década de 1990 en Rusia fue un camino de dos vías. El Estado dependía de los oligarcas no menos que los oligarcas del Estado. Esta codependencia se materializó en las elecciones presidenciales de 1996.

En Kazajistán, la situación era diferente. La clase dominante del país también se creó artificialmente, con la ayuda de asesores estadounidenses, entre los amigos y parientes de Nazarbayev, al igual que la élite política del país se nutrió artificialmente en su nueva capital, Astaná (anteriormente Tselinograd, con sede en el cinturón de cereales en el norte del país). A diferencia de Putin, Nazarbayev nunca ha afirmado ni siquiera demagógicamente que ofrezca protección a la clase trabajadora frente a los capitalistas. Por el contrario, siempre enfatizó, con extremo cinismo, que su preocupación central era el atractivo del país como oportunidad de inversión para el capital extranjero.

Toda la historia del Kazajistán moderno es una de lucha del régimen contra el movimiento obrero, con la persecución de los activistas sindicales, la represión de las luchas laborales y la toma y liquidación forzosa de los sindicatos independientes. A principios de la década de 1990, la cuenca carbonífera de Karaganda fue el epicentro de esta lucha, porque los sindicatos ganaron gran influencia después de la huelga de mineros de 1989. El único resultado de la posterior huelga de mineros del 5 de mayo de 1995, que estuvo acompañada de la incautación de minas y una huelga de hambre, fue la liquidación de la mayoría de las minas por parte de Nazarbayev y su transferencia, gratuita, a ArcelorMittal Temirtau. El Estado no le dio un centavo a los mineros.

A principios de la década de 2000, el foco de la lucha obrera se trasladó al occidente del país, que desde 2001 había visto una batalla por la creación de sindicatos independientes de trabajadores petroleros. Desde 2008, ha habido huelgas regulares de trabajadores petroleros. Desde 2010, un conflicto laboral se ha desatado en la compañía petrolera Karayanbasmunai, durante el cual los matones de los patrones han golpeado y asesinado a activistas sindicales e incendiado sus casas. Las huelgas continuaron durante el verano y el otoño de 2011, durante las cuales cientos de trabajadores fueron despedidos y tres activistas sindicales, incluida la abogada líder sindical Natalia Sokolova, fueron condenados por varios delitos. Finalmente, el 26 de diciembre de 2011 en Yanaozen, al menos 15 manifestantes murieron (según cifras oficiales) y cientos resultaron heridos durante los enfrentamientos entre los trabajadores petroleros en huelga y la policía. Centenares fueron arrestados.

Nada de esto quiere decir que durante tres décadas, el único apoyo que ha disfrutado Nazarbayev ha venido del aparato estatal, el ejército y la policía. Ningún régimen puede durar tanto tiempo solo con métodos policiales. Más bien, el mismo auge en la década de 2000, que permitió a la clase dominante hacer ciertas concesiones a la clase trabajadora, reforzando su estabilidad por un tiempo, también ha fortalecido masivamente a la clase trabajadora, sobre todo en el sector petrolero, que ha entrado cada vez más en conflicto con el régimen. Como explicó Marx hace mucho tiempo: la inversión y el desarrollo capitalistas también convocan a la existencia de los propios sepultureros del capitalismo.

Pero más que eso, el régimen de Nazarbayev se ha basado en provocar desconfianza mutua entre los rusos étnicos y los kazajos. Por un lado, la posición de la minoría rusa en Kazajistán siempre ha sido comparativamente cómoda. El idioma ruso no solo se usa en la comunicación diaria, sino también en el trabajo de oficina oficial.

Hay muchas escuelas rusas y mixtas en todo el país donde las clases son en ruso y a las que muchos kazajos voluntariamente envían a sus hijos. La educación superior se puede obtener de forma gratuita en ruso. Pero según los datos del censo de 2009, solo el 6,3 por ciento de los rusos puede leer y escribir en kazajo, y menos del 20 por ciento puede entender el habla kazajo en alguna medida. Dado que la población rusa de Kazajistán está envejeciendo rápidamente, no hay razón para creer que estas cifras hayan cambiado mucho en 10 años. Por otro lado, el 20 por ciento de los kazajos étnicos, principalmente jóvenes rurales, no saben ruso, lo que limita significativamente sus oportunidades de empleo.

La élite bonapartista de Kazajistán intenta presentarse ante los rusos étnicos como garante de su seguridad, y ante los kazajos como una fuerza capaz de negociar con una Rusia peligrosa e impredecible. Tal demagogia se está volviendo menos relevante en el Kazajistán moderno a medida que la población rusa disminuye rápidamente, pero se ha utilizado durante muchos años como justificación para un estilo de gobierno autocrático y la prohibición de casi todos los partidos de oposición.

Una caldera sin válvula

El sistema político creado por Nazarbayev no permite ninguna oposición significativa. Con el pretexto de garantizar la paz civil, todos los partidos étnicos, religiosos y comunistas han sido sistemáticamente prohibidos.

El Partido Comunista de Kazajistán (KPK) se escindió en 2004 después de unirse al bloque electoral ‘Unión de Comunistas de Oposición Popular y DCK [Elección Democrática de Kazajistán]’ en las elecciones parlamentarias. Se creó un Partido Popular Comunista de Kazajistán, en realidad un títere del régimen, a partir de la minoría del partido. Sin embargo, no pudo ingresar al parlamento hasta que el verdadero Partido Comunista fue privado primero del derecho a participar en las elecciones de 2012 y luego, en el mismo año, se le negó por completo el registro.

Los arrestos y asesinatos ocasionales de opositores al régimen son una práctica común de los servicios especiales de Kazajistán. Los partidos de oposición, Elección Democrática de Kazajistán y Alga, también fueron prohibidos por las autoridades junto con partidos islamistas como Hizb ut-Tahrir al-Islami. Aun así, estos dos llamados partidos de oposición no ofrecen ninguna alternativa fundamental a las masas. El líder de Elección Democrática de Kazajistán, por ejemplo, Mujtar Abliazov, es un oligarca y un viejo amigo de Nazarbayev que huyó a Europa después de que se peleó con él.

Formalmente, seis partidos están registrados en Kazajistán, pero solo tres están representados en el parlamento: el partido gobernante propresidencial Nur Otan (Luz de la Patria), que tiene la mayoría absoluta de los escaños, y dos partidos de “oposición constructiva” creados a partir de la escisión de otras fuerzas políticas que se consideraban demasiado opuestas a Nazarbayev: el derechista ‘Ak Yol’ y el izquierdista Partido Popular, que recientemente eliminó la palabra ‘comunista’ de su título. Hoy en día, un número significativo de conocidos líderes de la oposición kazaja se encuentran en el exilio.

Tras la supresión de la prensa independiente, hace unos años Kazajistán comenzó a restringir el acceso a los recursos de Internet de la oposición. Se exigió a los usuarios de Internet que renunciaran voluntariamente a su secreto de correspondencia mediante la instalación de un certificado digital especial en la lista de certificados confiables en sus computadoras, entre otras medidas. Durante las protestas recientes, el Internet simplemente se cortó.

Sin embargo, estas protestas masivas han demostrado que apretar los tornillos no es suficiente para garantizar la seguridad del régimen. Las protestas espontáneas fueron acompañadas por la autoorganización espontánea. Activistas políticos y sociales, y ciudadanos simplemente insatisfechos, se reunieron en las plazas centrales de las ciudades, a veces instalando tiendas de campaña y yurtas. Los trabajadores establecieron vínculos y sincronizaron sus reivindicaciones, incluidas las políticas. Aunque las protestas han sido reprimidas, su represión tuvo poco que ver con la severidad del propio régimen.

La fuerza del ejército ruso fue claramente clave para estabilizar el régimen, pero esto tampoco explica cómo el régimen ha estabilizado temporalmente la situación. Para restaurar el orden, el gobierno ha tenido que recurrir tanto a la zanahoria como al palo. El establishment kazajo tiene que intentar mantener al menos una apariencia de legitimidad ‘democrática’. La dirección del país le tiene más miedo a las masas que nunca, y saben que no pueden descansar solo sobre las bayonetas. Así, hemos visto que la represión masiva de los últimos días ha ido acompañada de algunas concesiones económicas a algunos grupos de trabajadores, con aumentos salariales del 10 por ciento, 50 por ciento o más en algunos casos.

Es probable que las promesas de mayores libertades políticas se queden en poco más que concesiones verbales. Al comienzo de su reinado, Tokaev prometió que otorgaría mayores libertades, pero el hecho es que estas no se han materializado, ni en términos de derechos de organización política ni industrial. Lo más probable es que las libertades prometidas nunca se concedan mientras exista este régimen y, a medida que aumente la presión sobre la clase trabajadora, el régimen descubrirá que es como una caldera con las válvulas selladas. Eventualmente debe explotar. Además, dada la dependencia de la economía de Kazajistán de los precios de las materias primas en el mercado mundial, es probable que esto suceda más temprano que tarde.

Transición de poder

La vejez del presidente permanente -en este caso, el ‘líder de la nación’ (‘Elbasy’ en kazajo)- presenta un grave problema para cualquier régimen bonapartista: el problema de la sucesión. A diferencia del expresidente azerbaiyano Heydar Aliyev, Nazarbayev no tiene hijos. Nazarbayev no se atrevió a entregar las riendas del gobierno a su hija mayor, Dariga, quien en un momento fue elegida presidenta de la cámara alta del parlamento y ahora es diputada de la cámara baja.

Al nombrar a Kasim-Jomart Tokaev como su sucesor en 2019, Nazarbayev tomó una decisión de compromiso. Tokaev estudió en Moscú, luego trabajó durante 15 años en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la URSS como diplomático profesional. Dirigió el Ministerio de Relaciones Exteriores del Kazajistán independiente. En un momento fue primer ministro, pero en realidad nunca perteneció a ninguno de los ‘clanes’ o facciones de la clase dominante y la élite política, ni tuvo su propio círculo significativo de asociados cercanos. Este es obviamente un político aceptable para Moscú. Pero carece de las conexiones y la influencia de las que disfruta Nazarbayev entre la élite de Kazajistán, de donde en última instancia emana su autoridad. Sin una mano firme en la cima, las divisiones dentro de la élite política de Kazajistán y la clase dominante se vuelven cada vez más probables, algo que hubiera sido impensable bajo Nazarbayev.

La primera decisión del recién nombrado presidente Tokaev, tomada casi inmediatamente después de la ‘transición’, fue cambiar el nombre de la capital a Nur-Sultan. Este nombre no se ha arraigado y rara vez se usa fuera de los documentos oficiales. El propio Tokaev recibió el apodo de “mueble” y adquirió la reputación de ser un gobernante débil y nominal que carecía de poder real. El poder de facto permaneció en manos de Nazarbayev, y en gran medida también lo hizo el poder de iure, en virtud de su derecho legal de por vida a ocupar el cargo de presidente del Consejo de Seguridad del país.

Más sorprendentes entonces fueron las palabras de Tokaev en un discurso televisado fechado el 5 de enero: “Como jefe de Estado y, a partir de hoy, presidente del Consejo de Seguridad, tengo la intención de actuar con la mayor dureza posible”. Teniendo en cuenta que, en ese momento, el propio Nazarbayev no había aparecido en público y no había hecho ningún llamamiento (y todavía no lo ha hecho), todo parecía, si no un golpe, al menos como un cambio serio en el equilibrio de poder dentro del régimen. Esta impresión solo pareció confirmarse con la noticia de la destitución del jefe de la KNB, Karim Masimov. Es un colaborador cercano de Nazarbayev y ex primer ministro del país, y ahora está bajo custodia bajo sospecha de traición. Combinado con la aparente inacción del KNB en los acontecimientos de enero, esto llevó inmediatamente a muchos comentaristas a asociar el levantamiento con un intento del círculo de Nazarbayev y, sobre todo, de Masimov, de sacar a Tokaev del poder.

Otros, por el contrario, tienden a ver la iniciativa del actual presidente en los hechos ocurridos. Esto, por supuesto, minimiza groseramente el papel de las masas, que avanzaron durante la semana de protestas, lo que obligó al régimen a batirse en retirada repetidamente. Sin embargo, también es claro que el movimiento exacerbó el conflicto entre las diferentes alas de la clase dominante, que intentaron usar las protestas para golpearse entre sí. Cualesquiera que hayan sido las intrigas palaciegas puestas en marcha de manera oportunista por los parásitos y chupasangres en el poder, el levantamiento de masas de estos días de enero no fue producto de ningún tipo de conspiración o golpe de Estado. Obedecía a su propia lógica.

En cualquier caso, el ‘viejo’ y los miembros más importantes de su entorno y familia han sido apartados del poder. La larga ausencia del propio Nazarbayev fue reveladora. No había hecho declaraciones públicas directas hasta el 18 de enero, y solo una vez su portavoz dijo que el primer presidente cedió voluntariamente el puesto de presidente del Consejo de Seguridad a Tokaev y llamó a los ciudadanos a unirse al presidente en funciones. Dariga Nazarbayeva tampoco ha aparecido en público (su asistente afirma que está de baja por enfermedad, “en su casa en Almaty»). Aliya Nazarbayeva (la hija menor) ha escrito en Instagram (aparentemente mientras estaba en los Emiratos Árabes Unidos) que “está agradecida por el apoyo moral de su padre en este momento”. Según los informes, el influyente hermano menor de Nazarbayev, Bolat Nazarbayev, también huyó a Dubai a través de Kirguistán. Además, los tres yernos de Nazarbayev han sido destituidos de sus puestos principales en las empresas estatales de petróleo y gas de Kazajistán y de la cámara nacional de empresarios, un órgano representativo importante e influyente de la burguesía nacional. Cuando el propio Nazarbayev finalmente fue llevado en silla de ruedas el 18 de enero para un discurso público grabado, no dijo mucho más que afirmar que él era (y lo había sido desde 2019) simplemente un ‘pensionista’ y aseguró al público que no había conflicto entre los élites, y afirmando que el presidente en ejercicio tiene plena autoridad.

Sin embargo, es significativo que la ‘victoria’ del sucesor sobre el antecesor permanezca estrictamente tácita. Por ejemplo, el Ministerio de Información exigió que la agencia de noticias regional Fergana retirara un artículo titulado ‘Transición terrorista’, en el que el autor analiza las disputas entre facciones de la élite kazaja. Después de todo, una admisión abierta de que “los placeres de los poderosos son las lágrimas de los pobres” sería completamente vergonzoso para el régimen y dañaría seriamente su legitimidad.

El imperialismo

Hasta 2014, la cuestión de la minoría rusa en Kazajistán estuvo al margen de la agenda política en Rusia y fue monopolizada por figuras marginales como Yirinovsky y Limonov. A principios de la década de 2000, el establishment ruso creía que los precios del petróleo aumentarían indefinidamente y que los petrodólares serían suficientes para cubrir todos los gastos del gobierno. El 6 de noviembre de 2007, tras firmar un decreto sobre la construcción del cosmódromo de Vostochny en la región de Amur, Putin admitió que estaba dispuesto a cortar el nudo gordiano que une Rusia y Kazajistán, abandonando en el futuro el cosmódromo de Baikonur situado en Kazajistán. Sin embargo, la crisis de 2008 y la consiguiente caída de los precios del petróleo obligaron a Putin a tomarse más en serio los sectores no extractivos de la economía. Aunque la Unión Aduanera entre Rusia, Bielorrusia y Kazajistán se firmó formalmente en 1995, durante los primeros 15 años fue letra muerta.

Solo en 2010, con la abolición de las fronteras aduaneras, Rusia comenzó a hacer esfuerzos para atraer a otros países del CEI, principalmente Ucrania, a unirse a la unión. En última instancia, esto condujo a un choque de intereses entre la UE y Rusia, y el Euromaidán en Ucrania. Derrotado en Ucrania, Putin solo logró convencer a Armenia y Kirguistán, dos economías muy pequeñas, para unirse a la unión.

Es obvio que Rusia no puede competir con los EE.UU., la UE o China en el mercado de capitales: en términos de inversión directa en la economía de Kazajistán, Rusia comparte un mísero quinto lugar con China. De hecho, Kazajistán es un patio de recreo para el imperialismo: el 70% de las inversiones en Asia Central fluye hacia Kazajistán, por un monto de $350 mil millones de dólares en las últimas dos décadas. En primer lugar, entre esos inversores se encuentran Holanda, Estados Unidos, Suiza y China, respectivamente. A pesar de su proximidad, Rusia es solo el quinto mayor inversor en Kazajistán.

El único papel que Putin puede desempeñar para Tokaev es el de Nicolás I, es decir, actuar como gendarme. Queda por ver qué promesas se le hicieron a Putin a cambio de su apoyo. A pesar de cualquier quid pro quo entre Putin y Tokaev, Putin claramente tiene razones internas para intervenir en Kazajistán: la creciente ira y frustración de los trabajadores de Kazajistán refleja la de sus hermanos y hermanas rusos.

Está claro que, a corto plazo, el desarrollo de los acontecimientos fortalecerá la posición de Rusia no solo en Kazajistán, sino en toda Asia Central. Pero a la gente no le gustan los gendarmes: cuanto más activamente se involucre Putin en los asuntos de Kazajistán, mayor será el descontento tanto de la clase dominante de Kazajistán como de los trabajadores kazajos. Además, la intervención del contingente de la CSTO, en su mayor parte compuesto por tropas rusas, corre el riesgo de complicar la situación interétnica en Kazajistán.

Entre otras cosas, el levantamiento de enero confirmó una vez más el estado de la naturaleza débil y dependiente del régimen kazajo, cuyo papel principal es proteger los derechos de propiedad y los intereses del capital transnacional. Como se describió anteriormente, durante décadas el gobierno burgués ha estado aplastando los sindicatos y manteniendo al grueso de la población en el sometimiento y la pobreza, en otras palabras, creando un buen clima de inversión para un país especializado en la extracción y exportación de materias primas. En relación con los acontecimientos de enero, se ha formado una ‘alianza impía’ de todos los principales imperialistas de la región y del mundo para apoyar al gobierno actual, incluidos la Federación Rusa, los EE.UU., la UE, China y Turquía. Esta rara unanimidad se debe al hecho de que todos los actores internacionales están satisfechos con el estado de cosas en el Kazajistán moderno, y la perspectiva de que las masas consigan sus reivindicaciones económicas y democráticas representa una amenaza no solo para los capitalistas kazajos, sino también para los del extranjero.

Perspectivas y el camino a la victoria

La fase candente del levantamiento ha terminado y comienza un período de enfriamiento y reflexión, durante el cual todas las partes involucradas deberán evaluar lo sucedido, extraer las lecciones pertinentes y mirar hacia el futuro.

Desde el comienzo mismo de la crisis de enero, el régimen ha aplicado una combinación de concesiones y medidas represivas. Las autoridades no tienen otra opción que continuar con tácticas similares para intentar restaurar al menos parte de su legitimidad y fortalecer su posición. El discurso de Tokaev ante el parlamento el 11 de enero es indicativo de este enfoque.

Por un lado, el presidente apeló a la burguesía, las capas adineradas y los asustados habitantes de la ciudad de clase media. En este sentido, se ha anunciado todo un abanico de medidas para reforzar las fuerzas de seguridad, que incluirán un fuerte incremento de su financiación para la modernización técnica, más mano de obra y un importante aumento de salarios. Después de todo, los acontecimientos de enero demostraron que incluso muchos miembros de las fuerzas de seguridad no son leales al gobierno y, a menudo, no quieren defenderlo.

Mucho más importante, Tokaev adoptó enfáticamente una retórica que enfatizaba la justicia social y criticaba la desigualdad en la sociedad, junto con ataques directos e indirectos contra los “grupos oligárquicos financieros” como “beneficiarios clave del crecimiento económico”. Las élites políticas dentro de Kazajistán también fueron atacadas, acusadas explícitamente de corrupción y de utilizar fondos estatales para intereses personales. En palabras de Tokaev: “Conocemos a todos [los involucrados en la corrupción] por su nombre”. Aunque en realidad no mencionó un solo nombre, su discurso incluyó un ataque velado a Nazarbayev: “Gracias al primer presidente, Elbasy, apareció en el país un grupo de empresas muy rentables y una capa de personas ricas incluso para los estándares internacionales. Creo que ha llegado el momento de rendir homenaje al pueblo de Kazajistán y ayudarlo de manera sistemática y regular”. No llegó a decirlo abiertamente, pero sugirió claramente que Elbasy y su familia habían sido destituidos del poder. Tokaev está tratando de convencer a la opinión pública de que el principal obstáculo, el antiguo autócrata corrupto, ha sido eliminado y que el presidente en ejercicio, habiendo obtenido pleno poder, finalmente podrá “poner las cosas en orden», llevar a cabo reformas urgentes y luchar contra la corrupción.

Hasta cierto punto, esta táctica ha funcionado. Hoy en Kazajistán, se puede observar una gama bastante amplia de reacciones al discurso de Tokaev, desde una aprobación entusiasta hasta un interés cauteloso, lo que refleja una capa significativa de la opinión pública que, en general, está lista para dar cierto grado de confianza al presidente, o al menos concederle un ‘período de prueba’ para ver si cumple sus promesas.

Pero estas ilusiones pronto se disiparán, tanto por las peculiaridades del sistema político de Kazajistán como por la realidad de la economía de mercado capitalista, de la que Tokaev sigue siendo un firme defensor. En primer lugar, no está del todo claro hasta qué punto podrá hacer valer su autoridad entre las diversas facciones y ‘clanes’ del establishment en Kazajistán. A juzgar por las reorganizaciones muy modestas en el gobierno y el aparato estatal emprendidas hasta ahora (aparte de las purgas a gran escala en las estructuras del KNB y, en menor medida, del Consejo de Seguridad), el presidente no puede o no quiere tomar medidas serias. Entre sus reformas anunciadas, no hubo una sola que pudiera llamarse ‘democrática’.

En segundo lugar, la clase dominante tampoco tiene los medios materiales ni las herramientas para lograr mejoras serias a largo plazo en la esfera socioeconómica. Ya se sabe que la regulación de precios del autogás y otros combustibles vehiculares, anunciada en los primeros días de las protestas, se hará cubriendo los costos del sector privado, es decir, compensando a las empresas por la diferencia entre el precio real de mercado y el precio de venta al público. Los fondos para compensar el déficit provendrán del tesoro estatal y, en última instancia, del valor producido por la clase trabajadora de Kazajistán. Esta debería ser una lección reveladora de que la verdadera regulación de precios es imposible en una economía de mercado.

Todavía no está claro qué medidas pretende tomar Tokaev en cumplimiento de sus promesas de aumentar los ingresos de la población, reducir el desempleo y crear movilidad social. Algunas victorias notables en términos de aumentos salariales ya se han logrado mediante huelgas y otras acciones combativas de los trabajadores de los yacimientos petrolíferos de Tengiz y varias empresas industriales en la región de Aktobe en el oeste de Kazajistán, que seguramente será una fuente de inspiración y una lección de lucha de clases para los demás trabajadores del país. Sin embargo, desde hace tres décadas, más que la corrupción y la malversación, el avance social del pueblo se ha visto obstaculizado por la amarga realidad política y económica del sistema capitalista y la posición de Kazajistán en el mercado mundial como exportador de materias primas. Finalmente, la economía kazaja ha sufrido durante mucho tiempo una alta inflación y la situación solo empeora. Ya sea que las autoridades opten por seguir interviniendo en el cambio de divisas, en el que gastaron $240 millones solo el 12 y 13 de enero, o por dejar que el tipo de cambio entre en caída libre, las consecuencias para la situación financiera de los ciudadanos y para el presupuesto del Estado serán graves.

Lejos de poder satisfacer las reivindicaciones socioeconómicas de la clase trabajadora del país, el gobierno de Tokaev es incapaz de siquiera detener el deterioro de su propia situación financiera. En tal situación, conservar el poder dependerá cada vez más de la represión. El régimen no tuvo miedo de ahogar en sangre el levantamiento de enero. Una ola de arrestos ya ha afectado a periodistas y activistas que participaron o simplemente informaron sobre mítines en varias ciudades. El Ministerio del Interior informa que ha detenido a miles de ‘terroristas’ (al 11 de enero, la cifra oficial se acercaba a los 10.000 arrestos), entre los que se encuentran los cargos de amotinamiento, sedición y delitos tipificados en los artículos de terrorismo del código penal. Es posible que, como en Bielorrusia, pronto nos enfrentemos a arrestos y penas de prisión simplemente para apoyar y compartir material en las redes sociales. También es probable que las autoridades intenten dividir el movimiento y dividir a los sectores insatisfechos de la sociedad en varias líneas (étnicas, religiosas y regionales) para desviar el potencial revolucionario del proletariado kazajo hacia los canales destructivos del nacionalismo, el fundamentalismo religioso e incluso el tribalismo.

Esto hace que sea aún más urgente que los trabajadores y jóvenes de Kazajistán saquen lecciones y conclusiones de la confrontación revolucionaria que arrasó el país y se preparen para continuar su lucha hasta el amargo final. El levantamiento de enero no fue un movimiento único. Diversos grupos sociales: trabajadores, intelectuales, jóvenes y pobres de la periferia y los suburbios de la ciudad participaroncon diferentes experiencias de lucha política, y la mayoría de las veces sin experiencia alguna. Si la cohesión y la organización de los trabajadores, la resiliencia de los viejos activistas políticos y la determinación y el espíritu intransigente de los jóvenes y los pobres hubieran confluido en un solo canal, el régimen de Tokaev se habría quedado sin oportunidad. Tal unidad no se logró debido a la falta de una dirección con visión clara. Estas fuerzas principales de los manifestantes estaban divididas social e incluso territorialmente. La clase trabajadora no pudo organizar y disciplinar a la juventud, mientras que las protestas puramente económicas en Kazajistán no pueden tener éxito sin una agenda democrática y socialista.

La consigna política principal de las protestas “Shal, ket!” («¡Viejo, sal!») ahora habla del pasado. Nazarbayev se ha ido y no volverá. Ahora, esta consigna legitima furtivamente a Tokaev y a su régimen. Necesitamos consignas nuevas y positivas para la transformación social de la sociedad en líneas democráticas. Las reivindicaciones para detener la represión, liberar a los presos políticos y activistas detenidos, y brindar total libertad de organización obrera y política están saliendo a la luz. El movimiento obrero debe abarcar las capas más amplias posibles de las masas trabajadoras y ofrecer su propia solución a sus principales problemas. En primer lugar, debe presentar reivindicaciones transitorias: la nacionalización de los sectores extractivo, manufacturero y financiero de la economía; expropiación organizada de todos los oligarcas; y pleno control público sobre los organismos encargados de hacer cumplir la ley, hasta su disolución y sustitución por la milicia popular para mantener la ley y el orden. La intelectualidad de izquierda debe allanar el camino a las masas, incluidos los elementos más atrasados. Debe hablar el lenguaje de las masas; debe encontrar una forma de expresión política que conecte con las aspiraciones de las masas. Si esto sucede, ¡entonces el movimiento revolucionario de las masas trabajadoras de Kazajistán será imparable!

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