La inmensa mayoría de los franceses se posicionan en contra de la llamada reforma del sistema de pensiones del gobierno de Sarkozy. Esto quedó muy claro en las manifestaciones de ayer (7 de septiembre). Pero ¿cómo puede transformarse este rechazo en un movimiento general para frenar al gobierno?

La inmensa mayoría de los franceses se posicionan en contra de la llamada reforma del sistema de pensiones del gobierno de Sarkozy. Esto quedó muy claro en las manifestaciones de ayer (7 de septiembre). Pero ¿cómo puede transformarse este rechazo en un movimiento general para frenar al gobierno?

El 7 de septiembre, más de dos millones de personas se manifestaron para mostrar su rechazo al plan de reforma previsional presentado por el gobierno de Sarkozy. Esta “reforma” aplazará la edad legal de la jubilación desde los 60 a los 62 años y conllevará una reducción general del presupuesto destinado a las pensiones. Manifestaciones masivas tuvieron lugar en decenas de pueblos y ciudades a lo largo y ancho del país, además en muchos pueblos y ciudades pequeñas, los trabajadores, los jóvenes y los jubilados organizaron protestas a nivel local. Este ha sido uno de los “días de acción” más importantes de este tipo en muchos años. La manifestación de Paris tuvo una asistencia de más de 250.000 personas, los sondeos muestran que el 70% de la población en su conjunto considera que las huelgas y las manifestaciones están justificadas.

Tan solo tres días antes, el 4, una manifestación de masas con 50.000 personas tuvo lugar en la capital, Paris, con varios miles de manifestantes más en otras ciudades, como protesta ante la campaña racista de persecuciones hacia la comunidad romaní (gitanos). Las redadas de la policía en los campamentos, con toda la brutalidad generalmente empleada en las operaciones de este tipo, recordaban las redadas a los barrios judíos bajo el gobierno de Vichy en los años ’40. Esta campaña se inspiró claramente en las tácticas utilizadas por Berlusconi en Italia.

La destrucción violenta de campamentos y la deportación de sus habitantes no es más que un intento de desviar la atención de las consecuencias desastrosas de la crisis capitalista y de la política del gobierno. El gobierno de Sarkozy está desacreditado tras dos años de ataques constantes a los derechos de los trabajadores y sus niveles de vida, en un ambiente de estancamiento económico y aumento de la pobreza y desesperación que afecta a millones de personas. Las acusaciones de corrupción afectan al propio Ministro encargado de la reforma del sistema de pensiones, Eric Woerth.

A pesar del tamaño masivo de las manifestaciones en contra de la reforma de las pensiones, el humor general se mostraba bastante deprimido en comparación con manifestaciones anteriores sobre este mismo tema. El fuerte optimismo que vimos en las manifestaciones del 2003 estuvo ausente este 7 de septiembre. El hecho es que las manifestaciones, incluso manifestaciones de masas como ésta, no tienen ningún efecto importante sobre la política del gobierno. En este caso particular, al igual que ocurrió muchas veces en el pasado, las organizaciones obreras quedarán atrapadas en un guión bien ensayado a estas alturas. El gobierno prepara una ley reaccionaria añadiéndole una serie de medidas de importancia secundaria. Los trabajadores se manifiestan en contra y el gobierno, con tal de aparecer como razonable, retira una parte de las medidas secundarias manteniendo los objetivos principales del proyecto de ley.

La actitud cínica del gobierno quedó expresada en la prensa en la mañana del día 7. Una ¨fuente cercana al presidente” fue citada diciendo que el gobierno ya estaba acostumbrado a este tipo de protestas. “Se ha convertido en una especie de tradición social en Francia” decía la fuente. Sin embargo, en lo esencial, la reforma se aprobará según lo previsto. Y esto es exactamente lo que ocurrirá. Los dirigentes de los sindicatos convocarán probablemente otro “día de acción” más, y otro, y otro más, hasta que el interés de los trabajadores a la hora de acudir a este tipo de actos se desvanezca. Así la cosa seguirá, eliminando una tras otra todas las conquistas de las luchas obreras del pasado, hasta que las bases de la clase trabajadora -empezando quizás por un solo sector poderoso del movimiento obrero, como los trabajadores del transporte, de la electricidad, de las comunicaciones o de la banca– lleguen a la conclusión de que ya basta y haga un llamamiento exitoso al resto de la clase obrera para ir a la huelga y empezar una lucha seria y decidida.

Esta es la perspectiva que más teme el gobierno. También es la que temen más los dirigentes de las cúpulas sindicales. Y no solo las direcciones más conservadores, que practican la colaboración de clases de forma más abierta, como las direcciones de la CFTC, la CFDT y FO, sino también los líderes de la CGT que sienten pavor ante la perspectiva de que los trabajadores tomen sus asuntos en sus propias manos y llamen a la huelga indefinida. Esto ocurrirá tarde o temprano, solo es cuestión de tiempo.

La Riposte, periódico del ala marxista del PCF.

Fecha: 

9 de septiembre de 2010

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