Establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con la República Popular de China, ¿qué significado tienen?

El pasado 20 de agosto el Presidente Salvador S. Cerén anunciaba por cadena nacional de radio y televisión que se rompían relaciones diplomáticas y comerciales con Taiwán y que se abría una nueva era de relaciones con China continental mejor conocida como República Popular de China. Desde el punto de vista del acercamiento y hermandad de los pueblos, esto es totalmente válido ya que no se tenían este tipo de vínculos oficiales con China, así como tampoco en el pasado existía con otros países como Rusia y Cuba. Pero dicho acuerdo no termina allí, la decisión traerá repercusiones en los ámbitos no sólo comercial, sino también social y geopolítico.

A la derecha local, acostumbrada a tener nexos muy fuertes con Taiwán y a languidecer bajo el amparo de los mismos EUA, esta decisión les parece apresurada, autoritaria y sin ningún argumento coherente que pueda respaldar el giro brusco que acaba de tomar la administración del presidente Cerén. Pero más allá de sus acostumbrados lamentos y lágrimas de cocodrilo de la burguesía local y el imperialismo, lo que les preocupa en el fondo es la expansión del dominio chino, que amenaza con arrebatarle su patio trasero, disputarle la hegemonía mundial y desde luego el monopolio de los mercados.

Algunos se preguntan por qué no se tomó esta decisión antes, ya que muchos países en Latinoamérica han puesto su mirada en China y han comenzado a tener intercambios comerciales, sin dejar de mantener el vínculo con el aún poderoso dominio estadounidense. Hay que reconocer que Taiwán tampoco representaba un mercado donde pudiese ser exportado mucho producto salvadoreño, a diferencia de China donde los mismos empresarios salvadoreños han reconocido que representa un mercado atractivo y mucho más amplio donde ya han colocado muchas de sus mercancías; pero sí hay que reconocer que Taiwán es el segundo país asiático que más inversiones tiene hasta este momento, la cual ascendía a $72 millones[1] para 2017, según datos de PROESA. Todo parece indicar que esto puede variar y que las inversiones de China pueden superar las de Taiwán e ir incrementándose constantemente, debido a su mayor potencial productivo. No es descabellado pensar que podemos vernos inundados tanto de mercancías baratas chinas como de medios de producción a gran escala.

China y su posición en la actualidad

China es actualmente la segunda potencia económica mundial, sólo por detrás de los EUA. Desde que el gobierno chino implementó reformas de libre mercado, China dio saltos enormes dentro del conglomerado de países de la OMC. En 2005 superó con creces a Francia y Gran Bretaña, a Alemania en 2007 y en el 2010 pasó por encima de la economía japonesa para reclamar su rol de potencia de primer orden, y proporcionó una nueva configuración en el mapa de la economía y la geopolítica mundial.

Los ingresos chinos son prodigiosos debido a su mano de obra barata, y al uso de alta tecnología utilizada en muchas de sus industrias. Estados Unidos mantenía para 2014 un déficit comercial con China que excedía los $300 mil millones y los europeos mantenían un déficit de $125 mil millones[2]. Esto no ha caído en gracia a todos los demás países imperialistas quienes llegan a la conclusión correcta de que China está exportando mucho a suelo norteamericano, europeo y el resto del mundo. Las grandes compañías norteamericanas y de las otras potencias también han invertido mucho en China, produciendo una gran cantidad de mercancías que venden muy baratas por doquier a precios establecidos por el mercado mundial, esto también entra en conflicto con las producidas por los mismos chinos quienes también buscan un espacio para sus bienes en el mercado.

A pesar de estas contradicciones, existe una relación amor-odio entre norteamericanos y chinos que actualmente no pasa desaperciba. EUA es uno de los mercados más grandes para las exportaciones de China y debido al déficit comercial de los EUA con China, ésta posee la más grande cantidad de bonos del Tesoro de los EUA, y por el momento, está muy interesada en que el dólar se mantenga firme y vigoroso. Con el inmenso desarrollo de las fuerzas productivas y el establecimiento de relaciones capitalistas, es natural que China se comporte como un poder imperialista en el mundo. Está importando materias primas en abundancia y capital, está produciendo al mismo tiempo una gran cantidad de mercancías, en franco desafío al resto de potencias capitalistas mundiales.

La disputa por el mercado y las materias primas del continente americano han puesto en confrontación abierta a estas dos potencias y desde hace años el Congreso Norteamericano ya había pensado en ponerle un freno al avance chino en la región. Con la llegada de Trump, con sus desplantes y verborrea, esto parecía ir tomando forma, pero en la práctica, los norteamericanos han sido incapaces de frenar al dragón asiático en la región. China tiene alrededor de la mitad de la inversión extranjera en Latinoamérica sobre todo en productos de ensamblaje. En enero de 2015, el diario South China Post, reportaba que China estaba planeando tener una inversión de $250 mil millones en Latinoamérica en los próximos cinco años e incrementar el intercambio bilateral por más de $500 mil millones en diez años. Parte de las inversiones más fuertes realizadas recientemente por los chinos, han sido aplicadas en países como Venezuela en el área de los hidrocarburos y en México con la minería y la producción de energía[3].

A los EUA desde luego que les roba el sueño las maniobras que China está llevando a cabo en su patio trasero, a tal grado que cínicamente invocan la doctrina Monroe, la cual dicta que ningún otro país del orbe debe tener más influencia que ellos en Latinoamérica. Pero eso no es todo, al mismo tiempo los chinos están creando una flota poderosa de barcos cargueros y de guerra para disputarle los mares, sobre todo el Pacífico. El relativo éxito sin precedentes de China se convierte también en su talón de Aquiles, saben perfectamente bien que su avance o retroceso depende de la situación del mercado mundial, y desde hace varios años hay una sobreproducción mundial, debido precisamente al crecimiento de China, y cualquier caída significante de los mercados afectará la economía de esta potencia. También es cierto que cualquier desaceleración del radio de su tasa de expansión terminará afectando seriamente a las economías locales alrededor del mundo.

Esto ha hecho sonar las alarmas de los mercados, muchas de las industrias chinas están presentando problemas se sobreproducción tales como cobre, mineral de hierro, acero, maquinaria pesada e incluso la construcción de barcos. Las ondas expansivas de la sobrecapacidad llegan a países como la misma Sudáfrica donde se prevé que unos 12,000 trabajadores de las minas se quedarían sin empleo debido a la poca demanda de materias primas para la industria china[4]. La tasa de crecimiento chino duplica su capacidad cada década, para el 2014 era del 7.3%, para mantener esa tasa de crecimiento constante tendrá que sumergirse en el río de mayores y más profundas reformas capitalistas, necesita de una tasa de crecimiento de al menos 7% para mantener los actuales niveles de empleo, esto inevitablemente se orientará a una crisis masiva de sobreproducción todavía más intensa.

¿Un avance para el desarrollo de las fuerzas productivas?

Uno de los argumentos más fuertes que hemos escuchado a favor del establecimiento de las relaciones con China por parte de los compañeros del FMLN, es que esto ayudará a desarrollar el país dado que se pueden alcanzar acuerdos de cooperación e inversión en tecnología y la implementación de ramas de la industria ligera y por qué no, de industria pesada. Dado el atraso del país en el avance del desarrollo de las fuerzas productivas, esto suena muy atractivo e incluso esperanzador.  Parte de la burguesía local conservadora, verá esto como una amenaza a su dominio, y dado que han sido incapaces de desarrollar el país, ven con recelo que alguien más pueda hacerlo. El ala de la burguesía liberal que es más inteligente para hacer negocios verá una oportunidad de oro para el traspaso de tecnología y medios de producción que puedan hacerlos más competitivos y pasar a comandar el mercado.

Esto resulta muy razonable desde el punto de vista de la lógica formal, lastimosamente no se debe ver esto desde el ángulo de la razón puramente mecanicista, tendremos inversión china, instalación de empresas para la producción de una amplia gama de productos, inversión en el área de comercio y servicios, se generará empleo y todos felices y contentos. Si bien es cierto esto pueda que se concretice, no es cierto que los beneficios serán para todo el país—frase comúnmente acuñada por elementos tanto de la izquierda como de la derecha cuando se toman decisiones trascendentales—sino más bien hay sectores y población específica que puede sacar un provecho inmenso de dichas relaciones. Uno de los argumentos favoritos de los dirigentes del FMLN y de algunos militantes, es que, hasta los rusos en su revolución socialista llevaron a cabo medidas de corte capitalista para desarrollar el país, por tanto, es una decisión acertada abrir las puertas a la inversión de capital extranjero, con la finalidad de desarrollar la producción de bienes necesarios y generar empleo en el país. Pero la comparación resulta poco acertada por un detalle que pasan por alto, y que es el punto neurálgico de todo este proceso.

Luego de la muerte de Mao en 1976, se comienzan a gestar toda una serie de reformas al interior del PCCh, Deng Xiaoping emerge como el líder y figura clave luego de una amarga disputa en el Comité Central del partido en 1978. La nueva línea adoptada por el partido sería la de ejecutar un programa basado en cuatro macro ejes conocidos como “Las Cuatro Modernizaciones” que en pocas palabras buscaba superar la etapa de las políticas de Mao que consideraron como desastrosas y nocivas, y le apostarían desde entonces a una amplia inversión y rápido desarrollo de la ciencia y tecnología china que luego sería aplicada a la agricultura, la industria y a la defensa nacional, así mismo dicho programa resaltaba el objetivo de convertir a China en una de las mayores potencias económicas mundiales tan pronto como iniciara el siglo XXI. Desde luego, los dirigentes chinos se vieron en la necesidad de hurgar en la historia de la Revolución Rusa y encontrar los elementos que le permitieron a los Bolcheviques superar su atraso y aislamiento, y naturalmente encontraron las lecciones obvias, la Nueva Política Económica, mejor conocida como NEP, ejecutada por los revolucionarios rusos en 1921.

Los líderes de la izquierda del FMLN quieren aprender de los chinos, éstos al mismo tiempo tomaron lecciones de la Revolución Rusa para revitalizar su economía, especialmente incrementar la producción agrícola. El funcionamiento básico de la NEP era el siguiente: una vez los campesinos hubiesen pagado sus impuestos, eran libres de comercializar el excedente en los mercados agrícolas y en las zonas urbanas. A los capitalistas privados les era permitido comprar y vender en un contexto de mercado, la industria ligera se dejó en manos privadas, mientras que las grandes industrias de propiedad estatal tenían que ser auto sostenibles. También los salarios diferenciados eran permitidos de modo que la productividad y el nivel de responsabilidad se pudiesen recompensar, y a los capitalistas extranjeros se les ofrecieron algunas concesiones.

El 14 de febrero de 1919, Lenin presentaba una resolución al Consejo de Comisarios del Pueblo —Consejo de Ministros– en la que se planteaba entre líneas que, una de las formas de asegurar la inversión necesaria para desarrollar las fuerzas productivas de la débil y subdesarrollada economía del joven estado obrero, era dar concesiones de corto plazo al capital extranjero para el beneficio de la revolución a largo plazo. Desde luego fue el atraso de la revolución mundial lo que obligó a los Bolcheviques a proponer este compromiso con el capitalismo. Por el otro lado, en la China de Deng se comenzó a hablar de “socialismo de mercado”, bajo ciertas condiciones esto era aceptable, mientras las palancas principales de la economía estuvieran bajo el control de una planificación estatal, incluido el monopolio del comercio exterior. La camarilla de Deng llegó a la conclusión práctica que era imposible hacer que China fuese autosuficiente y correctamente reconocieron que China no podía desarrollarse si se mantenía aislada del mercado mundial. El socialismo en un solo país (aplicada por Stalin en la Unión Soviética) quedaba así enterrado como ideología oficial.

Pero el quid de la cuestión es que, mientras Lenin percibía la NEP como un retroceso temporal en condiciones de una sociedad semifeudal y con un atraso cultural y económico terrible, este tanque de oxígeno era una forma de fortalecer a Rusia; pero Deng y el resto del PCCh la vieron como una forma de avance irreversible. La diferencia principal entre ambos estados era que, la Rusia de Lenin mientras estuvo bajo el mando de los Bolcheviques era un Estado obrero relativamente sano, mientras China bajo Mao y sus sucesores nació como un estado obrero deformado, dirigida por una casta de oficiales y funcionarios con intereses particulares, y al aceptar la economía de mercado como la panacea para todos los males, era solamente cuestión de tiempo para que China abriera las puertas de la inversión extranjera de par en par y abrazara de corazón el mercado mundial.

¿Una China comunista?

La caracterización de China en la actualidad ha generado un arduo debate entre las filas de la izquierda, no sólo en El Salvador, también en los demás países. Desde que comenzara a tomar medidas de corte capitalista no de forma temporal, sino de manera permanente, el gigante de Asia ha desatado fuerzas que le son imposibles de contener, la implementación de la economía de mercado ha creado los nuevos millonarios chinos y un gran abismo divide a los chinos en clases sociales marcadamente distintas y opuestas. Lo que pareciera que puede ser aplicado en nuestro contexto, emulando los ejemplos de China o de la misma URSS, choca con la realidad concreta del Estado burgués, lo que hace saltar en nuestras mentes la pregunta: ¿Puede nuestro Estado desarrollar las fuerzas productivas emulando la experiencia China o la Soviética, aún y cuando el Estado no es ni tan siquiera un Estado obrero deformado o en manos de la clase trabajadora? Las experiencias en otras latitudes parecen habernos dado la respuesta concreta, en la mayoría de Estados nacionales donde no existe la democracia obrera, sino la dictadura del capital, y donde han tenido un éxito relativo los avances y beneficios, éstos no son palpables para la inmensa mayoría.

Luego del giro de Deng Xiaoping hacia las reformas capitalistas que podemos resumir en cuatro grandes ejes, China tuvo un espectacular despegue sin precedentes en su economía. La orientación hacia un Estado capitalista no tenía ya ninguna objeción. En la última etapa de su vida, Deng defendió y argumentó que la puesta en marcha de Zonas Económicas Especiales (ZEE) en algunas provincias era todo un éxito y debían reproducirse en todo el país, ya que eran un ejemplo para generar abundancia. Antes de morir en 1992, lanzó sus famosas consignas por la que será recordado por generaciones: “Enriqueceos” y “Mientras algo genere ganancia, es bueno para China”. En el XIV Congreso del PCCh en octubre de 1992, se aprobó un complicado programa económico con el auspicio del FMI y el Banco Mundial, la economía de mercado y la ley del valor tal como operaba en todas las ZEE debían ser aplicadas a lo largo y ancho del país[5]. Este Congreso abandonó la idea de que la planificación estatal de la economía debía ser el método organizativo dominante, desde ese momento los funcionarios garantizarían la libre circulación de las mercancías, del capital, y de la fuerza de trabajo, las provincias adquirían una mayor autonomía para ejecutar los acuerdos necesarios con los hombres de negocios para el flujo comercial.

¿Y el PCCh?

El actual Partido Comunista Chino cuenta con una cantidad arriba de 85 millones de militantes, desde 1949 este partido ha sido un refugio para oportunistas que buscan hacer carrera en la burocracia estatal, y tiene una larga historia de corrupción. En 2001, el partido lanzó una campaña para reclutar “capitalistas rojos” extraídos en su mayoría de grandes empresas. En su momento esto no significó ningún problema ya que la mayoría de estas personas ya eran parte del Partido Comunista, oficiales del Estado y sus familiares. Este grupo de empresarios ha tomado vida propia en el último periodo y se han convertido en una fuerza muy poderosa que representa el sector de la economía no estatal. Para el XVI Congreso del PCCh en el 2002 se llevó a cabo una gran reforma del Comité Central y del Politburó —Comisión Política— al reforzar la representación de los elementos pro-capitalistas del partido. Un buen número de prominentes capitalistas fueron electos para el Comité Central, consolidando la presencia y el poder de la burguesía china dentro del partido[6]. En 2004 el partido había incluido en su seno alrededor de un tercio de todos los empresarios privados.

La proliferación de Empresas del Pueblo y las Villas conocidas con las siglas en inglés como TVE’s y la privatización de una gran cantidad de empresas de propiedad estatal a mediados de los 90’s permitió a muchos cuadros del partido beneficiarse personalmente y generar un ambiente de sobornos casi institucionalizados donde se busca obtener favores para el sector empresarial a cambio de que los hijos de miembros del partido puedan ser enviados a estudiar al extranjero, o que se coloquen a nombre de sus familiares una buena cantidad de bonos y acciones. En 2002 había apenas 3 millonarios en China, en el 2005 solamente 10 ¡pero en el 2014 había más de 150! Superados solamente por los EUA que aloja la mayor cantidad de súper ricos del mundo. Los vínculos familiares que unen a estos magnates con los altos dirigentes del partido son a menudo directos. En el 2005, el más rico de todos era Larry Rong Zhijian, hijo de un anterior vicepresidente de la República Popular de China y un destacado  “capitalista rojo” y dirigente llamado Rong Yiren quien hiciera una gran labor al abrir a China al mercado mundial.

El retorno al capitalismo ha sido un proceso continuo y complejo, pero de acuerdo a las decisiones tomadas por el Comité Central del PCCh se puede determinar su origen alrededor de ciertas fechas, la transición hacia la economía de mercado inició desde 1982, cuando las empresas de propiedad estatal comenzaron a producir fuera del marco de planificación regulada por el Estado, y comenzaron a hacerlo de acuerdo a las demandas del mercado, hasta octubre de 1992 cuando el XIV Congreso enterró finalmente la planificación estatal y el monopolio del comercio exterior y aprobó el comienzo de la completa privatización de las empresas de propiedad estatal  con la finalidad de vender las compañías más grandes tan pronto como se pudiesen llegar a acuerdos satisfactorios.

Las ondas expansivas de una decisión trascendente

La decisión de abrir relaciones con la segunda potencia mundial era una cuestión inaplazable, por mucho que la derecha recalcitrante de este país se de golpes en el pecho por sus socios taiwaneses, la influencia de China no podían pasarla desapercibida y más temprano que tarde se verían en la necesidad de abrir el mercado local a este país. Los mismos empresarios de este país ven al mercado chino como otro espacio más para sus mercancías y de hecho ya exportan una buena cantidad a suelo chino. Esto hecha por la borda el ridículo argumento que una nación equis es nuestra amiga, por tanto, no podemos hacer tratos con su opuesto, al final prevalecen los intereses de clase y no sus sentimientos chovinistas, el mismo presidente Nixon de los EUA no tuvo reparos en visitar la China de Mao, estrechar su mano y comenzar toda una era de relaciones diplomáticas y comerciales. La burguesía salvadoreña está muy interesada en saber cómo extraen los burgueses chinos una gran cantidad de plusvalía de la clase obrera de su país, que los ha catapultado a la cima de los más grandes millonarios del planeta.

Tampoco debemos caer en el error de celebrar con bombo y platillo tal decisión, como si la respuesta a la crisis de la economía local y global estuviese en dejar de apoyar el capitalismo taiwanés por abrazar fervientemente el capitalismo de la “China comunista”. El argumento de que esto nos dará la oportunidad de tener una mayor inversión y generación de empleos choca en franca contradicción con la crisis mundial de sobreproducción, donde los empresarios no están dispuestos a invertir por que sí y donde les plazca, sino reciben a cambio un clima de seguridad para sus inversiones, léase entre líneas, la mayor flexibilidad para la generación de riqueza a cambio de la más cruda explotación de recursos naturales y de mano de obra. Se dice que el Estado salvadoreño adolece de una crisis fiscal debido al cáncer de la evasión y elusión, y que con esta decisión se superará parte del problema, ya que vendrán empresas y el Estado les cobrará los impuestos respectivos; pero acá surge otra contradicción dado que la oferta de las Zonas Económicas Especiales ZEE, que promueve el gobierno otorga precisamente una exención de todo tipo de impuestos, incluso el IVA y la renta por un lapso de 25 años, el 70% de exoneración por 5 años más después del primer periodo de 25 años de inversión, y 50% por cinco años más, luego de un segundo plazo[7].

Es evidente que estamos ante un callejón sin salida y que en lugar de que sean los capitalistas de todo el mundo incluyendo los chinos, estadounidenses o taiwaneses, los que se hagan responsables de dicha problemática, son los trabajadores de todo el mundo los que cargan sobre sus espaldas la pesada carga de pagar por el caos, la incertidumbre y la desestabilización que crea el capitalismo con su economía de mercado. Nosotros no podemos evadir impuestos, los burgueses sí, y encima de nuestros hombros colocan los impuestos más variados y nocivos que se les puedan ocurrir. La clase obrera china sabe muy bien lo que significa el movimiento hacia el capitalismo, inmensas masas de campesinos se han tenido que mover a las regiones industrializadas de la nueva China para proletarizarse, lo que ha creado a su vez la clase obrera más grande y más poderosa del mundo.

Es probable que ninguno de los funcionarios que ahora aplauden, justifican con cifras y cantan alabanzas a la inversión china tenga deseos de trabajar en una empresa de las que podrían venir a establecerse al país. Basta con ver el ejemplo de las Zonas Francas que ya operan en suelo salvadoreño, donde abunda el capital asiático para darnos cuenta de lo está por venir. Una multinacional taiwanesa de productos electrónicos que movió sus operaciones a China a finales de los 80’s es un claro ejemplo de cómo utilizan la fuerza de trabajo de miles de obreros chinos para extraer la máxima plusvalía: “El trabajo es medido en tiempo y cuentan hasta los segundos, y deben cumplirse las metas establecidas por estudios de tiempo y movimiento, y se exige hasta el límite de lo que los trabajadores pueden producir…‘Tomo un tablero de la línea de producción, escaneo el logo, lo pongo en una bolsa de electricidad antiestática, le pego una viñeta, y la coloco en la línea de producción…Cada diez segundos termino 5 movimientos o tareas de este tipo’ declaraba una joven mujer. En un día normal de trabajo, ella podría repetir esta operación más de 15,000 veces, no es de extrañar que muchas de estas trabajadoras afirmen que sienten que no valen nada. Son los tipos de trabajos que destruyen el alma del ser humano[8]”.

Las recién aprobadas relaciones diplomáticas y comerciales entre El Salvador y China no cambiarán en absoluto las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital, por mucho que se quiera argumentar a favor del capitalismo asiático. La clase obrera china conoce en carne propia lo que ha significado la transición hacia la economía de mercado, el hecho que se haya eliminado el derecho elemental a la huelga de la Constitución china desde 1982 dice mucho del régimen que se apresta a tocar suelo salvadoreño en el próximo periodo, se prevé una agudización de las condiciones laborales adversas para la clase trabajadora, pero también una intensificación de las luchas por defender las pocas garantías que aún quedan a su favor.

San Salvador, 23 de agosto de 2018

 

 

[1] PROESA. (2017). El Salvador y China (Taiwán) realizan Encuentro de Comercio e Inversión 2017. 22 de agosto, de PROESA Sitio web: http://www.proesa.gob.sv/novedades/noticias/item/1322-el-salvador-y-china-taiw%C3%A1n-realizan-encuentro-de-comercio-e-inversi%C3%B3n-2017

[2] The Economist, 19 febrero, 2013

[3] Naciones Unidas, Chinese Direct Investments in Latin America, Nov. 2013

[4] China Daily Mail, Ene. 8, 2013.

[5] Roberts, J. (2016). China marches back to capitalism. En China: From Revolution To Counter-Revolution (354 pp.). United Kingdom: Wellred Books.

[6] Dickson, B. Wealth into Power: The Communist Party’s Embrace of China’s Private Sector, CUP, 2008.

[7] Cea, M. (2018). Sigfrido Reyes reconoce que trabajadores pagan el costo de los incentivos fiscales. 22 agosto, 2018, de Diario El Mundo Sitio web: http://elmundo.sv/sigfrido-reyes-reconoce-que-trabajadores-pagan-el-costo-de-los-incentivos-fiscales/

[8] Roberts, J.  (2016). China: From Revolution to Counter-Revolution. United Kingdom: Wellred Books.

News Reporter
Vladimir Elías Montes, Trabajador de la Educación, Licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Idioma Inglés, Militante de la sección salvadoreña de la CMI.

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