El voto Brexit envía ondas de choque a la clase dirigente europea

Ayer, 23 de junio del 2016, el pueblo británico tomó una decisión trascendental. Después de 40 años de formar parte de la Unión Europea, emitió un voto de rechazo. Esta decisión tiene inmensas consecuencias para el futuro de Gran Bretaña, de Europa y del mundo.


Ayer, 23 de junio del 2016, el pueblo británico tomó una decisión trascendental. Después de 40 años de formar parte de la Unión Europea, emitió un voto de rechazo. Esta decisión tiene inmensas consecuencias para el futuro de Gran Bretaña, de Europa y del mundo.

El resultado de la votación fue un voto aplastante de no confianza en las instituciones. Esto causó ondas de choque en los mercados, que anoche estaban seguros de la victoria del voto para permanecer. El Brexit [Salir] ganó por un margen de 52 % a 48 %: más de 1,2 millones de votos más que Permanecer, con los condados ingleses y el país de Gales votando mayoritariamente a favor de Brexit. Pero Escocia votó masivamente en contra. La participación electoral fue muy alta: en Escocia el 67%, en Gales el 72% y en Inglaterra el 73%.

Una vez más, las encuestas de opinión se equivocaron. Hasta el último minuto predecían una victoria estrecha para Permanecer. Pero los encuestadores se equivocaron de mala manera, al igual que en las elecciones generales del año pasado. La razón de este fracaso es que los encuestadores no lograron comprender el profundo sentimiento de descontento que existe en la sociedad.

La clase dominante y sus representantes políticos se encontraban en un estado de choque. No comprenden las realidades de la vida para la mayoría de la gente en Gran Bretaña. Los mercados de valores también demostraron la misma falta de comprensión por su comportamiento irracional en la víspera de la votación. En las 48 horas anteriores al referéndum, los mercados de valores estaban en pleno auge y la libra se apreció a su nivel más alto desde hacía meses, llegando en un momento dado a casi 1,5 por dólar.

Las noticias del resultado del referéndum provocaron de inmediato fuertes caídas en los mercados de valores del mundo y la libra cayó a su nivel más bajo desde 1985. Estas son las primeras señales de advertencia de la recesión que pronto golpeará a la economía británica, las ondas de choque que se extenderán rápidamente por toda Europa y el resto del mundo. Las consecuencias políticas de este sorprendente resultado se dejaron sentir de inmediato. David Cameron, muy debilitado políticamente, anunció que dimitirá como primer ministro en octubre.

El ala derecha blairista que llevan la batuta en el grupo parlamentario laborista estaba igualmente sorprendida por el resultado del referéndum. Estos «Tories disfrazados» apoyaban entusiastamente la Europa de los banqueros y capitalistas, y se sorprendieron cuando un sector importante de la clase obrera, incluidos muchos votantes tradicionales laboristas, les dieron una patada en los dientes.

¿Por qué?

Las personas que votaron “Salir” lo hicieron por muchas razones diferentes. Algunas progresistas y otras reaccionarias. La ira de las antiguas comunidades industriales y mineras en el Norte que han sido condenadas a años de deterioro económico, pérdida de empleo, pobreza y marginación, era evidente. Estas comunidades se sienten ajenas a una clase política remota que les gobierna desde Westminster, y aún más alienadas por una burocracia remota en Bruselas que no ha hecho nada para ellos.

Cuando el campo Permanecer habló de ser más prósperos dentro de la UE, grandes capas de trabajadores simplemente se encogieron de hombros. Ellos han visto cómo los ricos se hacen cada vez más ricos, mientras que ellos y sus familias se vuelven cada vez más pobres. Los beneficios de la Unión Europea – el club de los ricos – son para unos pocos, no para la mayoría. Esto ha llevado a una creciente sensación de injusticia que crea un sentimiento de rabia e indignación contra la clase dirigente, cuyo resultado se manifestó en la votación de ayer.

El resultado revela la existencia de un estado de ánimo hirviente de descontento en la sociedad. También muestra hasta qué punto la clase política está desconectada de los sentimientos de la gente común. Este es un fenómeno internacional. Lo demostró el referéndum escocés sobre la independencia en 2014, las elecciones generales españolas en diciembre de 2015, el ascenso de Syriza en Grecia y de Podemos en España, el enorme apoyo a Sanders en las primarias del Partido Demócrata y, de una manera distorsionada, incluso el auge de Donald Trump en EE.UU.

El argumento del campo “Permanecer” en el sentido de que la pertenencia a la UE significaba prosperidad y mejores niveles de vida para todos sonaba a hueco para muchos británicos que sobreviven con bajos salarios. Para estas personas la promesa de la prosperidad de la UE fue un completo fraude y un engaño.

Para la gente que está sufriendo la crisis del capitalismo, el mensaje de la campaña Permanecer sonaba a la complacencia típica de los políticos profesionales de clase media adinerados en Londres. Era como la voz de alguien que viviera en un planeta diferente, hablando en un lenguaje que era incomprensible para la gente común. El hecho de que diputados laboristas – en su inmensa mayoría de clase media y de la derecha blairista – se sorprendan de esto muestra lo poco que entienden sobre la situación real en Gran Bretaña ¡Y estas personas se consideran a sí mismos como grandes realistas!

Por otra parte, los dirigentes de la derecha en Gran Bretaña están naturalmente eufóricos. La campaña del referéndum ya ha tenido el efecto de empujar el centro de gravedad de la política británica a la derecha – al menos temporalmente -. A pesar de que no han logrado su objetivo inmediato, el ala derechista thatcherista seguirá presionando a favor de sus políticas reaccionarias dentro de la dirección conservadora.

El UKIP de Nigel Farage, que anoche pensó que habían perdido, dijo: «Atrévete a soñar que está amaneciendo en un Reino Unido independiente». El sueño de Farage pronto se convertirá en una pesadilla para el pueblo británico. Apenas había hablado, cuando nubes oscuras comenzaron a reunirse alrededor del sol naciente de UKIP.

Crisis en el Partido Conservador

«Aquellos a quienes los dioses quieren destruir, primero les vuelven locos». Este sería un epitafio muy adecuado para David Cameron y los dirigentes del partido conservador británico. Décadas de declive sin gloria han reducido a Gran Bretaña a una potencia de segunda en las costas de Europa. Esta desagradable verdad nunca ha sido aceptada por el ala derecha del Partido Conservador, que sueña con la restauración de Gran Bretaña a su antigua grandeza. La fanfarronada orgullosa de Boris Johnson de que el 23 de junio del año 2016 sería el «Día de la Independencia de Gran Bretaña», muestra lo alejados de la realidad que están. Ahora la realidad está a punto de darles una lección muy dura.

La clase dominante británica y sus representantes políticos de hoy no guardan relación alguna con los dueños del planeta con visión de futuro de los cuales Trotsky escribió en el pasado. Son ignorantes, estúpidos y miopes. En ese sentido, son espejos fieles de los banqueros y capitalistas incapaces de ver más allá de sus propias narices y adictos a la especulación, el cortoplacismo y el parasitismo. Estos, y no Bruselas, son los que realmente gobiernan Gran Bretaña hoy y continuarán haciéndolo mañana.

El líder del partido conservador, Cameron, tiene muchas características de la clase que representa. Al igual que sus amigos, los corredores de bolsa de la City, parece ser adicto a los juegos de azar. Pero mientras que otros especulan en acciones y valores, el líder del partido conservador juega con el destino de naciones enteras. Él hizo una apuesta muy imprudente con el referéndum escocés y ganó por muy poco. Ahora tomó una apuesta aún mayor sobre la pertenencia a la Unión Europea de Gran Bretaña y ha perdido. Las consecuencias para el Reino Unido y el Partido Conservador serán incalculables.

La primera víctima es el propio Cameron. Al igual que los nobles romanos de la antigüedad, ha caído sobre su espada en expiación por sus pecados. El líder conservador, humillado, hizo una declaración en Downing Street a las 08:15 de la mañana, momento en el cual el FTSE100 había abierto con una caída de 500 puntos – la más grande de la historia. En su discurso de despedida, dijo: «Voy a hacer todo lo posible como primer ministro para estabilizar la nave durante las próximas semanas y meses. Pero no creo que sea correcto que yo trate de ser el capitán que dirige nuestro país a su próximo destino».

Las divisiones en el Partido Conservadora

Los líderes del campo del Brexit son reaccionarios de la peor especie. A lo sumo, representan la tradicional tendencia de derecha Tory del Pequeño Inglés que siempre ha estado presente. Representa los puntos de vista y prejuicios de las bases Tory: los tenderos, coroneles retirados, agentes inmobiliarios y demás gentuza reaccionaria que en el pasado se mantuvo firmemente bajo control por parte del grupo dirigente de los grandes conservadores aristocráticos. Fue Margaret Thatcher, que provenía de esta misma capa, la que les soltó la correa.

Al igual que la dirección derechista del grupo parlamentario laborista, que está desconectada de su base obrera, los líderes del partido conservador en el Parlamento – respetables y adinerados Etonianos como Cameron y Osborne – están desconectados con las bases Tories que provienen de una clase diferente y tienen una psicología diferente.

Los dirigentes conservadores representan a los grandes bancos y monopolios, a la City de Londres, y miran hacia abajo con desprecio condescendiente a los fanáticos de derecha de sus agrupaciones del partido. Se trata de una línea divisoria que fue hábilmente explotada por Michael Gove y Boris Johnson. La gente como Gove, Thatcheristas de derechas convencidas y euroescéptico, son un reflejo más fiel de las opiniones de la base y fervientemente defienden sus principios de derecha.

Johnson y Gove habían negado en repetidas ocasiones que tuvieran ambiciones de reemplazar a Cameron como primer ministro, pero nadie les cree. Después de una campaña intensamente amarga y personalizada, las divisiones se mantendrán y se intensificarán. En un momento determinado, una escisión abierta en el partido se convertirá en una posibilidad real.

Desde el principio, la campaña del referéndum se caracterizó por la agudeza de su tono. Ataques personales virulentos se convirtieron en la norma, con los líderes conservadores lanzandose insultos y acusándose públicamente de mentir mutuamente. Estos ataques mutuos abrieron heridas profundas en el Partido Conservador, que no van a ser fácilmente curadas.

El Partido Conservador está claramente dividido en dos campos fuertemente opuestos. Por un lado, están los llamados Tories «progresistas» representados por Cameron y Osborne. Alineados contra ellos, y con un fuerte apoyo en las filas de los activistas conservadores, están los derechistas defensores del libre mercado a la Thatcher de la talla de Michael Gove y Lan Duncan Smith, ayudados por el ex alcalde de Londres, Boris Johnson. Este último es ahora candidato favorito como futuro dirigente del Partido Conservador.

Boris Johnson

Extrovertido, egoísta buscador de publicidad y antiguo alumno de Eton, Boris Johnson es un hombre con grandes ambiciones. Es un secreto a voces que ha ido acicalándose a sí mismo para ponerse en la piel del actual primer ministro, David Cameron. Habiendo dimitido de la posición de alcalde de Londres, se colocó mediante maniobras en una posición dirigente en la campaña del Brexit, que él consideraba claramente como un trampolín para el número 10 de Downing Street.

La absoluta ausencia de principios de Johnson quedó clara en un artículo de Michael Cockerell en The Guardian, el miércoles 22 de junio, en el que leemos lo siguiente:

«… Johnson se fue a su escondrijo en Oxfordshire [en febrero] para tomar una decisión. Estaba previsto que entregara su bien remunerada columna para el Daily Telegraph. Escribió dos artículos – uno defendiendo el status quo, el otro a favor del Brexit. Alguien que vio los dos borradores me dijo que el partidario de Permanecer era el más poderoso y persuasivo.

«Cuando le planteé esto a Johnson durante la campaña, el sopló y resopló.
«No sé cuál será su fuente, pero es cierto que he escribí dos artículos,» dijo. «Y el segundo decía que, con independencia de mis objeciones a la forma en que la UE estaba funcionando, con el fin de apoyar a mi partido y al primer ministro sería mejor quedarse. Y al final pensé que no era una razón suficiente».

Boris Johnson sólo conoce un principio, y ese es la carrera de Boris Johnson. Se subió al carro euroescéptico como medio de congraciarse con las bases del partido Tory y el ala euroescéptica del grupo parlamentario. Esta táctica parece haber funcionado bastante bien. Horas antes de que se anunciara el resultado, prominentes dirigentes conservadores de la campaña Brexit firmaron una carta a David Cameron para pedirle continuar como primer ministro. Esta fue una táctica calculada, diseñada para presentarse bajo una luz favorable como fieles seguidores del líder del partido. Se asemejaba a la lealtad que le mostró a Julio César su amigo Bruto poco antes de que le clavara el cuchillo.

Johnson ya ha conseguido su objetivo en esta campaña, congraciarse con el ala derecha del partido conservador y colocarse en una buena posición para tomar el relevo de David Cameron cuando éste finalmente renuncie a su posición como líder del partido en octubre. Desde ese punto de vista, un pequeño gesto de supuesta lealtad no le cuesta nada y le permite ganar más puntos en la dirección del partido conservador.

Nigel Farage

En la extrema derecha de la tendencia Brexit destaca Nigel Farage, dirigente del UKIP [Partido de la Independencia del Reino Unido] que durante años ha tratado de llevar adelante su línea xenófoba, anti-europea y anti-inmigración. Hasta hace poco, todos los políticos respetables se mantenían a una cierta distancia. Pero la campaña del referéndum de la UE lo ha colocado en el centro de la escena política británica. Esto tiene serias implicaciones para el futuro.

Un poco más de una semana antes del referéndum, Farage dio a conocer con orgullo un enorme cartel en el que se ve un gran número de inmigrantes y solicitantes de asilo – todos ellos con caras oscuras y negras – con el lema «punto de ruptura». Esta demagogia racista apenas disimulada era un burdo intento de distraer a los trabajadores de las verdaderas causas de paro y la crisis de la vivienda ¿No tienes trabajo? ¡La culpa es de los inmigrantes! ¿No tienes vivienda? ¡La culpa es de los inmigrantes! ¿La sanidad está en crisis? ¡La culpa es de los inmigrantes!

Aquí tenemos la suma total del contenido de la campaña Brexit. Todos los demás factores – la soberanía, la democracia, el fin de la interferencia por parte de Bruselas – eran totalmente accesorios en relación a este mensaje central reaccionario. Cuando se le preguntó acerca de este cartel, Michael Gove, dijo: «cuando lo vi me estremecí». Pero como un entrevistador de televisión le señaló, un estremecimiento es una reacción puramente personal que no se tradujo en ninguna acción de condena pública. Este pequeño incidente expresa adecuadamente la relación entre la gente como Gove y Farage.

El mensaje racista velado que promueve UKIP no es nada nuevo, por supuesto. Pero hay algo nuevo acerca de la forma en que este veneno, que fue considerado hasta ahora como inaceptable por los partidos políticos tradicionales, ahora se ha convertido en aceptable. Se ha introducido una atmósfera venenosa en la política británica.

El mecanismo por el cual puntos de vista anti-inmigración, xenófobos e implícitamente racistas se han vuelto aceptables es el siguiente. Nigel Farage plantea estos puntos de vista, que se acercan al racismo, de una manera más o menos abierta, aunque de una manera un poco más sutil y encubierta que el Partido Nacional Británico [BNP] y otros grupos abiertamente fascistas. Johnson y Gove no pueden apoyar abiertamente a Farage y sus opiniones abiertamente xenófobas, pero se han acercado gradualmente a él, repitiendo su mensaje de una manera astuta y solapada, mientras protestan públicamente en contra de sus «excesos».

En una entrevista en las noticias del Canal 4 le preguntaron a Farage qué pensaba del hecho de que los parlamentarios conservadores como Michael Gove y Boris Johnson, que previamente le miraban con desprecio, ahora estaban repitiendo su mensaje en contra de la inmigración. El líder del UKIP respondió que le hacía muy feliz. Cuando se le preguntó además sobre los rumores de que Boris Johnson estaría dispuesto a ofrecerle un puesto en un futuro gobierno, Farage protestó que no sabía nada de ninguna propuesta de este tipo. Pero está claro que este tipo de propuestas se están discutiendo entre bambalinas.

¿Y ahora qué?

La victoria del Brexit debería desencadenar la salida de Gran Bretaña de la UE invocando el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Pero estas son aguas desconocidas. Nada igual ha ocurrido antes, y de hecho se suponía que nunca iba a suceder. El proceso de separación será largo y complicado, empezando con un período de negociación de dos años como mínimo sobre los términos del «divorcio». Pero, como es sabido, los divorcios tienden a ser una experiencia muy controvertida y amarga, con malos modos.

Irónicamente, los defensores del Brexit dicen que esto no tiene que suceder inmediatamente. Ellos preferirían que el Reino Unido quedase fuera del bloque para las elecciones generales programadas para mayo de 2020. Sin embargo, estas decisiones no están totalmente en sus manos. En general, el campo anti-UE ha tenido una visión excesivamente optimista de cómo procederían las cosas si Gran Bretaña votara salir. Ahora vamos a ver la dura realidad de la posición de Gran Bretaña frente a frente con Europa.

La reacción de otros líderes europeos ante la decisión británica de abandonar el barco será de shock, ira y resentimiento. La idea de que Gran Bretaña podría establecer relaciones de amistad y cooperación con la UE una vez que haya salido es pura utopía. El hecho cierto es que Ángela Merkel y los demás líderes europeos no pueden permitirse el lujo de hacer ningún favor a Gran Bretaña, incluso si quisieran, lo que ciertamente no es el caso.

Ya hay cada vez más informes de un aumento general del sentimiento euroescéptico en todo el continente. Según las encuestas de opinión, el sentimiento anti-UE es más alto en Francia que en Gran Bretaña. Marine Le Pen está exigiendo un referéndum. Otros partidos euroescépticos harán lo mismo. Esto podría conducir en última instancia a la ruptura de la Unión Europea.

Por lo tanto, si Bruselas le ofreciera a Gran Bretaña un acuerdo favorable, eso animaría a otros a seguir su ejemplo. Está descartado. La clase dominante británica pronto se dará cuenta de que está a la intemperie. Y son la clase obrera y los pobres los que sentirán el cierzo más que nadie. Las predicciones del campo “Permanecer” de una severa crisis económica se basan en hechos. Se está preparando una crisis en Gran Bretaña que golpeará duramente a la clase trabajadora.

Por otro lado, pronto se demostrará que las promesas de Johnson y los otros de que por salir de la UE el país podría «tomar su control» no tienen fundamento. En las negociaciones se determinará si el Reino Unido sigue siendo parte del Mercado Único sin estar en la Unión, como es el caso de Noruega. Sin embargo, esto significaría que el Reino Unido todavía tendría que aceptar la libre circulación de trabajadores.

Otras opciones incluyen un acuerdo de libre comercio al estilo canadiense, un acuerdo bilateral al estilo suizo, o la reversión a los términos básicos de comercio que ofrece la pertenencia a la Organización Mundial del Comercio. Pero todas estas opciones requerirían negociaciones largas y complicadas, que estarán acompañadas por el aumento del desempleo y la caída de los niveles de vida.

Los partidarios del Brexit ya han señalado que esperan una crisis financiera a corto plazo. Boris Johnson intenta disipar los temores de la gente diciendo que la libra «fluctúa naturalmente». Sin embargo, la presente fluctuación está claramente en una tendencia a la baja. Y el multimillonario especulador monetario George Soros está advirtiendo que el impacto será más grande que el crash de 1992.

Estas advertencias ya se están haciendo realidad. El índice FTSE 100 de la bolsa de Londres cayó casi 500 puntos a pocos minutos de la apertura de esta mañana. La caída eliminó de inmediato unos 124.000 millones de libras del valor de las 100 mayores empresas del Reino Unido. Si se cierra el día en ese nivel, podría ser la mayor caída en un día en la historia del índice. Esta es una advertencia de lo que se avecina.

La economía británica se contraerá. La inversión empresarial caerá, al igual que los precios de la vivienda y la libra. Eso significará que los bienes importados se encarecerán, lo que llevará a un aumento de los precios. En otras palabras, la clase obrera de Gran Bretaña ha sido engañada por los defensores del Brexit, de la misma forma que también hubieran sido engañados por los partidarios de Permanecer. En cualquier caso, la clase dominante les haría pagar por la crisis de su sistema.

Repercusiones para Escocia

El resultado de este referéndum tiene enormes implicaciones para el futuro de Escocia. Se profundiza la línea de falla que separa Escocia del resto del Reino Unido. Escocia ha votado a favor de permanecer en la UE por un 62 % a un 38 % – en un voto en el que la totalidad de las 32 áreas municipales de Escocia respaldaron “Permanecer”-. La campaña “Escocia más fuerte en Europa” declaró que la amplitud de la mayoría a favor de Permanecer en Escocia fue «excepcional».

Pero este resultado planteará muchas más preguntas que respuestas en Escocia. El problema es que el Reino Unido en su conjunto ha votado Brexit – elevando así la posibilidad de que Escocia salga de la UE en contra de su voluntad. La Secretaria de asuntos exteriores del gobierno escocés, Fiona Hyslop, dijo que «se están analizando todas las opciones» con el fin de «proteger los intereses de Escocia» y advirtió que habría «consecuencias» si el Reino Unido tomara una decisión en contra de la voluntad del pueblo escocés.

La Primer Ministro, Nicola Sturgeon, dijo que Escocia había dado un «voto fuerte e inequívoco» para permanecer en la UE. La señora Sturgeon dijo que la votación había dejado claro «que el pueblo de Escocia ve su futuro como parte de la Unión Europea». Indicó que este resultado pondría en el orden del día un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia. Su predecesor como primer ministro, Alex Salmond, fue aún más enfático, diciendo que creía que ahora debe haber un segundo referéndum sobre la independencia.

Salmond dijo a la BBC: «Esto significa que Nicola Sturgeon tiene que seguir adelante con el Manifiesto, que como recordaréis dice que el Parlamento de Escocia debe tener el derecho de convocar un segundo referéndum sobre la independencia de Escocia si había un cambio material y significativo en las circunstancias, como por ejemplo si Escocia fuera arrastrada fuera de la Unión Europea contra la voluntad del pueblo escocés. Ahora eso ha ocurrido y estoy seguro de que Nicola seguirá adelante con ese compromiso del Manifiesto».

Por lo tanto, la temeraria apuesta de Cameron ha puesto una vez más en peligro el Reino Unido, que bien puede terminar con una Gran Bretaña transformada en Pequeña Inglaterra.

Implicaciones reaccionarias

La victoria de Brexit no significa un fortalecimiento de la tendencia revolucionaria o de izquierda como algunos ilusos imaginan, sino por el contrario una victoria de las fuerzas de la reacción – aunque sea temporal – no sólo en Gran Bretaña sino también en toda Europa. Los que están celebrando éste acontecimiento son Marine Le Pen, Alternativa para Alemania y otros grupos chovinistas reaccionarios y anti-inmigración. Marine Le Pen, la dirigente del partido Frente Nacional, ha exigido un referéndum en Francia, al igual que los dirigentes de extrema derecha en Holanda y otros países.

En un intento de responder al argumento de que Brexit sería un desastre económico, el otro lado intensificó la propaganda anti-inmigración. El ambiente se volvió cada vez más feo y venenoso. Sin ninguna duda esto jugó un papel en el brutal asesinato de la diputada laborista Jo Cox.

La demagogia anti-inmigración de Nigel Farage contiene un mensaje implícitamente racista y xenófobo. A pesar de sus puntos de vista anti-inmigración, sin embargo, el propio Farage no es un fascista, pero sin duda marca el paso para el fascismo en el futuro. Aunque sería totalmente incorrecto exagerar la fuerza y la importancia de las organizaciones fascistas en Gran Bretaña, que en la actualidad se reducen a sectas minúsculas, aunque virulentas, en los márgenes de la política, el tono racista apenas disimulado del lobby anti-inmigración, sin duda, crea condiciones favorables para el crecimiento de tales tendencias.

Consecuencias para el Partido Laborista

Como era predecible, los blairistas en el Partido Laborista están utilizando el voto por el Brexit para azuzar una nueva campaña contra el dirigente laborista Jeremy Corbyn. Estos diputados de la derecha laborista acusan a Corbyn de que sus esfuerzos por mantener a Gran Bretaña en la UE no fueron lo “suficientemente entusiastas”. ¡Pobre Jeremy! Si le pudieran culpar del tiempo lo harían. La derecha blairista está decidida a deshacerse de Corbyn independientemente de lo que haga.

Defendiéndose de la acusación tan repetida de que su campaña por permanecer en la UE había sido “poco entusiasta”, Corbyn declaró: “Había mucha gente que no estaban particularmente satisfechos con la UE. Lo que yo estaba tratando de explicar es que había cosas positivas que habían venido de Europa – condiciones de trabajo y protección del medio ambiente – pero que otros asuntos no se trataban de forma correcta – particularmente la desigualdad económica en Gran Bretaña… Por lo tanto expliqué que mi proyecto era que deberíamos votar por Permanecer para cambiar y reformar la Unión Europea”.

A diferencia del dirigente del partido, los blairistas en el grupo parlamentario laboristas eran totalmente entusiastas de la Unión Europea capitalista. En esto estaban totalmente unidos a Cameron, Osborne y la City de Londres. Pero estaban y están totalmente desconectados de los votantes laboristas.

Estos ricachones aventureros de clase media no entienden el ambiente de resentimiento, desconfianza e incluso odio, que sienten los trabajadores comunes contra el establishment político de Westminster – incluyendo a la derecha laborista. La realidad es que muchos trabajadores no ven ninguna diferencia significativa entre los diputados de la derecha laborista y los Tories. La campaña del referéndum ha servido para confirmar ese punto de vista, que por supuesto está bien fundamentado.

Políticamente no se puede distinguir a los blairistas del ala de Cameron en el Partido Conservador. Provienen de la misma clase social, disfrutan del mismo estilo de vida privilegiado, son miembros de los mismos clubs y tienen la misma psicología de clase. Durante la campaña del referéndum hicieron campaña hombro con hombro, sin mayor problema, con Cameron y Osborne, políticos que son odiados por la clase obrera por su política brutal de recortes y austeridad – una política que en muchos aspectos es aceptada por la derecha laborista.

El movimiento de base de apoyo a Corbyn, Momentum, publicó la siguiente declaración esta mañana:

“Reconocemos que la gente votó “Salir” por muchas razones. Gran parte de este voto refleja la rabia en comunidades que han sufrido muchos años de declive industrial con la consiguiente pérdida de empleos seguros. Muchas de estas comunidades de clase obrera han sido abandonadas cruelmente durante años por aquellos que están en el poder. Parece que millones de personas han elegido “Salir” como un voto contra la globalización desbocada que ha provocado el estancamiento o caída de los niveles de vida, mientras sube el costo de la vida. Compartimos este escepticismo ante la dominación de las grandes empresas, la austeridad y las élites distantes, ya sean británicas, europeas o globales, y compartimos la exigencia de un país en el que los trabajadores tengan control.

“Muchos votantes de “Salir” solían votar laborista o son trabajadores a los que el laborismo debería representar. Ahora el partido y el movimiento obrero en su conjunto deben mostrar al país que es el único que puede ofrecer a los trabajadores un control real sobre sus vidas, puestos de trabajo y comunidades.

“El laborismo debe demostrar claramente cómo mejorará las vidas a través de políticas que aumenten los salarios, resuelvan la crisis de la vivienda, y le den a la gente más poder de decisión en sus puestos de trabajo y en sus comunidades.

“Si no lo hacemos, no solamente no estaremos avanzando políticas que beneficien a la gente trabajadora, sino que podríamos facilitar el trabajo de la derecha populista, que culpa a los inmigrantes, y no a los poderosos, de los problemas de nuestro país. Parte de la campaña de “Salir” dio alas a estas fuerzas racistas y reaccionarias, que difunden odio y ofrecen falsas esperanzas. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para impedir que se use a los migrantes como chivos expiatorios, centrar nuestra atención en las necesidades y deseos de la gran mayoría y ofrecer un auténtico programa de esperanza para nuestro pueblo.

“Aunque salgamos de la UE, nuestro movimiento sigue siendo internacionalista. Debemos seguir trabajando con nuestros amigos, compañeros y aliados en toda Europa en la lucha común contra la austeridad, para abordar el cambio climático y construir una economía sustentable con pleno empleo para todos los pueblos de Europea”

Podemos estar de acuerdo con muchos de estos sentimientos. Pero ya es hora de que Momentum se dé cuenta de que la derecha del grupo parlamentario laborista ha declarado la guerra a Jeremy Corbyn y no descansará hasta deshacerse de él. La crisis del partido conservador, que ahora se ha profundizado como consecuencia del resultado del referéndum, pone sobre la mesa la cuestión de unas elecciones generales en el futuro próximo. La derecha va a intensificar su campaña sin cuartel para sacar a Jeremy Corbyn antes de eso.

Se abre, de manera inevitable, un período de inestabilidad política en Gran Bretaña. Ya hay voces que proponen unas nuevas elecciones generales para que diputados de ambos bandos puedan proponer sus planes para el futuro. El diputado conservador de segunda línea Jacob Rees-Mogg declaró que unas elecciones generales en el otoño no eran “imposibles”. Otros han sugerido que se celebren en marzo o junio, lo que parece más probable.

Desde la elección de Corbyn como dirigente del Partido Laborista, ha habido una campaña furiosa en los medios, con el pleno apoyo de la facción de Blair en el grupo parlamentario laborista, con el argumento de que Jeremy Corbyn “no puede ser elegido”. Sin embargo, el auténtico problema para la clase dominante es justamente el contrario. El gobierno conservador es extremadamente impopular y está escindido de arriba a abajo. El voto de ayer fue en realidad un referéndum, no tanto sobre la UE, sino sobre el gobierno de Cameron. El resultado es diáfano.

A corto plazo lo más probable es que Johnson y Gove tomen el control de la dirección del partido Tory y formen un nuevo gobierno conservador. Van a pasar a la ofensiva contra la clase obrera. En lugar de menos austeridad vamos a tener más. Muchos consideran el voto por el Brexit como el final de la austeridad, pero se van a llevar una sorpresa y se van a sentir traicionados. Esto, a su vez, provocará una reacción de los trabajadores y pondrá la lucha de clases en el orden del día de nuevo.

Si se celebran elecciones generales en esas condiciones lo más probable sería que las ganara el Partido Laborista. Esta es una perspectiva que horroriza a la clase dominante. Moverán cielo y tierra para impedirlo. Utilizando a sus títeres en el grupo parlamentario laborista, harán todo lo posible para deshacerse de Corbyn antes de las elecciones. Si no lo consiguen, es posible que los blairistas organicen una escisión en partido y se alíen al ala Cameron de los Tories. Por otra parte, no está claro tampoco que el Partido Conservador se mantenga unido.

Jeremy Corbyn afirma que no dimitirá por la derrota de la campaña de “Permanecer” de la que él no tiene la más mínima responsabilidad. La culpa recae por completo sobre las espaldas de la derecha laborista, que ha perdido toda credibilidad ante los trabajadores. Lo vimos en Escocia, donde la derecha llevó al Partido Laborista a la destrucción, y ahora lo vemos de nuevo al sur de la frontera.

Ya es hora de que Momentum clarifique hacia dónde va. Es necesario aceptar el desafío lanzado por la derecha laborista. Que Momentum empiece por lanzar una campaña por reelegir a todos aquellos diputados laboristas que constantemente se oponen, denigran y atacan al dirigente del partido, desacreditando y dividiendo al Partido Laborista y ayudando e instigando a los Tories. Esa es la única manera en que se puede llevar adelante con éxito: una renovación del Partido Laborista y presentarse como una alternativa de izquierdas con credibilidad ante el desacreditado y reaccionario gobierno conservador.

¿Qué es lo que no hay que hacer?

Hay un viejo proverbio que dice: “a un hombre que cabalga a lomos de un tigre le será muy difícil descabalgar”.

Durante la campaña del referéndum vimos desarrollarse un Frente Único. La voz dominante en este frente era la voz de la reacción abierta y sin tapujos. El mensaje descaradamente racista de Nigel Farage recibió una cobertura respetable por parte de Gove y Johnson, que a su vez recibieron el apoyo de ciertos políticos laboristas que reflejan las tendencias más reaccionarias y retrógradas, con tintes nacionalistas, que son parte de la herencia negativa que dejó el estalinismo moribundo.

A estas tendencias hay que añadir una cierta cantidad de grupos de izquierdas, algunos de los cuales se consideran marxistas, que intentaron justificar su apoyo al Brexit con todo tipo de argumentos peculiares y piruetas intelectuales. Tenemos el derecho de hacerles una pregunta sencilla y de recibir una respuesta sencilla: ¿de qué manera aumentó el nivel de conciencia de clase de los trabajadores británicos el apoyo a la campaña del Brexit? Estaríamos muy interesados en escuchar la respuesta. Pero no creemos ni por un momento que exista una respuesta positiva.

Algunos han intentado responder que la campaña del Brexit estaba dirigida contra el establishment en general y el gobierno de Cameron en particular. Este argumento contiene un grano de verdad, que sin embargo es un ejemplo de sofisma, que toma una pequeña partícula de verdad e ignora toda la masa de información que la contradice totalmente.

Es cierto que el gobierno de Cameron es odiado por la clase obrera que desea con todo su corazón asestarle golpes, debilitarlo y derrocarlo. Ese es un instinto progresista que apoyamos por completo. Sin embargo no basta con plantear la cuestión de derrotar al gobierno de Cameron. De lo que se trata por encima de todo es de quien lo va a sustituir. En este punto queda demostrada claramente la falsedad y vacuidad de los argumentos de los partidarios del llamado Brexit de izquierdas.

Si Gove o Johnson llegan a la dirección del Partido Conservador, inmediatamente intensificarían la política brutal de recortes y austeridad que lanzaron Cameron y Osborne. De hecho ya han indicado que la austeridad debe continuar, desdiciéndose de promesas que hicieron durante la campaña del referéndum. Estos son los defensores de la economía de libre mercado al estilo de Thatcher. Acelerarían la campaña de privatización de los activos nacionales, seguirían con el programa de privatización del Servicio Nacional de Salud y aplicarían todavía más ataques a los derechos de la clase trabajadora.

Después del asesinato de Jo Cox, algunos de estos izquierdistas que apoyan el Brexit se apresuraron a protestar que ellos se desasociaban del racismo y la xenofobia, y propusieron una campaña contra el racismo. Pero, ¿cómo es posible hacerlo y al mismo tiempo seguir participando en una campaña que fomenta activamente el racismo y la xenofobia? Es el equivalente político a tratar de cuadrar el círculo.

Por supuesto, no tenemos ningún tipo de ilusión acerca del papel que juegan las regulaciones de la UE cuando se trata de defender los derechos de los trabajadores británicos. Pero es totalmente cierto, como advirtió Jeremy Corbyn correctamente, que la derecha de los Tories inmediatamente utilizaría la salida de la UE como excusa para hacer una hoguera con todas las regulaciones que ellos consideran innecesarias y molestas, empezando por aquellas que regulan los límites de la jornada laboral, las tasas salariales mínimas, las pensiones, vacaciones y demás.

Cómo se puede interpretar, considerar esto como un movimiento hacia la izquierda es un misterio para todo el mundo, menos para estos tristes “marxistas” que tan entusiastamente se han sumado al carro reaccionario del Brexit. Ahora deben asumir la responsabilidad por sus actos.

¿Qué actitud deben de tomar los marxistas?

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla. Todo lo que sirve para aumentar el nivel de conciencia de clase de la clase obrera es progresista. Todo lo que tiende a disminuir la conciencia de clase es reaccionario. ¿Acaso el apoyo al Brexit aumentó el nivel de conciencia de la clase obrera británica?

El carácter reaccionario de la campaña del Brexit es claro y cualquiera lo puede ver. Se basó prácticamente por completo en la xenofobia, el sentimiento anti-inmigrante y tenía claros tintes racistas. No se basaba en apelar a la conciencia de clase sino a los sentimientos más atrasados, retrógrados e incluso reaccionarios de las capas más atrasadas de la clase obrera.

No se puede presentar de ninguna manera el hacerse eco de una campaña de ese tipo, apoyarla en cualquier forma o grado, como un intento de elevar la conciencia de la clase, sino por el contrario, constituye un intento oportunista de ganarse el apoyo de los sectores más atrasados. Pero, como explicó Trotsky, el intento de ganar popularidad a corto plazo nadando a favor de la corriente es la manera más segura de preparar el desastre para mañana.

Vamos a hablar claro. Esta era una disputa entre dos sectores rivales de la clase dominante y del Partido Conservador. Ninguno de los dos lados del argumento tiene ni un átomo de contenido progresista. Y la clase obrera ni tiene ninguna obligación de tomar partido cada vez que hay una división en la clase dominante. Al contrario.

Es cierto que hubo otros muchos factores que explican el enorme giro hacia el Brexit, que incluyó a capas significativas de la clase obrera. Existe un sentimiento muy profundo de alienación hacia el establishment y sus representantes políticos, los Tories y la derecha laborista. Existe también un sentimiento arraigado, particularmente en zonas con altos niveles de desempleo y pobreza de que “no nos representan”.

Mucha gente habrá votado ayer no tanto sobre la cuestión de si Gran Bretaña debe o no pertenecer a la UE, sino simplemente como un voto de protesta contra el gobierno Tory y sus políticas. Ese es un instinto totalmente comprensible, correcto y progresista. Sin embargo, se puede abusar, incluso de los instintos más progresistas de la clase obrera, para fines reaccionarios.

En el siglo XIX, Carlos Marx se enfrentó a una situación similar cuando había una escisión en la clase dominante británica sobre la cuestión del proteccionismo o el libre comercio. Marx estudió la cuestión y llegó a la conclusión de que aunque en principio el libre comercio era más progresista que el proteccionismo, él sin embargo recomendaba que los trabajadores se abstuvieran de apoyar a ninguno de los dos bandos en disputa. Esa es una posición de clase sólida, a la que tenemos que adherirnos en este caso.

Repito lo que dije en mi anterior artículo: “Ni la campaña del Brexit ni la de Permanecer tienen ni un átomo de contenido progresista. Ambas defienden los intereses de dos alas de la clase dominante y del partido conservador. Ninguna tiene nada en común con la clase trabajadora. No podemos asociarnos a ninguna de las dos”.

Los referéndums, al igual que las elecciones, pueden mostrarnos una parte de la historia, pero solo una parte. Son como una foto fija que revela el estado de la opinión pública en un momento dado en el tiempo. Sin embargo, es imposible tener una comprensión completa del proceso a no ser que lo examinemos en su totalidad. Al igual que las olas en el océano, estamos viendo solo la superficie. Para poder entender el auténtico significado del resultado, debemos penetrar por debajo de la superficie. Sólo si analizamos la situación por debajo de las cifras, podremos discernir las corrientes profundas que fluyen poderosamente en las profundidades de la sociedad británica.

Sólo una posición de independencia de clase podía haber cortado la espesa niebla de la confusión, explicando que la causa real del desempleo y los problemas de vivienda, es la crisis del capitalismo y los intentos de los conservadores de hacer cargar todo el peso de la misma sobre las espaldas de la clase obrera y los sectores más empobrecidos de la población.

Si Corbyn hubiera mantenido una posición principista de oposición a la Unión Europea, explicando claramente su carácter de clase, y contraponiendo una alternativa socialista e internacionalista, no hubiera habido la confusión que hemos visto entre amplias capas de la población. En lugar de eso, se redujo todo el asunto a un conflicto estéril sobre si la clase obrera estaría mejor dentro o fuera de la UE capitalista.

Todo el asunto se planteó de manera equivocada. En realidad, no hay mucha diferencia desde el punto de vista de la clase obrera entre si Gran Bretaña permanece en la UE o no. En ambos casos, la clase capitalista continuará con sus ataques contra los niveles de vida y los derechos de los trabajadores. La verdadera alternativa es llevar adelante una lucha decidida contra los recortes y la austeridad, por la transformación socialista de la sociedad en Gran Bretaña, Europa y a escala mundial. Eso empieza por la batalla por derrotar a la derecha blairista en el Partido Laborista, fortalecer a Corbyn y conseguir la elección de un gobierno laborista de izquierdas para llevar adelante este programa. Es la única esperanza para el futuro.

Londres, 24 de junio, 2016

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