15 junio, 2015

EL SITRAMSS: INTENTO DE ORDENAR EL TRANSPORTE, SIN TRANSFORMARLO

La movilidad de las personas es una necesidad dentro de la sociedad. Esta necesidad ha sido vista por algunas compañías como un negocio sumamente rentable. En el capitalismo, las necesidades humanas se sacian a través de la oferta y demanda, es decir, la capacidad adquisitiva de las personas para obtener productos y servicios.

La movilidad de las personas es una necesidad dentro de la sociedad. Esta necesidad ha sido vista por algunas compañías como un negocio sumamente rentable. En el capitalismo, las necesidades humanas se sacian a través de la oferta y demanda, es decir, la capacidad adquisitiva de las personas para obtener productos y servicios.

En El Salvador, como en muchas regiones latinoamericanas, muchos servicios y productos son ofertados en una verdadera selva, donde las grandes empresas impiden el avance de las  pequeñas. Esto es percibido en una tiendita compitiendo contra una cadena multinacional de supermercados, que obviamente pueden ofertar productos a más bajo costo, esto por el desarrollo industrial y la técnica.

El transporte en específico, es uno de los sectores económicos más segmentados del país. Los dueños de los vehículos han creado el caótico sistema que hoy existe. A principios del Siglo, existía un sistema de transporte a base del ferrocarril, que  perteneció al Estado salvadoreño, recorría grandes distancias, su principal objetivo era transportar mercancías y personas para hacer negocios, desde el puerto de Acajutla, hasta la capital, desde Santa Ana, hasta el oriente. El objetivo de ese medio de transporte no era facilitar la movilidad de todas las personas, y eso queda en evidencia en la falta de caminos en buen estado entre las poblaciones, que no eran centros de comercio, sobre todo las áreas rurales.

La necesidad de movilización de las personas fue creciendo hacia mediados del Siglo XX (1950), y esto fue visto como una oportunidad para algunas personas que adquirieron autobuses del extranjero y pusieron a funcionarlos como medios de transporte de masas, esencialmente en las ciudades, que crecían rápidamente, con los intentos de industrialización de esa época.

El sistema de transporte nació anárquicamente, sin ningún orden definido, bajo la lógica de hacer dinero de la necesidad de movilización de la gente. A medida continua el crecimiento poblacional, incremento la oferta de rutas de transporte en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS),  se definieron rutas que conectaban a los municipios cercanos con la capital. Estas rutas, fueron muy rentables para los dueños, y aprovechando la poca reglamentación estatal, su funcionamiento era de lo más simple. A los empleados no se les reconocía en un contrato legal sus derechos, el trabajo por jornal, era algo de lo más común (como en la actualidad en algunas rutas), esto ahorraba a los dueños de las unidades de transporte del pago del Seguro Social, pensiones y un salario fijo mensual.

En los primeros años del Siglo XXI, se ha agravado la situación del transporte en el país. En múltiples ocasiones hemos sido testigos de cientos de accidentes de tránsito protagonizados por conductores del transporte “publico”, por negligencia o falta de mantenimiento de las unidades, o imprudencia de peatones y automovilistas, -estas últimas suelen ser excepciones y no la regla-, o simplemente por el mal estado de las calles. Cualesquiera que sean las causas de este problema que ha dañado a cientos de personas, el problema se resume en la mala calidad del transporte en el país.

Para nadie es un secreto que en las horas de mayor tránsito, las unidades de transporte sobrecargan su capacidad, pues ya sea el interés por generar mayor ganancia, o la falta de capacidad para abastecer la demanda de transporte, (o ambas)  crea esa incomodidad de las personas, en esencia, trabajadores, cuya única alternativa es este medio de transporte. A esto sumemos la saturación vehicular en las calles, pues el espacio en la capital ha colapsado para permitir mayor expansión vial, además de la crisis de inseguridad, que golpea a los pasajeros en los buses o microbuses, así como a los conductores de estos (más de 40 asesinados este año) que se convierten en las primeras víctimas de la cadena de terror de las pandillas.

 

En el 2010, el Gobierno de Funes, inicio la construcción de la infraestructura vial para un sistema de transporte de buses articulados, que recorrería en su primera fase, desde San Martin hasta El Salvador del Mundo. Por diversas dificultades, entre ellas el financiamiento, este proyecto se atraso, y ha comenzado a funcionar parcialmente desde febrero de 2015.

El plan de ordenar el transporte en esencia es correcto, es algo necesario. Pero no puede haber un transporte ordenado, en una sociedad desordenada. Además, no es posible ordenar algo que no se controla, ni controlar lo que no posees. El proyecto se ha financiado mayormente con préstamos del Banco de Desarrollo de Brasil, (más de 50 millones de dólares), y ha sido adquirido en nombre del Estado, es decir, es deuda pública. Si este préstamo fuera para crear un sistema de transporte estatal, que daría ingresos al Estado, no hubiese ningún problema, pues fuese una inversión que se recuperaría. Sin embargo, el sistema se ha concesionado a privados, agremiados en la empresa SIPAGO.

El Gobierno de Sánchez Ceren, debería retirar la concesión a dicha empresa, asumir la propiedad del SITRAMSS (como empresa pública, algo que se hace en muchos países de Latinoamérica) y dejarlo bajo la administración de los y las trabajadores. Esto podría ser el inicio de un nuevo orden en el transporte del país, y algo que debiese extenderse a todo el territorio. De esta manera, se beneficiaría a los empleados del SITRAMSS, fijándoles un sueldo adecuado, jornada laboral y prestaciones de ley, a las y los usuarios, pues se podrían definir medidas como: El no cobro del pasaje a los desempleados y estudiantes, reducir la tarifa actual ($0.33), y permitiría invertir las ganancias en la ampliación del Sistema, mejoramiento de las calles, un servicio más eficiente, que fuese atractivo a los automovilistas, y les permitiese cambiar el costoso uso del vehículo para transportarse en el SITRAMSS.

Lucha con nosotros:

¡Por un transporte público, realmente publico!