El régimen de Bukele y el papel de los marxistas en la oposición

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Este documento fue debatido entre noviembre y diciembre al interior del Bloque Popular Juvenil (BPJ) sección salvadoreña de la Corriente Marxista Internacional (CMI) y posteriormente aprobado por unanimidad en asamblea general el 18 de diciembre del 2021. El contenido del documento da una explicación marxista del tipo de régimen en el que actúa el presidente Nayib Bukele, así también advierte de los peligros y fortalezas dentro del movimiento de la oposición que se ha venido construyendo, profundiza en el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y plantea las tareas inmediatas de los marxistas revolucionarios dentro de la oposición.

Estamos finalizando el año 2021 y es necesario reafirmar nuestra definición del actual régimen que ha desarrollado Bukele en El Salvador. Aunque en términos generales la perspectiva que teníamos en 2019 sigue vigente, es necesario discutir el rumbo y los posibles escenarios que se presentan en la situación para definir cuáles son las tareas de los marxistas en el siguiente periodo.

Empezaremos este análisis haciendo una descripción de las causas que han permitido la llegada de este demagogo al control del Estado, además de la descripción del estado de ánimo de las masas, la caracterización de su gobierno y las perspectivas de la lucha de clases en el país bajo el contexto internacional. Algunas de estas definiciones aparecen repetidas veces en nuestros artículos, sin embargo, debido a que el objetivo de este documento es educar a los nuevos camaradas que han ingresado recientemente a nuestra organización, nos vemos obligados a clarificar de dónde proviene este régimen, qué es y hacia dónde va.

Pasaron exactamente 17 años desde los Acuerdos De Paz hasta la llegada al Ejecutivo por parte del FMLN, a finales de la década de los 80 el FMLN ya había abandonado la lucha por la revolución, la firma de los Acuerdos de Paz fue el sello final de esta orientación, y pasó a una orientación de lucha exclusiva en la democracia burguesa a través del parlamento.

El año 2009 fue el culmen del apogeo del FMLN, millones de personas tras una acumulación de descontento y cansancio salieron a materializar su voto por el frente, pues la idea que reinaba en el movimiento obrero, era de que a partir de un voto masivo hacia el FMLN cambiarían radicalmente sus condiciones de vida. 

Hay diversos factores que permitieron este punto de inflexión en la historia moderna. Las condiciones de crisis a nivel internacional con el desarrollo de la crisis del 2008 y el nerviosismo en los mercados, así como también la acumulación de descontento generado por 20 años de gobiernos de ARENA. los ataques, la pobreza, el desempleo, la violencia criminal, la migración, todo esto permitió que en 2009 la clase trabajadora intentará cambiar sus condiciones de vida a través del voto al FMLN. 

El gane del FMLN significó el quiebre del control de la burguesía oligárquica y el capital financiero internacional, fue también la expresión de la toma de conciencia de las masas. Por el lado de la burguesía utilizaron al FMLN como la bota izquierda del capital, el FMLN no hizo más que administrar la crisis del capital, utilizando la táctica de conciliación de clases para evitar el estallido social. Esto sólo agravó las condiciones de miseria de la clase obrera. Abogar por la revolución socialista era en ese momento el único camino que el gobierno del FMLN debía adoptar. 

Esta es la amarga experiencia de la clase trabajadora con el reformismo de los partidos de izquierda. Durante todo este tiempo los partidos del régimen sufrieron un gran desgaste, pues ninguno de los problemas fundamentales de la clase obrera fueron resueltos. La política del FMLN se desarrolló en blanquear las instituciones del Estado, cuando de lo que se trataba precisamente era de demostrar que estas instituciones están hechas para defender los intereses de la clase capitalista, por lo tanto deben ser superadas y sustituidas por instituciones bajo el mando de la clase obrera de forma democrática. En pocas palabras, la destrucción del Estado burgués y la sustitución de éste por el Estado proletario.

La irrupción de Bukele en la escena 

La situación cambió drásticamente con el surgimiento del liderazgo de Bukele, esto fue la expresión de un giro brusco en la conciencia de las masas trabajadoras, este fue el único líder, y con bases del FMLN, que empezó a ser crítico con las decisiones de la dirección del gobierno y del partido. Utilizó, en un principio, un discurso a la izquierda de la izquierda para generar simpatías y lo consiguió. Vemos aquí el papel del individuo en la historia, cuáles han sido las condiciones tanto de la traición de la izquierda como del desprestigio de la derecha, lo que le permitió a Bukele elevarse como triunfador ante esta situación. 

Muchos intentan explicar la popularidad de este individuo con teorías superficiales como el buen uso de la comunicación, el discurso, las narrativas etc. Otros hacen uso de las teorías conspirativas para dar respuestas, la primera opción puede ser correcta hasta cierto punto, y la segunda no hace falta decir que es una total tontería. Desde la comprensión marxista afirmamos que Bukele no sería el Bukele que es sino fuese por las condiciones sobre las cuales surgió su candidatura, sin esas condiciones específicas, Bukele no sería nada en la historia.

Por sobre toda la basura que se ha tirado a las masas trabajadoras por depositar su confianza en el demagogo, destaca su memoria colectiva. Pues en su lucha por la búsqueda de una alternativa, no optaron inmediatamente por apoyar a la derecha oligárquica y asesina, representada en ARENA. Muy a pesar de todo lo que se piense ARENA, sigue siendo el partido de la burguesía que espera silenciosa y cautelosamente su próximo asalto para vengarse de la clase obrera, después del desprestigio del demagogo. Para ser más precisos exactamente, la burguesía oligárquica espera con paciencia la vuelta al control total de todo su aparato para dar una buena lección a la clase obrera. 

La configuración del régimen de Bukele 

“La gran importancia práctica de una correcta orientación teórica se manifiesta con más evidencia en las épocas de agudos conflictos sociales, de rápidos virajes políticos o de cambios abruptos en la situación. En esas épocas, las concepciones y generalizaciones políticas son rápidamente superadas y exigen su rem­plazo total -que es relativamente fácil- o su con­creción, precisión o rectificación parcial -lo que es más difícil-. Precisamente en esos períodos surgen necesa­riamente toda clase de combinaciones y situaciones transicionales, intermedias, que superan los patrones habituales y exigen una atención teórica continua y redoblada. En una palabra, sí en la época pacífica y «orgánica» (antes de la guerra) todavía se podía vivir a expensas de unas cuantas abstracciones preconce­bidas, en nuestra época cada nuevo acontecimiento forzosamente plantea la ley más importante de la dialéctica: la verdad es siempre concreta”.

Como dice Trotsky respecto a los cambios bruscos y situaciones inusuales, es imposible seguir utilizando generalizaciones como capitalismo, socialismo, democracia y revolución, antes suficientes para explicar la situación política. para explicar el régimen de Bukele, por tanto, se hace necesario aterrizar estas abstracciones y utilizar otras más específicas para concretar nuestra política e intervenir adecuadamente en el movimiento, a condición de no dejarnos arrastrar por la situación sin estar preparados para el futuro. La teoría marxista es la única capaz de poder lograr esta ardua tarea.

Para poder introducirnos en el punto vamos a empezar aclarando nuestra interpretación sobre el Estado. Para los marxistas el Estado, ya sea monárquico o burgués, no es más que una herramienta de opresión de una clase sobre otra, aunque con diferencia de forma en diferentes estadios históricos. En el esclavismo y el feudalismo, por ejemplo, las clases dominantes eran el Estado. En el capitalismo, la clase dominante retoma el Estado y lo perfecciona para su dominación y nos hace creer que es imparcial. Para nosotros el Estado no es algo que está en completa independencia de las clases, ni tampoco es un árbitro entre estas, sino un instrumento para mantener el poder de la clase dominante.

En el capitalismo se crea la apariencia de que la burguesía no es la que dirige al gobierno, sino que se dedica a los bancos y la industria. Formalmente, el Estado es independiente de las clases y los trabajadores pueden participar “democráticamente” en su administración. En realidad, la división entre la política y la economía es tan solo una apariencia formal, quien realmente mantiene el control de la sociedad sigue siendo la burguesía y el imperialismo, estos detalles aparentes son los que permiten pensar que vivimos en democracia.

En momentos de crisis agudas (contradicciones de la sociedad, agudización de la lucha de clases, crisis políticas y económicas), la burguesía en el afán de mantener su dominio, puede en determinado momento, ceder el control de la sociedad a un dictador, negándose a sí misma como clase dominante, solo con el fin de preservar su sistema y sus privilegios, pero también, y no menos importante, para concretar el aplastamiento de la insurrección. 

Para nosotros es importante no confundir los diferentes tipos de regímenes en el control del Estado. Hay que tener claro que diversas formas de gobierno o regímenes políticos pueden sucederse en un mismo sistema de producción. Así, conocemos regímenes de democracia burguesa, bonapartismo, fascismo todos enmarcados dentro de las relaciones capitalistas de explotación. Esto es importante porque los que desconocen de la teoría marxista, recurren con frecuencia a definiciones vagas para hablar sobre los tipos de regímenes. 

Por ejemplo, escuchamos en las academias y a los activistas de izquierda decir que si el Estado reprime es un estado fascista, entonces concluyen que Bolsonaro es fascista o Bukele es fascista. Pero como hemos explicado, el Estado es una herramienta de opresión que mantiene el control de la burguesía sobre la clase trabajadora, a veces de forma democrática con sus parlamentos, salas y cortes y en otras a través de la represión, pero la represión no es la característica fundamental para definir un régimen, porque en todos los regímenes ya sea democracia, bonapartismo o fascismo existe la represión de una u otra forma.

Nos interesa no confundir los tipos de regímenes que pueden desarrollarse dentro del capitalismo, y para eso debemos conocer las características más fundamentales de cada uno. 

El régimen de democracia burguesa (que comúnmente se denomina como democracia) se puede definir como un Estado donde existen los parlamentos, hay libertad de crítica, hay elecciones más o menos libres, libertad de expresión y libertad de asociación y reunión, y existe una cierta permisividad de la participación en la vida política de la clase obrera. En última instancia, gobierna la clase capitalista, pero lo hace con una fachada democrática. 

El régimen bonapartista es un régimen donde la sociedad se ha enredado en sus propias contradicciones y el conflicto entre las clases ha llegado a un punto muerto, por la tanto la burguesía tiene que ceder el control al Estado que se vuelve un juez que se eleva entre las clases, que gobierna sobre el dominio de la espada, dónde está obligado, para mantenerse en el poder, beneficiar a veces a la burguesía y otras veces apoyarse en los trabajadores, a merced de no ser derrotado, pero en última instancia, el papel que juega este régimen es el de evitar la revolución y mantener las relaciones de producción existentes, es decir, el régimen capitalista. . 

El fascismo, que es una forma extrema de bonapartismo, es un régimen que se impone a través de la violencia abierta de un movimiento de masas de la pequeña burguesía y el lumpen que se organiza con el único objetivo de aniquilar físicamente a los líderes y organizaciones de la clase obrera para evitar la revolución o la toma del poder por parte de ésta, a través de lo cual el capitalismo preserva las relaciones de producción y de propiedad capitalista y acaba con el peligro de la revolución.    

En ocasiones hemos afirmado que el régimen de Bukele tiene tintes bonapartistas, por algunas características específicas sobre el control del estado, esto nos lleva a la necesidad de analizar a profundidad el bonapartismo, más allá de lo que concretamente explicamos arriba. Vamos a usar una cita un poco extensa de Engels para dilucidar las características más profundas del bonapartismo, Engels dice: 

“La forma de esta dominación era naturalmente el despotismo militar y su jefe natural, Luis Bonaparte, era su heredero legítimo. El bonapartismo se caracteriza en su relación con los trabajadores, así como en su relación con los capitalistas, en que les impide enfrentarse entre sí. Dicho de otra manera, defiende a la burguesía contra los ataques violentos de los obreros, favorece las pequeñas escaramuzas pacíficas entre las dos clases, quitándoles a unos y a otros toda especie de poder político. No hay derechos de asociación, no hay derecho de reunión, no hay libertad de prensa. El sufragio universal,  bajo esta presión de la burocracia, hace imposible cualquier elección de la oposición; un régimen policiaco nunca antes alcanzado, ni siquiera en Francia, policiaca de por sí. Además, una parte de la burguesía, como la de los trabajadores, está directamente comprada. Una por la estafa colosal del crédito, mediante el cual el dinero de los pequeños capitalistas llega a las bolsas de los más grandes; la otra por grandes trabajos nacionales, que se concentran en las grandes ciudades, al lado del proletariado normal e independiente, a un proletariado artificial e imperial sometido al gobierno. En fin, el Bonapartismo adula la fiereza nacional con guerras en apariencia heroicas, pero en realidad son emprendidas con la autorización superior de Europa contra el chivo expiatorio común del momento y en condiciones tales que la victoria se asegura de antemano. El principal resultado que un régimen así pueda brindar a los obreros y a la burguesía es que  descansa de la lucha entre sí y que la industria se desarrolla fuertemente (si las condiciones se prestan para ello), que en consecuencia, los elementos de una nueva lucha, más violenta todavía, se crean y que esta lucha estalla en cuanto la necesidad de dicho periodo de reposo desaparece. El colmo de la estupidez sería esperar algo mejor para los obreros de un régimen que solo existe para mantenerlos en calma frente a la burguesía.”

Pero además de esta definición para una época específica, Trotsky agrega elementos importantes sobre la caracterización del régimen bonapartista. Primero dice que el bonapartismo puede surgir en momentos de un ascenso del capitalismo y sirve para desarrollar la industria nacional de un país, bonapartismo en tiempo de auge de capital, y también tenemos un bonapartismo en estancamiento o decadencia del capital, donde el bonapartismo es la antesala al facismo, o intenta contener la llegada del facismo.

También Trotsky tuvo la oportunidad de analizar el desarrollo de bonapartistas en América Latina que por las condiciones específicas de desarrollo económico no son iguales a las europeas, debido a que en el primer cuarto del siglo XX, aunque la mayoría de países de América ya habían conquistado de cierta forma su independencia, a nivel internacional se desarrolla el fenómeno del capitalismo imperialista, donde las economías americanas tuvieron que integrarse a una economía mundial para jugar el papel de abastecedores de materias primas.    

Otra de las particularidades que permiten el surgimiento de régimen bonapartistas en américa es que la penetración del capital en estos países se da en un sentido combinado, tenemos aquí el desarrollo desigual y combinado, donde unos países pueden tener islotes o centros industriales con gran desarrollo industrial similar a los capitalistas avanzados, y por otro lado un atraso en el campo, como en Argentina y otros países, e incluso había países donde existían hasta tres modos de producción a la misma vez. En estos países hay por lo menos tres fuerzas en constante lucha, por un lado la burguesía nacional, por otro el imperialismo queriendo controlar y además los oprimidos y explotados, campesinos y obreros. Lo cual marca una diferencia con los países europeos donde había dos clases concretas peleando el poder económico, por un lado los capitalistas y por otro la clase trabajadora. 

Trotsky lo explica de la siguiente manera: “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política (del gobierno mexicano, N. del T.) se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las compañías petroleras”.

Según las descripciones de Trotsky de bonapartismo sui generis en América Latina se dan los dos tipos de bonapartismo. El que utiliza y copta la independencia política de la clase obrera y de la burguesía, lo que se conoce como populismo, dando concesiones a los obreros y a la burguesía, lo que le permite de cierta forma obtener una relativa independencia del imperialismo (México con Cardenas, Argentina con Perón y Guatemala con Jacobo Arbenz) y el que se posiciona de forma violenta llegando al punto de un control militar (Tulio Vargas en Brasil y Maximiliano Hernandez en El Salvador). 

Es importante aclarar que la sucesión de estos regímenes semi bonapartistas, bonapartistas o fascistas, no depende de los intereses subjetivos de la clase dominante, sino de las condiciones materiales de la lucha de clases, la lucha abierta de la clase obrera por el poder y la defensa acérrima de la burguesía y el imperialismo para mantener el control de su Estado. Los capitalistas no son partidarios de los regímenes bonapartistas o fascistas, porque no son regímenes confiables, y solo los aceptan cuando de estos depende la salvación de su sistema. Así la clase dominante y los Estados Unidos pudo endosar el apoyo al régimen bonapartista de Martinez en el 32, el cual les salvó de la insurrección campesina, pero le quitaron el apoyo en 1944. Así también los capitalistas se vieron en la necesidad de apoyar a Hitler y a Musolini para aniquilar y aplastar a la clase trabajadora.

Con estas definiciones ya podemos acercarnos un poco a la definición política del régimen de Bukele, como vemos de cierta forma hay ciertos rasgos característicos del régimen bonapartista o tendencias que puedan madurar hacia el camino de un régimen de bonapartismo, por ejemplo: 

1. La ley de expropiaciones recientemente aprobada, que podría utilizarse como una herramienta para expropiar a ciertos capitalistas por parte del Estado. La expropiación de empresas pertenecientes antes al Estado y negocios fundamentales de la burguesía o incluso cierta parte de la banca e industria, con el objetivo de desarrollar cierta área de la industria nacional/ estatal para beneficiar los negocios locales y conseguir rentas en beneficio de la clase obrera, con el objetivo de mantener una base de apoyo que le permita una cierta independencia con respecto al imperialismo. 

2. Las tensiones entre el gobierno de Bukele y los Estados Unidos y la propaganda para realzar un contenido nacionalista. 

3. El ataque constante a la prensa, la persecución de ciertos opositores y el acoso mediático a las organizaciones sociales. Sin embargo, el simple análisis de estas características no nos puede dar una respuesta concreta del régimen, así que vamos a profundizar más. 

La crisis de la clase dominante 

Desde el 2009 a la burguesía tradicional se le ha hecho imposible gobernar a la vieja usanza, ha perdido el control de la situación, al menos en ciertas áreas del Estado burgués se le ha hecho difícil dictar las políticas que necesita. Durante todo el periodo del FMLN la burguesía mantuvo su presencia más clara a través de la Sala de lo Constitucional, aunque tras el Ejecutivo siempre estuvieron presente los intereses del sector burgués que se separó de la oligarquía económica, el mismo sector que ahora controla las decisiones del gobierno de Bukele. Así Bukele sigue gobernando para un sector de la burguesía, defendiendo sus intereses y sus privilegios. 

La situación se complica con la llegada de Bukele al Ejecutivo, el cual llega con altos márgenes de aceptación y logra desde ahí controlar paulatinamente todas las instituciones fundamentales del Estado burgués. Este cambio en el control del Estado supone una reconfiguración en la forma de cómo grupos económicos se benefician del Estado, hay un cambio de visión, de objetivos y de intereses, lo que era antes para beneficiar una oligarquía senil, hoy está siendo utilizado para un grupo económico con otros intereses nacionales e internacionales. 

Pero todos los cambios hechos por Bukele siguen estando dentro del marco del régimen burgués, saltándose algunos procedimientos en sí, pero en fin dentro del marco democrático, por ejemplo, los jueces y fiscales ni tan siquiera son elegido democráticamente, no hay un control democrático sobre ellos, no se deben más que a ellos mismos y por supuesto a la clase dominante. La ley manda a que los diputados elijan a estos funcionarios. Así la sustitución de los magistrados no ha sido un cambio fundamental del régimen, es decir, está dentro de los límites y atribuciones de la Asamblea Legislativa dentro de la democracia burguesa, aunque haya sido saltándose procedimientos. Distinto fuera que hubiesen sido disueltas estas cortes y la misma asamblea para gobernar de forma única a través del Ejecutivo. 

Entonces vemos que a Bukele le interesa aún la apariencia democrática que le da el régimen de democracia burguesa, él utiliza de forma exacta las instituciones “democráticas” del Estado burgués, éstas son ahora como lo han sido siempre una apariencia, porque todo se decide en otros lados, con otros actores y bajo otros intereses, pero se santifican con el divino voto de la asamblea de fantoche y bajo la supervisión de los títeres funcionarios y cortes del régimen. 

Claro que la derecha y la “comunidad internacional” ha puesto el grito en el cielo por esto, las alertas y demandas de la comunidad internacional no responden solo a este hecho, responden más a que Bukele no es un tipo de fiar, no es un gobernante que puede ser controlado fácilmente, y su forma de gobernar pone en peligro los negocios de las transnacionales. El capitalismo necesita de una estabilidad medianamente democrática para poder comerciar tranquilamente. Al capitalismo le es mucho más beneficioso un régimen de democracia burguesa ideal sin crisis, represión abierta y conflicto, donde la mayor parte de la clase obrera mantenga algunos mínimos derechos y la opresión de clase sea enmascarada con tintes democráticos.

Vemos una constancia del imperialismo en ejercer una defensa del “régimen democrático”, “independencia de poderes”, “Estado de derecho”, estas palabras nos parecen lógicas a simple vista, ¿Quién no quiere democracia, un Estado que garantice derechos o que el poder esté distribuido? Pero si usamos la lupa del marxismo, nos preguntaremos que en estos países donde supuestamente existe eso ¿ya no existe la explotación? ¿acaso podemos decidir que tal empresa se dedique a suplir las necesidades de la sociedad donde hacen falta, podemos decidir sobre el presupuesto estatal, podemos parar la contaminación ambiental o podemos decir que las mujeres gozan de emancipación total? por supuesto que no, en ningún país capitalista desarrollado se resuelven satisfactoriamente estas preguntas, ¿Entonces dónde está el equilibrio de poderes, la democracia, y los derechos plenos? ¡Es realmente una farsa! Donde el régimen político, independientemente de su forma, esté basado sobre la gran propiedad privada de la industria, las tierras y los bancos, no se puede hablar de democracia, solo de democracia burguesa, hecha a la medida del gran capital. 

La constitución y las leyes en los regímenes

Hoy es bastante común que las organizaciones de la izquierda se apeguen a la defensa de la constitución, creada por la oligarquía para reprimirnos, esto parece lógico cuando los mínimos derechos democráticos conquistados por los mártires están siendo amenazados paulatinamente, pero como marxistas tenemos que separar la paja del trigo, nuestra tarea debe ser explicar lo que hay detrás de cada discurso, explicar pacientemente qué hay detrás de cada idea y develar las intenciones de cada clase en ellas.

Típicamente los regímenes se deben a un marco regulatorio, constituciones, y se espera que todo gobierno actúe apegado a estas normas. Lo cierto es que tales reglas no han sido ideadas por las masas trabajadoras, sino por la misma burguesía y sirven de marco regulatorio para comerciar en un determinado país y protegen la sagrada gran propiedad privada. Si un gobierno incumple radicalmente estas leyes, pone en riesgo los negocios, crea caos y falta de confianza en los mercados, por lo tanto las grandes transnacionales, los bancos y los monopolios que tienen negocios en la región, presionarán para que se ponga orden, y para esto usan a la OEA, la ONU, el FMI, el Banco Mundial y demás agencias del imperialismo. En última instancia son los negocios y las ganancias lo único que les interesa a estos perros guardianes del imperialismo. 

En momentos de crisis económicas y políticas donde se generan pugnas y luchas corporativas entre la burguesía nacional y los diferentes imperialismo, es cuando más cambios puede sufrir el conjunto de leyes del régimen burgués, pero siempre sin rebasar las relaciones capitalistas. El Estado puede tomar diferentes formas para proteger los intereses corporativos de las facciones de la burguesía que lo controlan.

Los Estados Unidos y el régimen de Bukele

Actualmente en Centroamérica la profundización de las condiciones paupérrimas está generando gobiernos inestables, hay un ambiente convulsivo, violencia, pobreza, migración masiva, etc., por eso la presencia de los Estados Unidos se está haciendo más habitual, la idea es tener el control del territorio y evitar estallidos y gobiernos que no pueden controlar.

En Nicaragua con el gobierno bonapartista burgués de Daniel Ortega han invertido millones de dólares para poder derrocarlo, financiando rebeliones donde los únicos que pagan con la violencia sangrienta y mortal han sido los pobres. El caso de Nicaragua es importante estudiarlo porque todo esto ha sido a partir de que en 2014 Nicaragua desarrolla relaciones comerciales más estrechas con el imperialismo Chino; en Honduras parece que los norteamericanos están quitando poco a poco el apoyo a Juan Orlando Hernández y se precipitan a seducir al partido de la izquierda, al que seguramente utilizarán para mantener la situación convulsiva bajo control, sin generar cambio alguno; en Guatemala el presidente Alejandro Giammattei, aunque mantienen mínimamente el apoyo de los Estados Unidos, se tambalea en la cuerda floja.

Con todos estos elementos en la región, lo que menos quieren en El Salvador, territorio geográfica y políticamente importante, es a un tipo tan inestable como Bukele. Pero el imperialismo de los EEUU tiene complicada la tarea de recuperar al Estado salvadoreño.

Los problemas de la clase dominante para recuperar completamente el control del Estado son dos: 1. El gobierno de Bukele sigue teniendo aceptación popular 2. La derecha tradicional sigue totalmente desprestigiada y dividida para recuperar el control del aparato del Estado. Con estas condiciones no queda más que aumentar la presencia y la condena internacional a través de la prensa y las instituciones internacionales, en otros tiempos un golpe de Estado hubiese sido la primera opción, sin embargo, el proletariado actual no tolerará un golpe de Estado para imponer una dictadura civil como en Honduras, o una dictadura militar como en los 70. El apoyo que Bukele tiene entre las masas es lo que más lo protege, sin embargo, no se fía de este amplio apoyo y se prepara para el futuro, perfecciona el aparato del Estado, y restringe las mínimas garantías democráticas.

Los conflictos comerciales internacionales intensifican las tensiones entre el gobierno de Bukele y los Estados Unidos, no es descartable que pueda estrechar más relaciones comerciales con el imperialismo chino, de hecho sería un mecanismo de salvación de su gobierno que se ahoga en la deuda y la crisis económica. Esta debe ser la preocupación que tiene Washington y por lo cual están aumentando su presencia, a pesar de lo que se cree El Salvador aun siendo pequeño, es un sector estratégico en la política regional y para el comercio, una ruta importante para el narcotráfico y con la inestabilidad de la región vale más tener un aliado que un enemigo en este país, esto también frena constantemente las acciones de Washington contra Bukele, pero tarde o temprano este aparente equilibrio se romperá y la escalada de tensiones se intensificará. 

El imperialismo de los Estados Unidos que está en medio de toda crisis política internacional, se encuentra muy debilitado para imponer orden en Centroamérica, pero se están preparando para usar las fuerzas internas de la oposición de derechas en el país, para tarde o temprano imponer el orden antes que las masas estallen en un proceso revolucionario. 

Por lo tanto, estamos a expensa de los intereses de dos países imperialistas que se disputan los mercados en la región centroamericana, con la intensificación de la crisis del comercio mundial, no podemos esperar más que conflictos para controlar los mercados por parte de las dos potencias imperialistas.

Las tareas de los marxistas 

Hemos concluido que el régimen de Bukele sigue estando bajo la categoría de un régimen de democracia burguesa en crisis, aunque tenga tintes bonapartistas o tendencias en desarrollo, lo cual supone tareas concretas respecto a este punto.

Lo primero que debemos plantearnos es la defensa de las demandas democráticas, la lucha por la libertad de pensamiento, libre reunión y asociación. El imperialismo utiliza, de manera hipócrita, estas demandas para confundir a las masas, al punto en que una comprensión inadecuada de los intereses del imperialismos y ciertos elementos de la burguesía nacional organizada en ARENA o NT, nos puede llevar a creer que son nuestros aliados, por defender de una forma u otra estas demandas democráticas. La defensa de estas demandas es necesaria y debemos dar la batalla para defenderlas con total independencia de clase desde nuestro campo, del lado de las clases explotadas y sus organizaciones orgánicas: los sindicatos y organizaciones comunitarias, no debemos tener ninguna confianza en la burguesía y sus organizaciones políticas de derecha, toda nuestra confianza debe estar puesta en las organizaciones de la clase obrera y sus organizaciones tradicionales. 

A esta defensa de las conquistas democráticas debe acompañarle una agitación por más derechos democráticos, como el derecho a una vida libre de violencia para las mujeres, el derecho al aborto libre, gratuito y sin ningún tipo de restricciones, pero además vincularlas a la lucha por reinvidicaciones sociales y económicas como a mejores salarios y puestos de trabajo, vivienda, salud, recreación y ocio, la defensa del agua y los recursos naturales, la organización comunitaria y sindical contra la persecución y la represión estatal. De esta manera además nos desligamos de manera efectiva de la oposición burguesa. Solo este programa de demandas mínimas necesarias nos podrá conectar con las grandes masas de oprimidos y explotados, nuestra tarea es conectar estas demandas de manera transicional con el programa de la revolución socialista, es decir, con las tareas de la expropiación de la burguesía y las multinacionales bajo  control democrático mediante un gobierno de los trabajadores y trabajadoras. Al mismo tiempo debemos avanzar elementos anti-imperialistas del programa: Fuera la injerencia de Washington, expropiación de las multinacionales, repudio de la deuda. Esto nos permitirá delimitar cualquier intento del imperialismo de EEUU por capitalizar el descontento contra Bukele. 

En caso de desarrollarse un régimen bonapartista debemos participar activamente en la crítica desde la clase obrera, la expropiación y nacionalización de ciertas áreas de la industrias o de activos de la burguesía no es una característica propia de la revolución, en momentos de crisis los gobiernos capitalistas también pueden expropiar y nacionalizar para salvar a los capitalistas de la quiebra, o en el caso del bonapartismo para tener el control de éstos y beneficiar a los capitalistas. Ante esta situación debemos luchar por la construcción de un frente único de los trabajadores, e independiente que exija el control de la industria y activos expropiados y nacionalizados bajo el control democrático de los trabajadores, esta es nuestra postura sobre un régimen que recupera para el estado la banca, la tierra y la industria.         

Este año hemos visto ya el calentar de músculo de las clases explotadas, miles de jóvenes, estudiantes, mujeres y trabajadores que sufren la explotación en carne propia se están movilizando contra el régimen, los sindicatos están escapando del yugo que le impone el gobierno, y los resultados de las encuestas muestran rechazo a políticas concretas como la reciente política monetaria impulsada por el régimen, entre otras expresiones. Sin embargo, el movimiento por ahora carece de claridad, esta también es una batalla nuestra, debemos exponer nuestras ideas, explicar las características del régimen y advertir lo que se viene. Aclarar los intereses de cada uno de los sectores que se movilizan y los peligros de las alianzas con la derecha, ya en el pasado estas alianzas nos han pasado factura, cuando las masas intentaron imponer su gobierno a través de las urnas fue la burguesía quien impuso su propio gobierno, ahora el peligro es que un movimiento de masas capaz de derrocar a Bukele sea cooptado nuevamente por el imperialismo, esto debe estar claro entre el movimiento revolucionario, la clase obrera debe avanzar independiente de las clases opresoras.

Solo un movimiento fuerte y preparado puede evitar procesos similares, las masas buscarán una respuesta revolucionaria para combatir a Bukele, es nuestra tarea ayudar a proveerles estas respuestas y construir, junto a las masas trabajadoras, la herramienta que sirva para la lucha revolucionaria. Esta es la razón y ser de los marxistas revolucionarios, preparar el partido dirigente de la revolución, quien crea que esto no es primordial, no se puede llamar a sí mismo marxista revolucionario.  

Bloque Popular Juvenil, 18 de diciembre 2021  

  

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