20 mayo, 2017

El proceso revolucionario de 1944 y la huelga general

El 2 de diciembre de 1931 se realizó un golpe de Estado en contra del presidente Arturo Araujo, el cual fue de­rrocado y sucedido por el General Maximiliano Her­nández Martínez quien tomó el poder el mismo día. Tras la masacre de 1932, donde más de 30 mil trabajadores en su mayoría campesinos perdieron la vida, quedó claro que el mandato de Martínez se basaría en la explotación de los indígenas y de los frentes comunistas, ya que éste simpatiza­ba con los terratenientes, buscaba generar la transmisión de valores burgueses, y reconstruir una economía pre-capitalis­ta y de jerarquización de clases. Este ataque al movimiento revolucionario tenía el objetivo no solo de derrotar la insu­rrección sino también de dar una lección a las masas para que la revolución no levantara cabeza durante décadas. Sin embargo, fue la incapacidad del sistema de dar estabili­dad a la población salvadoreña y la re­presión del martinato lo que encendió nuevamente la llama de la revolución, 12 años después de estos hechos.


El 2 de diciembre de 1931 se realizó un golpe de Estado en contra del presidente Arturo Araujo, el cual fue de­rrocado y sucedido por el General Maximiliano Her­nández Martínez quien tomó el poder el mismo día. Tras la masacre de 1932, donde más de 30 mil trabajadores en su mayoría campesinos perdieron la vida, quedó claro que el mandato de Martínez se basaría en la explotación de los indígenas y de los frentes comunistas, ya que éste simpatiza­ba con los terratenientes, buscaba generar la transmisión de valores burgueses, y reconstruir una economía pre-capitalis­ta y de jerarquización de clases. Este ataque al movimiento revolucionario tenía el objetivo no solo de derrotar la insu­rrección sino también de dar una lección a las masas para que la revolución no levantara cabeza durante décadas. Sin embargo, fue la incapacidad del sistema de dar estabili­dad a la población salvadoreña y la re­presión del martinato lo que encendió nuevamente la llama de la revolución, 12 años después de estos hechos.

 

El Partido Comunista de El Salva­dor (PCS) a 2 años de su fundación ya estaba en medio de una insurrección y después de 1932, prácticamente des­apareció, fueron asesinados casi todos sus militantes y miles de simpatizantes. Se usaron métodos brutales para contener a la clase obrera como la cárcel, la tortura y el ase­sinato. En ese contexto tuvieron fuerte eco los métodos ultraizquierdistas con conspiraciones aisladas, síntoma de desesperación. Si en 1932 el proletariado y el campesinado salvadoreño se encontraron con un partido inexperto, en 1944 se encontraron con un partido casi disuelto.

 

El 2 de abril de 1944 se dio un golpe de Estado por parte de militares, en alianza con civiles, que fue derrotado des­pués de tres días de combate. Tenían el objetivo de derro­car y asesinar a Hernández Martínez. Las masas vieron en este golpe de Estado un intento de salir del martinato. Se dio una manifestación de por lo menos 500 personas pidien­do armas a los rebeldes para ayudar a derrocar a Martínez.

 

Luego del fallo de este golpe de Estado, Maximiliano Hernán­dez hizo pagar caro a los golpistas, quienes en todo momento se negaron a recurrir a la movilización de las masas y a su armamen­to, como la única forma de corregir los errores de la mala plani­ficación del golpe. Por el contrario, recurrieron a la embajada de EEUU quien les negó el apoyo. Miguel Mármol calificó a los dirigentes golpistas de abril de cobardes, traidores e ingenuos.

 

Mayo 1944, Huelga de Brazos Caídos

La “revolución” de abril abrió el camino para una verda­dera revolución. La idea de derrocar a Martínez se incrustó en la mente de las masas, los estudiantes iniciaron la agita­ción y llamaron a una “Huelga general de brazos caídos”, las masas dieron una heroica demostración de lucha re­volucionaria sin contar con una dirección. El movimiento estudiantil mostró cual es el verdadero camino a seguir: vincularse a la clase obrera con sus métodos en las movi­lizaciones de masas. La huelga iniciada el 2 de mayo co­mienza en las universidades y se extiende a las fábricas.

 

El Gobierno militar quiso aplastar la huelga por medio de la violencia, pero no tomaron en cuenta que no es lo mismo enfrentarse a un grupo de militares que apenas con­siguieron tomar control del telégrafo, alguna estación de radio y algunos cuarteles, que combatir a la clase obrera en su conjunto que es la que hace que funcione la socie­dad. Una huelga general pone el tema del poder sobre la mesa, aunque por sí sola no lo resuelve.

 

Salvador Cayetano Carpio, señalaría en el cuaderno de formación Nº 1 de las FPL: “El Partido Comunista Salvadoreño, durante los 13 años posteriores a 1932 ha­bía estado organizado en mínima escala, sin células, sin funcionamiento verdadero, apenas con algunos supervivientes de 1932 que tenían mucho sacrifi­cio y abnegación, pero con el partido casi deshecho. Hasta cer­ca de 1942 empezó a conformarse nuevamente una especie de Comité Central, más que todo unidos por las casualidades”.

 

Ante el vacío de una buena dirección, el PCS pudo haber dado un vuelco al proceso si hubiera mantenido en primera instancia una independencia de clase, que pudo significar la toma del poder por parte de los trabajadores, es decir ir más allá del carácter democrático burgués de este contexto; esto hubiera significado un enorme paso adelante generando un proceso revolucionario irresistible en toda Centroamérica. Ahí se evidenció nuevamente que “la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de su dirección”. Esto nos denota la necesi­dad de una formación política constante para la preparación de una dirección basada en la teoría marxista, enfocada en un programa y tácticas verdaderamente revolucionarias con el objetivo de instaurar el socialismo.

 

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