24 septiembre, 2020

El marxismo y la ciencia moderna: Dialéctica de la naturaleza

Publicamos aquí la transcripción de la charla que Ben Curry, de la CMI dio en la Universidad Marxista Internacional el 26 de julio de 2020 sobre la dialéctica de la naturaleza


TRANSCRIPCIÓN

Ben: Este año se cumple el bicentenario del nacimiento de Federico Engels, el gran colaborador y compañero de Karl Marx. A Engels se le ha considerado, un poco injustamente, como un segundón a la sombra de Marx. Esto se debe en gran medida a la modestia del propio Engels, que siempre resaltó el papel destacable e insustituible de su camarada. Sin embargo, a pesar de su modestia, Engels aportó toda una serie de contribuciones enormes en varios terrenos.

Mientras Marx dedicaba años elaborando su gran obra El Capital, en el que analizó profundamente el modo de producción capitalista, Engels escribió muchas obras en las que aplica el mismo método fundamental que Marx a una gran variedad de campos.

Escribió La Guerra Campesina en Alemania. Después de la derrota de la Revolución de 1848 en Alemania, hizo un análisis de esa revolución. Escribió una muy famosa obra titulada El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, sobre la transición a la sociedad de clases. También tenía preparado un libro sobre la historia de Irlanda, aunque desafortunadamente no llegó a escribir más que el material preparatorio y los primeros capítulos.

Pero también escribió libros en los que expone claramente la filosofía del marxismo y se interesó particularmente en las ciencias naturales. Escribió extensamente sobre la ciencia en textos como Anti-Dühring, y en el manuscrito inacabado, La Dialéctica de la Naturaleza.

Y en este manuscrito, Engels explica que para él y Marx, la dialéctica no era algo que simplemente se habían inventado, sino que era algo que debía descubrirse a través de la naturaleza. En La Dialéctica de la Naturaleza, Engels lo describe de la siguiente manera:

“Las leyes de la dialéctica se abstraen, por tanto, de la historia de la naturaleza y de la historia de la sociedad humana. Dichas leyes no son, en efecto, otra cosa que las leyes más generales de estas dos fases del desarrollo histórico y del mismo pensamiento.”

Engels no hizo distinción entre las leyes que gobiernan el pensamiento humano, o la lógica, y las leyes de la naturaleza en sí. Nosotros como materialistas consideramos que todo lo que existe es materia en movimiento. Así que la sociedad, los pensamientos, y la mente humana forman parte de este universo material y se relacionan con el resto de la naturaleza como una parte del total. Y así, para nosotros, como marxistas, las leyes que gobiernan la sociedad humana y las leyes que gobiernan la mente humana son simplemente un caso específico, en realidad, de las leyes más generales de la naturaleza y de la materia en movimiento.

Ahora bien, al hacer tal afirmación, algunos detractores del marxismo, y en particular detractores de Engels, consideran que Engels cometió un error. Piensan que Marx tenía razón al aplicar el método dialéctico a la sociedad humana y al pensamiento humano, pero al extenderlo a la naturaleza, creen que Engels básicamente convirtió el marxismo en un dogma, en un artículo de fe. Estoy pensando en los supuestos marxistas como Althusser y Lukacs en esta categoría. Estos nos presentan al “Marx bueno” y al “Engels malo”, y básicamente responsabilizan al “Engels malo” por el estalinismo y por haber transformado el marxismo en dogma.

Pero además de ser una explicación idealista del ascenso del estalinismo—ya que no fue una mala idea lo que condujo al ascenso del estalinismo, sino el aislamiento de la Revolución Rusa y su entorno por potencias imperialistas hostiles—este punto de vista es un retroceso, básicamente, del materialismo hacia el punto de vista del idealismo. Estos pensadores plantean que la dialéctica puede aplicarse al pensamiento, pero que estas leyes no tienen nada que ver con las leyes generales del movimiento de la materia, y que por lo tanto hay que separar las leyes del pensamiento de las leyes de la materia. Es una retirada del materialismo.

Como marxistas, no podemos ser indiferentes a las bases filosóficas, si se quiere, de la ciencia, y ante las luchas filosóficas que se dan en los distintos campos de las ciencias. A través de la historia de la humanidad, la ciencia y la filosofía mismas han sido campos de batalla importantes en la lucha de clases. Esto es algo que Engels, en particular, comprendió muy bien.

Para la burguesía revolucionaria, la ciencia fue una de las armas con las que realmente luchaba contra el antiguo sistema feudal. Era necesario para esta clase burguesa revolucionaria, no solo aplastar las dictaduras de las monarquías feudales, sino también aplastar la dictadura espiritual de la Iglesia, que dominaba las mentes de las masas de Europa.

Y esta lucha se desarrolló en una serie de etapas, correspondientes aproximadamente a las etapas de desarrollo de la burguesía como clase, y de su lucha contra el feudalismo. En primer lugar, con el surgimiento del capital comercial, hubo un aumento mucho mayor en el comercio internacional y, al mismo tiempo, por supuesto, mayor intercambio de información intelectual con el surgimiento de los primeros capitalistas comerciales. En los siglos XII y XIII, se vio la fundación de una poderosa federación de ciudades comerciales: la Liga Hanseática en el norte de Europa, y a la vez la fundación de las primeras ciudades-estado italianas en el sur de Europa. Fue en este tiempo que las grandes universidades colegiadas comenzaban a surgir y exigir cierto margen de maniobra dentro de la sociedad feudal y el derecho a ejercer una cierta libertad de pensamiento.

Y aquí vemos un ejemplo de la dialéctica en la práctica, de cómo las cosas se convierten en sus opuestos. Estas universidades se formaron originalmente como escuelas de los monasterios de Europa, por lo que su función original fue precisamente formar una nueva generación de clérigos que iban a ser el soporte ideológico para justificar y defender el sistema feudal. Pero con el enriquecimiento creciente de la clase burguesa, comenzaron a acoger cada vez más estudiantes de esta clase burguesa en ascenso.

Hubo una serie de otros desarrollos, que estimularon el avance de la ciencia hacia el final de la Edad Media. La conquista de la Hispania musulmana y las Cruzadas en Oriente revelaron a la Europa cristiana que estaban en un nivel cultural muy por debajo del mundo islámico. Mientras en Europa occidental, el griego antiguo como lengua había sido casi completamente olvidado, los conocimientos de los griegos antiguos, se habían conservado entre los musulmanes y ahora, por primera vez, regresaban a Europa. Los textos griegos antiguos se habían traducido al árabe y también había refugiados que huían de la caída de Bizancio y traían consigo los textos griegos antiguos originales. Y esto abrió un mundo completamente nuevo. Se abrió un panorama completamente nuevo a los intelectuales de Europa.

Pero la Revolución Científica debe mucho, en realidad, al desarrollo de la industria en las ciudades. De hecho, Engels señala que en muchos casos, la ciencia le debe mucho más a la industria de lo que la industria le debe a las ciencias. Se proporcionó material nuevo para las ciencias, por ejemplo, con la lente pulida que estimuló el desarrollo de la óptica y más adelante condujo al desarrollo de la astronomía y de otros campos.

Los descubrimientos en la industria también llevaron a muchos efectos indirectos en la ciencia. Por ejemplo, la invención de la imprenta en Alemania en el siglo XV fue un punto de inflexión clave para la biología humana, dentro de la anatomía, porque permitió por primera vez que los dibujos de disecciones se imprimieran en grandes cantidades en libros de texto con mucha precisión, mientras que anteriormente tenían que copiarse a mano, y por lo tanto se introdujeron todo tipo de errores en los libros de texto en Europa.

Esto abrió el camino, por ejemplo, en el siglo XVI, al gran descubrimiento de William Harvey de la circulación de la sangre, y a otros descubrimientos anatómicos de personas como Miquel Servet, quien en realidad fue quemado en la hoguera por Calvino, así que no fue solo la Iglesia católica quien persiguió a los científicos.

En su forma más temprana, la ciencia se desarrolló en la forma inmadura del escolasticismo medieval. Mientras se desarrolló dentro de su caparazón anticuado, la ciencia se vio obstaculizada en su desarrollo. En palabras de Tomás de Aquino, bajo el feudalismo, la filosofía (y la filosofía natural) era la doncella de la teología. Sirvió para glorificar el bien mayor de la creación de Dios, esencialmente. Ese fue el papel que jugó la ciencia en la época feudal.

Solo sería mediante un desafío revolucionario a la iglesia y a su dominio sobre la mente de la gente que la ciencia pudo ser realmente liberada. Y finalmente, salió de ese caparazón en una revolución que en realidad fue iniciada por Copérnico desde su lecho de muerte cuando declaró que la propia Tierra se mueve, lo cual destrozó por completo la antigua cosmología feudal que colocaba a la Tierra en el centro del universo, el centro de la creación de Dios, y que decía que los cielos eran esferas inmortales e inmutables de perfección, que era donde Dios residía. Este concepto se destrozó por completo. Rompió un pilar ideológico de la época feudal.

La revolución científica tiene que ser considerada, como parte integral de las grandes revoluciones burguesas. Y como parte de esa oleada de revoluciones, también aportó un gran número de mártires, sacrificados por la liberación de las mentes humanas de la iglesia y de la dominación del misticismo. He mencionado a Servet, además tenemos el ejemplo de Galileo Galilei, que sufrió persecución durante toda su vida por su adhesión al copernicanismo, y otros como Giordano Bruno que incluso fueron quemados en la hoguera por la Iglesia.

Pero una vez que se liberó de los grilletes de la teología, la ciencia comenzó a dar pasos gigantescos hacia adelante. Esto también tuvo su efecto en la filosofía predominante de la época. Comenzó a afectar la forma en que las personas veían el mundo y veían su relación con el mundo. En Inglaterra, esto se reflejó en el surgimiento del materialismo filosófico representado por personas como Bacon, Locke y Hobbes. Y cuando este materialismo fue importado nuevamente por Francia, se convirtió en un arma revolucionaria en manos de los materialistas franceses del siglo XVIII, que también introdujeron la ciencia para reforzar ese materialismo que utilizaron contra el antiguo régimen y todo lo que representaba.

Engels describió la revolución científica como «la más grandiosa transformación progresiva que la humanidad había vivido hasta entonces, una época que requería titanes y supo engendrarlos; titanes, por su vigor mental, sus pasiones y su carácter, por la universalidad de sus intereses y conocimientos, y por su erudición.”

Comparemos esta imagen ahora con la imagen de la ciencia de hoy en día. Voy a citar de la revista Scientific American de un artículo de noviembre de 2019, escrito por un colaborador de esa revista. El artículo se titula «Jeffrey Epstein y la decadencia de la ciencia». Es una cita larga, pero no creo que hubiera podido pintar más vívidamente el cuadro del grado de degeneración de la ciencia con la degeneración de la propia sociedad burguesa. Dice lo siguiente:

«Me temo que la ciencia ha entrado en su fase decadente. Abundan las señales de su declive. Primero, como he señalado, la productividad de las ciencias aplicadas se ha desplomado en las últimas décadas. Los esfuerzos en las investigaciones están aumentando sustancialmente mientras que la productividad de las investigaciones disminuye drásticamente.»

Los camaradas sabréis que hemos hablado muchas veces sobre cómo el capitalismo, en general, está sufriendo una crisis de productividad. Continúa:

“Luego hay una crisis en la reproducción de resultados. El hecho de que muchas afirmaciones publicadas en revistas con revisión por pares no se puedan reproducir. La ciencia se ha vuelto menos confiable porque se ha intensificado la competencia entre los investigadores por publicaciones, becas, puestos de trabajo permanente y otras recompensas. A medida que los investigadores tienen más dificultades para generar resultados útiles, se vuelven cada vez más desesperados y propensos al sesgo de confirmación y al fraude.»

A continuación lamenta el hecho de que dentro de las ciencias ha habido un retroceso total del materialismo. De muchas maneras, consciente o inconscientemente, el materialismo forma la base filosófica de toda la ciencia e investigación científica auténticas. La ciencia está impulsada por la idea de que existe un mundo material, es independiente de nosotros y puede ser investigado y comprendido de manera eficaz. Pero así es como el artículo de Scientific American describe la situación:

«Las llamadas ciencias puras tampoco son tan puras. Físicos prominentes persisten en promover ideas ostentosas pero no confirmables, como la teoría de cuerdas, la teoría inflacionaria, las teorías de multiversos y el principio antrópico».

El principio antrópico es básicamente la idea de que el universo es como es porque lo observamos. Es un regreso al idealismo subjetivo, básicamente, y es una idea que se toma en serio en la cosmología. Y prosigue:

«En la ciencia de la mente, los teóricos abogan por modelos basados ​​en la mecánica cuántica y la teoría de la información que hacen de la conciencia un componente fundamental de la realidad. Como el principio antrópico, estas teorías de la mente y del cuerpo reflejan nuestra insistencia narcisista de que somos fundamentales para el cosmos.»

Luego describe el escándalo de Epstein, que implicó a numerosos científicos que acudieron en masa a sus fiestas y estaban muy ansiosos por recibir becas de investigación de Epstein. Pero el autor pregunta si acaso esto es peor que los científicos que reciben dinero del Pentágono o de los hermanos Koch, o de cualquier otro multimillonario u organización corrupta. Finalmente, aunque este autor es un escritor científico, no es comunista, sin embargo, invoca a Karl Marx, nuestro viejo amigo. Dice:

«En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels reconocieron que el capitalismo había logrado avances extraordinarios en las artes y las ciencias. Pero Marx profetizó que el capitalismo, al devaluar todo excepto las ganancias, inevitablemente se autodestruiría, arrastrando al resto de la cultura burguesa abajo con él.»

Aquí lo hemos oído de primera fuente. Este no es uno de nuestros artículos, sino de los propios escritores científicos y de los periodistas de divulgación científica. Y muestra que la burguesía está completamente sumergida en el pesimismo. Ya no ven un camino a seguir y han perdido la confianza en sí mismos, han perdido la confianza en su sistema y han renunciado a la idea del progreso.

Y como le dieron la espalda a la idea del progreso en general, también le dieron la espalda al concepto del progreso científico. Su alejamiento de la realidad también se ha reflejado en un alejamiento de la realidad en las propias ciencias, aunque esto, por supuesto, solo pinta la mitad del cuadro. Quiero decir, hay muchos científicos que son completamente conscientes de la crisis del capitalismo y que incluso están luchando para derrocar al capitalismo. Y hay muchos científicos que están comprometidos de una forma u otra, y en un campo u otro, en una lucha de retaguardia contra la invasión del misticismo y el idealismo.

Pero esta crisis de las ciencias muestra por qué los científicos mismos necesitan una filosofía consciente, no solo para guiarlos en la lucha contra la usurpación de este misticismo, sino también para atar esta lucha por la preservación de las ciencias, para el futuro de las ciencias, a la clase revolucionaria en la sociedad, al derrocamiento del capitalismo y a la revolución socialista.

En La Dialéctica de la Naturaleza, Engels apunta al hecho de que la mayoría de los científicos no tienen una filosofía consciente, en realidad. Y si miramos lo que presentan como filosofía en los campus universitarios, y aún peor, lo que presentan como filosofía de la ciencia en los campus universitarios, apenas se puede culpar a quien rechace la filosofía, cuando se trata de la basura posmoderna y este tipo de cosas. Pero a pesar del hecho de que la gente a menudo considera a los científicos como unos genios que visten batas blancas y que son inmunes a los prejuicios del resto de la sociedad, los científicos mismos son seres humanos y es tan probable que se infecten con esos prejuicios como cualquier otra persona. Sin una filosofía consciente, los científicos simplemente tomarán en cuenta los fragmentos de filosofía que encuentren flotando en la sociedad que los rodea.

Ahora, solo os daré un ejemplo de un prejuicio popular y generalizado, que se expresa de una manera vulgar en la sociedad, y que simplemente aparece de una forma más refinada dentro de las ciencias. La mayoría de los camaradas habréis escuchado en algún momento, cuando planteamos la necesidad del socialismo, el argumento: «¿Pero qué hay de la naturaleza humana?»

Y en el mismo planteamiento de la pregunta, ya sea consciente o no, existe un prejuicio filosófico profundamente arraigado en la base. Dice que hay una naturaleza humana permanente e invariable, y esto no es simplemente, en realidad, una declaración sobre la sociedad. Esta es una declaración sobre las ciencias. Es una declaración sobre nuestra biología. Es imaginarse, en primer lugar, que la sociedad misma no es más que la suma de sus partes. La sociedad está formada por una colección de individuos humanos y la naturaleza de esa sociedad está determinada por la naturaleza de los individuos. Entonces, la naturaleza humana determina las relaciones sociales y todo lo demás que tenemos a nuestro alrededor. Y el individuo, a su vez, no es más que la suma de sus partes. No son más que la expresión directa de sus genes y actúan por necesidad genética. Entonces, si vemos la guerra, el racismo, el nacionalismo, la economía de mercado, la dominación de Amazon en la sociedad que nos rodea, es de suponer que todos estos se encuentran en algún lugar de nuestra genética.

Pero entendemos, como marxistas, que el rasgo distintivo de los seres humanos como especie es que no tomamos simplemente la naturaleza como es. Cultivamos la naturaleza, manipulamos la naturaleza para que sirva a nuestros fines. Esto es precisamente lo que nos diferencia como seres humanos del reino animal. Pero en el proceso de satisfacer nuestras necesidades, creamos nuevas necesidades, y nuevos medios para satisfacerlas. Creamos nuevas organizaciones sociales, nuevos modos de producción de manera que la sociedad humana nunca llega a tener una forma acabada. Y como materialistas, entendiendo que son las condiciones materiales las que forman nuestra conciencia, al cambiar constantemente nuestras condiciones materiales, nuestra organización social, estamos cambiando constantemente nuestra conciencia. Estamos cambiando constantemente nuestra naturaleza humana.

Entonces nuestra naturaleza ha pasado por numerosas transformaciones. Hubo un tiempo en que la esclavitud en la antigua Grecia y la antigua Roma se habría considerado tan natural como los economistas burgueses consideran la economía de mercado actual. Y, sin embargo, a pesar de lo que he dicho, en campos como la sociobiología y la psicología evolutiva, el argumento de la naturaleza humana básicamente encuentra el apoyo de científicos respetados.

Así que solo para dar una cita del biólogo Richard Dawkins, esto es de su libro “The Selfish Gene” (El Gen Egoísta), del año 1976. Dice lo siguiente:

«Es concebible que el prejuicio racial pueda interpretarse como una generalización irracional de una tendencia elegida por parientes a identificarse con individuos que se parecen físicamente a uno mismo y a ser desagradable hacia los individuos de apariencia diferente».

Basta el mínimo conocimiento de la historia del racismo y de las nacionalidades para comprender que estos conceptos de raza y nación sólo son tan viejos como el capitalismo. No han existido durante toda la historia de la humanidad y, sin embargo, aquí se les atribuye una base genética. Creo que no falta señalar lo reaccionarias que son, en realidad, las conclusiones que surgen de esta perspectiva, o el grado en que encaja, obviamente, con la ideología de la clase dominante, de la burguesía, que, particularmente desde el colapso de la Unión Soviética, han estado yendo a la ofensiva contra cualquier idea de que exista otro sistema posible que no sea el capitalismo. Este sistema es el más natural, corresponde a la ley de la selva, y está esencialmente en nuestros genes y por lo tanto, el mensaje es de rendirse ante el sistema.

Con esto los burgueses expresan una perspectiva filosófica que plantea que el cambio en sí mismo es imposible, o bien como es más común afirmar hoy en día, si hay posibilidad de cambio, sólo es en forma de decadencia, desintegración, retroceso: solo pueden suceder cosas malas con el cambio.

El marxismo, en primera instancia, es ante todo una filosofía del cambio y un método para analizar la historia social y natural. Entonces, contrariamente a la filosofía burguesa, o la filosofía dominante, ve todo como en un proceso constante de desarrollo y de cambio—este es el método de dialéctica al que me refiero, la filosofía del marxismo. Y en contraste con este reduccionismo genético, esta visión muy mecánica del mundo, el marxismo no reduce los fenómenos simplemente a la suma de sus partes, sino que los entiende como algo más que la suma de sus partes. Ve las cosas en su interconexión, que el desarrollo tiene lugar a través de esta especie de proceso constante del todo interconectado en sus partes.

Y esta no es una idea especialmente nueva. Esta era una idea que conocían los antiguos griegos y fue resumida de la siguiente manera por un filósofo llamado Heráclito. Se le conocía como Heráclito el Oscuro porque escribió muchos aforismos y otras cosas que eran bastante difíciles de penetrar y comprender, pero creo que el siguiente aforismo tiene sentido cuando reflexionamos un poco sobre él. Él dice: «Todo es y no es si todo está en proceso de cambio». Ahora, creo que es una declaración bastante curiosa. ¿Cómo puede todo ser y no ser al mismo tiempo?

Esto desafía lo que, supongo, llamaríamos sentido común. El sentido común dice que todo es o no es. Yo soy yo. No soy alguien más. Un kilo de azúcar equivale a un kilo de azúcar. Y, por supuesto, la naturaleza humana es la naturaleza humana. Pero para darle a este sentido común su nombre adecuado, es lo que llamaríamos la lógica formal, y claramente tiene cierta aplicabilidad. Quiero decir, si tengo mi kilo de azúcar cuando estoy en el supermercado, no voy a ponerme a discutir con el asistente de caja si tiene unos gramos menos o unos gramos más. Pero, por supuesto, al examinarlo más detenidamente, veríamos que esa lógica empieza a fallar. Un kilo de azúcar en realidad nunca equivale simplemente a un kilo de azúcar. En un examen más detenido, se verán los límites de estas categorías fijas.

Y la biología moderna, en particular, está repleta de ejemplos en los que las categorías estáticas fijas se rompen por completo. Durante milenios, por ejemplo, el sentido común nos informaba que las especies son esencialmente estáticas. Una especie es lo que es. Un perro es un perro. Un gato es un gato. Un pájaro es un pájaro.

Hay que reconocer que los antiguos griegos tenían una anticipación correcta, ya que su pensamiento estaba conformado por la dialéctica, de que en realidad las especies no eran tan estáticas. Anaximandro, por ejemplo, de hecho tenía una teoría de la evolución y planteó que los seres humanos descendían de los peces, lo cual era una anticipación correcta. Pero, por supuesto, los antiguos griegos estaban en un nivel técnico mucho más bajo del que tenemos hoy, y no tenían los medios para desarrollar este concepto dialéctico con un contenido científico, con toda la riqueza de los descubrimientos de la ciencia. Básicamente, sólo tenían sus mentes, y esto fue una conjetura ingeniosa.

El resultado fue que la dialéctica fue olvidada en su mayor parte durante varios milenios hasta que fue redescubierta en los siglos XVIII y XIX, pero esta vez de una manera más desarrollada con un contenido científico mucho más rico, por personas como Hegel, Marx y, por supuesto, Engels en su Dialéctica de la Naturaleza. Entonces se puede decir que la historia de la dialéctica misma, la historia de la ciencia, también ha seguido un proceso dialéctico del desarrollo.

Volvamos a la cuestión de la evolución. He dicho que un pájaro es un pájaro, pero en ese caso, ¿qué es un Archaeopteryx? Bueno, en primer lugar, es una especie extinta que desapareció hace decenas de millones de años. Pero para describir algunas de sus características, tenía plumas y podía volar de manera muy parecida a lo que pensamos como la mayoría de las aves, aunque, por supuesto, no todas las aves pueden volar. Probablemente podía volar, supongo. Pero tenía una cola huesuda y una mandíbula con dientes e incluso garras en sus extremidades anteriores, lo cual es bastante inusual para un pájaro. Entonces la pregunta: ¿era un pájaro o era un dinosaurio terópodo? No hay una respuesta fácil a esa pregunta. Era y no era un pájaro al mismo tiempo.

Incluso el virus desafía la categorización de ser vida o no vida. Es capaz de replicarse—como hemos descubierto a un costo en el período reciente—de una manera muy parecida a la vida, pero no tiene un metabolismo independiente, a diferencia de todas las otras formas de vida. Entonces, en cierto sentido, es y no es vida al mismo tiempo. Es una contradicción.

Y la dialéctica resuelve esto diciendo que precisamente la contradicción es parte del movimiento. Cuando ves las cosas en su movimiento, la contradicción es parte de su existencia. No intenta eliminar la contradicción, en ese sentido. Los organismos individuales, las especies y los grupos de especies precisamente están surgiendo y desapareciendo. Toda materia está constantemente en un proceso de cambio, nada es fijo y nada es permanente.

De hecho, la forma más sencilla de movimiento del punto A a B es precisamente una contradicción, porque el movimiento en sí implica que algo está y no está en el mismo lugar al mismo tiempo.

La teoría de Darwin de la evolución por selección natural fue precisamente el descubrimiento del funcionamiento de la dialéctica en la naturaleza orgánica, en la historia de la vida. Toda la teoría se basa, de hecho, en la realidad de la contradicción en la naturaleza. Uno de sus pilares es la idea de herencia, que un organismo, una descendencia, se parece a sus padres y hereda las características y rasgos de sus padres. Pero en contradicción a esta tendencia hay también la tendencia hacia la variación natural. La descendencia también difiere de sus padres. Y si ambas tendencias opuestas, estas tendencias contradictorias, no formasen una unidad, no existiría la evolución.

Si dominara la herencia de modo que cada generación se pareciera exactamente a sus padres, la evolución obviamente se detendría. De hecho, antes de la evolución de la reproducción sexual, la reproducción asexual tendía a estar mucho más dominada por la herencia y, por lo tanto, la evolución era un proceso muy lento. Y, por supuesto, si la tendencia opuesta, la variación, fuera la única tendencia que existiera, entonces no podría existir un embrión viable. Simplemente resultaría en un aborto espontáneo.

Podemos describir la evolución darwiniana como la confirmación de la ley más fundamental de la dialéctica, que yo diría que es la transformación de la cantidad en calidad y viceversa. A primera vista, esta variación natural que vemos en la naturaleza, por supuesto, es ante todo cuantitativa. El pelaje es más oscuro o más claro, las garras son más largas o más cortas, el fémur es más pesado o más ligero, y así sucesivamente.

Pero después de varias generaciones, por supuesto, esta acumulación de cambios cuantitativos conducen a un punto en el que una población ya no puede cruzarse con la población de la que desciende. Ocurre la especiación: surgen dos especies separadas. En el lenguaje de la dialéctica, diríamos que la cantidad se ha transformado en calidad. Ha ocurrido una revolución.

Pero Darwin también fue producto de su tiempo, al igual que el científico más mediocre, también los grandes científicos se ven afectados por las filosofías e ideas que predominan en su tiempo. Ahora bien, Darwin imaginaba que este proceso de evolución se daba de manera lenta y gradual. Plantea el surgimiento lento y gradual de especies como el surgimiento lento de ramas del tronco de un árbol. Y esto reflejaba los prejuicios de su época, en la que vivía Darwin, específicamente los prejuicios reformistas gradualistas de la clase media inglesa en el siglo XIX.

Entonces sí, reconocía los cambios en la naturaleza, pero descartaba los saltos y las discontinuidades. El problema para Darwin era que los descubrimientos de la paleontología, del registro fósil, en realidad no confirmaban esta visión del mundo. Hay todo tipo de interrupciones en el registro fósil. Darwin creía que esto se debía a que el registro fósil estaba incompleto, y hay un elemento de verdad en esto. Solo se conserva un cierto número de esqueletos completos y solo se ha descubierto cierta cantidad, pero proponía que con el tiempo, se harían descubrimientos que llenarán los vacíos.

Sin embargo, hubo un evento en particular en el registro fósil tan repentino y revolucionario y que chocó tan violentamente con la teoría de Darwin, que incluso este mismo lo reconoció como un argumento legítimo en contra de su propia teoría de la evolución. Si nos remontamos a hace más de 550 millones de años, los únicos fósiles que existen en gran número son los que llamamos estromatolitos. Son básicamente grandes concentraciones de algas, organismos unicelulares que forman grandes masas en todas las áreas costeras y los océanos poco profundos de este período. Hace unos 550 millones de años, sucedió algo que causó una explosión de vida animal multicelular compleja, casi en un instante, en términos geológicos.

Hubo criaturas a las que se les dio nombres como Hallucigenia porque parecen el producto de una alucinación. Son tan extraños y maravillosos que algunos de ellos parecen criaturas extraterrestres. Pero la velocidad con la que evolucionaron, fue fenomenal. En una capa de roca, no hay nada semejante, pero en la siguiente capa de roca, apareció vida multicelular compleja en todos los océanos del mundo.

No fue hasta mediados del siglo XX, que dos científicos, Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, hipotetizan un nuevo modelo para explicar esta repentina aparición, que ahora conocemos como “la explosión cámbrica”. Entendieron que cuando se estudia la evolución de los vertebrados a través de los fósiles, todos los huesos aparecen mezclados, y rara vez se encuentra una gran cantidad de vertebrados conservados. Por este motivo, al inicio decidieron buscar trilobites, que existieron en todo el planeta durante decenas de millones de años. Lo que descubrieron en las capas de roca es que durante decenas de millones de años todos los trilobites tienen la misma apariencia, y luego de repente hay un punto en la roca después del cual se observa una adaptación y a partir de ese punto todos comparten nuevamente la misma apariencia, pero no hay continuidad, se produce una discontinuidad completa entre lo que vino antes y lo que vino después.

Para explicar esto, Gould y Eldredge básicamente propusieron una nueva teoría de la evolución, según la cual durante la mayor parte de su existencia, las especies en realidad permanecen aparentemente sin cambios—en cierto equilibrio. El equilibrio existe en la naturaleza. Sin embargo, este equilibrio, como entendemos en la dialéctica, existe solo dentro de unos límites. Esto no significa que no haya cambio. Hubo cambios dentro de los ecosistemas, cambios geográficos, cambios climáticos, cambios genéticos. Estos cambios se acumulan, llegando finalmente a un punto de inflexión, cuando este equilibrio se ve interrumpido por la aparición repentina de adaptaciones, extinciones repentinas, extinciones masivas y actos de especiación.

Toda la historia de la vida, de hecho, es una historia de tales revoluciones. Largos períodos en los que sucedía muy poco y luego repentinas discontinuidades, catástrofes, crisis, revoluciones.

De hecho, los orígenes de la vida misma sólo se hicieron posibles con una transformación de cantidad en calidad, cuando se alcanzó un punto de inflexión en el enfriamiento de la Tierra. Se formó agua líquida y surgió una química compleja. La Tierra estaba mucho más caliente en ese momento y los rayos ultravioleta pudieron atravesar directamente la atmósfera porque no había oxígeno ni ozono, y esto generó una combinación química muy fértil. Y en cierta etapa, esto habría incluido conjuntos complejos de reacciones químicas autosuficientes y autorreplicantes, y los primeros elementos de la vida, aunque no se habrían parecido en absoluto a lo que vemos hoy, por supuesto. Y probablemente habría tardado un plazo enorme de tiempo antes de que estas reacciones estuvieran contenidas en una membrana celular muy primitiva.

Aunque este ambiente nos hubiera resultado muy hostil a los seres humanos, algunas de las formas de vida más primitivas, como las cianobacterias o las algas verdiazules, hubieran preferido el hecho de que no había oxígeno, ya que el oxígeno en realidad era un veneno para estos diminutos organismos. Y de hecho, estas algas verdiazules generaban el oxígeno como producto de desecho y, a medida que se extendían por todo el mundo, los niveles de oxígeno comenzaron a aumentar y se alcanzó nuevamente un punto en el que la cantidad se transformó en calidad. Hubo una crisis, un envenenamiento masivo y la primera extinción masiva del mundo. Pero fue a partir de esta extinción masiva, que hizo retroceder la vida, que se creó el espacio y se creó la necesidad de la evolución de formas de vida más complejas que realmente pudieran usar oxígeno—nuestros propios antepasados.

Entonces la vida ha pasado por muchas de estas revoluciones, pero no es una línea recta. La evolución siempre ha estado marcada por tremendos reveses. A través de las crisis, se han dado avances en la complejidad de la vida. De estas formas de vida unicelulares más complejas, finalmente, hace 550 millones de años, se alcanzó un nuevo punto de inflexión y se produjo la explosión de la vida animal multicelular.

Entre estos primeros animales multicelulares había una pequeña criatura que no habría parecido gran cosa. Su aspecto era de algo entre un gusano y un pez. Esta era la clase de criaturas llamadas Chordata (cordados) y estas criaturas, por muy sencillas que eran, tenían un plano corporal diferente a otras formas de vida multicelulares, en el sentido de que todo su cuerpo estaba organizado alrededor del sistema nervioso central, con lo que se convertiría en la médula espinal primitiva en su centro y una cabeza primitiva y un cerebro en un extremo.

Y a partir de allí, los nervios dejaron simplemente de transmitir información desde los órganos sensoriales a los reflejos primitivos, para comenzar a hacer conexiones consigo mismos. Estas criaturas eventualmente comienzan a reflexionar sobre el mundo que las rodea y eso obviamente vino con ciertas ventajas evolutivas. Y con el tiempo, el cerebro se hizo cada vez más grande, encontrando su máxima expresión entre los mamíferos y, por supuesto, nuestros antepasados, los grandes simios de los que en algún momento, hace cinco millones de años, se inició el proceso por el que comenzamos a descender de ellos.

Finalmente, en el este de África, en algún lugar hace cinco millones de años, una pequeña banda de estos simios descendieron de su entorno forestal y trataron de sobrevivir en las sabanas. Y viviendo en las sabanas, tuvieron que adoptar una postura erguida, que por supuesto liberó sus manos para otros usos. A través de la transformación del mundo, mediante el trabajo primitivo, nuestros primeros antepasados ​​evolucionaron a manos cada vez más ágiles capaces de operaciones cada vez más precisas. Evolucionando de esta manera, desarrollaron la necesidad de la comunicación y del pensamiento abstracto para comunicar sus ideas, para cambiar el mundo en sus mentes antes de cambiarlo en la naturaleza.

Y este hecho, en realidad, ya fue formulado como una hipótesis por el propio Engels quien desarrolló esta idea independientemente en un pequeño artículo fantástico, que forma parte de La Dialéctica de la Naturaleza, titulado «El papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre».

Pero a pesar de la brillante hipótesis de Engels, la comunidad arqueológica continuó trabajando bajo la falsa idea de que el paso decisivo en la trayectoria de la evolución de la humanidad no fue en realidad la postura erguida sino la evolución del cerebro. Plantearon que eso fue lo primero. Sólo décadas después de la muerte de Engels se reconoció la razón que tenía su posición, algo que el propio Stephen Jay Gould reconoció como una hipótesis brillante.

Este es un pequeño ejemplo de cómo una filosofía incorrecta puede realmente desviar el camino de la ciencia en una determinada dirección. Y como explica Engels, con la evolución de la humanidad entramos en el reino de la historia propiamente dicha. La creciente complejidad de la sociedad humana, el control de una fuerza natural tras otra, y la transmisión de ese conocimiento a través de la cultura humana, se ha suplantado hasta cierto punto a la evolución genética, algo que, por supuesto, fracasaron en comprender los reduccionistas genéticos que mencioné anteriormente.

Y, sin embargo, ¿en qué medida realmente hemos logrado elevarnos por encima del mundo natural como especie? Bajo el capitalismo, estamos emitiendo dióxido de carbono con la misma aparente falta de control que las algas verdeazules emitían oxígeno a la atmósfera hace dos mil quinientos millones de años. Y si no tenemos suerte, nos enfrentaremos potencialmente a las mismas consecuencias.

A pesar del hecho de que podemos enviar a un hombre al espacio, podemos analizar y decodificar nuestro propio genoma, toda nuestra civilización ha sido puesta de rodillas por el más primitivo de los organismos, el virus. Por supuesto, a través de los descubrimientos de las ciencias naturales, sabemos cómo detener estas dos catástrofes en seco, desde un punto de vista natural, desde un punto de vista científico. Es decir, tenemos los medios materiales para hacerlo. La única barrera es nuestra organización social, el dominio del mercado, que parece dominarnos como una fuerza imparable de la naturaleza.

Pero la teoría marxista ha revelado precisamente la dialéctica del desarrollo humano de la misma manera que Darwin reveló la dialéctica de la vida orgánica. Y en su método revolucionario, el marxismo, por supuesto, también nos equipa con las herramientas para resolver el problema.

Así que finalmente terminaré con una pequeña cita del mismo Engels en su bicentenario. Por eso dice:

«Sólo una organización consciente de la producción social, en la que se produzca y se distribuya con arreglo a un plan, podrá elevar a los hombres, en el campo de las  relaciones sociales, sobre el resto del mundo animal en la misma medida en que la producción en general lo ha hecho con arreglo a la especie humana. Y el desarrollo histórico hace que semejante organización sea cada día más inexcusable y, al mismo tiempo, más posible. De ella datará una nueva época de la historia en la que los hombres mismos, y con ellos todas las ramas de sus actividades, incluyendo especialmente las ciencias naturales, alcanzarán un auge que relegará a la sombra más profunda todo cuanto hasta hoy conocemos.”

Muchas gracias.

INTERVENCIONES

Alex: Es sorprendente que algunas personas piensen que la dialéctica se aplica a la sociedad, pero no a la naturaleza, o viceversa, cuando existen numerosos ejemplos de esto en la ciencia y la historia.

Hay un ejemplo fantástico de la ley dialéctica de la negación de la negación y esa es la nueva ciencia de la epigenética, que es, de alguna manera, una recuperación del lamarckismo. Ahora bien, Lamarck se enseña tradicionalmente en las escuelas secundarias como una idea equivocada. Lamarck propone la herencia de características adquiridas, y esta fue la idea dominante en el siglo XIX. Pero esta idea fue negada en el siglo XX con el desarrollo de la genética, que puso en marcha el dogma central que decía que se pasa del ADN al ARN y a la proteína, y no se puede pasar de la proteína al ADN. Entonces, las proteínas pueden adaptarse en un organismo, pero no afectan a la secuencia genética. Y de hecho, esto es un poco injusto para el pobre Lamarck ya que su teoría fue la única teoría científica en el siglo XIX. Darwin era un lamarckista. Engels era lamarckista. De hecho, hay algunas partes de Dialéctica de la Naturaleza en las que Engels aplica incorrectamente el lamarckismo. En realidad, Engels lo aplica correctamente, pero llega a conclusiones incorrectas a partir de una premisa incorrecta.

Pero la nueva ciencia de la epigenética ha visto la vuelta al lamarckismo. Esto es la negación de la negación. El lamarckismo fue negado por el dogma central y el dogma central ha sido negado por la epigenética. Entonces, mientras que lo que dice la epigenética es que las adaptaciones de los organismos no cambian el ADN, pero las adaptaciones de los organismos pueden cambiar la regulación del ADN.

Por ejemplo, si pasas un verano largo y caluroso, te resultará más fácil aguantar el calor al final del verano que al principio porque te habrás adaptado a que tus glándulas sudoríparas estén más activas. Así también en el caso del invierno: el invierno se siente más frío en diciembre que en marzo. Y un organismo que siempre está en un ambiente frío tendrá sus genes de adaptación al frío activados y sus genes de adaptación al calor desactivados. Y esa regulación genética puede entrar en el óvulo para que la descendencia tenga una regulación similar a la del padre.

Así que creo que es un ejemplo genial de la negación de la negación y que demuestra que el método científico auténtico no se trata de ningún dogma. Y esto nos lleva al método científico del marxismo. Ben mencionó a Richard Dawkins. Puede ser un tipo bastante entretenido, pero tiene una especie de falla metodológica central que es el reduccionismo y el formalismo. Por ejemplo, ese ejemplo de racismo selectivo: todo lo que hizo Dawkins fue postular que podría ser cierto, ignorando la sociedad, la historia o cualquier dato.

Y esto nos lleva al método del marxismo. Los camaradas estadounidenses produjeron un libro fantástico sobre la dialéctica, una colección de escritos clásicos y selecciones de grandes obras. Alan Woods escribió una nueva introducción a ese libro, que realmente aborda la cuestión del método marxista, que es diferente del método formalista que domina en la academia. El método de plantear una hipótesis y luego probarla—esto no es un método terrible, pero la pregunta es, ¿quién elige la hipótesis? ¿Quién financia la hipótesis? ¿Son las corporaciones petroleras? ¿O las tabacaleras? Estas cosas influyen de forma inherente en la selección y prueba de hipótesis. Y una auténtica hipótesis científica debería surgir de la realidad.

Alan Woods habla de la relación dialéctica entre inducción y deducción. La inducción es la generalización a partir de datos acumulados y la deducción es la interpretación de datos sobre la base de la teoría general. La academia enfatiza fuertemente un método deductivo formalista, sin comprender el sesgo social, el sesgo capitalista, en lo que están probando.

Pero un método mucho más potente es comenzar a partir de la inducción. Cuando observamos un fenómeno nuevo, debemos comenzar con los datos disponibles. Esto es lo que hizo Marx al elaborar El Capital. Esto es lo que hizo Lenin al escribir El Imperialismo y El Estado y la revolución. Esto es lo que hizo Trotsky al analizar el fascismo y el estalinismo. Es empezar por: ¿qué sé sobre lo que estoy viendo? ¿De dónde vino? ¿Dónde está? ¿A dónde va? La acumulación de suficientes datos históricos y materiales nos permite llegar a conclusiones generales y luego tomamos esas conclusiones generales y volvemos a analizar los hechos que tenemos delante. De la inducción a la deducción y de regreso a los datos. De la realidad a la teoría para interpretar la realidad. Y si hay una contradicción entre tu teoría y la realidad, debes desechar la teoría. Este es un método que puede ayudarnos en política y puede ayudar a los científicos a llegar a mejores hipótesis. Gracias.

Joe: Gracias, camaradas. Como Ben explicó en su introducción, la ciencia y la tecnología modernas representan una victoria fenomenal de la humanidad sobre la naturaleza. Han liberado a millones, decenas de millones, de la miseria, el sufrimiento y la muerte prematura. Pero el capitalismo nos está llevando hacia atrás y como Ben explicó, la pandemia COVID-19 lo ha dejado muy claro. En realidad, estamos viviendo un récord de pandemias mundiales. Y los científicos han estado advirtiendo sobre esto durante años. Las causas están todas enraizadas en la producción capitalista moderna: la agricultura industrial, el transporte masivo, la destrucción del medio ambiente, etc., que sería regulado, racionalizado o incluso abolido por completo en una economía planificada. Esta última pandemia de coronavirus fue pronosticada en 2009 por los científicos que investigaban el brote de SARS en ese momento. Pero aunque la ciencia moderna vio venir este desastre, la influencia del sistema capitalista hizo que pareciera coger a la humanidad por sorpresa y ahora 13 millones de personas han sido infectadas y 300 mil han muerto, al menos según las cifras oficiales. Esto no tenía por qué ocurrir. El sistema tiene la culpa. Lejos de promover la innovación, como afirman sus defensores, el llamado «mercado libre» paraliza en realidad la producción farmacéutica y el I+D. En 2017, los cincuenta mayores laboratorios farmacéuticos ganaron 1,2 billones de dólares entre ellos. Pero a pesar de los beneficios, la investigación sobre las vacunas está estancada desde los años 60. Los dos mayores obstáculos para la civilización humana, el Estado-nación y la propiedad privada, son también los mayores impedimentos para el desarrollo de la ciencia médica. La mayoría de las investigaciones sobre nuevos medicamentos son pagadas por el Estado, pero las empresas privadas se introducen para comprar las patentes y engullir los beneficios de estos medicamentos. Empresas como Pfizer y Avartis también tienen un dominio de los medios de producción, de las materias primas y de los procesos de fabricación, lo que significa que pueden dictar los precios de los medicamentos esenciales. En otras palabras, privatizan los beneficios y socializan los riesgos. Y desde una perspectiva capitalista, el desarrollo de nuevos medicamentos es de alto riesgo en comparación con el bombeo de derivados de medicamentos antiguos. Y el desarrollo de medicamentos para los académicos es aún más arriesgado porque cuando un brote se detiene, el mercado se seca. En 2009, el gobierno de los EE.UU. cortó los fondos para la investigación de una vacuna contra el SARS 1 que podría, con pequeños ajustes, haber sido eficaz contra el nuevo coronavirus. Hoy en día, docenas de empresas se apresuran a desarrollar una vacuna COVID-19, de nuevo basándose principalmente en investigaciones financiadas por el Estado. La empresa biotecnológica estadounidense Moderna promete un producto funcional para finales de este año. Este es un plazo sin precedentes con riesgos implícitos. Moderna ya está obteniendo la aprobación por la vía rápida de la agencia estatal estadounidense FDA y describió la vigilancia de los niveles de oxígeno de los participantes en la prueba como una molestia que podría frenar el desarrollo. Bueno, puede ser, pero también es un indicador de efectos secundarios peligrosos. La producción de medicamentos impulsada por el mercado también crea una enorme cantidad de residuos. Por ejemplo, el gobierno británico aseguró un acuerdo para 90 millones de dosis de dos vacunas candidatas diferentes, con BioNTech y Pfizer. Y ya tiene 100 millones de dosis aseguradas de otra vacuna que está siendo investigada por la Universidad de Oxford. En efecto, está cubriendo sus apuestas en varios medicamentos diferentes en diferentes etapas de prueba a un gran costo para el erario público. Esto es totalmente irracional e ineficiente mientras miles de personas mueren y millones se infectan. Y por supuesto, todos los países imperialistas, liderados por los EE.UU., están luchando para asegurar una patente de una vacuna que funcione para que puedan beneficiarse a costa de sus competidores y como resultado, están guardando celosamente su investigación. Pero como Alan Woods explicó ayer, el virus no conoce fronteras y la falta de una respuesta internacional coordinada dificulta nuestra capacidad para hacer frente a la pandemia y desarrollar una cura funcional. Recientemente, el gobierno conservador de Gran Bretaña acusó a Rusia de robar datos sobre la vacuna de Oxford. Pero seguramente toda la investigación sobre una vacuna debería ser de dominio público y compartida por los científicos de todo el mundo. Pero al capitalismo no le importa la salud pública. Se preocupa por proteger sus patentes, beneficios e intereses políticos y esto es más claro en las partes más pobres del mundo. Muchos medicamentos esenciales son propiedad intelectual de empresas privadas. Sus precios son demasiado altos para los mercados más pobres y se resisten a los intentos de producir derivados más baratos. Millones de personas han muerto y morirán innecesariamente como resultado de ello. El único valor que los capitalistas farmacéuticos privados ven en los países más pobres es el de un laboratorio de pruebas para subcontratar sus pruebas clínicas. En el decenio de 1990, Pfizer probó un medicamento contra la meningitis llamado Trovan en cientos de niños nigerianos sin consentimiento escrito y todos esos niños sufrieron terribles efectos secundarios y algunos de ellos murieron. Este es sólo un ejemplo. No se me ocurre mejor argumento para expropiar estos parásitos y poner sus recursos bajo el control democrático de los trabajadores. El estado de la ciencia médica bajo el capitalismo y su estado de decadencia senil es una barbarie. La ciencia proporciona los medios para evitar millones de muertes, pero la necesidad de los capitalistas de producir beneficios lo hace imposible. Bajo una economía planificada, todos los recursos e ingenio de la humanidad podrían ser reunidos para contener y curar enfermedades. El epidemiólogo Larry Brilliant, que es su verdadero nombre, dijo – este fue el científico que dirigió la lucha contra la viruela – dijo que los brotes son inevitables, pero las pandemias son opcionales. Él tenía razón. Una vez que liberemos a la ciencia y la tecnología de este sistema podrido, los brotes de enfermedades que se produzcan, y que se producirán, podrán ser tratados a través de un frente unido de los mejores científicos y las mejores mentes de la humanidad y podremos elevar a la humanidad a nuevas alturas. Gracias.

Maral: Muchos científicos de hoy en día tienen un desprecio por la filosofía. Creen que la filosofía es innecesaria en las ciencias, o incluso perjudicial. Que no debemos hacer ninguna suposición sobre el mundo que no haya sido probada a través de experimentos y la observación. No deberíamos combinar la teoría y la observación para entender el mundo. Sólo debemos limitarnos a la observación. Desafortunadamente, para estos científicos, este desprecio por la filosofía es en sí mismo una filosofía – la filosofía del empirismo. En la superficie, la filosofía del empirismo parece ser la visión del mundo más consistentemente materialista. El pensamiento humano es imperfecto, por lo que debemos mantenerlo fuera de la ciencia y dejar que los hechos hablen por sí mismos.

Debemos mantener una mente totalmente abierta. No hay nada malo en mantener una mente abierta. Los marxistas son algunas de las personas de mente más abierta. Pero como dijo Carl Sagan, «Si mantienes tu mente demasiado abierta, tu cerebro podría caerse». Y desafortunadamente, este fue el destino de muchos grandes científicos que cayeron en el empirismo. Engels proporciona algunos ejemplos de esto en su libro «Dialéctica de la Naturaleza», el más notable es Alfred Wallace. Para los que no lo sepan, Wallace planteó la teoría de la selección natural al mismo tiempo que Darwin e independientemente de él. Es uno de los biólogos más importantes de los últimos doscientos años. Pero Wallace, este gran científico, se convirtió en un firme creyente de las ideas místicas, incluyendo la frenología y el espiritismo. Asistía a sesiones de espiritismo en las que vas a una casa pagas a una dama, y ella hace aparecer un fantasma después de haberle pagado. Wallace cayó en las peores formas de misticismo, y no fue el único científico importante que lo hizo. Era una tendencia entre los científicos naturalistas de Gran Bretaña y Norteamérica, donde el empirismo era dominante. El razonamiento puramente empírico no puede refutar el misticismo porque exige que tomemos las experiencias en su valor nominal. Así que incluso si el 99% de los que afirman que pueden hablar con los espíritus se exponen como charlatanes, un verdadero empirista no puede simplemente asumir que el otro 1% también son fraudes sin hacer primero su propia investigación. Cada muestra de conjuros de espíritus, magia, señales de Dios, debe ser tomada a su valor nominal hasta que cada una sea desmentida, para el empirista. Y nunca serán todas desmentidas.

Hoy en día, el empirismo sigue siendo una de las tendencias importantes en la ciencia y cuando lees sobre nuevos descubrimientos científicos, puedes saber cuándo el artículo está escrito por un empirista. Son muy cuidadosos de no hacer ninguna suposición que no haya sido probada por observación directa. Ahora, como materialistas dialécticos, enfatizamos la importancia del experimento y la observación, como explicó Alex, pero también hacemos algunas suposiciones no insignificantes sobre la realidad material. Este es el papel de la teoría. Asumimos que el universo es infinitamente grande e infinitamente antiguo. Que el tiempo siempre ha existido y la materia siempre ha existido en todas partes. Asumimos que las partículas que componen la existencia son infinitamente pequeñas y continúan eternamente. Que cada vez que descubrimos un nuevo conjunto de partículas diminutas, están hechas de partículas aún más diminutas, que continúan infinitamente. ¿Ganará la raza humana alguna vez la capacidad de observar el tiempo y el espacio infinitos? Probablemente no. En este punto, Engels dijo una vez, «El infinito es tanto cognoscible como incognoscible». Y eso es todo lo que necesitamos. Si nunca observamos el infinito, entonces el método empírico no tiene cabida. Desde la perspectiva empírica, deberíamos asumir que el conjunto más pequeño de partículas que podemos observar hoy en día son las unidades más pequeñas de materia que existen. Que lo más lejos que nuestros telescopios pueden ver hoy en día son los límites exteriores del propio universo. Hoy he buscado en Google «¿Qué tan grande es el universo?» por curiosidad, y el resultado principal es un artículo de la BBC del 2016 llamado «Nos llevó siglos, pero ahora, sabemos el tamaño del universo». Este es el tipo de afirmación que sólo un vulgar empirista podría hacer y hay muchos como él hoy en día.

Se supone que el empirismo elimina la subjetividad humana de la ciencia, pero al limitarse todo lo posible a los márgenes de la experiencia humana, esta perspectiva confunde las limitaciones del conocimiento humano con las limitaciones de la propia existencia. Y esta estrecha visión del mundo continúa creando espacio para el misticismo hasta el día de hoy porque donde termina el mundo natural, puede comenzar el mundo sobrenatural. Si el universo no es ilimitado en el espacio, hay espacio para el cielo y el infierno y si el universo tuvo un comienzo, debe haber tenido un creador porque después de todo, algo no puede salir de la nada. El empirista no puede desembocar en estas críticas.

Ahora bien, los marxistas no pretenden que el materialismo dialéctico como filosofía pueda resumir todas las verdades. Nuestra filosofía no da la última palabra sobre el conocimiento humano, de ninguna manera, pero nos permite ver mucho más lejos que cualquier otra filosofía disponible para nosotros hoy en día. Es este método el que Engels utilizó hace 150 años para predecir la transición del mono en hombre, 100 años antes que la mayoría de los biólogos lo aceptaran. Este es el método que Engels usó para delinear el proceso de la vida que Ben explicó… el proceso de la vida que se está produciendo. Y se desarrolló más tarde y se popularizó. También eran dialécticos. Y es con el materialismo dialéctico como nuestra guía como terminaremos con el capitalismo.

RESPUESTA

Ben: Bueno, gracias a todos. Me pareció que fue una buena discusión. Es una pena que no podamos contar con más contribuciones, pero disfruté de todas las contribuciones. Y sí, creo que un par de las contribuciones, las de Maral y Alex, se centraron en la importancia de tener una filosofía con respecto a las ciencias. Y en la Dialéctica de la Naturaleza, hay algunas partes muy graciosas de Engels donde habla de Wallace y estos otros científicos que creen en fantasmas y creo que se llamó mesmerismo. Básicamente, podrías hipnotizar a alguien para que haga lo que quieras y esto probaría que es Dios, básicamente. Todo tipo de misticismo. Recuerdo que sí, hubo uno en el que Engels cuenta que este hipnotizador incluso afirma que al tocar a alguien en cualquier punto de la cabeza, podían relacionarlo con la frenología. Podían hacer que alguien hiciera lo que quisiera en este estado hipnótico. Y encontraron un punto en la cabeza donde esta mujer hipnotizada se arrodillaba y comenzaba a rezar y por lo tanto, probaron la existencia de Dios y quiero decir, ¿cómo se puede discutir con eso? Empíricamente, está ahí. Está sucediendo. Hay alguien que se arrodilla y le reza a Dios. Funciona. Y Engels tenía un gran interés en las ciencias naturales, así que se interesó en la hipnosis y se las arregló para reproducir lo mismo, excepto que creo que fue el dedo meñique de alguien el que se las arregló para hacer el punto sagrado en su cuerpo y se las arregló para que hicieran muchas más cosas ridículas que simplemente rezar y así – ese es el – el empirismo no es mutuamente excluyente con una perspectiva mística idealista. Y por supuesto, el empirismo se basa en la idea de los hechos. Se trata de los hechos. La apariencia superficial de las cosas, básicamente. Si los hechos te dicen que algo es verdad.

Pero por supuesto, nunca podemos saber todos los hechos. Ese es el problema. Quiero decir, el famoso ejemplo es la afirmación «todos los cisnes son blancos». Quiero decir, nunca en toda nuestra vida podríamos ver todos los cisnes, ¿verdad? Y eventualmente, los europeos llegaron a saber que de hecho hay cisnes negros. Y todo el conocimiento, creo, se basa en esta contradicción dialéctica entre la naturaleza finita de nuestro conocimiento y la infinidad del universo. Y para adquirir cualquier conocimiento, tenemos que llevar el pensamiento, la teoría a la cuestión básica de la ciencia.

Todo el mundo tiene una teoría y todo el mundo tiene una filosofía. Y de hecho, todo conocimiento, como explica Engels en la Dialéctica de la Naturaleza, es el reconocimiento de lo infinito en lo finito. Tienes lo universal expresándose a través de lo particular. Y esta es la naturaleza del conocimiento. Implica una contradicción e implica un proceso de desarrollo desde la menor a la más verdadera percepción de la naturaleza a través de un proceso de desarrollo. El conocimiento en sí mismo es un proceso de desarrollo. Y sí, los camaradas han mencionado una serie de otros puntos. Creo que el ejemplo fue dado por Alex, de esta idea de la negación de la negación expresándose muy, muy bellamente a través de esta moderna idea de la epigenética. La idea Lamarckiana fue desplazada hace mucho tiempo por esta idea de la herencia, de la genética. Pero descubrimientos más modernos han demostrado que había un núcleo de verdad, lo que quizás era un núcleo relativo de verdad en la idea del Lamarckismo.

Por supuesto, este año marca el 20º aniversario del descubrimiento del genoma humano en el Proyecto Genoma Humano. Y antes de que el genoma fuera decodificado, el genoma humano, se creía que encontraríamos cientos de miles de genes. Se pensaba que el genoma humano sería un genoma enorme. Esta mentalidad, esta idea, de que debido a que somos extremadamente complejos, por lo tanto lo que nos hace ser extremadamente complejos será un genoma gigante, fue completamente destrozada por el descubrimiento de que hay sólo 25 mil o más genes en el genoma humano. Y creo que en esta idea del Gen Egoísta y las ideas que dominaban, creo que mucho antes de que el Proyecto del Genoma Humano estuviera completo, existía esta idea, como expresó Alex, de un proceso muy simple de causa y efecto. Una cadena de ADN, una cadena de ARN, una proteína. Había estas vías. Eran muy simples. Así es como se pensaba que funcionaba el organismo humano.

Pero los últimos descubrimientos de la ciencia y la genética creo que han confirmado completamente la visión dialéctica, y que la frontera entre causa y efecto se ha desintegrado completamente. Uno pasa al otro, y no a estos opuestos antagónicos que se excluyen completamente entre sí. Enormes porciones de nuestro código genético, nuestro ADN, no hacen nada en absoluto. Se les llamó ADN basura. O se pensaba que no hacían nada en absoluto. Algunas de estas secciones de ADN basura, sin embargo, juegan un papel muy importante en la creación de ciertas proteínas y crean el entorno químico para la creación de la actividad de nuestros genes. Algunas cadenas de ARN no son responsables de la creación de ninguna proteína. Están involucradas en catalizar otras reacciones. Y así tienes esta compleja red de relaciones donde cada parte interactúa con todas las demás en lugar de simples líneas reduccionistas de causa y efecto.

Todo eso ha sido abierto por los descubrimientos del Proyecto Genoma Humano. Y lo que este gran descubrimiento, este gran logro del ingenio humano, reveló es que la diferencia genética entre nosotros y nuestros antepasados más cercanos – nuestros primos más cercanos – los simios bonobos – es tan pequeña como el 1,2%. Esa es la diferencia genética entre nosotros y los simios. Y en comparación, la diferencia genética entre yo y cualquiera en esta habitación o cualquiera de los camaradas que nos observan desde casa puede ser tan grande como el 0,1%, por lo que casi una décima parte del tamaño del salto entre yo y un simio, que creo que es bastante grande. Y además, este descubrimiento ha revelado que las diferencias genéticas entre dos individuos cualesquiera son mucho mayores, en realidad, que las diferencias genéticas entre las llamadas «razas».

Y, por supuesto, para nosotros, la dialéctica es precisamente mirar más allá de la apariencia superficial de las cosas. Esa “raza” es una idea social e históricamente evolucionada. No es algo que esté incorporado en nuestra genética. Y sí, quiero decir que el tema de toda esta escuela, en realidad, es la importancia de tener una filosofía propia, pero hasta cierto punto, a alguien como Darwin no puedo culparlo por defender la filosofía que él sostenía. Su filosofía era en realidad la filosofía de todo el período en el que vivió, y en particular de su clase y no era simplemente la evolución biológica que se suponía que debía evolucionar de una manera muy lenta y gradual. Sus amigos, y el gran geólogo y amigo de Darwin, Charles Lyell, de hecho, llegaron a una teoría de la geología muy similar, que era que los pequeños cambios graduales en nuestro paisaje, los procesos que vemos hoy en día, son responsables de los enormes cambios que vemos en nuestra geología del tiempo geológico. En realidad, su idea, que se ha denominado uniformidad, por ejemplo, la idea de que un río que fluye muy suavemente puede esculpir un valle entero durante millones de años, fue una revolución en la geología, en realidad, para su época. Pero esto – su punto de vista era, sin embargo, que la Tierra cambia sólo gradualmente – es más o menos lo mismo que siempre, pero sólo cambiando gradualmente a través de estos procesos, y esta fue una idea que Darwin dio por sentada. Y Niles Eldredge, el biólogo evolutivo que mencioné en la introducción, revisó algunos de los cuadernos de Darwin y había un cuaderno, el cuaderno E, donde encontró algo bastante interesante. Darwin básicamente propuso una teoría de la evolución que era muy parecida al “equilibrio puntuado” de Stephen J. Gould, de ráfagas rápidas de evolución.

Pero esto formaba parte de la base de la teoría de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge – dependía de la idea de que el cambio geográfico y el cambio climático podían separar las poblaciones dentro de una especie para que pequeñas poblaciones pudieran evolucionar muy rápidamente. Debido a que la idea dominante, en ese momento, era que nuestra geografía no cambia, o sólo cambia muy lentamente, por lo tanto él descartó esta idea como posible, la de que podría tener como una ocurrencia regular y que las poblaciones podrían separarse unas de otras de esa manera tan repentina. Así que Darwin fue un producto de su tiempo y a menudo decimos que la conciencia es naturalmente bastante conservadora. La gente no se adapta fácilmente a las nuevas ideas y Darwin lo descubrió a su costa. En ese momento, fue perseguido obviamente por la Iglesia y otros rechazaron sus ideas. Y creo que fue Thomas Kuhn, quien dijo que las viejas teorías no suelen ser superadas por los individuos. Normalmente mueren con la gente que se aferra a esas viejas teorías. Así que sí, quiero decir, el mismo Kuhn muestra que la dialéctica opera realmente en la historia de la ciencia. Se ha convertido casi en un cliché hablar de un cambio de paradigma, pero es una idea que Kuhn acuñó. Y de acuerdo con esta idea, todo el mundo tiene un paradigma o una teoría con la que analizan y entienden el mundo.

Como científico, cada científico tiene un paradigma. Y a diferencia de los empiristas que creen que una pieza de información puede falsificar una teoría, en realidad, una pieza de datos o un estudio que contradice la teoría es normalmente rechazada por la comunidad científica. Y puede haber una buena razón para ello. No se dispone de una teoría muy sólida que tenga un amplio poder explicativo, como la idea de que la Tierra está en el centro del universo sólo porque los planetas no parecen seguir el movimiento correcto, por ejemplo. Es una acumulación de contradicciones lo que lleva a una crisis dentro de la ciencia, lo que llevó a una crisis en el universo pre-copernicano de la Tierra, que entró en crisis y finalmente, fue derrocado por una revolución en la ciencia, la revolución copernicana. El desarrollo de la ciencia no es independiente del desarrollo de la sociedad. Las crisis de la ciencia no son independientes de las crisis de la sociedad.

Y no tuve tiempo de extenderme en ello, pero un camarada me llamó la atención recientemente sobre una teoría muy popular en neurociencia. Se refiere a la teoría de la información integrada y es la idea de que la conciencia es simplemente la cantidad de información que se mantiene dentro de un sistema. Y por lo tanto, todo tiene algo de conciencia en sí mismo. Un protón con un electrón circulando a su alrededor, una piedra es un poco consciente, etc. Es una completa falta de pensamiento teórico. Una completa falta de filosofía por parte de estos científicos y creo que tenemos el derecho de decir algo al respecto. Por supuesto, tenemos que ser cuidadosos al invadir las ciencias. No estamos todos nosotros científicamente entrenados. Tenemos que tomar estos dominios en serio y estudiar la información con seriedad.

Pero en muchas de las ciencias, estamos viendo el surgimiento de estas ideas místicas. En la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, tienes la regresión a la idea de que traemos el mundo a la existencia observándolo, y en la teoría del Big Bang tenemos una nueva historia del Génesis de la Biblia. Y creo que esta tendencia, la Corriente Marxista Internacional, es la única tendencia que confía en su idea y su comprensión de la filosofía y la teoría que está preparada para continuar la lucha que Engels comenzó a finales del siglo XIX, la lucha por la filosofía en las ciencias también. Y creo que si estudiamos estas cuestiones, si estudiamos la filosofía, si estudiamos las ideas y emprendemos esta lucha, creo que encontraremos muchas voces simpatizantes dentro de las ciencias. Creo que encontraremos muchos, muchos científicos que están abiertos a las ideas marxistas revolucionarias.

Así que mi punto final es realmente apelar a los camaradas para estudiar la teoría. Sí. Empezando con la Dialéctica de la Naturaleza de Engels, que creo que es difícil y algunas partes están obsoletas, pero vale la pena estudiarla. Hay mucho oro ahí. Anti-Dühring, que creo que es otro gran clásico de Engels, y Razón y Revolución de Ted Grant y Alan Woods, que creo que aplica el mismo método a la ciencia moderna. Y creo que si has disfrutado de esta discusión, continuar con ella leyendo Razón y Revolución sería un excelente paso siguiente para los camaradas y puedes conseguir todo eso en Wellred Books, y muchos de ellos también están disponibles en línea.

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