12 marzo, 2020

Para combatir el Coronavirus exijamos medidas revolucionarias

El Salvador ha pasado de alerta amarilla a naranja el pasado miércoles 12 de marzo por la epidemia del Coronavirus. Esta medida, según el presidente de la República, se debe a la confirmación de casos en Costa Rica y Honduras, y es un plan de prevención para contener el contagio de salvadoreños. El mismo miércoles también se decretó la cuarentena en el país, la suspensión de clases en todos los niveles educativos por 21 días, y la suspensión de entradas y salidas del país durante 30 días.

El gobierno ha seguido los protocolos generales que otros países han implementado ante la crisis, como el cierre de fronteras, los chequeos en el aeropuerto, y el establecimiento de cuarentenas a viajeros que, en medio de las nuevas disposiciones de emergencia, quedaron atrapados en el aeropuerto.

Experiencias pasadas con otros tipos de virus más letales, como el SARS, la gripe aviar o la H1N1, han demostrado que estas grandes medidas al final no son una barrera de seguridad infranqueable para evitar el contagio de los virus que tienen formas muy efectivas de viajar, y lo único que hacen es desviar fondos importantes a rubros poco eficaces.

Por ejemplo, no se ha invertido lo suficiente como para poder establecer zonas adecuadas y equipadas de cuarentena para los sospechosos que quedaron atrapados en el Aeropuerto Internacional Monseñor Romero. Las condiciones en las que se está tratando a estas personas han sido un escándalo que aumenta día con día y que ya se ha convertido en una pequeña crisis.

Uno de esos sospechosos que permanece en cuarentena desde el martes 10, ha revelado en su cuenta de Twitter las condiciones en las que el gobierno ha hecho que él junto a 32 pasajeros salvadoreños procedentes de España se mantengan en cuarentena. En las imágenes que este usuario comparte en su cuenta se puede ver el hacinamiento de las personas, la falta de utensilios básicos de limpieza y procedimientos incorrectos como, por ejemplo, mantener a todos en una misma sala.

Este pequeño ejemplo muestra lo catastrófico que podría ser el impacto del virus en nuestro país. Pero no es preciso basarnos solo en este ejemplo para mostrar lo vulnerables que podríamos ser con un brote de Coronavirus, y esto no se debe tanto a la mortandad del virus sino a la precariedad en la que nos hace vivir el capitalismo en El Salvador y Centroamérica. 

Acceso al agua potable

Una de las recomendaciones que la OMS ha brindado para evitar la propagación del virus es lavarse las manos frecuente y adecuadamente. Sin embargo, en el Salvador una buena parte de la población no tiene acceso a agua potable, especialmente la que vive en las zonas rurales. Las familias que tienen acceso no es que reciban agua siempre y cuando la quieran, sino que la tienen algunos una vez cada 24 horas, otras cada 48 horas y algunos en caso extremos una vez cada 10 días o hasta una vez al mes.

Recién hemos sufrido una crisis de gran envergadura sobre la distribución y la calidad de agua que revelaron la capacidad y la responsabilidad profesional de las instituciones y el gobierno sobre el manejo del agua, donde lo que se expresó fue la irresponsabilidad, el manejo demagógico y la constante improvisación por sobre todo.

Lo que sucedió en enero cuando una contaminación por algas condujo a una crisis que hizo que millones de persona recibieran aguas contaminadas y donde también millones se quedaron sin agua por días, refleja la capacidad del gobierno ante las crisis. ¿Si no pudieron con una crisis tan pequeña, qué podrán hacer ante la amenaza de un virus como el Covid-19 que ha azotado a grandes potencias a nivel mundial?

Sistema de salud    

Desde los años 90 el modelo neoliberal capitalista ha intentado imponer sus tentáculos sobre el sistema de salud. Lo ha hecho bajo la ofensiva de los gobiernos títeres que se abren a las grandes transnacionales que intentan hacer riqueza con nuestras enfermedades, afortunadamente la lucha obrera a través de su constancia en la defensa de la salud pública ha podido detener la ofensiva privatizadora a inicios de este siglo. 

A pesar de esto, detener la privatización no ha sido suficiente para poder tener un sistema de salud asequible y de calidad; seguimos padeciendo los males que el capitalismo nos impone como la ausencia de hospitales adecuados para que nuestros enfermos puedan ser sanados, constantemente hay desabastecimiento de medicamentos y recursos necesarios. En los últimos 31 años de gobiernos ha sido siempre así.

Esto no se debe solo a la responsabilidad de uno u otro gobierno, pues, al fin y al cabo, en la sociedad en la que vivimos el control sobre el Estado se reduce a los empleados que la clase dominante permite que controlen su aparato para mantener sus negocios en regla. Así los hospitales privados han florecido como en tiempos de primavera y hoy tienen los mejores equipos de salud y siguen haciendo grandes negocios con nuestra salud, mientras que la inversión estatal es cada vez menos.

Desde hace décadas que el Estado invierte una cantidad muy baja en el ramo de Salud y ha habido muy pocos aumentos, eso a pesar que la población sigue creciendo y las necesidades van aumentando. Por ejemplo, del 2004 al 2010 la inversión en salud aumento del 1.7 % con relación al PIB al 2.4 % respectivamente y en 10 años la inversión creció mínimamente del 2.4 % al 2.7 %. Estos niveles de inversión están por debajo, pero muy por debajo, de la inversión necesaria para enfrentar este tipo de virus.

Para tener una referencia, la inversión en Salud pública en Italia ahora mismo es de 6.5 % y la de España en 2018 fue de 6.4 % y aun así con estos niveles de inversión que triplican la de El Salvador estos países han sido muy débiles para controlar la crisis generada por el Covid-19. Realmente como algunos dirán no es culpa de la administración del presidente Bukele que tiene que gobernar con un sistema de salud históricamente precario, pero es que tampoco vemos que el presidente se pronuncie sobre esta carencia y exija a las empresas contribuir más al Estado para comenzar a plantear soluciones de verdad. Al contrario, el gobierno hizo algunas reorientaciones claves en Salud que hoy posiblemente tendrán un impacto en la salud de las áreas rurales. 

Nos referimos a que en el presupuesto 2020, el gobierno reorientó los recursos para los ECOS comunitarios, clínicas que funcionaban en las áreas rurales del país. Sin duda, el cierre de los ECOS tendrá repercusiones serias en el caso del azote del virus en el país. Este año, a pesar de que se esperaba que el gobierno fuera diferente, el aumento en salud no represento más que el 0.2 % con respecto a 2019. Contrariamente ha aumentado el presupuesto de Publicidad, Defensa y “Seguridad Pública”. Con un sistema que no tiene los suficientes recursos para poder enfrentar ni tan siquiera las enfermedades más comunes de una nación, ¿será posible enfrentarnos al brote del coronavirus? Evidentemente no.

Qué medidas deberían tomarse

En vez de anunciar constantemente medidas ineficaces y pomposas, el gobierno debería anunciar la reapertura de los ECOS, la dotación a hospitales con recursos necesarios para atender las posibles emergencias que se presenten, el despliegue de personal adecuado que instruya y mantenga la calma de la población, un despliegue masivo de información en radio y televisión de qué es el Coronavirus y a qué nos enfrentamos.

Claro que muchos nos dirán que de dónde sacaremos todo este dinero, muchas de las medidas pueden financiarse por reformas pequeñísimas pero significativas, como la reducción de salarios de los altos funcionarios, la reducción de publicidad del gobierno, la reorientación de fondos de Seguridad y Defensa hacia Salud, y la implementación de impuestos más drásticos a empresas que hacen negocios con la salud, como las farmacéuticas y empresas relacionadas con los recursos para la salud.

En una entrevista el día martes, el presidente de la ANEP, Luis Cardenal, hablando sobre el Coronavirus, hacia un llamado en el que decía que en momentos de calamidad como estos lo que tiene que prevalecer son los intereses de la nación, en pocas palabras la llamada “unidad nacional”. Para nosotros no hay peor hipocresía que un empresario llamando a la unidad de la nación, como si los intereses de los explotados y los explotadores se pudieran conciliar.

El estancamiento en inversión en el ramo de Salud ha sido proporcionalmente indirecto a las inversiones y ganancias de las farmacéuticas privadas. En 2019 estas empresas decían: «Las inversiones que ha hecho la industria farmacéutica en calidad, buenas prácticas, personal, instalaciones, son importantes. En los últimos cinco años el parque industrial farmacéutico en este país se ha renovado y esta renovación le ha significado más o menos $80 millones”[1]. Y un año antes declararon que: “En 2018 algunas empresas del sector farmacéutico informaron sobre nuevas inversiones y avances de proyectos de infraestructura. Uno de ellos es el caso de Laboratorios Vijosa –mayor exportador de productos farmacéuticos de El Salvador–, que proyectó un crecimiento de 12 % para el cierre del año pasado….

“…Vijosa ha tenido un crecimiento del 200 % en los últimos cinco años (2015-2018 NdE), y actualmente exportan el 70 % de su producción total. Asimismo, continúa con su proyecto de expansión con la construcción de la nueva mega planta que estará ubicada en Santa Tecla, en alianza con la compañía alemana Bosch”[2].

¿Será que esta mega empresa pondrá a disposición su capacidad de producción al servicio de la población en caso de una crisis? Por supuesto que no. Esa dichosa unidad nacional y la patria son palabras vacías para la burguesía explotadora. Estos parásitos solo ven siempre la oportunidad de oro para incrementar sus ganancias.

Lo que vemos aquí es un claro ejemplo de cómo la producción en todos los sentidos bajo el capital no está orientada para solucionar nuestras necesidades sino solo bajo el ánimo de lucro. El Coronavirus no fuese ni la mitad de aterrador para la población si nuestro sistema de salud y nuestra industria estuviera orientada a garantizar la vida digna y no a la creación de riqueza para la burguesía. El problema no es el virus directamente, el problema es el capitalismo, el mundo tiene los recursos suficientes para evitar estas enfermedades, sin embargo, la clase obrera se encuentra desprovista de los medios para enfrentarlos, en este cuadro quienes mueren son siempre los más pobres a los que el capitalismo despojó de todo previamente.   

Las verdaderas medidas que el gobierno debería implementar para contrarrestar el impacto del coronavirus deben ser:

  • Reorientación de fondos del presupuesto nacional hacia el ramo de Salud
  • Reducción de presupuesto para publicidad y seguridad
  • Reducción de salarios a funcionarios del Estado sin excepción e inversión inmediata de estos fondos a kits de salud preventiva
  • Que los hospitales y clínicas privadas pongan a disposición sus instalaciones de manera gratuita en caso de emergencia nacional por el virus
  • Dotación de medicamentos, mascarillas y alcohol gel para todas las familias pobres por parte de las grandes corporaciones farmacéuticas
  • Incapacidades pagadas al 100 % para todos y todas las trabajadoras con enfermedades respiratorias durante la cuarentena
  • Compensación de los salarios caídos al 100 % de todo el personal educativo interino y auxiliares de la educación en todo el país
  • El aumento del 2.7 % del presupuesto respecto al PIB en Salud a por lo menos el 4 % inmediatamente ¡basta de que los empresarios se hagan ricos a costa de nuestra salud!
  • Priorizar inmediatamente el uso doméstico del agua
  • Aprobación inmediata de la propuesta ciudadana de la Ley General de Aguas

[1] https://www.eleconomista.net/economia/El-Salvador-Industria-farmaceutica-invirtio-80-millones-20190926-0012.html

[2] https://www.eleconomista.net/economia/Desde-2015-el-sector-farmaceutico-en–El-Salvador-ha-invertido-mas-de-90-millones-20190207-0006.html