15 enero, 2016

El Folleto de Junius* de Rosa Luxemburgo

En conmemoración de los 95 años del criminal asesinato de la camarada Rosa Luxemburgo, ocurrido el 15 de Enero de 1919, por parte de la dirigencia traidora del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, publicamos el siguiente artículo, elaborado por la camarada María Linares, de la Corriente Marxista del PSUV.

En conmemoración de los 95 años del criminal asesinato de la camarada Rosa Luxemburgo, ocurrido el 15 de Enero de 1919, por parte de la dirigencia traidora del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, publicamos el siguiente artículo, elaborado por la camarada María Linares, de la Corriente Marxista del PSUV.

Rosa Luxemburgo, camarada militante científica del socialismo. Única mujer en la historia de las luchas proletarias que logró zafarse del ideario patriarcal, hasta lograr plena participación en la lucha ideológica contra la ideología burguesa con sus obras escritas, y en la lucha práctica contra el capitalismo en los movimientos obreros en las dos primeras décadas del siglo XX, hasta su asesinato el 15 de enero de 1919.

El desarrollo de la sociedad clasista da cuenta de cómo en cada época histórica las columnas revolucionarias y las contrarrevolucionarias, una frente a la otra, han tenido una lucha encarnizada. El Folleto de Junius** muestra la lucha entre estas dos columnas; esta obra escrita tiene una historia, y es por sí misma una página de la historia como lo dice Clara Zetkin, militante del socialismo, y además camarada de luchas de Rosa Luxemburgo.

El Folleto de Junius fue escrito en abril de 1915, cuando la camarada Rosa permanecía encerrada en la cárcel de mujeres de Berlín. Encarcelada gracias a su valerosa lucha contra el militarismo. El folleto recoge y expresa el sentimiento de rechazo que había provocado en todos los socialistas internacionalistas y revolucionarios la “explosión” de la primera guerra mundial y la “cobarde” capitulación de los máximos jefes de la socialdemocracia.

En Junius Rosa Luxemburgo demuestra el conocimiento claro que tenía acerca de la tormenta imperialista que se avecinaba y de la necesidad vital del proletariado de oponerse a ella. También nos deja el arrojo y la entrega con que emprendió el combate en nombre del socialismo internacional contra el imperialismo.

Con cada guerra mundial, el internacionalismo capitalista, concreta una derrota al socialismo internacional. Internacionalismo capitalista que no es otra cosa que el capitalismo “organizado” a escala internacional, de la internacionalización del capital, de sus ejércitos. Con la guerra mundial se enterraron los resultados del trabajo de cuarenta años de socialismo europeo, arruinando la importancia de la clase trabajadora revolucionaria en tanto que factor de poder político, desarticulando la Internacional proletaria, conduciendo sus secciones a un mutuo aniquilamiento (matanza entre hermanos de clase) y encadenando las aspiraciones y las esperanzas de las masas populares en los países capitalistas más desarrollados al imperialismo. En otras palabras, con las guerras mundiales se impuso el Internacionalismo capitalista al Internacionalismo Proletario. El movimiento proletario internacional se desmembró y se circunscribió a luchas nacionalistas, en defensa del capitalismo y no de clase trabajadora mundial. Con ello se destruyó el movimiento de liberación proletario internacional y por tanto, el triunfo del socialismo sobre el capitalismo.

En 1914, la burocracia obrera reducía el movimiento socialista internacional a espacios nacionales, y esto es advertido por Rosa Luxemburgo. En ese sentido, la degeneración de la II Internacional sólo puede entenderse como resultado de las deformaciones reformistas de su práctica, de las desviaciones oportunistas (revisionismo) de su teoría y de su transformación de instrumento de la clase trabajadora a instrumento de una burocracia obrera. Es decir, todas las organizaciones instrumentos de la lucha de clases estaban enfermas de revisionismo, de burocratismo y de reformismo.

En el Folleto de Junius, Rosa Luxemburgo dirige su crítica contra el imperialismo y el capitalismo. De los dirigentes socialdemócratas expresa que la responsabilidad de éstos es la de haberse plegado a los intereses de los enemigos de la clase trabajadora.

En su escrito, la camarada Rosa, no condena la guerra imperialista por el hecho de ser una moralista o una pacifista, sino como marxista. En el texto deja claro que la guerra (cualquier guerra imperialista) responde a la lógica del sistema imperialista mundial. Y dicha lógica contiene la lucha de las grandes potencias imperialistas por el reparto del mundo. Lucha que en su movimiento dialéctico desemboca inevitablemente en la lucha por nuevos repartos, a partir del momento en que el desarrollo desigual de las fuerzas productivas modifica periódicamente las relaciones de fuerzas existentes entre ellas.

La camarada Rosa Luxemburgo, al establecer la relación existente entre la guerra mundial con la naturaleza misma del modo de producción capitalista –cuyos rasgos: propiedad privada de los medios de producción, competencia capitalista, concentración de capitales, expansión colonialista e imperialista- convierte su crítica marxista contra la guerra en una crítica contra el capitalismo.

Descubre toda la hipocresía de quienes consideraban “natural” los asesinatos en masas de las poblaciones africanas, el saqueo de Pequín y el genocidio contra los indígenas de América de Norte y de América del sur. En cambio, estas mismas personas se indignaban cuando la anterior lógica se dirigía contra los lugares privilegiados de la “civilización occidental”.

Sin embargo, es fundamental comprender la crítica que hace Rosa Luxemburgo contra los dirigentes de la socialdemocracia internacional que abdicaron al no denunciar la guerra, más bien la apoyaron; que no aprovecharon el momento para preparar la revolución, y no traicionarla. Son lecciones que los revolucionarios debemos tener muy al tanto.

Pero lo que no podía prever la camarada Rosa, es que las traiciones de los Noske, Ebert y Scheidemann le costaría la vida. Así, pues, fue el bestial órgano represor (soldados), reunido en Berlín por esos ciudadanos pacifistas y visionarios para reprimir la insurrección obrera de Spartakus, la que comenzó asesinando a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht el 15 de enero de 1919.