El ascenso y caída de los instrumentos políticos tradicionales de la clase trabajadora en América Latina y el mundo, ha sido una constante desde los inicios del siglo XXI hasta nuestros días. Y es que la entrada del nuevo milenio prometía lo mejor del capitalismo, como último sistema acabado de administración económica de la sociedad, los “proyectos socialistas” habían fracasado y ahora había que “reformularse la ortodoxia marxista”. Un periodo de calma y progreso capitalista comenzaba a regir el mundo moderno del siglo XXI.

Pero muy pronto grandes movimientos de masas contra las medidas neoliberales y los ajustes fiscales salieron a las calles y la lucha de clases se volvió a expresar de manera alcanzativa, desde la guerra del agua en Bolivia hasta las protestas contras los bajos salarios y las condiciones laborales en China demostraron que el periodo de estabilidad del capitalismo fue mínimo, y que su lógica interna estaba de nuevo provocando más y más crisis para la clase trabajadora.

A pesar de ello, los partidos revolucionarios y socialistas pasaron a la reevaluación de los paradigmas ideológicos y políticos que habían regido a los instrumentos de lucha del proletariado. En su mayoría dicho paradigma había sido el estalinismo o la tradición de gobierno y democracia de la URSS, esta tradición de regímenes burocráticos junto con lucha revolucionaria que representaron en sus inicios, se tradujo hacia las masas proletarias casi como símbolo único de revolución, y prevaleció manteniéndose en el tiempo, muy a pesar de momentos efímeros que rompieron con ella.

En algunos casos, podríamos decir que estos partidos transformaron o acoplaron el estalinismo desde “la teoría de las dos etapas” y “el socialismo en un solo país” hasta las más perniciosas políticas arribistas que permitieron que oportunistas se lucraran del ideal revolucionario socialista. En esta transición la idea de reformar el capitalismo cobro vigencia de nuevo, las viejas ideas mencheviques y estalinistas vieron la luz en el interior de dichos partidos. Su análisis partía del nuevo avivamiento de la lucha de clases, de nuevas condiciones, pero su vieja fórmula errónea de cómo sacar provecho revolucionario de ese avivamiento, es decir, llevar a la clase obrera a la toma del poder, termino en traiciones oportunistas y conciliaciones con la burguesía, incluso, en algunos momentos estos partidos sirvieron hasta como freno u obstáculo para el proceso revolucionario. En El Salvador esto sucedió casi al pie de la letra.

El FMLN y su papel en el nuevo milenio

A partir de la firma de los Acuerdos de Paz (1992) y la entrada de la democracia burguesa, que permitieron que las cinco fuerzas guerrilleras que conformaban el FMLN se constituyeran como partido político para entrar en la disputa electoral por el control del Estado, dieron como resultado un partido, que en sus estatutos se declaró revolucionario, democrático y socialista, forjado tras la lucha aguerrida de obreros y campesinos, con una base social fuerte y combativa.

Los viejos comandantes guerrilleros pasaron a ser los dirigentes de facto del nuevo partido político. Se esperaba dejar atrás el verticalismo guerrillero que había regido la lucha armada en la montaña, abriendo el debate interno, discutiendo que matices cobraría la lucha de clases y que directrices revolucionarias debía adquirir el FMLN frente a esto.

Los vicios de la lucha armada son muchos, Lenin combatió estas tendencias perniciosas como el verticalismo, y acotaba que la lucha armada solo es posible como resultado del movimiento de masas, no a expensas de él, como acostumbraban a actuar las guerrillas de Latinoamérica. Basta evaluar el desarrollo de estos grupos, que poseen diversas características en cada país, pero que, en El Salvador, siguiendo el ejemplo de la Revolución Cubana y trastocando un poco la experiencia China, el guerrillerismo o los focos guerrilleros nacieron de las masas y pronto se aislaron de ellas en las montañas, a tal punto que las guerrillas tenían frentes de masas y no los frentes de masas guerrillas, una contradicción practica a la teoría revolucionaria defendida por Lenin.

Esto permitió una serie de deformaciones ideológicas y practicas cuestionables de los ejércitos armados del pueblo, asesinatos como el de Roque Dalton, o el asesinato de la comandante de las FPL Ana María, por mencionar algunos de los tantos asesinatos polémicos que ejecuto la guerrilla contra sus mismos camaradas, son ejemplos de estas deformaciones. Al entrar la democracia, los juegos de camarillas por el poder del partido cobraron vida, la lucha ideológica a pesar de ser fuerte en sus inicios no opacaba la tradición estalinista del FMLN.

Schafik, a pesar de estar forjado en la escuela del estalinismo y con tintes reformistas, era de los dirigentes que siempre lucho porque el FMLN defendiera los intereses del pueblo trabajador, que sus dirigentes no se viciaran en el Estado, etc. Cuando en las primeras elecciones legislativas que el FMLN consiguió diputados (1994), la lucha por el auténtico actuar de un revolucionario en los curules del Estado Burgués comenzó a materializarse, una cuna de burócratas parecía tener la mayoría dentro del partido, lo que ocasiono, un éxodo pequeño de alas radicales.

Pero al calor de los acontecimientos, el cómo luchar desde el parlamento y desde las calles, tuvo una cierta articulación. La lucha contra la privatización de la salud en el 2001, dio grandes demostraciones de que la organización conjunta desde el partido revolucionario puede llevar al pueblo trabajador a victorias significativas en la lucha por mejorar y gobernar sus vidas.

Luego luchas contra el aumento al pasaje en el 2006 (en la que no hubo una participación directa del partido, pero si un apoyo logístico), y otras batallas esporádicas, incluso contra el endeudamiento del Estado, que llevaron a cabo los trabajadores, estudiantes, etc., obtuvieron el apoyo significativo del FMLN. Pero dentro del partido las contradicciones entre el apoyo efímero a las luchas obreras y la batalla ideológica por lo que el partido debía defender como revolucionario, comenzaron a abrir grietas en su composición orgánica.

Cuando el FMLN fungía como oposición al Estado, el discurso revolucionario y el apogeo de lucha cobrara eco en los oídos de los trabajadores, lastimosamente por sus conflictos internos, y el desequilibrio tras la muerte de Shafick en el 2006, el FMLN decidió hacer “alianzas estratégicas” para tomar el poder político del Estado. Fue así, como de la mano de Mauricio Funes, un periodista destacado, el FMLN logro ganar las elecciones presidenciales en el 2009.

Las ilusiones de las masas eran altas, el FMLN había sido un proyecto histórico forjado en la lucha revolucionaria, que, a pesar del régimen interno estalinista y las políticas conciliadoras, representaba el único vehículo revolucionario para que las masas trabajadoras del país cambiaran sus condiciones de vida de raíz. Las masas esperaban cambios significativos, se hablaba de aplicar medidas fuertes, subir los salarios, mejorar las pensiones, acabar con la deuda pública, desarrollar el país en favor de los más necesitados, subsidiar aspectos básicos de la vida urbana de las masas trabajadoras, etc.

El FMLN en el Gobierno

Desde que Funes tomo el poder, varios programas sociales fueron impulsados desde el Ejecutivo y solventaron necesidades acuciantes de las masas más empobrecidas. Todos los programas de educación o paquetes escolares, sumados a los programas de salud y el propiciar ciertos subsidios, como el del gas, fueron un gran beneficio para el pueblo trabajador y campesino salvadoreño. No obstante, no solucionaban el problema de raíz, pues no trastocaban las relaciones sociales de producción del capitalismo, solo paliaban algunos de los efectos de la explotación no la explotación en sí misma.

El periodo por el que atraviesa el sistema capitalista desde sus crisis más recientes, como la del 2008, es un periodo convulsivo, donde la crisis anterior no logra una recuperación y hay un estancamiento del desarrollo de las fuerzas productivas, que no es que no avancen, sino que ya no se desarrollan como antes, cuando si significaron una bonanza económica para el sistema (después de la segunda guerra mundial, por ejemplo). Era entonces cuando los discursos y medidas para paliar los males del capitalismo tomaban su lugar y eran de cierta y limitada forma aplicables, había una capacidad del capitalismo de dar ciertas concesiones a la clase trabajadora, de mejorar un poco su situación.

Pero, en el nuevo milenio, ya no era así, el 2008 significo una crisis actual tan profunda y tan alcanzativa, que toda la oleada de partidos progresistas que ascendieron al poder ejecutivo en América Latina durante este periodo, debieron solventar con medidas más radicales y revolucionarias, lo idóneo hubiesen sido medidas socialistas. Al contrario, lo que presenciamos es un intento de dichos partidos de reformar el sistema, de hacer más humana la explotación, y uno tras otro estos partidos se desacreditaron frente a las masas, y dejaron de ser una opción, una herramienta de lucha para el proletariado.

En el caso del FMLN, muy similar a los demás casos de Latinoamérica, todos los beneficios que dieron a las masas los programas sociales eran desbalanceados por otras medidas que atacaban sus bolsillos y/o golpeaban las condiciones de vida de sus familias. En una contradicción propia del reformismo, se daba por un lado a las masas beneficios, y, por otro lado, golpes duros. La presión y el descontento fue incrementándose poco a poco, superficialmente el FMLM “trabajaba por el pueblo” paliando algunos males del sistema capitalista, pero en el fondo no se transformaron las bases económicas del sistema.

La adopción de la lucha parlamentaria como única vía para transformar el sistema, junto a las escasas políticas internas del partido para evitar desviaciones oportunistas, llevo al FMLN en el gobierno a ser otro pilar del capitalismo y no su destructor, a ser el administrador de la crisis no su sepulturero.

Mientras tanto, las masas estaban expectantes, poniendo a prueba a los primeros gobiernos de izquierda que conocía la historia de El Salvador, pero el cumulo de impuestos, de reducción de subsidios, de aumentos de la canasta básica que dejan los aumentos al salario mínimo como una burla, de pensiones inseguras y miserables, etc., pesaron mucho más sobre los programas sociales y los beneficios mínimos que daba el FMLN al pueblo trabajador, y este último saco la conclusión que el FMLN no había podido jugar su papel histórico como partido revolucionario, que no había cumplido con los cambios reales del sistema, que no había mejorado sus condiciones de vida, que su dirigencia se habían montado sobre miles de compañeros caídos y sobre el ideal revolucionario que creo al partido, para vivir de buenas prebendas en el Estado.

Los trabajadores decidieron, entonces, darle el mayor golpe: el pasado 04 de marzo significo la derrota electoral más grande para el FMLN en su historia como partido, y dejaba claro que las masas trabajadoras habían perdido la fe en el FMLN como su vehículo para la transformación del sistema.

¿No más izquierda tradicional?

Mucho antes de esta coyuntura, algunos grupos, sindicatos, y organizaciones habían sacado la conclusión de que el FMLN ya no jugaba un papel revolucionario, pero erróneamente se aislaron de él y no abonaron para que quienes aún estaban ahí sacarán esa misma conclusión. Desde antes del marzo pasado, muchos habían proclamado su ruptura con la izquierda tradicional del país. El movimiento Nuevas Ideas, que surgió a raíz del conflicto entre Nayib B. y el FMLN, era de los que más enarbolaba esta consigna.

Sin embargo, ¿Qué significa, en realidad, romper con la izquierda tradicional? ¿Cómo lo entienden las masas trabajadoras? ¿Qué beneficios le trae? ¿Qué elementos perniciosos se lucran de ello? ¿Cuáles son los peligros de aferrarse a esta consigna eternamente?

“Todos son más de lo mismo” es la frase que más corean las masas trabajadoras, a simple vista, pareciera que es un rechazo hacia el sistema político del capitalismo, pero en realidad solo es el rechazo a quienes lo han administrado de una u otra forma. No obstante, algunos elementos centristas, se adueñan de esta consigna y la hace suya, se promueve un discurso para dar a entender que en El Salvador no se necesita ni las medidas neoliberales de ARENA ni las medidas de “izquierda” del FMLN, que más bien necesitamos una reevaluación de estos paradigmas, un consenso que rescate lo mejor de ambos. Es peligroso comprenderlo así, porque existe gran parte de los trabajadores que deduce que lo que ha fracasado es un proyecto revolucionario y la decepción cobra lugar. Pero en realidad, como hemos explicado, no ha fracasado un proyecto revolucionario, en el caso del FMLN nunca llevo a cabo uno, ese fue el problema.

Las masas trabajadoras, bueno, al menos una buena parte de ellas, comprende que romper con la izquierda tradicional, debe ser un proceso en que no se repitan los errores políticos internos y externos que cometió el FMLN en el gobierno, es decir, la lucha contra el autoritarismo, etc., pero sin desviar la vista en el proyecto revolucionario y socialista, como lo indican las grandes confederaciones y coordinadoras sindicales no afines al FMLN. Algunos otros, quizá la mayoría, consideran que lo que se necesitan son reformas más duraderas y más amplias, pero sin otras reformas en el otro plano que contrarresten los beneficios de estas.

En la historia, los trabajadores ponen a prueba a sus instrumentos políticos de lucha, hasta que sacan la conclusión, a partir de grandes acontecimientos, que ya no son necesarios y que deben crearse otros. El beneficio que implica esta ruptura con la izquierda tradicional para la clase trabajadora salvadoreña, es que aglutina la amplia experiencia de los trabajadores más veteranos, y las grandes energías de los más jóvenes dentro de las nuevas alternativas que surgen tras esta ruptura. Y eso dota a cualquier nueva alternativa de un potencial revolucionario fuerte.

No obstante, todo fenómeno posee dos fuerzas contrarias, quizá los peligros que esta ruptura acarrea son más que los beneficios, pues, en primer lugar, fracciona más las fuerzas de la izquierda del país, al dividirlas frente a su enemigo principal que es la burguesía, aunque esta sea una división necesaria ya que purga al movimiento revolucionario de los elementos reformitas y traidores, y reagrupa sus fuerzas. En segundo lugar, esto acarrea a todo tipo de oportunistas y arribistas que ven amenazados sus beneficios o han sido perjudicados por daños colaterales de esta ruptura y hoy buscan su puesto en las nuevas alternativas.

La ruptura con la izquierda tradicional es una realidad en El Salvador en estos momentos, el devenir de las nuevas alternativas dependerá de su carácter de clase y del programa político que adopten y defiendan.

Nuevas Ideas

El Movimiento Nuevas Ideas surgió del conflicto polémico entre Nayib B. y la dirección del FMLN, no negamos que el FMLN no posea instituciones internas sanas para la resolución interna de conflictos, pero tampoco apoyamos las actitudes indisciplinadas de Nayib B. frente al conflicto. En fin, esto concluyó en la expulsión de Nayib del partido, lo que significó una buena desacreditación al FMLN, pues se vio a todas luces que no había oportunidad de debatir ni de denunciar los privilegios de la dirección, se dejó claro que quien dijera alguna crítica –en el caso de NB, bajo un método incorrecto, recalcamos-, estaba mejor fuera de las filas del partido.

A partir de eso, el llamado virtual de NB a crear un nuevo movimiento se comenzó a materializar en muchos puntos del país, muchos ex militantes del FMLN dejaron de apoyar al partido y se pusieron a construir Nuevas Ideas, después del 04 de marzo, incluso comités de base enteros giraban en masa del FMLN y de otros partidos hacia las filas de Nuevas Ideas.

Hoy por hoy, el Movimiento Nuevas Ideas, que no contiene nada nuevo, ni ideas claras, ni un programa progresista, etc., está siendo el aglutinador del descontento de las masas trabajadoras, pero también de muchas otras capas y clases sociales, muy a pesar de eso, está representando una nueva alternativa con mucha más fuerza en el país, que aquellas agrupaciones que se autoproclaman salvadoras del pueblo, y es un hecho que su trabajo político ha implicado el esfuerzo monetario, físico y mental de muchos elementos consecuentes.

Carácter del Movimiento NI: discursos y ambiente en el movimiento

El Movimiento Nuevas Ideas (MNI) lo podemos caracterizar como un movimiento heterogéneo, en el sentido de que lo componen muchas y distintas clases y capas sociales. Aunque un término más adecuado sería multiclasista. Si bien es cierto, los trabajadores se están abocando al MNI, y quizás sean su mayoría, o al menos una buena parte de este, pero también la pequeña burguesía arruinada, e incluso, una parte de la burguesía industrial descontenta con el capital financiero, toman su parte en el movimiento. De este multiclasismo, se derivan las diversas capas que se abocan al movimiento, a saber: disidentes políticos, oportunistas y arribistas de izquierda y de derecha.

Este carácter multiclasista permite que se maneje un discurso centrista, y que ese discurso de centro cale en sus seguidores. Al principio el movimiento se declaró como una agrupación de autoridad horizontal, pero a medida ha avanzado su construcción, los dirigentes ya han sido elegidos por la base -claro, no en todos lados- y la jerarquía vertical comienza a constituirse, esto es tan necesario para que el trabajo de un partido político fluya, que el movimiento y sus integrantes se han dado cuenta de ello, a través de la experiencia.

Las luchas de poder en el movimiento ya comienzan a tomar formas de cúpulas, y el peligro de los oportunistas cobra lugar y encarna su lucha por constituirse como una burocracia dirigente, que, a menos que se dé una lucha fuerte desde la base para promover elecciones democráticas, rendición de cuentas periódicas, revocabilidad en todo momento de los dirigentes y el goce de un salario no mayor al de un obrero cualificado para los funcionarios del partido, inicialmente, y del gobierno de ganarse la presidencia en 2019, será un corolario de su misma constitución.

El discurso de que el movimiento “no es de izquierda ni derecha” es el más sonado desde los dirigentes. Y por todo el bagaje de traición reformista por el FMLN muchos elementos aceptan ese discurso y lo promueven. No obstante, hay una buena capa de compañeros consecuentes, que en el pasado construyeron al FMLN, que poseen una actitud crítica hacia este discurso, y generan un ambiente de duda entre los demás elementos.

Como vemos, el MNI plantea posicionarse, muy probablemente, como un partido de centro. Esto acarrea muchos peligros: quizá el más importante es el no adquirir posiciones claras respecto a coyunturas de país, y, en consecuencia, tambalear en el limbo del reformismo: o se favorece a los trabajadores o a los capitalistas, no a los dos por igual, ya que es imposible y ya lo demostró el fracaso del FMLN, si no se corrige a tiempo esto desembocara en una desacreditación del MNI frente a los trabajadores mucho antes de como sucedió con el FMLN.

Consideramos que es necesario, paralelo a lo anterior, prestar una justa atención al ambiente de duda que generan los elementos más a la izquierda, pues crea el terreno propicio para que las ideas revolucionarias resurjan sobre nuevas bases, para darle un carácter de clase al movimiento y para aprovechar esta coyuntura para crear un verdadero instrumento de lucha de los trabajadores salvadoreños. Si es el MNI u otro, dependerá de su actuar en el próximo periodo y en la lucha interna que estos elementos puedan llevar en pro de dicho fin.

“Medidas de izquierda” y el riesgo de una desacreditación temprana

Por el momento, como mencionamos, no existe una propuesta clara del programa por el que luchará el MNI al convertirse en partido político próximo a la disputa electoral del poder Ejecutivo en el 2019. Lo que hay, más bien, son algunas propuestas al aire, que Bukele ha lanzado en las concentraciones de las cabeceras departamentales que ha visitado en los últimos tres meses.

Estas propuestas sacan a la luz, o al menos matizan algunos elementos del carácter que puede adoptar el programa político de Nuevas Ideas, y nos permiten hacer un breve y sintético análisis crítico de estas cuestiones.

Todas las propuestas vertidas por Bukele hasta el momento, aparentemente suenan como medidas de izquierda que sacarán de la crisis al sistema y darán mejores concesiones al pueblo trabajador y campesino del país. De las dichas hasta el momento, podemos identificar una atención central hacia la industrialización del país y relaciones distributivas más justas, hacia la lucha contra la corrupción y la inversión social más amplia, en pocas palabras: fortalecer económica y políticamente el Estado-nación de El Salvador.

¿Cuál es el problema de fondo de estas medidas que aparentemente son de izquierda? Las bases sobre las que desarrollarán. En ningún momento, se plantea realizar todo esto sobre bases diferentes a las impuestas por el capitalismo en el ámbito económico y político, por tanto, es corolario deducir que se desarrollaran sobre bases capitalistas.

Los lazos de Bukele con la burguesía industrial descontenta con el capital financiero llevarán a industrializar el país sobre más explotación a la clase trabajadora, que ningún aumento al salario mínimo solventará. La distribución justa dentro del capitalismo no existe, ya lo hemos explicamos en pasados artículos, la distribución injusta de la riqueza deviene de la explotación laboral de los trabajadores, mientras la creación de plusvalor gracias al trabajo no remunerado del proletario se siga apropiando individualmente por el capitalista, y mientras las mercancías sigan siendo reguladas por las leyes del mercado, no puede haber una distribución justa de la riqueza dentro del actual modo de producción.

“Desmontar el neoliberalismo” para Bukele significa imponer una especie de proteccionismo para fortalecer el Estado-nación de El Salvador, es decir, adquirir medidas de industrialización, más producción interna, menos comercio externo, proteger nuestros mercados, etc., el problema es que El Salvador es parte supeditada a EEUU de toda una producción y comercio mundial, adoptar estas medidas, sobre bases capitalistas, o sea sobre las actuales, solo implicaría un sobreesfuerzo inútil por sacar al sistema de sus crisis, un intento de revitalizar sus fuerzas productivas ya que es casi imposible reactivar todo esto sobre las mismas bases, no hay capacidad estatal para inyectar a la economía, ni capacidad productiva del sistema para reactivar el país sin caer en los efectos inevitables de la sobreproducción y toda la crisis que implica en el sistema financiero, en el mercado y en la vida de los trabajadores.

Y a su vez, con la esperanza de que esto funcione, el combatir la corrupción y aumentar la inversión social pueblan principalmente la agenda de Bukele y MNI, no obstante, si lo anterior no funciona, será imposible financiar toda la inversión social, pues no se propone imponer impuestos progresivos a los empresarios que se verán mínimamente beneficiados por lo anterior, y, por tanto, se entiende que el Estado tendrá las mismas deudas y la misma tributación. Presionado por la burguesía y sus organismos financieros internacionales, no es descartable que Bukele acceda a imponer paquetes fiscales contras los bolsillos de los trabajadores, por eso los integrantes del MNI deben luchar desde ya para que estas medidas se clarifiquen y adopten un carácter proletario.

Con la corrupción, se debe comprender que es un mal inherente al sistema político del capitalismo, y se tendría que combatir con la imposición de salarios obreros para todos los funcionarios públicos, empezando por los funcionarios del MNI. Obviamente, la constitución y otra serie de normas legales del capitalismo, lo impediría, pero ello se tendría que conseguir a base de lucha en las calles.

Bukele y el MNI han planteado sus propuestas, pero más parece que van enfocadas hacia una lucha empresarial para ver qué sector burgués se pone al afrente de la economía y “rescata el sistema”, que a solventar las necesidades de las masas trabajadoras.

Esto implica el gran riesgo de una desacreditación temprana, es decir, una traición temprana al partido joven por parte de sus dirigentes y eso enfadaría y decepcionaría a muchos elementos consecuentes, que hoy en día, a pesar de lo confuso del programa político y de la poca claridad de las nuevas ideas, están dedicando todas sus fuerzas a construir este partido. Debemos evitar esa desacreditación adoptando un programa más claro e ideas más sólidas, a través del debate interno del mismo.

La alternativa que necesitamos y el programa revolucionario

Con el breve análisis que hemos desarrollado, podemos deducir que lo que necesita el pueblo trabajador y campesino de El Salvador, ante la actual crisis del capitalismo, no son más medias tintas, ni más medidas capitalistas disfrazadas de progresistas o hasta de izquierda, al contrario, lo que se necesita son medidas más radicales, que transformen los cimientos de la sociedad capitalista.

El MNI está en el deber de presentarse como tal, sino la oportunidad histórica que le ha otorgado el auge actual, será desaprovechada, y será también una prueba muy dolorosa para los trabajadores salvadoreños. Para eso el MNI debe presentarse como una alternativa de izquierda, incluso fomentar desde las bases que adquiera un carácter revolucionario y socialista, ya en su momento Nayib B. expresó que se sentía identificado con los postulados del FMLN histórico, no del actual, postulados revolucionarios que hasta su padre decía defender.

Ese carácter revolucionario es necesario fomentarlo pues de él devendrán las medidas más pertinentes para sacar de la miseria actual a la clase trabajadora salvadoreña, lo demás solo será “más de lo mismo”, aunque se intente a toda costa evitarlo.

Algunas de las medidas más pertinentes para la actual coyuntura del país, que tendrían que ser tomadas en cuentas por el MNI, pueden ser las siguientes:

  • Nacionalización de la banca. Un banco Nacional podrá garantizar mejores condiciones para los depósitos de los ahorrantes, créditos baratos para los pequeños comerciantes, los campesinos y los pequeños negocios que lo necesiten. Toda la economía manejada por una sola entidad financiera estará al servicio de la mayoría de la sociedad: trabajadores y campesinos.
  • Expropiación de los monopolio, transnacionales y bancos sin indemnización y bajo control obrero.
  • Nacionalización del sistema de pensiones, administración desde los trabajadores y el Estado.
  • Puesto Público, Salario Obrero. Que todos los funcionarios públicos ganen igual a lo que gana un obrero cualificado. Contra los oportunistas y vividores.
  • Reducción de la jornada laboral sin reducción de salarios, para emplear a todos los desocupados y reactivar la producción del país sobre nuevas bases.
  • Aumento al salario mínimo a $400 al mes, y congelación de los precios de la canasta básica, para agilizar la economía.
  • Reactivación del agro, un programa de créditos baratos para el campo, gestionados y controlados en comités paritarios por un tercio de trabajadores del campo, un tercio de organizaciones sindicales y un tercio de representación de la administración. Sistema sanitario para los mismos.
  • A igual trabajo, igual salario, no más discriminación hacia las mujeres.
  • Por una educación pública, gratuita y de calidad accesible en todos sus niveles a todo el pueblo.
  • Seguro Social universal para empleados y desempleados. Creación de un solo seguro social bajo control obrero.
  • Revisión de las Leyes Inquilinarias. Una renta no debe rebasar el 10% de salario mínimo.

Todas estas demandas no podremos conseguirlas bajo el estado actual de cosas, se tendrá que desarrollar una lucha ardua de manera combinada, desde las instituciones del sistema político que el MNI pueda conseguir, y, sobre todo, con la lucha de calle que las masas trabajadoras deben desarrollar, esto es lo más importante, pues el Estado burgués favorece a la burguesía, necesitamos transformarlo desde su raíz para que favorezca a los trabajadores.

Consideramos que si se toman en cuenta estas medidas podremos salir bien librados de esta crisis aguda del capitalismo, entendiendo y exhortando a nuestros hermanos de clase en Centroamérica a luchar por medidas similares para que se sostengan en el tiempo.

¡Por una verdadera revolución socialista!

Deja un comentario