Estamos atravesando el período pre electoral, periodo en el cual entran en disputa políticos y sus respectivos partidos por ganar el puesto presidencial (Ejecutivo). Pero eso es solo lo superficial, detrás se encuentra el hecho de depositar la toma de importantes decisiones en un personaje.

Aunque no se quiera reconocer, cualquiera ha podido identificar que ha existido campaña adelantada, esto puede ser a partir de mítines, conferencias, entrevistas, asambleas, hasta las mismas elecciones internas de los candidatos de cada partido político representaron una manera de campaña adelantada. Es de nuestra necesidad ver, leer y analizar de manera crítica todo lo antes mencionado, puesto que detrás de cada discurso efectuado por los diferentes aspirantes se esconden los verdaderos intereses e intenciones. En cierta manera se nos hace aún más necesario analizar el discurso del representante o aspirante del actual partido político de Izquierda (FMLN), especialmente el que brindo en el acto donde se ratifico su candidatura, pues se supone es el que debe abanderar un discurso plenamente revolucionario que este en representación de los intereses de la clase trabajadora. Del representante de la derecha es más que obvio bajo cuales intereses se manejara su discurso, por otra parte, sobre el contendiente de GANA es necesario hacer una evaluación más extensa que podría ser tema de un futuro artículo. Pasaremos entonces a lo antes mencionado, un análisis del discurso manejado por el aspirante a la presidencia por parte del FMLN, Hugo Martínez.

El día 9 de septiembre se llevó a cabo en el Estadio Cuscatlán la Convención número 36 del FMLN, la cual sirvió para ratificar y presentar la fórmula presidencial que participará en las elecciones de febrero del próximo año, que está conformada por Hugo Martínez y Karina Sosa.  Los ojos de los asistentes estaban puestos en dichos personajes, nuestros oídos en el discurso que presentaron, y es que es este el que puede motivar o desmoralizar a las personas que luchan por un futuro diferente y fuera de los parámetros capitalistas en los que el partido se ha dedicado a participar. Algo deberemos dejar claro: el capitalismo da rienda suelta mientras no se le toque.

Estaba cerca el medio día cuando se hizo presente la formula, directo a la tarima con un salto enérgico, Hugo tomó el micrófono y de entrada hizo referencia a la “convicción” y el “ser revolucionario” de los presentes; acto seguido, se dedicó a hacer loas al trabajo del FMLN (diputados y dirección del partido) diciendo que es un partido que ha luchado por transformar a nuestro país. Ante estas afirmaciones, ciertamente, buena parte de la población salvadoreña en la actualidad percibe y es beneficiaria de algunos programas sociales -el paquete escolar, subsidios a la energía eléctrica y al gas, cedes de ciudad mujer que apoyan en la resolución de problemas y proyectos que beneficien a las mujeres, entre otros-. Sin embargo, de entrada, surge la pregunta ¿en qué precisamente nos hemos transformado? Es decir, no queda realmente claro cuál es la idea de transformación, ¿una transformación plenamente revolucionaria o solamente reformista? ¿Estamos siquiera un paso más cerca del socialismo? la respuesta a cada una de estas interrogantes es negativa, seguimos siendo un país inmerso en el capitalismo y dependiente de préstamos internacionales (sobre todo para la realización de los programas sociales antes mencionados). Trotsky dijo en sus lecciones de octubre “Un partido desvinculado de las tareas históricas de su clase se convierte o corre el riesgo de convertirse en instrumento indirecto de las demás” (es decir de la clase dominante).

Luego Hugo solicitó un fuerte aplauso, muy merecido para los compañeros caídos en la guerra civil y para los compañeros veteranos de guerra que son la “reserva moral” del FMLN. Lo que es importante de mencionar, es que todos estos compañeros que participaron en la lucha armada de los años ochenta en nuestro país, no son simplemente “reserva moral”, son compañeros que aun mantienen la idea de que un futuro mejor es posible, que día a día amanecen con esa esperanza, un futuro por el que lucharon y aún siguen haciendo una lucha continua. Después del aplauso retoma las loas al FMLN en su conjunto, que indirectamente lleva vientos de halago a los dirigentes presentes, en ningún momento se menciona a las bases sino solo a algunos grupos que las componen, era necesario al menos una mención hacia estas pues son las que han hecho posible que durante mucho tiempo el “proyecto histórico” se sostenga. Continuó con un discurso meramente sentimentalista, diciendo que todo se hace y se ha hecho por amor, pero de manera realista debemos aceptar que de amor no se vive, las condiciones de explotación y miseria siguen presentes en la clase trabajadora de nuestro país, que debe salir a la “rebusca” por ganar el pan de cada día, recibiendo un salario de $300 en el mejor de los casos, y lejísimos de lo que gana un diputado. Para ponerlo en contexto, un trabajador común y corriente debe trabajar 17 meses para poder percibir el ingreso que un diputado recibe en un mes. Decir que por amor se seguirá luchando sería más aceptable si diputados, presidente, magistrados etc., no poseyeran salarios tan ostentosos  que les alejan de la realidad que vive la inmensa mayoría del pueblo salvadoreño.

Hugo también hizo mención de los programas sociales, diciendo que solo los acomodados creen que no son necesarios para la población salvadoreña, es decir, todo aquel que de modo crítico contemple que dichos programas sociales no son sostenibles en el tiempo por depender de prestamos es un acomodado, nada más falso. Los marxistas vemos de buena manera cualquier acción que pueda mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora, pero lo que si tenemos claro es que sin cambios estructurales que contribuyan a la eliminación del sistema capitalista, ninguna medida será sostenible, sobre todo cuando los fondos para la realización de los mismos proceda de préstamos, lo que significa ceder y por lo tanto regirse bajo instrumentos como el FMI, el Banco Mundial, y otras organizaciones pro capitalistas, lo cual a su vez aumenta la explotación pues a la larga quienes pagan estas deuda son los trabajadores.

Habló, además, de defender las conquistas del pueblo, seguidamente mencionó algo sobre la mejora de las pensiones para las personas jubiladas o por jubilarse. Y aquí hacemos una pausa, ¿tan corta memoria poseen nuestros dirigentes incluyendo a Hugo? Cuando hace ya casi un año se realizó una reforma al sistema de pensiones (con el apoyo de la bancada legislativa del FMLN) que desde ningún punto que se le quisiese ver, muestra algo de beneficioso para los trabajadores, peor aún, hacen que el trabajador perciba un descuento mayor en su salario a fin de mes. La erradicación de la violencia fue un tema que sobresalió, sobre todo llamó la atención cuando Hugo dijo que retomaría cada rincón de nuestro país y que haría una “lucha sin tregua” contra los delincuentes, lo que no se ha contemplado es que el problema de la violencia es mucho más complejo de lo que se piensa, la represión ha demostrado a lo largo de la historia aumentar la resistencia de los reprimidos, es necesario ver de manera mucho más puntual lo que origina dicho fenómeno y plantear alternativas serias con participación activa de la población salvadoreña.

Incentivos a doctores y profesores, tuvieron también su mención. Curiosamente, el gran ausente en el discurso de Hugo Martínez fue el tema del agua y los intentos privatizadores de la derecha nacional, tema presente en la política actual y que pudo marcar una diferencia en el discurso del aspirante a la presidencia, y es que el agua es un tema que afecta a la mayoría de la población, la cual está harta de tantas cargas sobre sus hombros, por eso necesita que quien le represente demuestre estar de su lado y posicionarse en defensa de sus derechos e intereses. Por lo tanto, después de terminado su discurso podríamos afirmar que es un discurso reciclado, sin nada nuevo, promesas y más promesas, maquilladas de propuestas nuevas.

Necesitamos un partido revolucionario que represente y defienda los intereses de la clase trabajadora, de los desposeídos, es decir, de la mayoría de la población salvadoreña. Necesitamos una dirección que no esté aislada de la realidad del día a día de la clase a la que representa, que demuestre en el discurso, pero sobre todo en la práctica, poseer la capacidad y la convicción de heredar un país diferente a las nuevas generaciones, una dirección que no tema aplicar un programa que nos sirva de transición al socialismo.

No hay nada nuevo bajo el sol.

¡Necesitamos un partido verdaderamente revolucionario y anticapitalista!

 

Septiembre, 2018.

 

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