En junio se cumplen cuatro años del segundo gobierno del FMLN, de la mano del profesor Salvador Sánchez Cerén. La situación del país sigue reflejando los intereses de las empresas privadas nacionales e internacionales y continúa la incertidumbre de sostener todos los avances en programas sociales desde el Estado a través de préstamos con organismos internacionales. Ante ello, es necesario esbozar un análisis marxista de la situación en la que nos encontramos con el fin de concretar propuestas revolucionarias que transformen desde sus raíces el status quo.

Economía y Estado

Marx realizo una detallada explicación de cómo funciona la sociedad capitalista. Acotaba que es necesario comprender que toda sociedad posee en sus bases las fuerzas productivas que le componen y configuran, y de ahí una colosal superestructura (cultural, política, moral, social, etc.) que responde a las relaciones sociales de producción que se derivan de tales fuerzas productivas. En ese sentido, detalló una dinámica en las fuerzas productivas y una cierta estática en las relaciones sociales de producción, en determinado contexto histórico. Y a su vez, explicó que la relación entre base (economía) y superestructura (Estado) es dialéctica, tanto la primera puede transformar a la segunda como la segunda a la primera, aunque en última instancia, la primera determina a la segunda.

Hoy en día, la dinámica innovadora de las fuerzas productivas no tiene las mismas proporciones que antes. Después de las crisis cíclicas que ha experimentado el capitalismo moderno, sobre todo luego de la del 2008, los avances en las fuerzas productivas han sido mínimos y paupérrimos, o en todo caso, chocan con la inevitable sobreproducción del capitalismo, característica fundamental de las relaciones sociales de producción actualmente.

La burguesía y el capitalismo moderno

La burguesía de nuestro país, como la del resto del mundo, ha dejado de invertir en el desarrollo de la industria y ha decidido invertir en la bolsa de valores, pues hacer crecer su tasa de ganancia allí no implica gastos de salarios y maquinaria. Esta es la estrategia de los empresarios para librarse de los corolarios de la lógica capitalista de producción, que solo les beneficia a ellos, pero que hoy se ve en una situación incierta.

En los países del mal llamado “tercer mundo”, el capitalismo no paso por la etapa de una reforma agraria, ni de una industrialización extensiva, ni de constituciones políticas que respondieran a ello. Es decir, no existió una revolución democrática que permitiera consolidar un capitalismo al estilo occidental, sino más bien, construyó una especie de capitalismo agrícola subordinado al capital imperial de industrias transnacionales, y por tanto, un comercio desequilibrado entre importaciones y exportaciones.

La tendencia en los países “subdesarrollados” es: producir en pequeñas cantidades internamente –con recursos propios-  y venderlo todo a precios muy bajos al exterior, y comprar a precios muy altos y en grandes proporciones de lo externo –lo producido en las potencias, con sus recursos- para satisfacer necesidades internas. Aunque la producción textil y de otras ramas industriales sea en masa en localidades de nuestros territorios no se consumen internamente. Por tanto, tenemos un déficit entre lo importado y lo exportado.

Ante todo esto, lo más lógico es que los partidos progresistas que llegaron al poder luego de la crisis de 2008 en América Latina, en el caso de El Salvador, el FMLN –“revolucionario y socialista”-, hubiesen actuado bajo un plan de medidas que trastocarán estas condiciones, que lucharan contra los beneficios de los capitalistas y superaran la miseria del pueblo trabajador, que en todo este embrollo es el que más contribuye al funcionamiento del actual modo de producción y el menos beneficiado por el mismo. Al contrario, han dado un margen de maniobra demasiado amplio a la burguesía y emulan avances significativos de la economía, que solo son la recuperación de los bolsillos de los empresarios después del 2008.

El discurso oficial y la emulación de avances mínimos

Durante los dos gobiernos del FMLN se ha sostenido, desde el discurso oficial de los órganos del Estado, que la economía crece, que el Producto Interno Bruto (PIB) eleva sus puntos porcentuales cada año gracias a la grata inversión privada en sectores productivos de la economía salvadoreña. Por supuesto que es así, pero, principalmente debido a la clase trabajadora, quien soporta la explotación en el proceso de producción, que mueve la economía del país. Y dicho crecimiento solo representa una mínima recuperación de la burguesía –pues solo le beneficia a ella- después de la crisis del 2008 y que, por tanto, no es un avance sino un estancamiento de la economía del país[1].

A menudo suele exagerarse los resultados mínimos de los programas sociales del gobierno. Nadie niega que los proyectos en educación y salud, y los subsidios beneficiaron mucho a la clase trabajadora y campesina de nuestro país, pero solo paliaron algunos efectos de la explotación capitalista. Ésta por su parte, se expresó en una crisis estatal –que yacía desde los gobiernos areneros que exprimieron las arcas financieras del Estado- que puso al FMLN entre los trabajadores y la burguesía, y en un intento de beneficiar a ambos, terminó desacreditándose frente a las masas trabajadoras, acabó por recortar los subsidios, recortar la inversión social, recurrir a mas préstamos y a más impuestos regresivos para seguir sosteniendo esto.

Entramos en una situación donde no sirve de mucho las ayudas en el terreno de educación y salud si paralelo a esto se imponen más contribuciones a los ingresos de la clase trabajadora, que de por sí ya son miserables.

Un nuevo contexto político

Ante la incapacidad política de la dirección del FMLN en el gobierno de demostrar las limitaciones de la superestructura política –el Estado burgués- para llevar a cabo medidas radicales que transformen las bases económicas de raíz en beneficio de la masa trabajadora, haciendo necesaria su transformación en un Estado Obrero, y ante la composición burocrática y autoritaria del partido, los trabajadores han proporcionado una lección abrumadora al FMLN el pasado 4 de marzo: no se puede intentar reformar el capitalismo, dar con una mano beneficios a los trabajadores y con la otra a los capitalistas, pues por agarrar los beneficios de los empresarios con las dos manos se terminan botando los del pueblo.

Los trabajadores suelen sentir más lo que más atenta sus condiciones de existencia y terminan pesando más los impuestos que los programas sociales. La pérdida del 4M para el FMLN le ha dejado al margen de las nuevas luchas venideras, y ha terminado con su papel histórico como instrumento de lucha del pueblo trabajador salvadoreño.

No obstante, el rechazo al FMLN aseguró una mayoría de la derecha en la Asamblea Legislativa y seguramente utilizaran esta nueva correlación para impulsar ataques contra los explotados. Pero también existe un despertar político en la conciencia de los trabajadores del país, esto ha permitido que las masas se aboquen a una nueva alternativa política, con una nueva ilusión de transformar sus condiciones de vida. Y podría desarrollarse un tipo de lucha desde allí en contra de esas medidas.

Situación actual del gobierno del FMLN

El panorama incierto en el Estado salvadoreño ha sido una constante durante los gobiernos del FMLN. La crisis estatal ha estado presente desde los gobiernos areneros pero no pudo ser superada por el FMLN. En la actualidad, la situación del gobierno del FMLN está en un embrollo, existe una crisis en las arcas financieras estatales que hunde sus raíces en el tema previsional, en la deuda pública y en la evasión y elusión fiscal.

¿Cuáles han sido las medidas del FMLN para solventar dicha crisis? Pues claro que nunca se propuso solventarla, y más bien lo que se ha hecho es administrarla, y de mala manera[2]. Existe, por un lado, una sobreestimación de los ingresos tributarios y un aumento de préstamos que incrementan la deuda. Por tanto, un presupuesto estatal insostenible gracias a su vejiga de deuda en constante inflación.

Los desafíos de la izquierda gobernante

Los organismos financieros internacionales (FMI, BID, BM) poseen una ley clara: prestar para dominar. Y sus recetas para acabar con la crisis estatal salvadoreña siguen la línea de la austeridad para los trabajadores e inversión social. Ante ello, el FMLN sigue poniendo una resistencia irrisoria y parece marchar a su desenlace final: atacar directamente a los trabajadores con las recetas de estos organismos. Consideramos, como siempre lo hemos explicado, que se necesitan medidas más radicales para transitar hacia una sociedad donde los explotados sean capaces de gobernar sus vidas.

Los desafíos que el FMLN posee aun como izquierda gobernante siguen siendo muchos, pero en el contexto actual lo más lógico es que el FMLN siga manteniendo una política de conciliación de clases y ceda ante la mayoría de presiones de la burguesía, quedándose al margen. De llegar un nuevo gobierno con pretensiones ideológicas de izquierda se enfrentará con los mismos problemas que el FMLN y deberá enfocarse, por un lado, en eliminar la evasión y la elusión fiscal con impuestos progresivos a los grandes empresarios y con la creación de comités obreros que junto al Ministerio de Trabajo y de Hacienda velen porque se paguen. En nacionalizar el sistema de pensiones, ¡no más AFP!, y en desconocer la deuda pública, creada en su mayoría por los gobiernos de ARENA. Por otro lado, en reducir las jornadas laborales sin reducir salarios, en incrementar las prestaciones laborales, en aumentar la inversión en salud y educación, etc.

Por último, acotamos que esto solo se podrá lograr con la lucha de calle, pues el parlamento dominado por la derecha no cederá en lo más mínimo. Es probable, actualmente, que las masas salgan por su cuenta a las calles en contra de todos los ataques venideros de la burguesía salvadoreña, y una alternativa progresista debería estar al frente de todas estas luchas.

 


[1] Para 2017 se emula el crecimiento económico y la reducción de la canasta básica(!). Véase: https://informatvx.com/presentan-balance-economico-de-tercer-ano-de-gobierno/

[2] Gracias a esto Cerén es de los presidentes peor evaluados por la población, en una escala del 1 al 10 se le califico con un 4.6 en la última encuesta realizada por la UCA. Ver: http://www.uca.edu.sv/iudop/wp-content/uploads/Bolet%C3%ADnPoselectoral2018.pdf

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