El 12 de julio de 2016, observé con tristeza cómo Bernie Sanders apoyaba formalmente la campaña presidencial de Hillary Clinton en la Convención Nacional Demócrata. Como muchos otros, había pasado los últimos seis meses o más haciendo todo lo que estaba a mi alcance para ayudar a la candidatura de Sanders -pero esta había terminado con la derrota y la capitulación. “¡Este es el mundo real en el que vivimos!” le dijo a sus partidarios escépticos de Clinton más tarde ese mes, solidificando mi descontento y decepción.

Pero mi interés por el socialismo se hizo más fuerte. Pasé ese verano inmerso en un torrente cada vez más hacia la izquierda de videos de YouTube relacionados con el socialismo, publicaciones de Reddit y artículos, sacando conclusiones cada vez más duras sobre el Partido Demócrata, la votación de los males menores y el capitalismo en sí mismo, aunque todavía estaba muy inseguro de cuál era el camino a seguir. Para el otoño, supe que quería unirme a una organización socialista y comencé a asistir a todas las reuniones socialistas que pude encontrar.

Inicialmente, me repelían lo que percibía como “viejas ideas” sobre cómo lograr el socialismo. Sentía que la caída del “socialismo de Estado” en el siglo XX se debía a un problema con la teoría subyacente, y veía a los grupos que todavía defendían y analizaban esos eventos como fuera de contacto con el momento actual. Lo que necesitábamos, pensé, eran “nuevas ideas”, aparentemente aún sin descubrir, o tal vez una especie de fusión de las ideologías que ya existían. Además, comprensiblemente quería “hacer algo ahora”, lo que me hizo ver la teoría y la historia como algo meramente complementario de la acción.

Además, estaba desmoralizado por el pequeño tamaño y la desunión de la izquierda, y pensé que era un momento histórico fundamentalmente nuevo y diferente, momento en el que la mayoría de la gente ya no podía pensar fuera de los límites del sistema bipartidista y capitalista. Sentí que “socialismo” era una palabra estropeada permanentemente, y que deberíamos distanciarnos de la palabra, la historia e incluso el color rojo.

Pero mientras veía el leninismo y la idea de tomar los medios de producción como obsoletos y las discusiones políticas detalladas como interesantes pero innecesarias, continué asistiendo a los eventos organizados por la CMI, ya que no podía dejar de estar cautivado por la amplitud de conocimientos y seriedad sobre la transformación de la sociedad ejemplificada por sus miembros. Me sentí especialmente intrigado por su actitud sobria y nada sorprendida hacia el fenómeno de Sanders, un movimiento que a mí me había parecido impactante e impredecible.

Continué asistiendo a los eventos organizados por la CMI, ya que no podía dejar de estar cautivado por la amplitud de conocimientos y seriedad sobre la transformación de la sociedad ejemplificada por sus miembros. / Imagen: Socialist Revolution

En reuniones y discusiones posteriores, mi pesimismo sobre el potencial del socialismo y los prejuicios contra las “ideas viejas” comenzó a cambiar. Aprendí que las “nuevas ideas”, como “hacerse cargo” de la economía con cooperativas de propiedad de los trabajadores o construir “instituciones alternativas” dentro del capitalismo mismo, de hecho eran más antiguas que el bolchevismo en sí, y ya se había demostrado que eran una callejón sin salida.

Me di cuenta de que la teoría no es una búsqueda abstracta, académica o innecesaria, sino un fundamento vital para garantizar que cualquier acción que tomemos valga la pena y se base en una evaluación correcta de la situación. Mientras antes, había sido propenso a querer simplemente “salir a la calle” o hacer un sondeo, esto ahora me parecía similar a decirle a un estudiante de química que está trabajando diligentemente en un conjunto de problemas que deje de lado los libros y simplemente “haga algo” en el laboratorio.

Aprendí que la Revolución Rusa era vista por sus líderes solo como la primera en una cadena internacional de revoluciones socialistas, pero debido a que no se había preparado de antemano una dirección revolucionaria en los países vecinos, la revolución se había encontrado aislada en condiciones semifeudales. Haciendo de la burocratización algo casi inevitable. Esta explicación concreta y marxista de la degeneración de la Unión Soviética se sintió mucho más completa y precisa que las ideas vagas y eclécticas que había absorbido de los comentarios del Internet y de los académicos de izquierda, y también me hizo darme cuenta de que estudiar la Revolución Rusa es de importancia práctica; no había sido una teoría defectuosa, sino condiciones históricas altamente específicas las que habían dado lugar al estalinismo.

No había sido una teoría defectuosa, sino condiciones históricas altamente específicas las que habían dado lugar al estalinismo. / Imagen: Dominio Público

Aprendí que el pequeño tamaño de la izquierda no se debía a un desinterés colectivo permanente en el socialismo, sino a un período histórico anómalo de relativa estabilidad para el capitalismo. A medida que la crisis del capitalismo se intensificaba inevitablemente, capas cada vez más grandes de la clase trabajadora se moverían hacia la acción política, cuyos comienzos ya eran evidentes en el caso de Ocuppy Wall Street, #BlackLivesMatter y la misma campaña de Sanders. Mi error, más tarde me di cuenta, era que había visto a la sociedad como fija y rígida, en lugar de en constante cambio y propensa al cambio. Este último enfoque, el método de la dialéctica, fue lo que permitió a los miembros de la CMI sentirse seguros de que un fenómeno como el de la campaña de Sanders era inevitable mucho antes de que sucediera.

Me di cuenta de que el bolchevismo no era una estrategia hiperespecífica aplicable solo a la Rusia zarista, sino más bien un marco flexible y universalmente aplicable para construir las fuerzas del marxismo antes de los trastornos sociales, en lugar de tratar de improvisar una dirección en el futuro. al calor de los acontecimientos. A la luz de los muchos momentos revolucionarios en la historia que se perdieron debido a la falta de una dirección revolucionaria, esto me pareció una tarea urgente.

Puedo relacionarme con aquellos que sienten que necesitamos “nuevas ideas” para construir el socialismo en el siglo XXI, o que se sienten impacientes y desmoralizados por el estado actual del movimiento. Pero la realidad es que ya tenemos las ideas más avanzadas que la humanidad conoce: las ideas del marxismo. Y con estas ideas, podemos estar seguros de que la situación puede y va a cambiar, ya sea que estemos preparados para ello o no. Trotsky escribió en 1938 que “la situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado”. Esto sigue siendo cierto hoy en día, por lo cual la CMI está reconstruyendo activamente la dirección del proletariado, y aliento a todos los que quieran ver el socialismo en nuestras vidas para que se unan a nosotros.

Articulo publicado originalmente en inglés: From Eclecticism to Bolshevism: Why I Joined The IMT

 

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