Defendamos nuestras vidas, ¡por la creación de comités de defensa barriales!

El problema de la delincuencia y los homicidios son temas ya conocidos por los trabajadores, no repetiremos datos ya publicados hasta la saciedad y difundidos de manera asquerosa e hipócrita por la prensa burguesa, más bien queremos comenzar a explicar nuestra postura acerca de la descomposición social y como combatirla.

 

El problema de la delincuencia y los homicidios son temas ya conocidos por los trabajadores, no repetiremos datos ya publicados hasta la saciedad y difundidos de manera asquerosa e hipócrita por la prensa burguesa, más bien queremos comenzar a explicar nuestra postura acerca de la descomposición social y como combatirla.

 

Descomposición social bajo el capitalismo

Durante su primera etapa el capitalismo significó un impulso revolucionario para la sociedad, sustituyó el arcaico modo de producción feudal por uno más eficiente: la manufactura; sin embargo hace mucho tiempo que dejo de significar progreso, para la aplastante mayoría de la humanidad y en todos los aspectos culturales y científicos de esta, el capital ahora representa pobreza y decadencia, hubo una época en la que los empresarios se podían permitir elevar los niveles de vida de las masas, pero esos “buenos tiempos” se han acabado.

Lo que vemos ahora, es la acumulación despiadada y abierta de un pequeño sector de la población a costa del restante, para muestra un botón, el informe de 2013 de la consultora Wealth-X y UBS reveló que en El Salvador hay 150 ultra ricos, cuyas fortunas suman $20,000 millones, unos $133.4 millones, en promedio por cada uno, esto contrasta con los altos niveles de pobreza de nuestro país, en ese mismo año el 29.6% de la población salvadoreña vivía en condiciones de pobreza (Encuesta de Hogares y propósitos múltiples, Digestyc), lastimosamente se nos hizo imposible encontrar otro informe más reciente de la consultora, sin embargo sabemos que cualquier trabajador se dará cuenta que en esencia los márgenes no han cambiado.

Esta cantidad de “ultraricos” podrá aumentar en unidades (y estos por el nacimiento en alguna familia de estos), pero no en decenas ni centenas de personas, mucho menos en miles, para poder mantener sus privilegios los empresarios empujan cada vez más a que la economía se mantenga monopolizada, vemos como las grandes empresas devoran a las mas chicas, aumentando con esto el poder de un pequeño grupo de empresarios en particular, son los mismos que hablan de “libre competencia” los que ahogan con su poder económico a cualquiera que quiera apropiarse de una tajada de su pastel.

Al tener control de las fábricas, la tierra y la banca, los empresarios dictan las reglas que les parecen más convenientes, contratan el menor número de trabajadores posible y les asignan las jornadas laborales que les representan mayor provecho entregándoles a cambio los salarios que les resulta mejor a sus bolsillos. Estas condiciones han empujado a los trabajadores a luchar entre sí, para poder “asegurar” sus puestos de trabajo, saben muy bien que en países atrasados como el nuestro esa idea de poder acceder al campo laboral de manera fácil solo es una falacia.

El capitalismo engendra descomposición: las pandillas, los ladrones, la prostitución, drogadicción, etc. son un subproducto de esta, ¿en ese caso que postura debemos tener alrededor de estos males?

Ni mijangos ni giulanis, ni oportunismo ni reacción

Queremos aquí analizar dos posturas que han salido a la palestra pública debido al incremento de la violencia, la primera la del exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani (contratado por la ANEP) y la segunda, la del máximo defensor de la tregua con las pandillas, Raúl Mijango.

Giuliani es famoso por implementar bajo su mandato el plan “tolerancia cero” que criminalizaba delitos menores, y fomentaba el abuso policial. La propuesta que su equipo ha desarrollado para nuestro país no es muy distinta y parece muy curioso que tras su visita los ataques de las pandillas no resultaran exclusivos para la población civil sino que también para elementos de represión del Estado (PNC y ejercito), aun no se ha hecho pública su propuesta pero podemos saber a qué va orientada: una evaluación de las instituciones de seguridad que seguramente apuntara a “modernizar” (léase privatizar), en cuanto al personal humano, capacitación, tecnología, infraestructura y los recursos que necesitan la Policía y la Fiscalía para combatir el crimen, es decir fortalecer los aparatos de coerción del Estado.

Es muy posible que este “fortalecimiento” inmiscuya a la empresa privada en tareas de seguridad y venga aparejado con jugosos contratos económicos con las empresas de seguridad privada, claro está este dinero saldrá de los impuestos de los salvadoreños de a pie (En México el Estado invirtió $4.3 millones en compra del software y aplicación de este que distribuye casualmente la empresa de Giuliani)

La criminalización de delitos menores bajo la excusa de “una firme creencia de que los asuntos sociales y el crimen van de la mano” son absurdos, su aplicación en México significó que se criminalizaran desde los Taxis piratas, niños limpiaparabrisas, hasta combatir el ¡“problema de abuso de ausentismo por enfermedad a los centros de trabajo”!

No solo eso, además busca flexibilizar el sistema judicial para que se preste a muchas arbitrariedades: eliminación de juicios escritos por juicios orales y juicios rápidos en caso de flagrancia, estas medidas más bien son preventivas pero no para el combate a la delincuencia, esa es la fachada con la que se la venderán a los trabajadores, la burguesía se está preparando para la lucha de clases.

Por otro lado Raúl Mijango es conocido por defender la tregua entre pandillas, en artículos anteriores hemos dado nuestra postura ante esto: la tregua entre las pandillas no beneficia a la clase trabajadora que siguió siendo extorsionada mientras la tregua estaba vigente, como dijimos en nuestros artículos anteriores esta no iba a durar y mucho menos a solucionar los problemas.

Bajo el argumento: “La salida más viable y cómoda es a través del diálogo”, este “defensor” de la paz ha hecho un llamado a que reconozcamos a los grupos delincuenciales como una realidad a la cual debemos escuchar.

Nunca nos opondremos a que algún elemento de las pandillas pueda abrazar un programa revolucionario pero debemos reconocer un aspecto antes: el aumento de la pobreza en toda sociedad capitalista empuja a ciertos sectores desclasados a tener que sobrevivir a costillas de la burguesía, el proletariado y de la pequeña burguesía, adquiriendo sus propios intereses de clase, los grupos delincuenciales pertenecen a lo que conocemos como lumpemproletariado, a medida aumenta la descomposición del régimen estos grupos adquieren mayor fuerza, es así como las pandillas dejaron hace tiempo de ser simples grupos delincuenciales para ser ahora grupos de crimen organizados con estructuras muy similares a las mafias internacionales, involucrados en trata de blancas, trafico de drogas, etc. Mijango se hace del ojo pacho ante esto, los trabajadores debemos desconfiar de esta tregua. Buscamos la erradicación de las pandillas como clase y su incorporación a la sociedad productiva, es decir en las fábricas o centros de trabajo, buscar solucionarlo de otra forma solo es querer engañar al pueblo salvadoreño.
Ambas posturas olvidan dos hechos fundamentales: Las medidas de seguridad que se deban adoptar sólo son un medio de contención que asegure la vida de los trabajadores en lo que cumplen su tarea histórica: la toma del poder, los trabajadores no podemos confiar en los elementos de coerción del Estado y mucho menos en los grupos delincuenciales, a estos les interesa mantener el régimen actual y en los momentos decisivos se volverán fieles defensores de este.

¿El Estado puede acabar con la delincuencia?

En el momento de terminar de escribir este artículo nos enteramos de la modificación de la ley penal de nuestro país aprobada por la Asamblea Legislativa a iniciativa del Ministro de Seguridad Benito Lara, que aparte de reducir el tiempo en ciertos procesos además da la flexibilidad para que los elementos policiales puedan auto defenderse.

Obviamente estamos en contra del asesinato de policías y de elementos del ejército quienes en la mayoría de sus casos son hijos de campesinos y trabajadores que tuvieron que ingresar a sus filas ante la falta de oportunidades, pero creemos que este tipo de medidas solo es una solución superficial al problema, de hecho nada asegura que estas medidas los protejan aun más, lo único que sucederá será la profesionalización de los grupos delincuenciales, el 29 de enero de 2015 El Faro publicó una nota titulada: “Así escaparon de la Mara Salvatrucha dos jóvenes soldados”, donde dan muestras claras de la evolución del “modus operandis” de las pandillas.

El Estado capitalista es incapaz de solucionar los problemas de la sociedad porque no está diseñado para proteger a la sociedad, como Marx explicaba en el Manifiesto Comunista: el gobierno del Estado Moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa, es decir que el verdadero objetivo del Estado (Instituciones, leyes, sistema educativo y cultural) está diseñado para proteger la propiedad privada de los medios de producción.

Los políticos de la burguesía aparentan buscar una solución a este problema con el fin de mantener el orden de las cosas, son sabedores que ante la escalada de violencia se desacredita el sistema, ARENA ataca las medidas de seguridad del gobierno del FMLN pero se ve obligada a apoyar algunas medidas que estos propongan, es preferible mil veces fortalecer al aparato estatal (en lo que buscan como recuperarlo) que dar paso a medidas que signifiquen la participación directa de los trabajadores.

Mientras intenta vender a la población una aparente preocupación por su seguridad a sus espaldas discuten con los banqueros y los empresarios las verdaderas políticas que les interesan, los negocios con las transnacionales, las medidas de austeridad que deben ser aplicadas en nuestro país, etc.

El FMLN debe usar el aparato estatal como un medio de agitación que le sirva para desenmascarar lo que realmente se discute en las salas de los banqueros, acercarse a la población y organizarlos, brindarles los recursos a la gente y sus organizaciones para que puedan defender sus vidas, presentar el estilo de vida de los grandes empresarios, abrir sus cuentas bancarias, mostrar lo que verdaderamente es la derecha y sus amos: defensores de la pudrición que ellos engendran.

¡No a los grupos de exterminio!

La degeneración de la sociedad y la incapacidad del aparato estatal para combatir la delincuencia han hecho que los grupos de exterminio vayan ganando popularidad entre algunos sectores de la población (generalmente pequeña burguesía y un sector de la juventud).
Nos oponemos a los grupos de exterminio por tres razones fundamentales:

1) El fenómeno de las pandillas nace como consecuencia de la descomposición del sistema capitalista, de las pocas oportunidades para la juventud, la falta de acceso a la educación, salud, vivienda, recreación, cultura, etc. Indudablemente (a pesar que estos grupos aseguren lo contrario) es más fácil tomar un arma y eliminar físicamente a los pandilleros que luchar por la erradicación del sistema que los engendran: el capitalismo. De manera superficial estos grupos parecen atrayentes, pero como explicaba Trotsky: “muy impactante en sus formas externas (muerte, explosiones, así sucesivamente) pero absolutamente inofensiva en lo que respecta al sistema social”

2) Solo la conquista del poder por parte del proletariado puede barrer con toda la basura en la que vivimos, los grupos de exterminio crean la falsa ilusión entre los trabajadores que no es necesario organizarse, ¿para qué necesitamos los trabajadores un partido y comités de autodefensa si un grupo de “héroes anónimos” puede acabar con este mal?, por su misma naturaleza, estos grupos están condenados a trabajar de forma aislada del movimiento y en su mayoría desecharan cualquier idea de obedecer a un órgano central de los trabajadores.

3) Al no estar supeditadas a la decisión de los trabajadores organizados es muy fácil que estos elementos aventureros se degeneren y posiblemente en el momento decisivo de la lucha de los obreros y obreras a pasar al campo de la reacción.

Anteponemos la existencia de grupos de exterminio a la creación de comités de autodefensa barrial, formados por delegados escogidos de forma democrática en los barrios y colonias por medio de asambleas de habitantes, de esta forma aseguramos que los grupos actúen bajo el mandato de la mayoría de la población, los elementos de la PNC y bases del ejercito podrían participar en estos grupos pero de igual forma deben estar supeditados a las decisiones de la mayoría.

¿Deben los trabajadores armarse?

Los intelectuales, los reformistas y la pequeña burguesía se escandalizan cuando se plantea la posibilidad de que los trabajadores puedan armarse para defender sus vidas, como un coro de urracas vociferan hasta más no poder que esto sólo engendrará más violencia, su desprecio a los trabajadores es tan grande que no se les es posible imaginar que estos puedan actuar de forma disciplinada, en sus horrorizadas mentes ya sea de forma consciente o inconsciente rebajan a los trabajadores al mismo nivel de las pandillas.

Los grandes empresarios tampoco tienen ningún interés que los trabajadores puedan defenderse por sí mismos, la verdad es que le tienen más temor a la posibilidad de las conclusiones que puedan sacar los trabajadores al organizarse y lograr frenar los asesinatos a que mueran a manos de las pandillas.
De forma hipócrita la burguesía denuncia la violencia, lo elevan a una categoría puramente moral, olvidándose oportunamente que todas las clases sociales utilizan la violencia para defender sus intereses, incluyendo a los propios empresarios y obviamente los grupos delincuenciales, utilizando todos los medios legales (leyes, jueces, cárceles) e ilegales posibles (grupos de choque, delincuenciales, etc.). La violencia es pues, un medio de imposición de los intereses de clase, cada clase los ocupa de manera distinta y los lleva a niveles distintos, si la burguesía se aterroriza de la posibilidad de que los trabajadores utilicen medios coercitivos se debe a dos motivos: creen que los trabajadores pueden elevar la lucha de la defensa de sus vidas a la lucha por la erradicación del sistema capitalista e equivocadamente imaginan que nosotros llegaremos al extremo al que ellos han llegado (asesinatos, secuestros, torturas, etc.) para lograrlo.

Nada más falso, ningún trabajador en su sano juicio utilizaría de esta forma la violencia, podemos tomar ejemplos, el 9 de Noviembre del 2014 La Prensa Grafica publicaba: “En San Esteban Catarina vecinos patrullan armados y controlan quién ingresa” en esta nota se daban datos que muestran de forma embrionaria lo que pensamos de los comités de autodefensa obrera: Una población de alrededor de 7000 personas, en lo que es la zona más segura de todo San Vicente, registrando el ultimo homicidio en el 2011 (hasta la fecha de la redacción del artículo, debemos averiguar tanto usted amable lector como nosotros qué ha sucedido en estos últimos meses), inclusive se dejaron de registrar el hurto y robo de ganado que era su delito más común, ¿Cómo lograron esto? Pues formando comités de Defensa Comunitarios en los que participan la para nada despreciable cifra de 800 personas de siete cantones distintos, con tareas especificas y claro está armados, y lo más importante y con lo que cierra la nota: “Todos los habitantes están involucrados con la seguridad. Si se organizan asambleas vecinales asiste toda la comunidad y todos mantienen comunicación”

Los trabajadores aborrecemos la violencia, pero no debemos permitir que se nos sea arrebatada la vida y por eso debemos hacer uso de ella, pero utilizarla con carácter de clase, la violencia para los trabajadores es pues un medio para acabar con la descomposición social, para las pandillas la violencia es un medio para perpetuarlo ¿Puede la burguesía, los Giulianis y los Mijangos notar la diferencia?


El problema: el capitalismo, la solución: erradicarlo

Los comités de autodefensa son un primer paso, pero no el único, reconocemos que el problema de la delincuencia tiene una base material: la explotación del hombre por el hombre, es decir que si realmente queremos erradicar la delincuencia es necesario acabar con el régimen en el cual se sustenta.

El FMLN debe ser consciente de esto y actuar en correspondencia, solamente con la aplicación de un programa revolucionario podemos dar los primeros pasos para solucionar de una buena vez por todas este mal, la piedra angular de este programa debe ser la confiscación de las grandes extensiones de tierra, la expropiación de la banca y la industria echada a funcionar bajo la economía planificada.

[1] Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual

 

 

 

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