Crítica del libro ‘Lost Connections’: la base material de la depresión

Escrito por: Martin Swayne

¿Qué es lo que causa realmente depresión y ansiedad? ¿Y cómo podemos resolver genuinamente estos problemas? Responder a estas preguntas es la tarea que el periodista Johann Hari trata de responder en su libro recién publicado, “Lost Connections“.

No hace falta decir que es un tema muy amplio y complejo. Pero Hari logra un progreso significativo al ubicar la depresión en su contexto material y social: un mundo que está en un continuo proceso de destrucción, con un “tratamiento” proporcionado por un sistema que igualmente está desmoronándose.

Este es un enfoque novedoso y holístico. Con demasiada frecuencia, el tema de la depresión y la salud mental se tratan en general de una manera estrecha y biológica. Las causas subyacentes son pasadas por alto. Pero existe, a pesar de lo que Margaret Thatcher pudo haber afirmado, algo así como la sociedad.

Un síntoma de un problema más profundo

En el primer capítulo, Hari expone el fraude de los estudios científicos patrocinados por grandes compañías farmacéuticas. Estas investigaciones se realizan por una razón muy específica: los gigantes farmacéuticos quieren poder comercializar sus propios medicamentos y obtener ganancias. Es por eso que las compañías farmacéuticas realizan estudios en secreto, y sólo publican los resultados que hacen que sus productos tenga una buena imagen.

Cuando se profundiza, resulta que una gran proporción de los estudios muestran que muchos de los más importantes antidepresivos son tan efectivos como un placebo. Todo lo que se necesita para aprobar un medicamento es dos ensayos que muestran cierto éxito. Esto significa que podría ocurrir “una situación en la que hay 1000 pruebas científicas, y 998 descubren que la droga no funciona en absoluto”.

Los primeros capítulos también arrojan dudas sobre la “historia de la serotonina”. Ésta, esencialmente, diagnostica la depresión como un desequilibrio químico en el cerebro. Pero la ciencia es débil en esto. Como dice un entrevistado:

“Este enfoque es como colocar una tirita en una extremidad amputada. Cuando tienes a una persona con una angustia humana extrema, tenemos que dejar de tratar los síntomas. Los síntomas son mensajeros de un problema más profundo. Vayamos al problema más profundo”. (P43)

No es sorprendente que los estudios en profundidad que se han realizado sobre el terreno muestren (con cientos de personas deprimidas entrevistadas y verificadas por un grupo de control) que experimentar algo realmente estresante puede causar depresión.

Un estudio a gran escala en particular mostró que las mujeres deprimidas el año anterior al desarrollo de la depresión tenían tres veces más probabilidades de enfrentarse a factores estresantes a largo plazo en sus vidas que las mujeres que no se deprimían.

Pero no es sólo un evento traumático, el que puede causar depresión; también hay fuentes de estrés a largo plazo. Si se tienen estabilizadores positivos en la vida de los individuos, esto reduce en gran medida las posibilidades de desarrollar depresión.

Por lo tanto, se ha descubierto que hay dos cosas que causan que la depresión sea mucho más probable. En primer lugar, un evento dramático grave (como la pérdida de un hijo). Y en segundo lugar, existen fuentes de estrés e inseguridad en la vida a largo plazo (en relación con el trabajo o las finanzas, por ejemplo). Cuando estos factores se suman, las posibilidades de desarrollar depresión no sólo se combinan, sino que aumentan exponencialmente.

Se ha demostrado que la depresión es, en un grado significativo, no un problema del cerebro, sino de la vida en general. En ese sentido, la depresión no es una enfermedad mística e irracional. Es una respuesta muy racional y comprensible a las condiciones adversas de la sociedad capitalista.

‘Desconexión’ del trabajo y de las personas

La segunda parte del libro examina algunos de los factores que Hari llama “desconexión”. Hay que reconocer que el autor menciona la desconexión con trabajos valorados como causa número uno.

El libro hace un seguimiento a algunas personas atrapadas en trabajos sin sentido. Por ejemplo, está Joe, que trabaja en un taller de pintura en Filadelfia, y que mezcla pintura día tras día.

“Nadie se dio cuenta si Joe lo hizo bien o mal. Lo único que comentaba su jefe era si llegaba tarde y luego lo reprendía a gritos”. (P61)

También se nos presenta el caso de los funcionarios públicos del Reino Unido en la década de 1970. Estos oficinistas están divididos en grados, con niveles estrictos que determinan cuánto les pagan y cuánta responsabilidad se les otorga en el trabajo. Los investigadores querían examinar si esas diferencias afectan a la salud física y mental.

“En ese momento, la mayoría de la gente pensaba que ya sabía la respuesta, por lo que este estudio no tenía sentido. Imagínense a un hombre al frente de un gran departamento del gobierno, y un hombre cuyo trabajo, once pasos por debajo de la escala salarial, es archivar documentos y escribir anotaciones. ¿Quién es más probable que tenga un ataque al corazón? ¿Quién es más probable que se sienta abrumado? ¿Quién es más probable que se deprima? Casi todos creyeron que la respuesta era clara: era el jefe. Él tiene un trabajo más estresante. Él tiene que tomar decisiones realmente difíciles, con importantes consecuencias. El tipo que se dedica a archivar tiene mucha menos responsabilidad; le pesará menos; su vida será más fácil. “(p67)

Sin embargo, después de años de intensas entrevistas, resultó que las personas en la parte superior del servicio civil tenían cuatro veces menos probabilidades de sufrir un ataque al corazón que las personas en la parte inferior de la escala funcionarial de Whitehall. Además, si se trazase en un gráfico, a medida que tu posición en el servicio civil aumentaba, tus posibilidades de desarrollar depresión disminuían, paso a paso. Había una relación muy estrecha entre deprimirse y el lugar en el que se encontraba en la jerarquía.

La pregunta entonces fue: a medida que te elevas en el servicio civil, ¿qué cambios en tu trabajo realmente explican este cambio? La respuesta es la falta de control.

“Piensa en tu propia vida… examina sólo tus propios sentimientos. Donde te sientes peor en tu situación laboral, y probablemente en la vida, es cuando te sientes fuera de control”. (P68)

“El peor estrés para las personas es no tener que asumir mucha responsabilidad. Está teniendo que soportar un trabajo que es monótono, que destruye el alma; donde las personas mueren un poco cuando vienen a trabajar todos los días, porque su trabajo no logra conectar ninguna parte de ellos que sean ellos”. (p69)

La necesidad de comunidad

Otro factor es la desconexión con otras personas. Varios experimentos sociales muestran que mientras más amigos y conexiones sociales saludables tengas, es menos probable que estés enfermo o deprimido. La soledad, en particular, causa una cantidad significativa de depresión y ansiedad en la sociedad capitalista moderna.

¿Pero por qué? Aquí el libro vuelve a la historia y apunta a la evolución humana:

“Los seres humanos evolucionaron primero en las sabanas de África, donde vivíamos en pequeñas tribus de cazadores-recolectores de unos cientos de personas o menos. Tú y yo existimos por una razón, porque esos humanos descubrieron cómo cooperar. Ellos compartieron su comida. Cuidaron a los enfermos. Sólo tenían sentido como grupo”. (P77)

El ejemplo se da de humanos que se separaron del grupo y que estuvieron solos durante un período prolongado. Este aislamiento significaba que estabas en un peligro terrible y vulnerable frente a los depredadores. Si te enfermaste, nadie estaría allí para atenderte. Y el resto de la tribu era más vulnerable sin ti también. Estarías en lo cierto al sentirte terriblemente mal. Los humanos necesitan tribus tanto como las abejas necesitan una colmena. Necesitamos pertenecer y necesitamos un propósito.

El profesor de Harvard, Robert Putnam, es destacado por documentar una tendencia importante de nuestro tiempo: la rápida disminución de las cosas que los humanos hacemos como grupo. Desde equipos deportivos, hasta coros, grupos de voluntarios: todas estas actividades sociales han estado en caída libre durante décadas.

El ejemplo que se da en los bolos en los Estados Unidos, una de las actividades de ocio estadounidenses más populares. La gente solía jugar a esto en ligas organizadas, como parte de un equipo que compite contra otros equipos. Ahora la gente todavía juega a los bolos, pero lo hacen solos, en su propia pista. La estructura colectiva se ha derrumbado y el sentido de comunidad ha desaparecido en gran parte.

Los capítulos posteriores tratan una plétora de otros causantes de depresión. La pérdida de valores significativos; trauma; desconexión con la naturaleza; desconexión de un futuro seguro; y el verdadero papel de los genes (que confirma la posición materialista dialéctica presentada en Razón y Revolución: la disposición genética importa, pero la influencia decisiva es el entorno).

Soluciones colectivas

Hasta este punto, cuando se trata de las causas de la depresión, el libro es muy legible e interesante. Menos convincentes son las soluciones ofrecidas en la parte final.

Para ser justos, el autor hace grandes esfuerzos por identificar formas posibles en su uso de palabras como “reconectarse”. Hari señala que se podrían llenar hangares de aviones con los estudios de lo que sucede en el cerebro de una persona deprimida. Pero sólo llenarías un avión con las investigaciones que se han llevado a cabo sobre las causas sociales de la depresión y de la ansiedad. Y apenas podrías llenar un avión de juguete con las investigaciones de posibles soluciones.

Se nos cuenta la historia de un agricultor de arroz de Camboya con una pierna amputada por una mina terrestre y que desde entonces había estado ansioso y lleno de desesperación. La comunidad local decidió que no necesitaba antidepresivos. En cambio, le compraron una vaca. Era perfectamente capaz de ser lechero, lo que implicaría caminar menos dolorosamente sobre su pierna falsa y tener menos recuerdos perturbadores.

En los años siguientes, su vida cambió y su depresión desapareció. Para los camboyanos, lidiar con la depresión no era una cuestión de cambiar la química del cerebro. Esto parecía extraño para su cultura. En cambio, la solución se basó en la unión de la comunidad y el empoderamiento de la persona deprimida para cambiar su vida. No fue una solución individual, sino colectiva.

Otro ejemplo de acción colectiva es el proyecto de vivienda Kotti en Berlín. Aquí, cientos de personas de diversos orígenes se unieron en protesta por los aumentos de los alquileres. Esto levantó el ánimo de todas las personas involucradas.

O está la historia de los trabajadores de Baltimore Bicycle Works. Expulsaron a su jefe y comenzaron a dirigir su tienda de bicicletas como una cooperativa de trabajadores. Cambiar la estructura e infundirla con democracia mejoró radicalmente el bienestar de los trabajadores. Ya no se sentían como engranajes sin sentido en un sistema. En palabras de Josh, uno de los miembros de la cooperativa:

“Ciertamente puedo ver que la depresión y la ansiedad estánrelacionadas con el hecho de que la gente se siente realmente confusa e indefensa. Creo que es difícil para las personas vivir en una sociedad en la que no tienes control sobre nada… No controlas tu economía diaria, debido a que es precaria si por suerte tienes trabajo, y luego si tienes un trabajo, entras en el lugar, pasas cuarenta, cincuenta, sesenta horas a la semana en este lugar. No tienes libertad de expresión. No tienes ningún tipo de control o voto” (p207)

¡Este es un resumen bastante apropiado del trabajo en el capitalismo!

La palabra C y S

Esta también es la parte frustrante de Lost Connections. Hari ha realizado un excelente esfuerzo para entrevistar a personas de todo el mundo sobre un tema complejo. Es buen trabajo por señalar la base material de las enfermedades mentales y establece que es un hecho bien establecido que cuanto más pobre se es, más probabilidades se tiene de deprimirse o de angustiarse (página 247).

En algún momento, sin embargo, tienes que llamar al pan pan y al vino vino, y señalar con el dedo la palabra C: capitalismo. Hari nunca hace esto (probablemente porque no quiere molestar a los varios patrocinadores, celebridades liberales como Elton John, y, de todas las personas, a Hillary Clinton). Hacia el final, el libro incluso llega a ser un poco despreciable, cuando introduce a Barack Obama por promover la idea de un ingreso básico universal .

No obstante, hay que reconocer que Lost Connections sigue siendo una introducción muy útil al tema de la depresión y la ansiedad. En particular, es positivo escuchar al autor argumentar en contra de “privatizar su dolor” y de hacer recaer todo sobre el individuo.

Sí, los antidepresivos y las técnicas individuales (como rodearse de la naturaleza y el ejercicio, limitar las redes sociales, intentar la meditación y la “atención plena”, etc.) tienen un cierto lugar y pueden ser útiles. Pero como afirma Hari, el yo no es en última instancia la solución, la única respuesta está más allá.

En su búsqueda de una solución, Hari naturalmente deriva hacia ideas radicales:

“Sí, los cambios que necesitamos ahora son enormes. Son del tamaño de la revolución en la forma en que se trató a las personas homosexuales. Pero esa revolución sucedió. Nos espera una gran lucha para enfrentarnos realmente a estos problemas. Pero eso es porque hay una gran crisis. La respuesta a una gran crisis no es ir a casa y llorar. Es luchar con todas tus fuerzas. Es exigir algo que parece imposible, y no descansar hasta que lo hayas logrado. “(P254, énfasis nuestro)

Y:

“No quiero abandonar el mundo moderno y volver a un pasado mítico que estaba más conectado de muchas maneras pero era más brutal en muchas otras. Quiero ver si podemos encontrar una síntesis en la que nos acerquemos a la unidad de los Amish sin sofocarnos o recurrir a ideas extremas que a menudo me resultan aborrecibles”. (P188)

Da la casualidad que había un hombre que sabía una cosa o dos sobre historia, política y economía; alguien que hace más de 150 años brindó una base científica para esto exactamente: “síntesis”. Su nombre era Karl Marx, y los socialistas revolucionarios han estado luchando desde entonces por estas “demandas imposibles”. Nosotros las llamamos socialismo.

Estas ideas no son ‘extremas’. Son las únicas que abordan la raíz real de los problemas del individualismo, la soledad y la alienación bajo el capitalismo .

Defender una semana laboral más corta y un ingreso básico universal no es suficiente. No llegaremos demasiado lejos a menos que planteemos la cuestión de quién posee realmente y controla la riqueza y la tecnología en la sociedad, y por qué.

La única manera de garantizar que las personas no estén alienadas del mundo que les rodea es dándoles un control genuino sobre sus vidas. Esta es la única forma de brindar a las personas la estabilidad y el tiempo necesarios para desarrollarse. Y sólo una revolución socialista puede lograr esto.

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