Comunistas contra Stalin: la masacre de una generación – prólogo de Alan Woods

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La muerte de Pierre Broué en 2005 representó una pérdida trágica. Durante su vida desempeñó muchas labores como historiador, militante trotskista y editor de “Cahiers Leon Trotsky”. Durante 45 años participó activamente en la política trotskista en Francia e internacionalmente. Escribió obras importantes. Editó y prologó una edición francesa autorizada de los escritos de Trotsky posteriores a 1928, y estuvo en el centro de la investigación de Trotsky en las últimas décadas.

[El libro está disponible en línea]

Pierre Broué fue reconocido internacionalmente como historiador del movimiento revolucionario internacional. Sus historias del Partido Bolchevique, la Internacional Comunista, la Revolución Alemana y la Revolución Española han causado una amplia admiración . Entre sus obras más destacadas se encuentran las escritas en los últimos años de su vida. Su magistral biografía de Trotsky (Trotsky, Pierre Broué, Fayard, 1988) es un antídoto muy saludable contra el filisteísmo superficial y pretencioso de Isaac Deutscher.

La presente obra Comunistas contra Stalin: la masacre de una generación, que ha sido publicada por primera vez en una traducción al italiano, es otra obra destacada de este célebre escritor trotskista. Trágicamente, iba a ser la última.

Un militante revolucionario

Pierre Broué no era solo un intelectual, alguien que escribía libros para las universidades y comentaba los acontecimientos desde la comodidad de su estudio. Fue un revolucionario activo y militante que dedicó su vida a la lucha por el socialismo internacional. En su juventud, Pierre se unió a la Resistencia Francesa para luchar contra la ocupación nazi de Francia. Se unió al Partido Comunista, pero pronto chocó con la dirección estalinista.

Más tarde se convirtió en militante de la Cuarta Internacional y siguió siendo un trotskista dedicado  durante el resto de su vida. Nunca vaciló en su creencia revolucionaria en el futuro socialista de la humanidad. Al día siguiente de su muerte, su estrecho colaborador, amigo y camarada, Jean-Pierre Juy me escribió para decirme que mantuvo este fervor revolucionario hasta el final.

Solo conocí a Pierre en la última fase de su vida, cuando ya estaba comprometido en su última batalla: una batalla de vida o muerte contra el cáncer. Pero estaba muy familiarizado con su trabajo e ideas, principalmente a través de nuestro amigo común Seva [Esteban] Volkov, el nieto de Trotsky. Seva Volkov era un amigo cercano de Pierre, por quien sentía una admiración y un respeto ilimitado.

Fue en 2003 cuando visité a Pierre cuando estaba convaleciente en las pintorescas estribaciones de los Alpes franceses. Lo encontré vivo y alerta, con un sentido del humor agudo y muy galo. Su espíritu revolucionario brillaba en cada frase. No estaba muy interesado en el paisaje pintoresco. Su mente estaba en otra parte: en la revolución mundial. Era como un tigre atrapado en una jaula, o más bien como un viejo caballo de guerra, mordiendo la embocadura y esforzándose por volver a la batalla.

Le pregunté si estaba escribiendo algo. Se encogió de hombros con un gesto de impaciencia. «¿Cómo puedo escribir en este lugar? No tengo mis libros. ¡Quiero salir de aquí y volver a mi biblioteca!» Evidentemente, la separación de sus libros fue la peor forma de tortura para Pierre. Nos envió artículos y escribió una introducción a la nueva edición de El Caso León Trotksy, el resumen del informe de la Comisión Dewey sobre los Juicios de Moscú.

Pierre se disculpaba constantemente por no poder escribir más y prometía hacerlo tan pronto como su salud se lo permitiera. Desafortunadamente, ese deseo no fue concedido.

¿De qué trata el libro?

Escribió este libro, publicado en francés en 2003, sobre la base del material recientemente publicado en los archivos soviéticos. Su objetivo declarado era dar voz a los muchos comunistas que fueron silenciados por la máquina de asesinar de Stalin. Explica: “Hace años que quería hablar de los miles de mujeres y hombres, ancianos y niños que morían ametrallados por docenas. Quería mostrarlos vivos, pensando, amando, sufriendo. Decir quiénes eran antes, durante y después de su calvario, para traerlos de vuelta a la vida, tanto como sea posible».

En la década de 1920 un gran número de militantes comunistas se unieron a la Oposición de Izquierda y otras corrientes antiestalinistas en la URSS. Se les llamó oposicionistas o trotskistas, aunque Trotsky no usó ese término, prefiriendo llamar a la tendencia que representaba bolcheviques-leninistas. Estos valientes hombres y mujeres luchaban por defender las genuinas tradiciones de la Revolución de Octubre: las tradiciones de la democracia obrera y el internacionalismo proletario.

El libro se basa en las biografías de alrededor de 700 opositores que se mencionan. A través de sus relatos Broué explica la historia de la Oposición de Izquierda, pero también de otras corrientes opositoras. Miles de opositores fueron arrestados, encarcelados y exiliados a Siberia, a las cárceles o campos de Vorkuta y Kolyma donde en 1937 y 1938 encontraron la muerte ante los pelotones de fusilamiento de Stalin. Este libro cuenta la historia de la lucha, persecución y asesinato de esos miles de luchadores revolucionarios anónimos.

Stalin solo logró consolidar su régimen dictatorial sobre los cadáveres del Partido de Lenin. Para liquidar las conquistas políticas de la Revolución de Octubre, tuvo que llevar a cabo la matanza de toda una generación de revolucionarios. Este libro presenta una imagen devastadora de la masacre del Partido Bolchevique por parte de Stalin. Al hacerlo, revela una terrible historia que permaneció como un secreto muy bien guardado durante más de medio siglo.

Los primeros capítulos describen la historia temprana de la oposición de izquierda, comenzando en 1924-1925 después de la muerte de Lenin. Continúa con un relato de la oposición unificada que se formó en 1926 tras la ruptura de la troika de Stalin, Zinoviev y Kamenev, seguida de la expulsión y exilio de Trotsky. Con una gran cantidad de información detallada, gran parte de la cual no estaba disponible anteriormente, el autor describe las medidas represivas mediante las cuales la maquinaria estalinista aplastó gradualmente a la Oposición.

Los capítulos posteriores tratan sobre el trabajo de la Oposición de Izquierda Internacional, los Juicios de Moscú: la guerra civil unilateral de Stalin contra el Partido Bolchevique y las actividades de los trotskistas dentro del Gulag. Pierre Broué describe gráficamente las heroicas luchas de los trotskistas en los campos de prisioneros de Stalin donde mantuvieron su disciplina revolucionaria, organizaron huelgas, protestas y huelgas de hambre para defender sus derechos frente a la brutalidad de los carceleros.

La Oposición de Izquierda

¿Cómo fue posible que la revolución más democrática de la historia degenerara de tal manera que terminara en una monstruosa dictadura totalitaria? Para las mentes superficiales, la respuesta a esta pregunta es simple: Stalin era más inteligente que Trotsky y, por lo tanto, lo superó con su astucia. Pero una explicación tan simple en realidad no explica nada.

La principal causa de la degeneración burocrática del estado soviético fue el aislamiento de la revolución en condiciones de extremo atraso. Hace mucho tiempo Marx escribió en La ideología alemana que donde la pobreza es general “toda la vieja inmundicia revive”. Con esto se refería a los males de la desigualdad, la corrupción, la burocracia y el privilegio.

Lenin y Trotsky sabían muy bien que en Rusia no existían las condiciones materiales para el socialismo. Antes de 1924 nadie cuestionó esta proposición elemental. Los bolcheviques se basaron en la perspectiva de la extensión de la revolución a los países capitalistas avanzados de Europa, especialmente a Alemania. Si la revolución alemana hubiera tenido éxito, lo que pudo haber ocurrido en 1923, toda la situación en Rusia habría sido diferente.

Sobre la base de una federación socialista, uniendo el colosal potencial productivo de Alemania con las inmensas reservas de materias primas y mano de obra de Rusia, se habrían transformado las condiciones materiales de las masas. En tales condiciones, se habría detenido el ascenso de la burocracia y la facción de Stalin no habría podido tomar el poder. La moral de la clase obrera soviética habría sido impulsada y su fe en la revolución mundial restaurada.

Debemos recordar que en el período 1923-9, el proceso de degeneración burocrática no se consolidó en modo alguno. Este hecho se reflejó en la serie de zigzags que caracterizaron las políticas de Stalin y su facción tanto en política interior como exterior a lo largo de este período. En 1923-28, Stalin adoptó una política de derecha, caracterizada por una adaptación a los kulaks (campesinos ricos) y NEPmen (especuladores) en Rusia y una adaptación a los reformistas y la burguesía colonial en política exterior. Esto puso a la Revolución en grave peligro. Internamente, alentó a los kulaks y otros elementos burgueses a expensas de los trabajadores. Externamente, condujo a la Internacional Comunista a una derrota tras otra

No fue que Stalin organizara conscientemente la derrota de la Revolución Alemana en 1923, o la de la Revolución China en 1923-7. Al contrario, deseaba el éxito de estas revoluciones. Pero las políticas oportunistas de derecha que había impuesto a la Internacional Comunista en nombre del Socialismo en un solo país garantizaban la derrota en cada caso.

Dialécticamente, la causa se convierte en efecto y viceversa. El aislamiento de la Revolución Rusa fue la causa última del ascenso de la burocracia y la facción de Stalin. Las falsas políticas de este último produjeron la derrota de las revoluciones alemana y china (y otras derrotas en Estonia, Bulgaria, Gran Bretaña, etc.). Estas derrotas confirmaron el aislamiento de la Revolución y provocaron una profunda desmoralización de los trabajadores soviéticos, que perdieron toda esperanza de que los trabajadores europeos acudieran en su ayuda.

Esto condujo a una consolidación de la burocracia y el estalinismo, que era sólo la expresión política de los intereses materiales de la burocracia. Esto, a su vez, condujo a más derrotas de la revolución internacional (Alemania, España), lo que preparó el terreno para la Segunda Guerra Mundial que puso a la URSS en peligro extremo.

La muerte de Lenin

Lenin repitió cientos de veces que sin el triunfo de la revolución europea sería imposible mantener el poder soviético y la restauración del capitalismo sería inevitable. Pero las cosas no resultaron exactamente como lo anticipó Lenin. La Unión Soviética sobrevivió pero experimentó un proceso de degeneración burocrática que ya había comenzado en vida de Lenin.

En sus últimos años, Lenin se inquietó cada vez más por esto. En su último discurso ante el soviet de Moscú en 1922 hizo la pregunta: «¿Quién dirige a quién?»

El materialismo histórico nos enseña a mirar más allá de los actores individuales en el escenario de la historia y buscar causas más profundas. Esto no descarta en absoluto el papel de los individuos en la historia. En determinados momentos el papel de un solo hombre o mujer puede ser decisivo. Podemos decir con certeza que sin la presencia de Lenin y Trotsky (particularmente el primero) en 1917, la Revolución de Octubre nunca hubiera tenido lugar.

Sin embargo, los individuos solo pueden desempeñar ese papel cuando todas las demás condiciones están presentes. La concatenación de circunstancias en 1917 permitió que Lenin y Trotsky jugaran un papel decisivo. Pero los mismos hombres habían estado presentes durante más de dos décadas antes y no pudieron desempeñar el mismo papel. De la misma manera, cuando la Revolución decayó, a pesar de su colosal capacidad personal, Lenin y Trotsky no pudieron evitar la degeneración burocrática de la Revolución. Esto fue causado por fuerzas objetivas contra las cuales incluso los mejores líderes fueron impotentes.

El accidente a menudo juega un papel en la historia. Si no hubiera sido por su enfermedad, Lenin habría asistido al Congreso y probablemente Stalin habría sido destituido. Sin embargo, es imposible entender los grandes procesos históricos en términos de individuos, “grandes hombres”, etc. El marxismo busca analizar la historia en términos del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de clase que surgen de este. Incluso si Lenin hubiera logrado obtener la mayoría en el Congreso, habría significado solo un retraso temporal en el ascenso de la burocracia, que estaba enraizada en condiciones objetivas.

Tras la muerte de Lenin en 1924 el proceso de degeneración burocrática del PCUS se desarrolló a un ritmo acelerado, desembocando finalmente en la dictadura de Stalin. Pero incluso si Lenin hubiera vivido, ese proceso no podría haberse detenido sin la victoria de la revolución en uno o más países importantes. En 1926, en una reunión de la Oposición Unida, la viuda de Lenin, Krupskaya, dijo: “Si Vladimir Ilich viviera hoy, estaría en una de las prisiones de Stalin

La Oposición de Izquierda

En 1923 Trotsky ya  había lanzado la Plataforma de la Oposición, basada en una defensa de los principios leninistas de democracia obrera e internacionalismo proletario. Inició una lucha contra las tendencias burocráticas en el Estado y el Partido. Este fue el comienzo de la Oposición de Izquierda en la Unión Soviética e internacionalmente. La lucha entre la Oposición de Izquierda y la facción de Stalin fue en el fondo una lucha de clases, que reflejaba los intereses contradictorios entre la clase obrera y la burocracia en ascenso.

Broué habla del congreso de 1923 en el que la Oposición obtuvo la mayoría en Moscú pero fue superada burocráticamente:

«En Moscú, la oposición logró ganar la mayoría en 40 células (6.954 miembros) contra 32 (2.790), incluyendo la mayoría de las células del Ejército Rojo, el 30% de las células de la clase obrera y… sólo tres delegados en total. Víctima de un robo, la Oposición fue calumniada en la conferencia, en la que los delegados fueron elegidos indebidamente, empleados arrogantes y groseros, acusándoles por desviación menchevique».

También da detalles muy interesantes de la fuerza de los bolcheviques-leninistas incluso en Leningrado (bastión de Zinoviev), en Ucrania y en Georgia. Explica cómo en 1928, cuando ya había comenzado la represión contra la Oposición de Izquierda, el propio Stalin estimó que había 30.000 opositores activos. También ofrece muchos detalles sobre la composición de la Oposición de Izquierda, utilizando fuentes policiales oficiales:

«El 44% de los excluidos por pertenecer a la oposición eran obreros fabriles, y el 25% ex obreros empelados en puestos de responsabilidad [el número de estos últimos aumentaría mucho si fuera posible conocer la profesión anterior de comisarios políticos del Ejército Rojo y los estudiantes de Rabfaki]. En cuanto a la edad, la gente de la Oposición era joven e incluso muy joven, el 85% tenía menos de 35 años […]. En Kharkov, de los 259 miembros excluidos en 1927, había 196 trabajadores , el 70% tiene menos de 30 años, el 38% tiene menos de 25»

Broué comenta:

«Estamos hablando, por lo tanto, de un movimiento de la juventud proletaria. Los jóvenes que luchan en las filas de la Oposición son aquellos que eran adolescentes, incluso niños, en el momento de la revolución, y cuya marea  aún los impulsaba: la parte más dinámica de sociedad, su futuro; el resultado profundo, la huella más duradera de la revolución”.

Trotsky trató de basarse en la clase obrera, pero esta última estaba agotada por largos años de guerra, revolución y guerra civil. Largas horas de trabajo en fábricas heladas, salarios de hambre y privaciones generales pasaron factura. Los trabajadores soviéticos cayeron en un estado de apatía. Ya no participaban en los soviets, que se burocratizaron inexorablemente. Con cada paso atrás de la revolución mundial, los trabajadores se desilusionaron y desorientaron más y la nueva casta de burócratas soviéticos se volvió más confiada e insolente.

La razón por la que Stalin triunfó no fue por ningún error de la Oposición, como imaginan los historiadores burgueses superficiales, sino por el contexto más amplio de las relaciones de clase en la sociedad soviética. Citaré sólo un ejemplo para subrayar este punto. En 1927, después de la derrota de la Revolución China, algunos estudiantes que apoyaban a la Oposición se acercaron a Trotsky, argumentando que, dado que todos podían ver que se había demostrado que Trotsky tenía razón, ahora ganarían la mayoría del Partido. Trotsky no estuvo de acuerdo. Les señaló que para los trabajadores soviéticos, las consecuencias objetivas de la derrota de la revolución china eran mucho más importantes que quién había tenido razón o no en las perspectivas.

De hecho, Trotsky sabía que la Oposición no podría triunfar. La situación objetiva desfavorable los condenaba a la derrota. Entonces, ¿por qué siguió luchando? ¿Por qué no capituló ante Stalin, como lo hicieron Zinoviev, Kamenev y Radek? La respuesta es que estaba tratando de establecer las ideas, el programa y la tradición para las futuras generaciones de comunistas en la URSS e internacionalmente. Fue el único en hacerlo, a pesar de la más espantosa persecución que costó la vida de la mayoría de sus camaradas, amigos y familiares.

El Partido «Comunista» bajo Stalin se transformó en un club burocrático. De hecho, no era un partido en absoluto, sino parte del aparato estatal, un vehículo para controlar a la clase trabajadora y para el avance de los arribistas. Aunque quedaron algunos comunistas genuinos, la abrumadora mayoría de sus miembros eran gente sumisa, lamebotas, espías y lameculos.

El XVII Congreso de octubre de 1934 fue aclamado como «el congreso de los vencedores». Los delegados compitieron entre sí para cantar las alabanzas del Líder, pero casi todos los 2.000 delegados luego fueron víctimas del terror de Stalin. El congreso demostró que Kirov, el jefe del Partido de Leningrado, era popular entre los delegados, demasiado popular. Recibió una ovación de pie al comienzo y al final, y fue elegido miembro de la Secretaría del Comité Central. Esto significaba que sería trasladado de Leningrado a Moscú, donde sería rival de Stalin.

Los desastres de la colectivización forzosa y la perturbación económica provocada por la mala gestión del primer Plan Quinquenal habían suscitado muchas dudas sobre Stalin. Estas dudas se vieron reforzadas por la victoria de Hitler en Alemania. La derrota alemana sacudió a la burocracia. Se hacían preguntas sobre las políticas que condujeron a esa devastadora derrota que destruyó al poderoso Partido Comunista Alemán y puso a la Unión Soviética en grave peligro. Los artículos de Trotsky sobre Alemania, criticando la línea ultraizquierdista del Komintern, tuvieron un efecto profundo en las capas de funcionarios del Partido que tenían acceso a ellos.

El Partido estaba en un estado de efervescencia. Hubo discusiones en los pasillos entre los delegados de la XVII Conferencia del Partido (enero-febrero de 1934) sobre Stalin. El 23 de febrero, la entrada de Stalin en el Teatro Bolshoi fue recibida “en un silencio glacial”. En las filas de la burocracia circulaban chistes sobre Stalin. Kirov había criticado abiertamente a Stalin en una reunión restringida y cerrada de comunistas en Leningrado.

Pero Stalin, que controlaba tanto el Partido como el aparato del poder estatal, incluida la GPU, devolvió el golpe con violencia. El 1 de diciembre de 1934, Kirov fue asesinado por un joven comunista, llamado Leonid Nikolayev, quien había sido, convenientemente, un mero miembro  de la Oposición Zinovievita en Leningrado. De hecho, Nikolayev trabajó para la GPU y fue una mera herramienta en las maquinaciones de Stalin.

Que Nikolayev era un provocador lo demuestra el siguiente hecho. Llevó un diario a principios de 1934 en el que revelaba no sólo una actitud crítica hacia la dirección del Partido sino también tendencias terroristas. Esto fue descubierto y fue expulsado del Partido pero luego reincorporado. Sin embargo, se le permitió continuar trabajando en el Instituto Smolny, la sede del Partido de Leningrado.

Dadas estas circunstancias, es incomprensible que a Nikolayev se le permitiera entrar en contacto directo con Kirov, quien, como todos los demás líderes del Partido, estaba rodeado de guardaespaldas. Sin embargo, en el momento del asesinato no había un solo guardaespaldas a la vista. Inmediatamente después del asesinato, se tomaron medidas para liquidar a todos los testigos con el fin de cubrir las huellas. No solo ejecutaron al propio Nikolayev, sino que también mataron a los guardaespaldas y al conductor de Kirov, además de a la esposa de Nikolayev y otros miembros de la familia.

En su célebre discurso de 1956, Kruschev dijo que las huellas de los asesinos de Kirov conducían hasta el mismo Stalin. No hay la menor duda de que este asesinato fue planeado por Stalin. Temía a Kirov como rival. En un momento en que Stalin estaba perdiendo apoyo, el nombre de Kirov circulaba en los círculos del Partido como un posible reemplazo. Tenía que ser eliminado y fue eliminado.

El juicio de Kamenev y Zinoviev

Inicialmente, se atribuyó el asesinato de Kirov a elementos de la Guardia Blanca, pero luego se inventó la historia de que los verdaderos autores eran Kamenev y Zinoviev, esos «enemigos inconclusos» de los que se decía que eran guiados por «el asalariado fascista Trotsky». Fueron juzgados en secreto en 1935, acusados ​​de responsabilidad política por el asesinato de Kirov.

Kamenev y Zinoviev ya eran hombres moral y políticamente quebrantados. Habían capitulado ante Stalin tras la derrota de la Oposición, habían hecho una “autocrítica” total, denunciado el “trotskismo” y habían sido readmitidos en el Partido. Habiendo capitulado una vez ante Stalin, ahora capitularon una vez más. Stalin había prometido perdonarles la vida si confesaban y los enviaban a un campo de trabajo. Pero esto fue insuficiente para Stalin. Los quería muertos. Entonces, después de 18 meses, fueron llevados de regreso a Moscú para otro juicio.

El 19 de agosto, cuando la discusión de la Constitución de Stalin («la constitución más democrática del mundo») estaba en pleno apogeo, 16 destacados ex oposicionistas, encabezados por Zinoviev y Kamenev, junto con Yevdokimov y IM Smirnov, fueron juzgados con penas capitales. Esta vez fueron acusados, no de «responsabilidad política» por el asesinato de Kirov, sino de organizar acciones terroristas contra Stalin, Voroshilov, Kaganovich y Zhdanov, bajo las más terribles instrucciones y orientación de Trotsky.

Este juicio fue un intento de dar una excusa para los arrestos masivos de todos los que cuestionaron el liderazgo de Stalin. Durante el proceso, los acusados ​​fueron obligados a echarse tierra sobre la cabeza. Kamenev testificó que «Él mismo sirvió al fascismo y con Zinoviev y Trotsky había preparado una contrarrevolución en la URSS». Zinoviev afirmó que «el trotskismo es una variante del fascismo». La naturaleza abyecta de estas confesiones no los salvó: fueron fusilados inmediatamente después del juicio. Dentro de los doce meses de este juicio, 100.000 personas fueron arrestadas o fusiladas solo en Leningrado.

Los métodos de la GPU eran los de la Inquisición. Los acusados ​​fueron sacados de sus camas en medio de la noche, mantenidos en aislamiento, golpeados, torturados, sus familias amenazadas, para obtener una confesión falsa. Los interrogatorios se llevaron a cabo ininterrumpidamente día y noche, durante 16 a 24 horas, sin que el prisionero pudiera dormir (el sistema de   “cinta transportadora»). Los que no confesaron fueron fusilados o simplemente desaparecieron. Utilizaron agentes provocadores para maquinar  denuncias. Se instó a los niños a denunciar a sus propios padres.

El motivo principal de los Juicios de Purga fue liquidar el Partido Bolchevique, acabar con toda la generación de Viejos Bolcheviques y así consolidar el dominio de la burocracia. Cualquiera que pudiera recordar las viejas tradiciones democráticas e internacionalistas del leninismo era visto como un peligro. Como cualquier delincuente común, Stalin entendió la necesidad de eliminar a todos los testigos. Pero también había un motivo personal. Stalin era una mediocridad que no podía soportar la comparación con los viejos líderes bolcheviques. Comparado con Bujarin, Kamenev e incluso Zinoviev, por no hablar de un genio como Trotsky, era una nulidad. Y él lo sabía. Por lo tanto, abrigaba sentimientos de venganza hacia toda la generación de viejos bolcheviques.

Stalin era un sádico que se interesaba personalmente en atormentar a sus víctimas. Llevó a Moscú los métodos primitivos sanguinarios  de venganza  georgiana, en la que no sólo había que matar a los enemigos sino también a sus familias. Una vez dijo: «No hay nada más dulce en el mundo que planear la venganza contra un enemigo, ver cómo se lleva a cabo y luego retirarse pacíficamente a la cama».

Stalin revisó personalmente la lista de víctimas y decidió quién viviría o moriría. De un total de unos 700.000 casos, firmó personalmente 400 listas, con un total de 40.000 personas. En estas listas estaban los nombres de todos los principales lugartenientes y camaradas de armas de Lenin. La crueldad estalinista se reveló cuando se abrieron sus archivos, mostrando que dibujó caricaturas que representaban la tortura de sus futuras víctimas. Boris Ilizarov, historiador y miembro de la Academia Rusa de Ciencias ha publicado los bocetos que Stalin dibujaba durante las largas reuniones del Politburó para divertirse de esta manera.

Una de estas caricaturas grotescas de 1930 muestra al entonces ministro de finanzas Nicolai Bryukhanov colgando de una cuerda por sus genitales:

“El boceto se encontró con una nota escrita y firmada por Stalin en la que el tirano no hizo ningún esfuerzo por disimular su placer por el destino que tenía en mente para Bryukhanov, miembro del Politburó durante cuatro años.

“Bajo el título ‘Archivo especial’ decía: ‘A todos los miembros del Politburó, por todos sus pecados presentes y futuros, Bryukhanov debería ser colgado por las bolas. Si se sostienen, deben ser considerado no culpable como si estuvieran en un tribunal de justicia. Si no resisten, deberían ahogarse en un río.

“Bryukhanov fue ejecutado por orden de Stalin en 1938 por cargos falsos. Fue rehabilitado en 1956, tres años después de la muerte de Stalin”. (The Sunday Times, 8 de julio de 2001)

Stalin tenía una receta muy simple para el interrogatorio de los prisioneros: «Golpear, golpear y golpear de nuevo». En el momento de los primeros juicios, el jefe de la OGPU-NKVD era Genrykh Yagoda. Cumplió las directivas de Stalin, pero no con suficiente entusiasmo para Vozhd [Nota: Vozhd era un término usado para describir al “líder”]. Stalin estaba furioso porque Yagoda no había obtenido confesiones sobre el asesinato de Kirov de Kamenev y Zinoviev en el juicio de 1936. Lo llamó y le dijo: «Trabajas mal, Genrykh Grigorievich. Ya sé con certeza que Kirov fue asesinado por instrucciones de Zinoviev y Kamenev, ¡pero hasta ahora no has podido probarlo! Tienes que torturarlos hasta que finalmente dicen la verdad y revelan todas sus conexiones». (Anna Larina, Esto no lo puedo olvidar, p. 94).

Yagoda era un funcionario corrupto y un arribista despreciable cuyas manos estaban manchadas de sangre, pero habiendo sido miembro del Partido desde 1907, estaba cohibido por las viejas tradiciones y, a veces, no actuaba con celeridad ante las monstruosas órdenes que se esperaba que cumpliera sin dilación. Esto selló su destino. Fue destituido, juzgado, acusado, entre otras cosas, de envenenar al escritor Máximo Gorki y ejecutado. La acusación sobre Gorky es significativa. Gorky, que tenía un corazón blando, solía interceder a menudo ante Lenin en favor de las personas que habían sido arrestadas, e intentó lo mismo con Stalin. Pero Stalin no era como Lenin. Encontró las súplicas del anciano irritantes. Pero Gorky era demasiado famoso para ser juzgado como «trotskista», por lo que con toda probabilidad Stalin lo hizo callar y culpó al desafortunado Yagoda. Esto era bastante al estilo de Stalin.

El año 1937

Para consolidar su poder, Stalin primero tuvo que destruir el Partido de Lenin. Lo hizo exterminando físicamente al Partido Bolchevique en las notorias Purgas. El año 1937 pasará a la historia como sinónimo del terror desenfrenado de Stalin. El hombre que reemplazó a Yagoda, Nikolai Yezhov, era un monstruo a la imagen de Stalin. Ninguna acción era demasiado baja o sangrienta para él, ninguna orden era demasiado atroz para llevarla a cabo. Esta criatura fue la encarnación perfecta de la contrarrevolución política de Stalin.

En los campos, millones pasaban hambre y trabajaban hasta la muerte. Entre 1929 y 1934 la esperanza de vida media era inferior a dos años. Sin embargo, el Jefe se quejó de que las condiciones en los campos eran demasiado cómodas: eran «como balnearios». Hasta 1937, la política deliberada de la administración de los campos no era exterminar a los prisioneros, aunque muchos morían como resultado de la mala alimentación y el exceso de trabajo. Pero Yezhov cambió todo eso. Después de que él se hizo cargo, la situación fue mucho peor. Para empezar, la pena máxima antes de la muerte se aumentó de diez años a veinticinco. En la mayoría de los casos esto equivalía a una sentencia de muerte.

Según los datos proporcionados por Yezhov a finales de 1936 y principios de 1937, sólo en las instituciones centrales de Moscú fueron arrestados miles de «saboteadores trotskistas». Entre octubre de 1936 y febrero de 1937, fueron arrestados y condenados los siguientes números de empleados en los Comisariados del Pueblo: Transporte – 141, Industria Alimentaria – 100, Industria Local – 60, Comercio Interior – 82, Agricultura – 102, Hacienda – 35, Educación – 228; y así. Más tarde la situación empeoró aún más. En un solo día, el 12 de diciembre de 1938, Stalin y Molotov sancionaron el fusilamiento de 3.167 personas, y luego fueron al cine.

Ahora se sabe que la NKVD tenía cuotas para los arrestos y se esperaba que las cumpliera, al igual que las cuotas para el acero, el carbón y la electricidad en el marco del Plan Quinquenal. Yevgeniya Ginsberg relata la siguiente conversación que tuvo en prisión en 1937: «Como tártaro, era más sencillo convertirme en un nacionalista burgués. En realidad, al principio me tildaron de trotskista, pero Rud devolvió el archivo diciendo que habían superado la cuota de trotskistas, pero les faltaban nacionalistas, aunque se habían llevado a todos los escritores tártaros que se les ocurrían». (Yevgeniya Ginzburg, Into the Whirlwind, págs. 109-10)

La máquina de propaganda de Stalin estaba trabajando horas extras. Se organizaron mítines bajo consignas como «¡Muerte a los mercenarios fascistas!», «Aplastar a las alimañas trotskistas» y «¡El trotskismo es otra forma de fascismo!» El 6 de marzo de 1937 Pravda afirmó que «los trotskistas son un hallazgo para el fascismo internacional […] El número insignificante de esta pandilla no debe tranquilizarnos, tenemos que multiplicar por diez nuestra vigilancia». El 15 de marzo de 1938, Vechernaya Moskva gruñó: «La historia no conoce hechos malvados iguales a los crímenes de la pandilla del Bloque Trotskista de Derecha antisoviético. El espionaje, el sabotaje y la destrucción realizados por el superbandido Trotsky y sus cómplices Bujarin, Rykov y los demás, despiertan sentimientos de ira, odio y desprecio no solo en el pueblo soviético, sino en toda la humanidad progresista”. (Citado en D. Volkogonov, Trotsky pp. 381-2)

La historia no conoce hechos malvados iguales a los crímenes de la pandilla de la burocracia estalinista antisoviética. Stalin desató una ola de terror contra el pueblo de la URSS. Millones de personas inocentes fueron arrestadas, condenadas y enviadas al Gulag. Incluso los servicios de seguridad fueron purgados. En 1937-8, 23.000 oficiales de la NKVD fueron arrestados. La mayoría informados sobre los demás con el fin de sobrevivir.

No todas las víctimas de Stalin fueron juzgadas. El dirigente sindical Tomsky, seguidor de la Oposición de Derecha de Bujarin, engañó a Stalin suicidándose. La esposa de Stalin, Nadezhda Alleluyeva, también fue empujada al suicidio por Stalin. Mujer decente y honesta, simpatizaba con Bujarin. Se pegó un tiro como protesta contra la perfidia política y moral de Stalin. Más tarde corrió la misma suerte Sergo Ordzhonikidze, viejo amigo y camarada de Stalin. El 18 de febrero de 1937 murió repentinamente, presuntamente de un infarto. En realidad, también fue llevado al suicidio por Stalin, quien hizo arrestar, torturar y fusilar al hermano de Sergo sin ningún motivo.

Los detalles de este caso fueron revelados por Jruschov en el XX Congreso del PCUS en 1956. En el mismo discurso reveló que, del total de 139 miembros y candidatos a miembros del Comité Central elegidos en el XVII Congreso en 1934, 98 – es decir, el 70 por ciento- fueron fusilados. Jruschov afirmó que los arrestados fueron sometidos a torturas brutales y solo confesaron «todo tipo de delitos graves e improbables» cuando «ya no pudieron soportar torturas bárbaras».

Stalin, el mediocre, siempre odió a la gente con talento. Odiaba y temía a Tujachevski cuya brillantez siempre le recordaba su propia incompetencia en asuntos militares, donde le hubiera gustado verse a sí mismo como un genio. Pero mucho más significativo, Stalin vivía con el temor de un golpe militar. Por lo tanto, organizó un nuevo montaje gigantesco que involucró a todo el estado mayor soviético. Acusó a Tujachevski y otros dirigentes clave del Ejército Rojo de estar aliados con Hitler.

Tujachevski había calculado que la Segunda Guerra Mundial sería una guerra móvil librada con tanques y aviones. Pero Stalin estaba celoso de Tujachevski y sospechaba del estado mayor general del Ejército Rojo. Entonces, cuando Tujachevski insistió en aumentar el número de aviones y tanques en el Ejército Rojo, Stalin se negó, llamándolo un intrigante descabellado. (Ver Dimitri Shostakovich y Solomon Volkov, Testimonio, p. 103)

El famoso compositor soviético, Dimitri Shostakovich, era amigo personal de Tujachevski. En sus memorias escribe: «Ahora es bien sabido que Tujachevski fue destruido gracias a los esfuerzos conjuntos de Stalin y Hitler. Pero no se debe exagerar el papel del espionaje alemán en este asunto. Si no hubiera habido esos documentos falsificados que ‘desenmascaraban’ a Tujachevski, Stalin se habría deshecho de él de todos modos». (ibíd. p. 99)

Stalin reemplazó a este gran pensador militar original con sus compinches Budyonny y Voroshilov, ¡dos incompetentes que pensaron que la Segunda Guerra Mundial se libraría con caballería! ¡Justo antes de la Segunda Guerra Mundial, estaban mostrando películas de propaganda en Rusia de Voroshilov y su caballería, barriendo al enemigo ante ellos! Solo después de las primeras derrotas aplastantes del Ejército Rojo en 1941, Stalin se dio cuenta de su error, pero esta fue una lección muy costosa para la URSS. Lo mismo sucedió con los cohetes. Stalin mandó fusilar a todos los expertos en cohetería de Leningrado y luego tuvo que empezar de cero.

La Purga destruyó todo el cuadro dirigente del Ejército Rojo y dañó gravemente las capacidades de defensa de la URSS. Tujachevski, Yakir y otros fueron fusilados en secreto, lo que indica que se negaron a confesar. La Purga militar que continuó a lo largo de 1938 condujo a la eliminación del 90 por ciento de todos los generales, el 80 por ciento de todos los coroneles y 30,000 de los oficiales de menor rango. Esto dejó al Ejército Rojo seriamente debilitado en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Sabemos este que fue uno de los principales factores que convencieron a Hitler de que debía atacar a la URSS. Silenció las objeciones de sus generales con la observación: «No tienen buenos generales».

El juicio de los 21

En marzo de 1938 se abrió en Moscú el juicio de los 21. Bujarin, Rykov, Krestinsky, Rakovsky y otros miembros del llamado bloque trotskista de derecha, estos viejos bolcheviques fueron descritos por el ex menchevique Vyshinsky como «carroña hedionda», «escoria lastimosa», «malditas alimañas», » perros  rastreros del imperialismo» y  demás improperios . Pravda describió esta repugnante parodia de juicio espectáculo como «el tribunal popular más democrático del mundo». Este veredicto fue aceptado por un «Amigo de la Unión Soviética» muy inesperado: Winston Churchill, quien describió la actuación de Vyshinsky en el juicio como «brillante».

El primer día del tercer juicio, el 2 de marzo de 1938, el ex menchevique Andrei Vyshinsky calumnió al hombre que Lenin había descrito en su Testamento como “el favorito del Partido”: “Bujarin se sienta allí con la cabeza gacha, un traidor, con  dos cara de insignificante, lloriqueante, malvada nulidad que ha sido expuesta […] como líder de una banda de espías, terroristas y ladrones, como instigadora del asesinato […] Este   sucio bajito   Bujarin». (El Caso del Bloque Antisoviético de Derechos y Trotskistas, Registro de Procedimientos Judiciales, Moscú, 1938, pp. 656-57)

Aunque Vyshinsky leyó las líneas, su autor fue Stalin, burlándose de su víctima y untándola con inmundicia antes de destruirla físicamente. Este era el método favorito del «amado Líder y Maestro». «La hipocresía y la perfidia de este hombre superan los crímenes más pérfidos y monstruosos conocidos en la historia de la humanidad». Estas palabras no se pueden aplicar a Bujarin, un revolucionario de inmaculada honestidad y dedicación, pero describen perfectamente al mismo Stalin.

Bujarin declaró más tarde: «La confesión del acusado es un principio medieval de la jurisprudencia. […] No me declaré culpable […] No sé de esto […] Lo niego […] Niego categóricamente cualquier complicidad».

No sólo fueron asesinados los trotskistas, sino también muchos estalinistas que cayeron en desgracia del «Amado Líder y Maestro». Abel Yenukidze, por ejemplo, fue fusilado por tratar de salvar la vida de los viejos bolcheviques. No contento con matar a sus enemigos, Stalin se vengó de sus familiares y amigos. Cientos de miles fueron enviados a los campos no solo como «enemigos del pueblo», sino también como chesirs o «familiares de un traidor a la patria». Entre estas víctimas estaban la esposa y las hermanas de Tukhachevsky, la esposa de Bujarin, la primera esposa de Trotsky y su hijo mayor, Sergei, quien no estaba involucrado en política activa, fue arrestado, pero con gran valentía se negó a denunciar a su padre y fue fusilado.

Los métodos de la GPU quedaron expuestos de forma sorprendente durante los propios Juicios de Moscú. Cuando el propio Yagoda fue juzgado, Vyshinsky declaró (el 11 de marzo de 1938): «Yagoda se encontraba en la cima de la tecnología de matar personas de las formas más tortuosas. Representaba la última palabra en la ‘ciencia’ de la bestialidad». (Sudebny otchet po delu antisovetskogo trotskiiskogo tsentra, informe oficial del juicio en ruso, Moscú 1937, p. 332). En medio de toda la miserable ciénaga de mentiras y distorsiones que componen estos documentos, esta es probablemente la única declaración veraz.

Yezhov había alcanzado el poder más alto. Incluso hubo un culto a Yezhov que coincidía con el culto a Stalin. Yezhov fue llamado oficialmente «el Amado de la nación». Los horrores que infligía a sus víctimas eran conocidos como «las espinas de Yezhov» (Yezh en ruso significa erizo). Los bardos de Asia Central cantaron sobre el padre Yezhov. Todo esto no fue una decisión inteligente bajo Stalin, quien tenía un miedo morboso a los rivales.

Yezhov incluso envió un proyecto de decreto al Comité Central , supuestamente por iniciativa de «innumerables solicitudes de los trabajadores» para que Moscú pasara a llamarse Stalinodar. (Ver Volkoganov, p. 463) Sin embargo, Stalin no fue tan tonto como para aceptar. En cambio, hizo arrestar a Yezhov en 1938. Por lo general, Stalin culpó de todos los horrores y dislocaciones de las Purgas a su títere Yezhov, a quien reemplazó con un títere georgiano, Lavrenty Beria. El «Amado de la nación» luego desapareció en el Gulag y aparentemente recibió un disparo en 1939.

El asesinato de Trotsky

La única oposición seria a Stalin era la Oposición de Izquierda de Trotsky y sus filas fueron diezmadas por años de represión y persecución que solo pueden compararse con la que sufrieron los primeros cristianos a manos del Imperio Romano. Incluso un hombre como Cristian Rakovsky, el famoso marxista balcánico y amigo cercano y colaborador de Trotsky, fue finalmente quebrantado por el poder irresistible de la máquina de Stalin. Pierre Broue escribió:

“El aislamiento, la amenaza fascista y los falsos llamamientos a la ‘unidad’ quebraron a Christian Rakovsky con mayor seguridad, no podemos dudarlo, que el frío infernal de Barnaul o las terribles condiciones de su fallido intento de fuga y su recaptura. Fue la desesperación ante tal derrota lo que entregó a los viejos bolcheviques en manos de los verdugos de Stalin; nada más podría haberlos forzado a doblegarse, mientras mantuvieran la esperanza”. (Pierre Broué, Bloque de las Oposiciones en los Cahiers Léon Trotsky, n. 5, enero-marzo de 1980)

Pero muchos otros se negaron a capitular. Estos héroes y heroínas bolcheviques mantuvieron su fe en los principios del bolchevismo y la perspectiva de la revolución mundial. Mantuvieron viva su organización incluso en los campos de concentración de Stalin. Organizaron huelgas de hambre contra sus torturadores y sólo fueron silenciados por el pelotón de fusilamiento. Y mientras marchaban hacia su muerte en la tundra helada, cantaron la Internacional.

A pesar de todo, Stalin no se sentía seguro. Quedaba una voz para desafiarlo: la del lugarteniente principal de Lenin, el arquitecto de la revolución de Octubre y fundador del Ejército Rojo, Lev Davidovich Trotsky. Mientras Trotsky siguiera vivo, Stalin no podía descansar.

Su persecución de Trotsky no fue solo una cuestión de odio personal, aunque eso era evidente. Era sobre todo miedo a que las ideas y el programa de Trotsky y los leninistas bolcheviques tuvieran eco en la clase obrera soviética. Este no era un miedo vano. Había un creciente descontento en la clase obrera soviética por las malas condiciones y sobre todo por la creciente desigualdad y los privilegios de la burocracia.

Incluso en el apogeo de las Purgas hay indicios de un fermento subterráneo de descontento. A través de los informes del Partido y de la NKVD, Stalin estaba muy al tanto de la situación real. En los protocolos del Partido de 1937 de la empresa de construcción de Medgorodsk (Smolensk), tenemos una descripción inusualmente franca de las condiciones de vida de los trabajadores:

Las barracas de los trabajadores eran descrita como superpobladas y en un estado de deterioro extremo, con agua que caía directamente del techo a las camas de los trabajadores. Rara vez se proporcionaba calefacción en los barracones. La ropa de cama no se cambiaba y la higiene era casi inexistente. No había cocinas ni comedores en los sitios de construcción. No se podía obtener comida caliente hasta la noche, cuando los trabajadores tenían que caminar largas distancias para llegar al comedor. ‘Muchas de las mujeres’, informó una trabajadora del Partido, ‘viven prácticamente en la calle. Nadie les presta atención; algunas de estas criaturas indefensas amenazan con suicidarse”. Además, los casos en los que no se pagaban los salarios iban en aumento. Todo este ‘descuido de las necesidades elementales de los trabajadores’, así como ‘la falta de cuidado de ellos como seres humanos’ resultó en ‘descontento plenamente justificado’ y amargura por parte de los trabajadores.

El estado de ánimo de algunos de los trabajadores fue descrito como «a menudo amenazador» y «directamente contrarrevolucionario». Por ejemplo, en una discusión sobre la Constitución de 1936, un tal Stepan Danin, un carpintero, y los trabajadores de su brigada fueron citados diciendo:

«‘Debemos permitir la existencia de varios partidos políticos en nuestro medio, como ocurre en los países burgueses; ellos podrán notar mejor los errores del Partido Comunista.

«‘La explotación entre nosotros no ha sido eliminada; los comunistas y los ingenieros emplean y explotan a los sirvientes.

«‘Los trotskistas Kamenev y Zinoviev de ninguna manera deben ser fusilados, y no deberían serlo, porque son viejos bolcheviques.

«A la pregunta de un agitador sobre quién debería ser visto como un viejo bolchevique, un trabajador respondió: ‘Trotsky’». (Citado en M. Fainsod, Smolensk Under Soviet Rule , p.332)

Como ex bolchevique, Stalin era muy consciente de que una pequeña organización con ideas correctas puede convertirse en una fuerza poderosa. Estaba decidido a que esto no sucediera. La sed de venganza de Stalin -como hemos visto- se extendió a las familias e hijos de sus enemigos. En los años previos a su asesinato, Trotsky había presenciado el asesinato de uno de sus hijos y la desaparición del otro; el suicidio de su hija, la masacre de sus amigos y colaboradores dentro y fuera de la URSS, y la destrucción de las conquistas políticas de la revolución de Octubre. La hija de Trotsky, Zinaida, se suicidó como resultado de la persecución de Stalin.

Después del suicidio de su hija, su primera esposa, Alexandra Sokolovskaya, una mujer extraordinaria que pereció en los campos de Stalin, escribió una carta desesperada a Trotsky: “Nuestros hijos estaban condenados. Ya no creo en la vida. No creo que crezcan. Todo el tiempo estoy esperando algún nuevo desastre. Y concluye: “Me ha costado mucho escribir y enviar esta carta. Disculpe mi crueldad hacia usted, pero debe saber todo sobre nuestros parientes y amigos. (Citado por Deutscher, op. cit. p. 198)

Leon Sedov, el hijo mayor de Trotsky y Natalia Sedova, fue miembro de la Juventud Comunista y uno de los miembros más activos de la Oposición de Izquierda en la URSS. En 1927 optó por quedarse con su padre, cuyo exilio en Alma Ata y, posteriormente, en Turquía compartió hasta 1931. En Berlín, de 1931 a 1933, fue en realidad responsable de la Sección Rusa de la Oposición, y luego de la Liga Comunista Internacional, el cerebro de su red de corresponsales en la Unión Soviética.

Tras la toma del poder por Hitler en 1933 se trasladó a París, llevándose consigo todos los detalles de su actividad clandestina, los nombres de sus corresponsales en la URSS y todo el conocimiento de dónde había escondido parte de sus archivos y de los de su padre. Murió en circunstancias muy sospechosas, tras una operación de apendicitis el 15 de febrero de 1938. Ni él ni su padre sabían que la sede de la Oposición de Izquierda Internacional en París había sido penetrada por la GPU al más alto nivel. No cabe duda de que la muerte de Leon Sedov fue obra de los agentes de Stalin.

Este fue un duro golpe contra la Cuarta Internacional, que todavía estaba en una fase embrionaria. Pero no fue el único. Uno por uno, los colaboradores, amigos y familiares de Trotsky fueron asesinados por Stalin. Dos de sus secretarios europeos, Rudolf Klement y Erwin Wolff, también fueron asesinados. Ignace Reiss, un oficial de la GPU que rompió públicamente con Stalin y se declaró a favor de Trotsky, fue otra víctima más de la máquina asesina de Stalin, asesinado a tiros por un agente de la GPU en Suiza.

El golpe más doloroso vino con el arresto del hijo menor de Trotsky, Sergei, quien se había quedado en Rusia, creyendo que, como no era políticamente activo, estaría a salvo. ¡Vana esperanza! Incapaz de vengarse del padre, Stalin recurrió a la tortura más refinada: presionar a los padres a través de sus hijos. Nadie puede imaginar qué tormentos sufrieron en ese momento Trotsky y Nataliya Sedova. Solo en los últimos años surgió que Trotsky incluso contemplaba el suicidio, como una posible forma de salvar a su hijo. Pero se dio cuenta de que tal acto no salvaría a Sergei y le daría a Stalin justo lo que quería.

Trotsky no se equivocó. Sergei ya había sido asesinado, al parecer le dispararon en secreto en 1938, habiéndose negado rotundamente a denunciar a su padre. Stalin siguió muy de cerca las actividades de los trotskistas. Plantó a sus agentes en sus filas y los artículos de Trotsky estaban en su escritorio en el Kremlin todas las mañanas, a menudo antes de que se publicaran. Stalin leyó todo lo que escribió Trotsky y estaba decidido a eliminarlo.

Stalin fue uno de los mayores criminales de la historia mundial. Y como todos los criminales, estaba decidido a eliminar a todos los testigos de sus crímenes. Una de las cosas que debe haberlo enfurecido más que cualquier otra cosa fue la noticia de que Trotsky estaba escribiendo una biografía de Stalin, que no solo expondría sus crímenes, sino que también desmontaría los mitos sobre su pasado papel en el Partido Bolchevique, la Revolución de Octubre y La guerra civil.

Un oficial de la NKVD, Sudoplatov, fue  el encargado del asesinato de Trotsky. El primer ataque armado a su casa en Coyoacán en mayo de 1940 fracasó. Pero fue seguido inmediatamente por otro. El 20 de agosto de 1940, Lev Davidovich fue abatido por el agente de Stalin, Ramón Mercader, en la Ciudad de México. Cuando Stalin recibió la noticia del asesinato de Trotsky, debió celebrar su victoria. Pero el veredicto de la historia ha demostrado que estaba equivocado.

76 años después del asesinato de Trotsky, el nombre de Stalin se menciona en todas partes al mismo tiempo que el de Hitler, como un criminal y un asesino en serie que mancilló la bandera inmaculada de Octubre a través de un mar inmundo de falsedades y sangre, como el sepulturero de la Revolución. Por lo tanto, es muy apropiado que este año la biografía que quedó inconclusa sobre el escritorio de Trotsky en Coyoacán finalmente se haya publicado en la versión más completa posible.

Al preparar y editar el Stalin de Trotsky, estaba completamente convencido de que esta obra, la última contribución de Trotsky al vasto arsenal de la teoría marxista, es una  obra maestra,  digna del mismo nivel que  La Revolución Traicionada, En defensa del marxismo y La Historia de la Revolución Rusa. Estoy seguro que si Pierre Broué hubiera vivido para ver su publicación, se habría alegrado muchísimo.

En medio de las más espantosas traiciones, derrotas, desmoralizaciones y apostasías, León Trotsky enarboló una bandera limpia, defendió las genuinas tradiciones del leninismo, de Octubre y del Partido Bolchevique. Por lo tanto, tuvo éxito en su objetivo. ¡Esto no fue un logro insignificante! ¿Quién recuerda ahora los escritos de Zinoviev y Kamenev? Pero en los escritos de León Trotsky tenemos una herencia inestimable que conserva toda su importancia, relevancia y vitalidad.

Pierre Broué ya no está con nosotros. Pero sus ideas y escritos siguen siendo una rica e imperecedera fuente de inspiración para la generación más joven de luchadores revolucionarios de la clase trabajadora de todos los países. Y entre sus muchas impresionantes obras , su última obra, Los Comunistas contra Stalin, es sin duda una de las más importantes. Restaura la memoria de una generación perdida de militantes de la clase trabajadora y presenta a la nueva generación las ideas, el programa y las tradiciones auténticas del bolchevismo y la Revolución de Octubre que hasta el día de hoy representan la única esperanza para el futuro de la humanidad.

Londres, 20 de septiembre de 2016

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