Los nacionalistas se levantaron el 22 de abril con una euforia muy peculiar, salieron a los distintos centros de votación que en total eran 107 a nivel nacional, para elegir al próximo candidato por el partido de derecha, ARENA, que competirá para ganar la presidencia en 2019. Luego de meses de una lucha muy “democrática”, se llegó el día de decidir cuál será la carta que jugará la burguesía para recuperar el Estado y seguir con la lógica neoliberal.

Los sucesos han sido muy particulares, en lo que se presentó como las elecciones más “democráticas” del partido ARENA, para nadie es un secreto como Calleja logró canalizar el apoyo de muchos dirigentes de trayectoria del partido de la burguesía, entre los más “celebres” se encuentra Milena Calderón de Escalón, que logró la alcaldía de Santa Ana, Ernesto Muyshontd, Norman Quijano entre otros, quienes públicamente declararon su apoyo y asistieron a más de una actividad para promocionar al precandidato. La compra de favores y los millones gastados en campaña adelantada demuestra las divisiones internas dentro de la clase dominante, que desesperadamente ve un futuro incierto para sus intereses, para lo cual el FMLN no representa un obstáculo, más bien es la crisis del sistema capitalista la que le plantea la necesidad a la burguesía de volver a controlar el Estado para garantizar su bienestar.

En tiempos de crisis no son posibles las reformas, no obstante, la burguesía jamás dejara de lado la opinión general que se perciba dentro de la sociedad. En un contexto donde la juventud es crucial y determinante en la toma de decisiones, la burguesía debía vender una imagen amigable a la misma. El arte de la demagogia y el proselitismo infame salieron a  la luz, ninguno de los candidatos que se disputaron abiertamente el puesto oficial a candidato presidencial mencionó medidas que beneficien los intereses de la clase trabajadora, esto no es de asombrar, era de esperarse del partido de la burguesía.

La derrota de Simán fue relativamente aplastante, lo que demuestra que en ARENA y para la contienda 2019 no era nada rentable, 30 mil votos fueron los que obtuvo Calleja a la par de 18 mil que logro Simán[1], se confirmó la derrota anunciada, de un elemento de la burguesía que actualmente no refleja sus intereses globales. Las burguesías nacionales tienen muchos lazos con las transnacionales y demasiada influencia en Centroamérica lo que la impulsa a conseguir aliados extranjeros, aliados que posee Calleja, pero lo más determinante es que es un candidato que cuenta con el visto bueno de la embajada de Estados Unidos.

Para Marx los intereses del capital son diferentes en su forma, pero iguales en su contenido, lo que podemos concluir de la división de la burguesía actualmente en el país, es el tipo de capital que cada una defiende. Simán representa al sector industrial del país, al cual quiere en cierta medida catapultar y sacarlo de la crisis, aunque no se esperaba de él una propuesta que nos desligue del capital internacional, es decir que difícilmente Simán hubiera, de haber sido electo, recurrido a un proteccionismo para garantizar el mercado interno del país; Calleja en cambio representa los intereses del capital financiero, sus lazos con reconocidos empresarios de la minería, hacen eco de la propuesta de tratar de derogar la ley de minería y quitar el techo a la cantidad de tierra que pueda poseer una persona.

La agudización de la lucha de clase en el país está a la vuelta de la esquina, a pesar que en los últimos años hemos presenciado periodos de relativa calma sin luchas y movilizaciones masivas en las calles, lo que se viene es un periodo de ataques a la clase trabajadora con la Asamblea dominada por la derecha que tratará de recuperar lo perdido en la última decada. Marx ya explicaba que la lucha de clases no era una constante que no se detenía, más bien la lucha de clases es una espiral, con aciertos y desaciertos, con periodos de lucha y con periodos de reflujo.

Lo asombroso del fenómeno actual es la intensidad que le ha puesto la burguesía a todo el proceso preelectoral, ante un FMLN petrificado luego de los resultados del 4 de marzo, un partido que aún no sale de su descalabro y una ARENA que ejercita los músculos para lo que podría ser un segundo episodio de la agenda neoliberal.

Lo único que garantizará que la nueva ofensiva neoliberal no sea llevada a cabo es la juventud y la clase trabajadora organizada, un FMLN que no da muestras de rectificar su programa por uno revolucionario, y una ARENA que muestra sus claros intereses por saquear lo último del país, deja en cuestión, que el movimiento vivo de la clase trabajadora debe dotarse de un programa socialista y estar alerta a lo que será una ofensiva neoliberal mucho más problemática que las pasadas, la gente está politizada, pero  es a partir de los acontecimientos que esta politización tomara su forma definitiva de expresión.

 


[1] No obstante, estas internas estuvieron marcadas por un alto grado de ausentismo, de un padrón de 122 mil, solo 49 mil se acercaron a las urnas para elegir a su candidato.

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