9 junio, 2020

Autogestión obrera en hospitales y en la producción

Uno de los muchos fenómenos que ha surgido durante la pandemia es la falta de equipo médico en todo el mundo para hacerle frente. Desde el alcohol en gel, los materiales y utensilios en hospitales para personal de salud, hasta los tan necesarios ventiladores para las personas que desarrollan un estado delicado de la enfermedad. Esta falta de material de primera mano que se necesita con urgencia parece carecer de importancia ante la gran industria que tratan de seguir a toda costa con la anarquía del mercado, ante esta situación nos preguntamos: ¿Habrá una forma de administración que se centre en crear mercancías necesarias para enfrentar las necesidades de toda una sociedad?

Existen dos cosas que deben aclararse para contestar esta pregunta, la primera es que con la producción anárquica del capitalismo y sus fines comerciales-lucrativos, la carrera por obtener un medicamento o tratamiento eficaz contra la pandemia solo constituye una manera más para la obtención de riquezas. Mientras tanto, se llevan a cabo debates para determinar si esta cura debe ser un “bien público mundial” o que su acceso dependerá únicamente de la capacidad de los gobiernos de pagar por ella. Este asqueroso debate solo revela la pelea de las grandes industrias por sacar el máximo de ganancias.

En segundo lugar, explicar que solamente un gobierno socialista con un plan económico de control y administración obrera es el único que puede suplir las necesidades de la población en su conjunto, muy al contrario de la dinámica actual que se basa en los intereses y competencias de un puñado de empresas y sus ganancias.

Ahora bien, los términos de control obrero y administración obrera suelen ser confusos para entender una economía basada en necesidades. La administración obrera de la industria proviene desde arriba con el poder estatal, vinculada con un plan económico basado en las necesidades totales de una sociedad. Todo el acervo de datos acerca de las condiciones de vida a la nueva gestión obrera, la que proviene de los comités de trabajadores de las mismas empresas o industrias en las cuales no existen secretos empresariales, los libros contables están abiertos para evitar que las empresas cierren manifestando estar quebradas, las decisiones de la empresa son tomadas por un comité de trabajadores locales, miembros de sindicatos y representantes del Estado, no debe creerse que no existen obreros especializados o técnicos profesionales de cualquier industria ya que estos juegan un papel fundamental en el desarrollo de una economía planificada.

Con los conceptos de control y administración obrera aclarados podemos observar la diferencia radical que existe respecto a la producción del sistema capitalista, y como el socialismo significa un control democrático centralizado de toda la economía, por parte de la clase obrera.

Ahora podemos responder la pregunta realizada al principio y es que la única producción que puede desarrollar la creación de mercancías para enfrentar las necesidades de una sociedad es la economía planificada desde el socialismo, ya que esta utiliza la industria desde el punto de vista del bienestar social, y las necesidades de un país en una época específica, y no una dirigida desde el punto de vista de la ganancia privada que va a parar solamente a unas pocas manos a través de monopolios tan grandes que están metidos en cada área de nuestra vida.

El Covid-19 ha puesto de manifiesto que la anarquía de la producción profundiza las injusticias en el mundo, y lo ha evidenciado con 4.7 millones de personas contagiadas y 317.000 personas muertas, enfatizar que casi la totalidad de muertos e infectados los ha puesto la clase trabajadora, ya que los sistemas de salud de todo el mundo privatizados en las grandes potencias y precarios en los países pobres, carecen de equipo necesario para combatir una afluencia de personas tan grandes como los que produce la enfermedad y que además la falta de equipos de protección mínimos ha hecho que los trabajadores de la salud estén casi totalmente expuestos a sufrir el mismo destino de las personas que atienden. Las camas hospitalarias, los recursos como ventiladores mecánicos económicos y fiables, mascarillas y equipos de protección eficaces para trabajadores de salud están escaseando.

En estos momentos en que la crisis del capitalismo se agudiza lo único que se socializa es la miseria, el hambre y la muerte. En el corazón de los imperios los sistemas de salud colapsan, la economía decrece, las condiciones de vida se deploran y, una vez más, la miseria se socializa. ¿Pero cómo puede suceder eso allá donde la ciencia y tecnología han alcanzado maravillas, grados significativos de desarrollo? Sencillamente por las relaciones de propiedad, es decir, la concentración de riqueza en pocas manos. En casi todo el mundo es el mismo problema: si la salud es privada, el servicio no es asequible para la mayoría de trabajadores; y si la salud es pública, simplemente conforma el lecho de muerte de tantas personas porque son precarios. Ante esto, se pone de manifiesto la necesidad del control obrero en la producción para alumbrar los rincones más oscuros y corrompidos de su clase, aflora la necesidad de una administración capaz de emancipar  a los oprimidos hasta alcanzar el máximo desarrollo de sus capacidades humanas, otorgarles su puesto en la existencia como centro y fin último del universo.

Como marxistas defendemos a toda costa el programa y gestión de los obreros de un país, en un continente y en el mundo entero. Defendemos la relevancia de un Estado obrero, así como destacamos a cada instante el papel  administrativo del Estado obrero en la sociedad en general, así también lo hacemos valer en cada una de las ramas de la economía, en cada una de sus células e instituciones y en los servicios que constituyen un bien público tanto como los que están por serlo. Y principalmente, defendemos la revolución social presidida por la clase obrera como vía para llevar a cabo el programa con la gestión desde las entrañas de la clase misma. Es natural que a una revolución victoriosa suceda un auge significativo de desarrollo en cada una de las áreas de la industria. Y si consideramos el desarrollo tecnológico, un desarrollo más que nos ha legado el agónico sistema, tendríamos más y mejores maneras para equipar a servicios como la salud, para combatir las enfermedades, el servicio del agua, mejorar su calidad para prevenir y tratar enfermedades, etc.

Y para tratar de la materia en cuestión debemos remitirnos a las condiciones del personal de salud, es decir, preguntarnos: ¿en qué condiciones laboran? ¿Con qué herramientas cuentan y qué tan eficaces son?

Lo primero está determinado por el presupuesto que ha otorgado el gobierno en turno, que no es y no representa en lo más mínimo los intereses de la clase obrera. Acá afloran las malas condiciones de trabajos dadas por los bajos salarios, la extenuante jornada laboral y las condiciones de infraestructura vulnerable. Lo segundo está enmarcado en el grado de desarrollo de la tecnología y  como ya mencionamos, el control democrático de la industria por parte de los trabajadores nos dotaría de más y mejores medicinas, avances significativos en la busca de una cura o tratamiento. Pero ¿cómo saber qué de estas cuestiones le hace falta al sector médico? Son los mismos trabajadores de la salud quienes conocen de primera mano sus necesidades, ya que ellos saben cómo y con qué mejorar el servicio de salud.

Si bien nos hace tanta falta el desarrollo tecnológico para aplicarlo a nuestras vidas, nos hace mucha y más falta el acceso a dichos recursos; para que los avances tecnológicos sirvan para emancipar la humanidad los obreros deben ser los protagonistas en el gobierno de sus vidas, lo que en palabras de Marx equivale a saber que: “la clase obrera pasa de ser una clase en sí para pasar a conformar una clase para sí”.

El contexto actual puede significar el punto de partida para la consagración de los trabajadores en la administración de la sociedad. La crisis que ha desbordado nos plantea arduas y paupérrimas condiciones de vida, al mismo tiempo nos dota de nuevas y fuertes perspectivas para la lucha de clases a nivel mundial. Debemos agitar por un sistema de salud abastecido, mejores condiciones de vida y trabajo para los trabajadores de la salud; así como también mejoras para la clase obrera en general. Para lo cual debemos tener en cuenta que la crisis no es nuestra, es del sistema y su burguesía; por lo tanto ellos deben saldarla. Ante el futuro incierto debemos imponer una actitud audaz y decida hacia la lucha por mejorar nuestras condiciones de vida.

Los trabajadores de la salud y la clase trabajadora en general debemos luchar contra el sistema, su burguesía y la pandemia, luchar contra el capitalismo en general.