En la década de los 70 se originaron las condiciones para la creación de organizaciones populares como el BPR, FAPU, entre otras y al mismo tiempo la creación de las organizaciones guerrilleras,  que a medida aumentaba la difícil situación impuesta por las dictaduras militares, se iban radicalizando. El aumento exponencial de la represión salvaje reflejada en el constante acoso y persecución de líderes de maestros, sacerdotes, sindicalistas y campesinos entre otros, como un intento de frenar el curso de la revolución salvadoreña y además la imposición de fraudes electorales como el de 1972 y el de 1977 marcaron la conciencia de la mayoría de la población, la experiencia misma les demostraba la falsificación de la democracia burguesa y por lo tanto había que recurrir a otros medios de lucha.

En la década de los 70 se originaron las condiciones para la creación de organizaciones populares como el BPR, FAPU, entre otras y al mismo tiempo la creación de las organizaciones guerrilleras,  que a medida aumentaba la difícil situación impuesta por las dictaduras militares, se iban radicalizando. El aumento exponencial de la represión salvaje reflejada en el constante acoso y persecución de líderes de maestros, sacerdotes, sindicalistas y campesinos entre otros, como un intento de frenar el curso de la revolución salvadoreña y además la imposición de fraudes electorales como el de 1972 y el de 1977 marcaron la conciencia de la mayoría de la población, la experiencia misma les demostraba la falsificación de la democracia burguesa y por lo tanto había que recurrir a otros medios de lucha.

El  asesinato de monseñor Romero el 24 de marzo de 1980 aumentó la indignación del pueblo. Los dirigentes del movimiento obrero optaron por la guerra de guerrillas. Por lo que la oligarquía y su aparato represor intentaban por todos los medios frenar el movimiento. La estrategia militar era clara, utilizar cualquier medio represivo que les permitiera tomar el control y el orden de la situación. Con estos medios es como el 14 de mayo de 1980 con una acción que marcó uno de los hechos sangrientos en la historia salvadoreña, contingentes del destacamento militar Nº 1,  de la Guardia Nacional y de la paramilitar Organización Democrática Nacionalista (ORDEN) masacran sin compasión a hombres, mujeres, niños y ancianos.  
A principios de 1980 un considerable número de campesinos salvadoreños fueron desplazados de sus cantones y obligados a buscar refugio en Honduras. Así se crean una serie de campamentos de refugiados salvadoreños en el territorio hondureño. Quienes como resultado de la militarización  de sus cantones no podían regresar. El temor del gobierno hondureño a que se incrementara el número de refugiados que pudieran crear problemas más adelante y las presiones del gobierno salvadoreño, hicieron que el gobierno de Honduras le diera 24 horas de plazo para que abandonaran el país. Estas familias logran asentarse en el cantón las Aradas, zona aun desmilitarizada, en las orillas del río Sumpul. 
Sobrevivientes de la masacre narran como el 13 de mayo contingentes militares hondureños se apostaron en la zona fronteriza con El Salvador. Y que el 14 de mayo el río Sumpul amaneció crecido por la lluvia de la noche anterior.  Como a eso de las 8 de la mañana campesinos asentados en las Aradas ven bajar por el cerro a gran número de personas huyendo de un operativo impulsado por las Fuerzas Armadas., desde un día anterior. Además en la misma persecución se utilizaron 2 helicópteros de la Fuerza Aérea que disparaban desde el aire. Ahí convergen un número mayor a 600 personas que en su desesperación por escapar cruzan el río con la esperanza de refugiarse en Honduras. Aquellos campesinos que lograban cruzar el río eran devueltos amarrados a territorio salvadoreño por militares hondureños, estas personas fueron asesinadas a tiros. Fue ahí donde la Guardia Nacional con la complicidad  del ejército hondureño  descargaron sus ametralladoras a la población civil desplazada por el conflicto, en total se calcula que fueron masacrados 600 campesinos. De estas víctimas unos 200 cuerpos jamás fueron hallados.
Este  y otros hechos confirmaban que el imperialismo yanqui junto a la oligarquía salvadoreña y su aparato represor estaban decididos  a cualquier medio para imponer su hegemonía, y que todo lo que parecía sospechoso había que eliminarlo a toda costa antes que perder los privilegios que el sistema capitalista les proporciona.
La historia es algo que no se debe de olvidar, y no para recordarla con nostalgia, sino para reivindicar a nuestros compañeros que cayeron en el proceso anterior luchando y ofrendando su vida  por avanzar en la transformación de las condiciones de vida de la clase obrera.

¡Compañeros caídos en la lucha, hasta la victoria siempre!
¡Por la lucha contra el despotismo burgués!

Mayo de 2010
 

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