Durante la década de los 80´s se vivió en El Salvador un conflicto armado inevitable dadas las condiciones acumuladas desde principios del siglo XX. El número de víctimas asciende a más de setenta  mil civiles, esto sin tomar en cuenta a la gran cantidad de heridas psicológicas y físicas que marcaron a la población de las zonas más afectadas por la guerra.       

Según algunos historiadores, algunas de las causas de la guerra civil pueden llegar  a tener su origen desde la llamada “Revolución del 48”, momento histórico en el que unos cuantos militares jóvenes se toman el poder y reforman la constitución salvadoreña, resultando así la Constitución de 1950. Siendo la primera en la que el Estado Salvadoreño adquiere compromisos de carácter social, abala la “libertad organizativa y partidaria” y por lo tanto, se abre una brecha democrática.1 

Sin embargo, la historia demostró que un grupo de militares, por muy jóvenes y “revolucionarios” que fuesen o pretendieran ser, no eran la solución para los problemas que agobiaban a la mayoría de las masas. Aun con la Constitución de 1950, los grandes poderes económicos y políticos lograron consolidarse en el poder con el PRUD (Partido Revolucionario de Unificación Democrática), manteniendo la tradición de opresión política y de abandono a las grandes masas campesinas.

Schafik Handal menciono en su discurso durante los acuerdos de paz: “[…] Fue necesario que nos alzáramos empuñando las armas para abrirlas y no nos arrepentimos de ello, la lucha armada ha sido necesaria y legitima”. En efecto, no se equivocaba al mencionar que solo mediante la lucha y la acción enérgica y armada de las masas que respondieron cansadas de la opresión  a la burguesía nacional e internacional se lograron alcanzar triunfos para la clase trabajadora salvadoreña. Pero, nosotros como marxistas revolucionarios no debemos olvidar, que los Acuerdos de Paz, solamente fueron pactos firmados con la burguesía salvadoreña, que poco o nada beneficiaron a las clases desposeídas a corto y largo plazo.   

Firma de los acuerdos

Los acuerdos se firmaron en el Castillo de Chapultepec el 16 de enero de 1992, la firma y las negociaciones entre el FMLN y el “Estado Salvadoreño” (o mejor dicho, Cristiani y otras grandes personalidades pertenecientes al partido ARENA) estuvo  vigilada y fue constantemente presionada por la ONU y por los gobiernos de Estados Unidos, México, España, Nicaragua, Colombia y Venezuela.

La difusión de la celebración en los medios internacionales fue grande, se consideró un acto “sin precedentes”, no se podía definir que hubo un ganador ni un perdedor en esta guerra civil, los actores se estaban encaminando pacíficamente a resolver sus problemas por la vía democrática. El entonces presidente Alfredo Cristiani mencionaba en su discurso:

“Lo que comienza a ocurrir en El Salvador no es el establecimiento de una paz existente, sino la inauguración de una paz autentica fundada en el consenso social, en la armonía básica entre sectores sociales políticos e ideológicos y sobre todo, en la concepción del país como totalidad, sin exclusiones de ninguna índole […] Esa crisis (el conflicto) tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas, económicas y culturales, en el pasado una de las fallas fue la inexistencia de mecanismos y espacios necesarios para permitir el libre juego de las ideas” 

En pocas palabras y retomando la última línea, los que estaba por ocurrir durante el periodo pos guerra era simplemente un “juego de ideas” y no la solución de los problemas de la clase obrera, los espacios políticos que se estaban aperturando para el nuevo partido político, el FMLN, durante los primeros años de post-guerra solamente fueron una fachada para poder seguir con el “juego democrático”.

Pero debemos de retomar ¿Cuáles fueron las verdaderas razones por las que los oponentes se decidieron a negociar la Paz?

Desde 1985, la URSS  había entrado en un periodo de decadencia y crisis, en parte, gracias a la burocratización del Estado y del Partido Comunista, ideológicamente, fue un golpe para la izquierda en El Salvador.

Una de las banderas de lucha de la guerrilla durante el conflicto armado era el fin de la militarización y la apertura política, (curiosamente, las FPL y el PC eras las únicas organizaciones aglutinadas en el FMLN que promulgaban la instauración del comunismo o socialismo en El Salvador). Esta bandera de lucha les fue arrebatada gracias a las elecciones del 18 de marzo de 1989, en la que fue elegido Alfredo Cristiani como presidente legítimo. Por otro lado, la fuerte presión de la comunidad internacional para que se entablaran negociaciones, dado el postergamiento que había tomado la guerra civil (gracias también a la intervención Estadounidense) y por el alto número de víctimas y salvadoreños refugiados en el exterior, fue determinante para iniciar las negociaciones.

Estos factores (entre otros) nos permiten ver que los “Acuerdos de Paz”, que la apertura “democrática”, que se implementa durante 1992, no es por buena voluntad de la burguesía salvadoreña, es nada más que el resultado de diferentes acontecimientos de carácter internacional y la constante presión de Estados Unidos que obligaron a los oponentes y en especial, al Estado Salvadoreño a sentarse y negociar los acuerdos. Añadido a esto la fuerza y potencial militar que demostró el FMLN durante la ofensiva de 1989.

¿Qué fue lo que la clase obrera obtuvo de esta negociación?

El mismo Schafik menciono durante la ceremonia en el Castillo de Chapultepec: “[…] Marca el fin de la hegemonía militar sobre la nación civil […] el FMLN está consciente de los riesgos y dificultades, de los obstáculos a vencer para que esta obra sea realizada”. En efecto, los acuerdos de paz permitieron el cese al fuego, y el fin de la dictadura militar, sin embargo solamente algunos de los acuerdos difícilmente se han logrado cumplir, entre ellos están: la creación de la PNC, de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, reformas a la ley Electoral, integración del FMLN como partido político, etc.

En el capítulo I de los Acuerdos de Paz se recalcan los acuerdos de reforma constitucional de  abril de 1991; la FAES, tiene por misión la defensa de la soberanía y del territorio del Estado, es obediente a la Nación, apolítica y no delibera. Respetará la voluntad soberana del pueblo, los DD.HH. y la Constitución. Las labores de orden social están fuera de su jurisdicción.

Sin embargo, en El Salvador la reinserción de las zonas en conflicto no se da con tanta fuerza o importancia como en los acuerdos de paz de Guatemala, sin embargo, se hacen reformas en lo relacionado a la tenencia de la tierra, pero estas no contemplan específicamente a las víctimas del conflicto armado o a los integrantes del FMLN, las consecuencias de estos vacíos la vemos actualmente con la situación de los veteranos de guerra, tanto en ex miembros de la FAES como de la guerrilla.

Mencionaba Schafik; los acuerdos firmados contienen el diseño del nuevo país que deseamos los salvadoreños. La paz, era algo realmente deseado por la mayoría de los salvadoreños, sin embargo debemos preguntarnos si la forma bajo la que se obtuvo, si la negociación de esa “Paz” a corto plazo ha sido algo que nos beneficie a la mayoría de la clase trabajadora.

Curiosamente, un apartado de los acuerdos establece que el gobierno creara medidas para aliviar el costo social de los programas de ajuste estructural y que desde el Estado se fomentaría la participación social en la propiedad. ¿Qué quiere decir esto? Que durante los acuerdos de paz se firmaron “acuerdos” que más adelante vendrían a afectar a las familias salvadoreñas desposeídas, es decir, se negocia la implementación de  medidas Neoliberales, propias de los gobiernos de Alfredo Cristiani y Calderón Sol, se establece además que se incentivara a la pequeña y mediana empresa, pero sin establecer los mecanismos adecuados, que tipos de empresa, dejando esto muy al aire.

De hecho, durante la post-guerra, la economía salvadoreña creció unas cuantas cifras a costa de la serie de privatizaciones de las instituciones estatales, privatizaciones en la que poco se beneficiaron las mayorías y gracias también a la ayuda económica internacional para la reconstrucción del país. El modelo económico que se intentó implementar por parte del estado fue el Neoliberalismo (muy propio de finales del siglo XX en los países latinoamericanos) y el de una segunda ola de industrialización,  pero algo que no se tomó en cuenta fue la gran cantidad de inmigrantes salvadoreños que estaban enviando remesas a sus familias. La empresa privada no desaprovecho esta oportunidad, se construyeron grandes centros comerciales que hicieron a un lado el modelo económico propuesto, para beneficiarse con una economía de consumo.

Memoria sobre los Acuerdos de Paz

A 26 años de la firma de los acuerdos, las celebraciones no se hicieron esperar por parte del Estado; Hugo Martínez, declaró hace algunos días que el lema “Reafirmo la paz” seria el lema que caracterizaría al 26 aniversario: “Uno de los objetivos es que este vigésimo sexto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz nos permita propiciar procesos de diálogo para contribuir a dar respuesta a los retos actuales que enfrenta el país, basados en el fino compromiso social que involucre a todas las generaciones del país. 2

Las palabras de Sánchez Cerén de este año rayan y son más de lo mismo expresado por otros funcionarios tanto de izquierda como de derecha: “Era necesario poner fin al desangramiento del pueblo, poner fin a la pérdida de vidas, al costo social, a la destrucción de la naturaleza y al estancamiento del desarrollo económico del país[…] con los acuerdos, el país comenzó a vivir un cambio político sin precedentes en su historia; un cambio encaminado a la construcción de un ordenamiento democrático que dejaría atrás, de manera definitiva, las políticas autoritarias que violentaron la voluntad popular en la elección de las autoridades públicas. 3

Fácilmente podemos observar cómo se recuerdan los Acuerdos de Paz que permitieron un cese del conflicto armado; para el Estado y la derecha, los acuerdos de paz son el punto en el que “culmina una lucha ideológica-armada”, la consolidación del status quo  que solo ha beneficiado a los grandes poderes económicos y políticos, la “apertura democrática” y el punto de encuentro en el que el dialogo y la negociación entre la izquierda y la derecha priman sobre los intereses de las masas empobrecidas.

Para la gran mayoría de la población el 16 de enero de 1992 no es una fecha que represente mayor logro, pues están siendo agobiados por la delincuencia y las pandillas, productos mezquinos de la guerra civil. Para la mayoría de las masas el ciclo de violencia no ha terminado, solo se ha transformado.

Si bien es cierto, la firma de los acuerdos fue un hecho inevitable  (al igual que la guerra) y podemos también considerarlos como un paso adelante; la revolución por la vía armada en ese momento histórico solamente hubiera desgastado aún más a ambas partes en ese momento, sin embargo debemos de sacar ahora, 26 años después nuestras lecciones: durante muchos años (desde principios del siglo XX) a la clase trabajadora se le negaron derechos básicos: educación de calidad, salud, libertad de organización política, represión económica, etc. Algunos de ellos solo se lograron conquistar gracias al conflicto armado. Y de hecho, muy poco de lo pactado en los acuerdos de paz se ha cumplido y de lo que se ha cumplido, poco nos beneficia a nosotros como clase obrera. Debemos de aprender que a la burguesía se le debe combatir de la forma más enérgica y decidida posible, utilizando incluso sus propias armas.


 1. Roberto Turcios en Autoritarismo y Modernización, profundiza  sobre los orígenes de la guerra durante los 50´s y los 60´s.

 

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